Me siento lacerado, ultrajado en el espíritu… y así mientras escucho la beethoviana de nuestro buen Alex, dicto el humor de esta noche. Hoy vi a otra niña de mis preferidas, si, las lolitas que te imaginas en un colegio… la imagen que te dan en los comerciales para levantar tu instinto sexual y consumidor… la vi, con el cigarro en los labios y me sorprendió.
“2do. año de secundaria” Me dijo, y le creí. No podía ser de otra forma. Mi querida chamaquita violando su cuerpo con la nicotina y yo me sonreí. No podía ser de otra forma, es verdad.
Hay tantas cosas que aprender, por ejemplo, tengo que aprender a escribir, donde mi alma está rota en este momento… de alguna forma necesito seguir escribiendo porque si lo dejo ahora, lo dejaré para toda mi vida y no quiero abandonar las construcciones de las oraciones que fácilmente abren las puertas a los mundos. Me es imposible, porque me es como la Coca Cola, una adicción potente. Cuando dejo salir las palabras, necesitan salir todas y ahora que son imperfectas, me da miedo que alguien las lea. He creado de mi un monstruo sin disciplina… y me digo a mi mismo, cuánto debo disciplinarme antes de considerarme un escritor…. ahora, no soy más que un bruto con crayolas, con plumas de fuente y colores Beyrol. Soy nada, soy nadie.
Te dedico la beethoviana, mi querida Devochka… mi querida Jacqueline platónica, mi querida Allana platónica, mi querida Lila platónica. Mi querida Cecilia muerta. Me fumaré un cigarro por ti, en lo que mis fantasías levantan mi miembro y me dan ganas de masturbarme en letras, allí… debajo de las sábanas, mientras mi cuerpo suda por tu memoria y mis lazos de cordura se fortalecen, bajándome a esta, la que es mi realidad.






