Noviembre 29, 2003 — Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
Las letras ahora se escriben en azul.
Antes las letras se escribían en blanco.
Ahora en azul, en azul.
Estoy tratando de descubrir la nueva casa que me he creado en una noche de desvelo. Hay mucha luz, demasiada.
El sol está iluminando unas runas grabadas en papel antiguo. (Runas en azul, un poco suavizadas por el Photoshop).
Antes se vivía en un completo estado nocturno, antes habían íconos sagrados hechos por un niño el cual nació antes de los tiempos de Cristo. Un niño… divertido.
Un muro de cemento con diversas aperturas, llevan a otras secciones de la casa. Son puertas y ventanas, cada una con un letrero para que el observador cuidadoso no se pierda.
Antes eran estrellas naranjas y verdes, delimitadas por líneas de aire. Era fácil perderse y dejarse llevar. Bastaba una brisa para sentirse una hoja en otoño y gritar: “¡No! ¡No! ¡Ya no más!”.
Un sencillo cambio de imagen da la noción de contraste.
Antes se creía que había caos.
Ahora se cree que hay orden.
Sin embargo, sigue siendo el mismo.
El mismo contenido.
Las mismas letras escritas.
El mismo hombre escribiendo detrás.
Pero ahora lo leerán diferente.
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Diciembre 12, 2002 — Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Estaba Simón Dor preparando su cena modesta, en el ambiente se escuchaban cohetes. Pensó que podrían ser motivos de alguna celebración paganas, pero ¿qué no era pagano para Simón Dor? Se dejó influir por los pensamientos que le venían a la mente, sin ningún destino trazado, sencillos y aleatorios.
Se asomó por la ventana de la cocina, sin ningún interés en partícular y observó los fuegos artificiales blasfemos extenderse en el aire, hizo una mueca de disgusto y salió de la cocina llevando su cena organizada en las manos. En el plato se podía ver que lo verde iba con lo verde, lo amarillo con lo amarillo y las carnes frías con las carnes frías. A Simón Dor no le gustaba el caos en la comida, pues podía traspasarse al cuerpo. Una pequeña obsesión inconsciente que el había adquirido durante años.
Sin prisa, acomodó los cubiertos y una servilletita, arrastró la silla con calma y se sentó a cenar. Una luz tenue iluminaba su gesto al masticar. No había agrado o disgusto alguno, parecía como un animal rumiante masticando y tragando la pastura que no cesa de crecer. Se sirvió un vaso de refresco que había comprado hace dos semanas, el vaso lo sirvió hasta la mitad y bebió un poco.
Después de terminar la cena, entrecerró sus brazos y asintió, se abrieron sus ojos en tono de sorpresa y exclamó-: El día en que me muera, será un algún evento de caos, nada preparado por nadie. No suicidio que parezca accidente, no orillar a nadie que me mate. Evento de caos.
Acabó su refresco, apagó la luz y así terminó Simón Dor su día.
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Octubre 18, 2002 — Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Es la primera vez que escribo un diario así, ¿Nunca te ha pasado mi querido diario que durante el día, en la noche, en el transcurso de tu día, tienes pensamientos que desearías jamás haber tenido? Pensamientos sexuales, pensamientos asesinos, pensamientos suicidas, hay muchos pensamientos, que se escriben con p y terminan con s.
A mi si me ha pasado, y muchas veces. Por eso recurro a ti, mi noble confesor, una hoja de papel que está acompañada de muchas otras en un conjunto cuaderno con forro de piel (me costó caro, debo admitirlo). He tenido días difíciles, ¿quién no los tiene? Mi amigo debe estar loco por haber accedido a publicar esto.
De hecho, está loco… ¿censurará estas palabras? no lo se, ¿y si piensa la gente que soy un alter-ego de él? no lo se tampoco. No me importa, ya que ustedes me leen, pero yo jamás sabré de ustedes. Sabrán tal vez de mi amigo, que decidió publicar esto en algún acceso de compasión y/o amabilidad por mi persona, al cual deben referirse en caso de que tengan un comentario que hacer. A mi, su inseguro servidor, me vale un pimiento. (Casi puedo escuchar a la primera mojigata decir, “¡Ohh! ¡dijo pimiento! ¡le valgo un pimiento!” y así será la primera molestia ocasionada a mi buen colega, que decidió escribir estas palabras en su moderno website).
Quiero platicarles un poquito de mi, mi nombre es Simón, y mi apellido es Dor, nací en algún lugar de latinoamerica, o tal vez España, es por eso que se Español. No recuerdo si nací hace 40 o 50 años. Cuando abrí mis ojos, recuerdo haber visto una noticia donde el tren era la última maravilla de la tecnología.
Mi tiempo es distinto al de ustedes, yo solo vivo de Años que corren del 1 al infinito, de meses que pueden llamarse Nociembre como Fenero. Y mis días siempre se enumeran, del 1 al 31, al menos que vea una luna deliciosa que me robe cinco días de aliento y me lleven a la muerte en vida, bonitas noches estrelladas en este exquisito pueblito, donde no escucho automotores ni claxón, donde el padre de la parroquia mira las piernas de las niñas tiernas en sus quince, dieciséis años y maldice en nombre de Dios su eterna castidad. Casi puedo escuchar como se muerde el labio cuando las confesa y sin querer, las hace suyas.
Un ser humano, hecho y derecho.
Hoy tuve un día interesante. Mi buen amigo vino a mi, y me pidió ayuda para encontrar ciertos libros… entre ellos uno llamado Justine, hace mucho que pasó por mis manos y que fue quemado en alguna hoguera, de cualquier manera, mi querido diario, le conseguí la versión en Francés. Ahí hundí mi garra y me aproveché de él, pidiéndole a cambio este breve espacio donde se dice que puedo ser leído por lectores de todo el mundo.
Me agrada la idea de ser observado, desnudado, torturado por sus lenguas cuyas palabras como puñales salen de su boca para decir alguna cosita de mi. Soy para ustedes mis queridos, pero nunca de ustedes. Porque yo no se quienes son y ustedes no saben quien soy del todo. Es así como nos necesitamos en unos minutos el uno al otro, aunque sea por estos breves minutos, para escucharnos y entendernos, y decirnos al oído todos nuestros pensamientos secretos.
Balbuceo. Es un diario. No llevo ningún orden, no importa el orden. Queremos caos reinante, los fractales que nos unen el cero con el infinito, y no se nada de matemáticas, solo conseguí hacer un Newton Rhapson a mano cuando era un pequeño niño. Fue el día que le vi las piernas a mi maestra y deslicé mis ojos redondos, grandes, puros e inocentes por sus medias baratas, negras, hasta llegar a la apertura de esa falda que para mi gusto era cinco centímetros más alta.
Odio personificado, sueño púrpura, ¿Tú sueñas en colores mi querido diario?
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