El Ángel de Alas Negras, cuando cansado estuvo de volar en el espacio de luz que recién había creado, se detuvo en el aire y extendió sus alas de manera majestuosa. Los recuerdos todavía no llegaban completos a su memoria y sólo podía recordar aquellos lugares que en otra vida, habían representado algo para él. Sus cuervos, fieles, detuvieron su vuelo a la espectativa del siguiente movimiento de su señor.
[Heber Dor - Cuento] La Soberbia del Mito y la Creación del Primer Mundo
Octubre 17, 2003 — Cuenta-Cuentos, Cuentos, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
[Heber Dor - Cuento] El Inicio del Mito
Octubre 9, 2003 — Cuenta-Cuentos, Cuentos.
Escrito por Agustin Fest.
Cuando abrió los ojos, todo era eterna oscuridad. Se tocó el cuerpo para descubrirse. Con la mano izquierda se tocó los pies, las rodillas, los muslos, el vientre y el sexo. Con la mano derecha se tocó el cabello, el rostro, el pecho, el estómago y después el sexo. Se puso de pie y miró la eterna oscuridad. Trató de recordar quien había sido en un pasado e imágenes de un inmenso campo de trigo, donde dos personas segaban y sembraban, le vinieron a la mente. Empujando más allá, recordó un inmenso árbol, cuyos frutos eran dulces y amargos.
Y después el pasillo. Un pasillo multidimensional, donde imágenes de historias que ya estaban escritas le hizo tener un escalofrío. Sin saber por qué, extrañó al pasillo.
[Matías Elizondo - Realidad] Regreso al origen
Septiembre 15, 2003 — Cuenta-Cuentos.
Escrito por Agustin Fest.
Cuando Simón Dor regresó a Jaramillo, descubrió que seguía siendo el mismo pueblo que se hacía llamar ciudad. No se molestó en echar un vistazo, ni en sentir nostalgia y menos soñar con el futuro. No quería ilusionarse y alimentar con ello a la ciudad. La gente lo miró como el fuereño. No sabían, que su pluma había sido uno de sus salvadores en un lejano pasado.
En ese pasado, su nombre era Matías Elizondo.
Y la gente lo miró caminar, el aire parecía no tocarle y se abría paso como hacen los soldados cuando camina la reina de Inglaterra. El polvo se quitaba de su camino, sintiéndose amenazado de su presencia y el mismo sol, no quería iluminarle el rostro otorgándole un semblante gris y opaco. Simón Dor había regresado a casa, sonrió y extendió los brazos. La gente se metió a sus casas, su sola presencia auguraba desgracias. Las viejas rezaron el rosario y las jovencitas miraron con morbo al viejo prohibido.
La primera en sentirlo, fue la presidenta Alicia von Lurendberg, quien se asomó en el preciso instante en el balcón del Palacio Gubernamental para mirar en el horizonte quién era el hombre que tenía la sombra pegada al cuerpo. Un amor lejano le hizo llorar y un odio remoto le hizo apretar los dientes. El segundo fue el Padre Burgos, quien abrió una botella de tequila y brindó por el pasado. El tercero fue Jonás, el dueño del Café de “La Tía Yemita”, se rompieron las cuerdas de su guitarra y frunció el seño, por lo general se rompía una cuerda cuando un gato pasaba por el café… se sonrió, su amigo había regresado.
Y los otros que conocían a Matías, los otros no estaban seguros, pero pronto habrían de estarlo.
Matías Elizondo recuperó su nombre antiguo, caminó hacia el Café de “La Tía Yemita”, no había gente en el local ya que solo abrían de noche. Un hombre viejo, moreno, de complexión delgada y brazos fuertes por el trabajo en el campo, de unos ochenta y dos años, pero que parecía de cincuenta, dejó la guitarra de las cuerdas rotas. Alzó la mirada y creyó mirar una aparición.
Se quedaron en silencio un largo rato, el sol los convirtió en piedra, en una escultura prófana.
—Sabía que eras tú —alcanzó a decir el hombre—. Matías, creíamos que habías muerto, creíamos que ya no regresarías.
Matías sonrió.
—Tengo mucho que contarte, y mis hijos también… cuando vengan —dijo Matías—. Porque son necios y han de venir, a pesar de que les he dicho que no. ¿Todavía tienes tequila? Sírvenos un caballito por los viejos tiempos.
Jonás se rió.
—Aqui solo se sirve café, mi querido amigo.
—Entonces, que sea un café blanco y después mucho café negro. Que todos mis cuentos empiezan con “Erase una vez que se era”, ya que platican de tiempos remotos y son historias interminables… un sueño del que he despertado, para sumergirme en otro.
Jonás le miró admirado, no podía creerlo. No podía creer que Matías había regresado. Luego le preguntaría el por qué, tan sólo quería beberse un café con su amigo y platicar de los viejos tiempos.
¡Qué todo termine ya!
Agosto 25, 2003 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Es uno de esos días.
Maaaalos… maaaalos….
si, tan sólo es uno de esos días.
Muy malo.
Mi símbolo más antiguo,
es Tsef Thaed.
Es el símbolo del Ávatar.
La conciencia de que Dios no existe
y soy su hijo caminando en la tierra
para alcanzar la perfección.
Un Ávatar, contrario a lo que se piensa…
no sólo es el concepto/personaje/ícono que eliges,
para representarte en la red.
Aunque todos lo usamos así, y si le buscamos
el meollo filosófico: “Nosotros somos Dios
y creamos a alguien, a nuestra imagen y semejanza
para caminar con nuestro nombre en este
vasto medio”.
Claro que lo es.
Unos elegimos un personaje tranquilo,
otros elegimos un personaje distinto a nosotros…
(moldeable en cada aspecto), y sin embargo,
sigue
siendo
el
mismo.
Yo, mi avatar.
Mi primer Avatar: Tsef Thaed,
lo hice tan yo, como fue posible.
Un hombre complejo.
Un hombre imperfecto.
Un hombre, amante de los laberintos.
Un hombre, amante de la vida y que se ríe de la muerte.
Un hombre, que odia la vida y abraza la muerte.
Una contradicción.
Bienvenido, Tsef Thaed.
Regresando al meollo del Ávatar:
El Ávatar es la reencarnación de Dios
en la tierra. Según los hindús.
Pienso que todo inició con Vishnú.
Si, fue Vishnú… y si no, Khali.
Después, el concepto se extendió.
Mucha gente lo utilizó para su imaginación,
entre ellos… un tal Ultima (de Origin),
¿no sé si recuerden el video-juego?
Yo era un jovencito influenciable.
Necesitaba aferrarme a algo.
Me aferré a tantas cosas que hice mil laberintos
El Avatar de Ultima, tenía un concepto interesante:
Y creo que celta, o tal vez, nórdico.
La gente juega con la mitología, para crear nuevas.
Y es que el Avatar debía ser un guerrero que
profesara las siete virtudes.
Siete virtudes que ya no recuerdo.
Honestidad, Compasión, Valor, Justicia, Sacrificio, Honor, Espiritualidad, Humildad.
Elegir el nombre de mi Avatar fue sencillo.
Había muerte por todas partes y un deseo de resurrección.
(el símbolo del fénix).
(el símbolo de los cuervos, mensajeros de la muerte, en la edad media).
(y después, el señor de todas las respuestas. El hombre que habría de responder y juzgar cada paso).
La primera palabra, obligada… fue Death.
Invirtámosla: Thaed.
La segunda palabra, Fest.
Yo he tenido problemas con mi apellido.
Los psicólogos Freudianos dicen: “No has resuelto tu Edipo”.
Eso dicen, yo no sé.
La gente era más tranquila antes de saber del psi-co-a-ná-li-sis.
Tsef. Fest. Reflejo - Contrarreflejo.
Tsef Thaed. Celebración de la muerte en el espejo.
Y bien…
No-celebración de la vida tal como está.
Ese fue mi primer Avatar.
Árbol III
Julio 20, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Ready or not, Here I come, You can’t hide
Gonna find you, and take it slowly
Ready or not, Here I come, You can’t hide
Gonna find you, and make you want me—Ready or not, Fugees.
Acompáñame si gustas Árbol, ven a la habitación… ¿todavía puedes moverte?
No, Simón. No puedo moverme, siempre y cuando esté esa mariposa oscura cubriendo la luz del sol. ¿Tienes más tequila?
Deja de pensar en el tequila. Te necesito coherente para pensar la manera de salvarte, solo quedan dos días antes de que te marchites, según tus cálculos. Vamos pues, hay que pensar Árbol, fortaleza, ¡seguir caminando! ¿No eras tú el qué andaba diciendo eso?
Simón, simón. Yo decía muchas estupideces cuando no me sabía mi nombre y ahora que tengo la mitad y he aprendido a disfrutar vivir, suceden cosas como esta. Tienes razón Simón, soy el culpable de mi propia desgracia.
Nunca te dije eso, no me pongas palabras en la boca que nunca he dicho.
Pero lo pensaste. Siguey leyendo →
Diario de Simón Dor. Día 19.
Noviembre 4, 2002 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Día 19
Cuando me pregunto acerca de mi origen, querido diario, las imágenes son borrosas y distantes. Lo cual ha despertado una obsesión en mi, pero la amnesia es fuerte y no convenzo. Es difícil no tener a quien remitirte cuando dices padre o madre o abuelo o hermana. Mi origen, de donde viene mi cabello, ¿por qué tengo las uñas así? ¿Tiene algo que ver genéticamente con mi estilo de escribir?
Origen, Socavar el origen, darle humedad para que el árbol genealógico crezca. Es inútil, cuando pienso en el origen de mi existencia, se me bloquea la mente, como si alguien hubiera impuesto un hechizo y me encadene cuando intento atravesar la espesa niebla. ¡Socava! ¡Socava!
Es inútil… tal vez si me doy un paseo por el Planetario, lo entienda.
Simón Dor tic Simón tac Dor tic Si tac món tac Dor tic tac.
Me pongo mi reluciente armadura y cabalgo sobre mi bello córcel, mi escudero me sigue paciente, una reverencia a todas las doncellas y observo con respeto a mis reyes. Mi lanza está tranquila, no ansiosa de combate, pero mortalmente preparada si es requerido. Espíritus aéreos me guían al son del guerrero caído, las valquirias preparadas para recoger mi noble alma, que humilde, calla su nobleza. Son las acciones.
“¿Señor?”, pregunta mi fiel escudero, “¿A dónde vas, mi Señor Quijote?”
Yo le miro de reojo y sonrío. ¿Soy Quijote?
“A rescatar doncellas y matar dragones” respondo seguro, Que hermosura, matar dragones, sencillamente hermoso, ¿Y si me comen?. Cabalgamos en la pradera y veo a los flojos gigantes que duermen, es mejor evitarlos. La corrosión de mi armadura se vuelve evidente, pronto tengo que buscar una nueva. ¿Armadura? ¡Si es una cazuela de latón! Despiértame y dime que estoy soñando.
“Suena peligroso señor”, dice Sancho emocionado, Respuesta automática a un loco, seguro, o a un soñador… me alegra tener personas fieles en quien confiar, mi escudero será bien recompensado, nuestra alma estará por bien servida cuando por fin derrotemos al Hechicero de los Espejos.
¿El Hechicero de los Espejos?
“En realidad, ya vamos por Él, ¿verdad?”, pregunta Sancho con una emoción escondida en sus ojos. En su tiempo iremos a buscarle, todavía no es hora. No quiero defraudarle y le respondo con un leve movimiento de cabeza que no dice nada concreto. Sancho guarda silencio y yo también, cabalguemos.
“¿Por qué seguimos cabalgando?”
Porque queremos morir, mi querido Sancho, ¿por qué si no?
El Señor de Todas las Respuestas, después de todo tenemos algo en común, mi querido amigo.






