Bendiciendo coches.

Cuando salgo del trabajo y espero mi camión en el Eje 5 Sur y Cuauhtemoc, alrededor de las nueve de la noche (entre 8-10, no sabría decir). Sale una monja de noventa y tantos años. Entre esquina y esquina, cuando está el alto, da la señal de la cruz y se pone a bendecir los coches.

En una de las esquinas se alza San Antonio imponente, vigilándola, seguramente cuenta el número de bendiciones que hace la anciana monja. Yo nada más la observo y me pregunto: “¿Por qué lo hace? ¿Por anciana? ¿Por algún remordimiento?”

No me atrevo a preguntarle, porque se ve tan frágil cuando recita algún Padre Nuestro o Ave María… como si en cualquier momento pudiera abrirse la tierra y se la tragara el infierno…

Diario de Simón Dor. Día 33 y Día 34.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 27 de 47


Día 33

¿Qué día es? Mi querido Diario, ha sido el abandono imperdonable, pero tú sabías a lo que te arriesgabas cuando me conociste y me entregaste tus páginas blancas. He andado por pasillos oscuros y de cansancio, no he tenido oportunidad de escapar de este calabozo enredado de muros colosales y puertas de caoba. Atravesando espacios que no me pertenecen, encontrando vírgenes y putas mirando con temor si yo soy el que está dispuesto a corresponder la abertura de sus piernas, saltando como un delirio féliz entre bosques de telarañas y caca de ratón (ratones que no son tan finos como aquellos que viven en la luna, debo admitir).

La verdad ya no me pertenece en el momento que mis dedos se aprietan contra los muslos de una joven de mirada ansiosa y perturbada. Mis gemidos no son míos en cuanto ella aprieta con sus palabras la razón de mi inflexibilidad. Mi cuerpo se pierde en un abismo en el momento que las vibraciones sexuales se expanden en el cosmos que grabó la NASA el día de ayer.

He de buscarme y te mantendré al tanto con mis breves anotaciones, mi querido diario.

Día 34

Querido diario.

He tenido semanas difíciles en el oruro de la realidad. Porque he descubierto que detrás de mis mentiras, hay una persona con mi cuerpo que vive una realidad. Él toma a cargo las decisiones, los objetos y los sentimientos. Tristemente yo solo soy un observador que puede opinar de vez en cuando, sin embargo, mi temor a vivir la realidad es tal, que dejo que él, que es más fuerte que yo y no conoce las lunas de queso, los infiernos y los oasis de mujeres desnudas, se haga cargo de todos los menesteres mientras yo me divierto en mis irrealidades y tejo telarañas de incertidumbres e inmadureces.

Muchas comas, ¿Te has dado cuenta de lo mucho que adoro las comas?

El redescubrimiento del lenguaje, la búsqueda de las palabras exáctas. Así es como se hacen concisas mis propias subrealidades, son las letras las que me dan el poder de crear los espacios a mi antojo. Las letras son mi delirio y mi sufrimiento, me arrancan el sudor, lágrimas y sangre que entrego para el sacrificio de todos los días. Me arranco el corazón y lo ofrezco todos los días.

Soy nada.