Julio 16, 2007 — Asceta, Howl.
Escrito por Agustin Fest.
Estoy poseído por un extraño espíritu. Es verdad. Me maneja a su antojo, hace de mí lo que quiere y sobre todo, me ata las manos. Si me atara las manos y me la chupara, sería algo muy ameno, pero no pasa así, porque es un espíritu y esos no tienen boca. No quisiera decir que toma posesión de mi cuerpo, porque entonces pensarían que me dobla y hace de mí lo que quiere. Además, ya dije que no tiene boca, así que tampoco tiene sexo. El espíritu es un estado de ánimo, probablemente una actitud, que maneja mis pensamientos durante el día y me ata las manos.
Las manos son un lenguaje muy importante, porque dicen lo que haces y lo que dejas de hacer. Tus manos son el impulsor de tus acciones. Lo que se transmite a través de ellas son los pensamientos hechos trabajo. El que trabaja la tierra tiene manos de tierra. El que trabaja binario tiene manos binarias. El que no trabaja no tiene manos. Cuando quiero conocer a alguien, en vez de escucharlo, miro sus manos y el producto de ellas (si esto lo permite). ¿Los ojos no mienten? Tal vez no, pero esconden. Unos ojos educados para la felicidad y la tristeza, pueden llorar y brillar cuando su dueño se los permite… pero el producto de las manos, siempre delata. Una artesanía traerá los defectos de su creador. Una novela es el producto del tormento de un escritor. Una pintura, qué decir de una pintura.
¿Por qué, entonces, menospreciar a los pies? Los pies los escondemos todo el tiempo y si los usamos correctamente, estarán siempre feos. Es lo que pienso. La gente si camina tendrá pies feos. La gente si disfruta andar descalza los ensuciará. La gente viste sus pies con calcetas de colores y tenis costosos. Sudan, apestan, hacen el trabajo sucio. Mientras que las manos hacen el trabajo de la mente, el producto de los sueños, los pies son el motor del cuerpo y lo llevan a los lugares donde quieren ir. Manos y pies trabajan juntos. Unos como obreros, los otros como gerentes. Por eso luego tenemos problemas—. ¿Qué hago caminando hacia el bar, si tenía que redactar un informe?
Entre la mano y los pies, más o menos al centro, con las manos levantadas y los pies bien extendidos. Se encuentra la diversión, y estoy hablando del ombligo. Porque es divertido soplar el ombligo de alguien que no lo espera: levantarle la playera y soplar, que suene como un pedo. Las carcajadas se extienden como fuegos fatuos en el bosque. Ay bueno, esta bien, quise decir el sexo… pero luego se quejan que este es un blog cachondo. La verdad es que el sexo de una persona nos dice más de lo que quisiéramos saber: qué comen por el olor de sus fluidos, qué tan cuidadosos son en el aseo, si son promiscuos, altos, demasiado estrechos o dilatados. Secretos oscuros se revelan cuando tienes a unos centímetros el sexo de otro.
Tengo un espíritus, sin ojos y sin pestañas, que se adueña de mí y me ata las manos. Es una manera poética de decir que dudo cuando reviso mis textos. Pareciera que eternamente los voy a estar revisando. Pobrecito guerrero, pienso en ocasiones. Si tuviera ojos desconfiaría más del espíritu, porque los ojos bien educados esconden. ¿Ventana del alma? No es cierto. Pero eso sí, son bonitos, y reflejan, y de repente brillan, y cuando lloran son hermosos.
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Noviembre 29, 2003 — otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
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Marzo 13, 2003 — Escuela, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Ya la había mirado y ella me había mirado también.
En la cafetería, mientras caminaba hacia la facultad de medicina, en el estacionamiento.
Ahí, le sonreí y cabecee un poco, claro… ella bajó la mirada.
Le he ganado estos juegos de sostener la mirada, aunque ella ganó el día de hoy en Cultura Grecolatina… tiene voluntad, tiene voluntad.
Hoy en el pasillo, cuando salimos de la clase, nos miramos mutuamente, mientras caminábamos uno contra el otro, después alejándonos y todavía regresándonos los ojos…
Estoy esperando el momento de invitarle el café.
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Febrero 4, 2003 — Intento ser Escritor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te he escrito. ¿Podrás perdonarme? No es olvido y no es no me acuerdo, tú sabes muy bien que siempre te tengo en mis pensamientos y cuando miro a otras personas, sigo tus enseñanzas discretas.
Tú me enseñaste como comportarme en el mundo, lo hiciste a medias, pero fue suficiente. Cuando me dejaste tuve que llenar los espacios en blanco, aunque eso ya no importa, maldije el abandono repentino en su tiempo, la furia egoísta se ha convertido en nostalgia y melancolía.
Pocos se dan cuenta cuando pienso en tí, mi amor, aunque quisiera gritarles lo importante que fuiste en mi vida no lo entenderían. Tal vez porque eres sagrada o te has convertido en un ícono importante. ¿Qué puedo decir? no lo sé.
La cuestión está en qué… quiero decirte que ya soy más feliz que antes. ¿Te has dado cuenta? Sonrío más seguido, bailo, bromeo con gente extraña, leo más tranquilo, mis preocupaciones se han vuelto más banales (El trabajo, la escuela, la vida).
Siento que te estoy traicionando. Las numerosas pláticas que teníamos, de niños, creyéndonos más que los adultos. Creíamos tener la verdad del mundo en nuestras manos y de adolescentes la predicábamos a los cuatro vientos. Prometíamos no ser como ellos.
Ahora yo me estoy convirtiendo en uno y te imagino sonriendo a pesar de mi traición. Es la natural evolución del hombre, ¿qué podías esperar de mí?
El motivo de esta carta es para decirte, que después de todo estoy bien. Aunque esté recargado en el barandal, fumando mi cigarro ausente, ignorando a aquellos que me dan palmadas en la espalda y me preguntan cosas que entiende alguna parte de mi cerebro y responde automáticamente… estoy bien.
Te has llevado mis ojos contigo. Pero estoy bien. Todo irá bien, ¿verdad?
Te has llevado mis ojos…
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Enero 11, 2003 — Nostalgico, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Cuando me subo a mi camión, o en cualquier lugar en general. Guardo silencio y me pierdo, olvido por completo con quien voy. Me gusta mirar el camino y sobre todo, observar las ventanas abiertas.
Debe ser una fijación mía, no lo sé… pero mis ojos se van a las ventanas abiertas, sin luz o sin esta, y tratan de saber de otras personas, gente desconocida, observando sus posters, sus libreros, sus escritorios, qué plantas tienen en el balcón.
Hace tiempo, cuando hacía esto, mire una mujer cuya silueta era la de una diosa, piernas largas y desnudas en la noche, recargada y fumando un cigarrillo, el pelo lo llevaba recogido y vestía tal vez la camisa de su novio/marido. Tan tranquila, mientras la luz que pasaba por la ventana oscurecía más su silueta…
Son regalos que nos ofrecen los dioses.
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Octubre 30, 2002 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Ojos
T: “No lo estoy”
C: “Si, estás enamorado”
T: “¿Cómo lo sabes?”
C: “Tus ojos me lo dicen”
Reflejo
T: “¿Qué te dicen mis ojos ahora?”
C: “Que no sabes cómo decirle”
T: “¿Todo eso dicen?”
C: “Todo eso, sólo que no me dicen de quien”
T: “Tal vez si…”
C: “¿Si qué?”
T: “Si dejas de leer mis ojos y vieras tu reflejo”
Alma
C: “¿Qué quieres decir?”
T: “Recuerda, no se como decirlo”
C: “No necesitas, ya no, toda tu alma lo grita, no me importaría quedarme sorda”
Latir
T: “¿Pero si te quedas sorda cómo podrás escuchar los latidos de mi corazón?”
C: “No necesito, mi mano en mi pecho me dirá como late mi corazón que es uno con el tuyo”
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