Listas de colores 1

Este post es parte de una serie, llamada “Listas”. Anotación 1 de 13


  • Sentirse satisfecho después de un examen.
  • Que alguien te extrañe.
  • Un deseo intenso, al despertar.
  • Y el amor por las noches.
  • Encender el último cigarrillo.
  • El primero consumido entre tos y quejidos.
  • Escuchar canciones que mueven la cabeza.
  • Escuchar la canción que mueve el corazón.
  • Llevar flores de zempazuchitl a la tumba de la abuela.
  • Buscar el árbol en el que se ha convertido.
  • Vestido azul veraniego.
  • Cascada de cocoa, en lazo rojo.
  • Escuchar la verdad, por más dolorosa que parezca.
  • Hablar, lo que juraste no decir en siglos.
  • Reírte mientras piensas en los capítulos de una novela.
  • Sufrir cuando empiezas a escribirla.
  • Las gotas evaporizadas en la regadera
  • Las gotas congeladas de la lluvia
  • Negar o asentir con convicción.
  • La desaparición de toda duda.
  • Sonreír sin ningún motivo en particular.
  • Reír, cuando no puedes evitarlo más.
  • Llorar en los brazos de la persona amada.
  • Llorar en soledad, cuando más lo necesitas.
  • Re-descubrir la habilidad de llorar.
  • Estar orgulloso de tu hermano.
  • Que él aún te pregunte cosas, aún cuando no posees las respuestas.
  • Abrir los ojos en las mañanas.
  • Cerrarlos miles de veces, antes de soñar.
  • Soñar contigo.
  • Soñar conmigo.
  • Soñar juntos.
  • Que Dios te hable, y no le hagas caso por terquedad.
  • Y Él se ría divertido, cuando le haces caso.
  • Reñir ambos, y poder tomar una cerveza al final del día.
  • La cerveza fría, en un congelador vacío.
  • Negarte a la mujer más hermosa del mundo.
  • Para decirle sí, a la mujer más hermosa del mundo.
  • La Coca Cola cuando tienes sed.
  • El café caliente para despertar en las mañanas.
  • Un chocolate para mojar el pan de dulce.
  • El agua, cada vez que el cuerpo la pide.
  • Beber hasta saciarme.
  • Besar sin saciarme.
  • Gemir sin llevar la cuenta.

Pufffft

A veces escribo tanto que ya ni sé que escribir. Les va a dar una sobredosis de árbol un día de estos.

Bien debiera tomarme un descansito y dejarlos reposar.


Sucedió algo muy curioso en la escuela el día de hoy. Argel se apasionó, nuevamente, hablando de Borges… explicando el tema recurrente de este escritor:

El desorden y la restauración del orden. Los espejos, el infinito, las escaleras, el laberinto. Los círculos, el asesinar la metáfora (y por ende, la muerte del lenguaje) en forma de un minotauro.

Y nuevamente, de Borges saltó a Cervantes, es como inconsciente en Argel. Por algo lo hace, aunque no sepa por qué (y yo menos). He descubierto que Argel es un buen lector y descubre con facilidad ciertos métodos, pero otros se los salta. Como profesor, ya tiene sus preferidos y está encasillado.

Como lector, esto puede cambiar de un momento a otro. A veces me pregunto, ¿a qué cambiará Argel en cinco años? ¿En diez?

Bien… de Cervantes nos dice de su juego de narradores, el tema recurrente de cada capítulo del Quijote (la osadía del Quijote de querer quebrar la realidad y esta, que le agarra a madrazos para que no se manche).

Son temas que me llaman la atención y cuando habla de ello, inmediatamente dejo de pintar monos, arreglar escritos, medio releer algún texto y presto entera atención. Me la paso asintiendo en silencio, asimilando lo que Argel dice. Confrontando lo que expone, contra lo que yo creo y así busco un balance de mi lectura, con la de Argel.

Después, sueño y pienso que algún día seré la inspiración de algún muchachito sentado, escuchando de aquel Árbol de los mil nombres. Algún día, alguien hablará de mi obsesión con Blake y la forma que intento asimilarlo en mis escritos inmaduros. De mi descubrimiento de los laberintos y el libro en el libro, gracias a Michael Ende. De mi etapa Marqueziana-Benedettiana a mi etapa Faulkneriana-Onetianna. Me sonrío y dejo de soñar. Tal vez nunca sea así, pero es una bonita panacea para disfrutar las clases de Argel que a veces son repetitivas.

Me agrada la clase de Argel.

Lo siguiente fue ir a comer a Arquitectura. He estado pensando en los muchachos con los cuales paso un rato agradable en lo que espero que pasen las dos horas libres antes de la siguiente clase. ¿Por qué me llevo con ellos? ¿Por qué me aceptan en su grupo?

Son cuatro: Jimena, Raul, Cristina y Juan Carlos (con el siento que hay un bonding, puedo jugar ajedrez con él y me enteré que también escribe). Todos me caen bien. Ellos tienen una cultura y un nivel de lecturas impresionante. Ellas, tienen la facilidad para tratar socialmente a otras personas. A los cuatro puedo escucharlos platicar y no aburrirme. Sin embargo, hay veces que no me siento a la altura.

Ariadna también se une a ese grupo con facilidad e inclusive, ella está en una mejor posición que yo. Así es como lo siento.

(Además, me puse de malas porque Ariadna llevó a su amigo gay. Un pendejo que la trata mal y se aprovecha de su amistad, cada vez que puede. Estuve así de soltarle que me caía mal, que me cagaba y preguntarle a Ariadna qué hacía ahí. Pero no soy de los que hacen escándalos en público y ya le dije a Ariadna lo que pienso de él, así que ella se mete solita en el mismo carnaval si quiere).

Jimena y Raúl pueden fácilmente hablar de literatura. Y de aquella poeta inglesa-hindú que yo no he leído. Pueden hablar de Samuel Beckett (y hoy descubrí, que Ariadna también lo hace con facilidad). Raúl es un conocedor de literatura medieval, y Jimena sabe mucho de poetas contemporáneos y más. Ariadna también ha tenido tiempo de leer a Keats, y de literatura irlandesa.

No sólo eso, los cinco están informados de la comunidad a la que pertenecen. Saben hasta el menor detalle, donde están.

Descubrí hoy que no he leído lo suficiente. Traté de recuperar un poco de control el día de hoy, haciendo un par de comentarios. Ni ganas tenía de hacerlo (y probablemente, me resté a mi mismo un par de puntos el día de hoy). El día de hoy, no fue un buen día para mi yo escritor-lector.

Tampoco tengo el mismo nivel socio-económico que ellos. No fue un buen día para mi yo clase-media rayando en la pobreza. Jajaja, ya me había pasado. Me da vergüenza (que fea palabra es esa) que sepan que en varias ocasiones no tengo para cigarros o para comprarme la comida y aceptarles cuando ellos me ofrecen algo. Jajaja, hay veces que parezco tan hambriento que de plano si me compran algo. Veo las papas fritas que le ponen en la comida a Jimena y lo siento, de aquí soy y que no se atreva a tirarlas a la basura, porque me va a dar un retortijón en el estómago. (Y si las tira, o me río o me dan ganas de soltar la lagrimita). Es ridículo, pero así están las cosas y agradezco los favores. Ya buscaré la manera de compensarlo.

También les escuché hablar de los lugares a los que han viajado (de nuevo) y cada vez que les escucho, me sorprendo. Dublin, Francia, Grecia… jolines tío, ¿hay pobreza en México o soy el único? Hablan con naturalidad y sin pretenciones del arte, de lo que han leído, de lo que han visto, de lo que han visitado. Hablan entre ellos, porque ellos se entienden y yo les escucho.

Hoy me sorprendí pensando: “Seguro lo haré, sea como sea, porque quiero hacerlo”. No importa como será, pero lo haré (¿Me acompañas?). Y si no es algo para mi, será para mis hijos, para mis nietos o vale madres, ya veremos cuando sea viejo. Me encargaré de ello.

Si, soy demasiado orgulloso. Y matar el orgullo me está haciendo pedazos.

La gota de agua, que derramó el vaso… Historia Literaria II. Para recuperar algún respeto a mi mismo, participé más. Dije lo adecuado, lo correcto, sin aventurarme a comentar algo que pudiera ser un error y bajara mi autoestima de por si, un poco maltrecha. Me anoté un par de Good / Very good de parte del profesor y hasta me sentí orgulloso.

Lo demás vino, cuando el profesor en alguna parte del ensayo de Charles Lamb (The two races of men), tuvo que explicar algo de lo cual no tenía idea. Ninguno de nosotros tenía idea, pero me importó más que YO no tuviera ni puta idea. Primero empezó explicando la etimología de Eulogy (Eu - Bueno, Logos - (En su más pura expresión) Palabra). Elogio, palabras buenas. Y después, procedió a explicar la ubicación de un mar y como sus propiedades afectaban el texto. Como el mar, por esas propiedades, convertían el párrafo de ese texto en particular, en toda una metáfora (Ensayo romanticista, puffft, ¿qué se podía esperar?).

El caso es que era algo, que debía haber sabido. En ese momento, por más absurdo que fuera, sentí que DEBÍA saberlo sin que él tuviera que decírmelo.

No pude aguantar más la clase, me salí a fumar un cigarro.

No estoy en una buena etapa de mi vida, es la verdad. Cuando esas cosas suceden, recuerdo buenas palabras. Recuerdo lo bueno que aún tengo. Recuerdo de lo que soy capaz.

Y aunque el orgullo me mata, también me sacará adelante, aunque hoy no confío en él. Ya me cuesta trabajo confiar en mí.

Más vale que se asome el cabrón y saque una cuerda para ambos, antes de que nos ahoguemos.