Julio 9, 2007 — Howl, Niño viejo.
Escrito por Agustin Fest.
Pienso que esta es una noche triste, porque sigue corriendo, no tengo sueño y el acto de salir un rato a la reja, sin el cigarrillo en la boca, dice que lo es. No me siento triste, ni desolado, ni melancólico, pero al parecer la noche sí. Pienso si me gustaría seguir viendo Death Note, acabar el tercer libro de Harry Potter o terminar un cuento que dejé pendiente. Después de releer varias veces el cuento, sentía que me faltaba algo. Lo leía, y lo releía. Se lo pasé a tres personas para que echaran un vistazo y, aunque no les gustaban algunas cosas, las tres concordaron en que faltaba algo. Si ya lo sabía, solamente necesitaba que alguien estuviera de acuerdo conmigo. Tres para no errarle. Con todo el dolor de mi corazón, tendré que reescribirlo. Al menos tengo los personajes y la situación.
Puede ser que la noche esté triste porque extraño a mi mujer, porque ganamos muy bien en el futbol, porque un perro allá afuera esta llorando o porque mi hermano ríe sin yo saber los motivos. Un pedazo de carne se asa en el sartén. En unas horas tengo que ir al aeropuerto, a escoltar a dos actrices para que se vayan a Argentina. No había escrito en mi blog por escribir ese cuento. Curiosamente, cuando era niño, era fanático de Hugo Sánchez y quería ser como él. —Se me hace una persona muy agradable —decía de chiquito. De él, y de Salinas de Gortari. Una tía me regañó cuando le dije eso—. No, no. Para confiar en las personas, no solamente puedes basarte en su bigote o en que te caigan bien los de pelo chino. Debe haber algo más.
Hay un problema con Salinas de Gortari… es un ratero, un gran ratero, un voluminoso ratero, simón… pero pues… también hizo lo que quiso. ¿No puede estar en la maldad, el propósito de nuestra existencia? No sólo la de él, o la mía, sino la de … Chuchito, y Perenganito. Es difícil aceptar, con tanta educación moral, que la maldad es un destino. Pero los malvados, como los inútiles y los imbéciles, sirven de mal ejemplo. Tal vez, esta noche es triste, porque pienso que la maldad es un propósito del ser humano.
Últimamente, he escuchado una y otra vez, “Caballo Viejo” (versión salsa) y “Pedro Navajas”. El corazón baila, porque el cuerpo es torpe, pero baila de todas maneras. Pienso ingenuamente—. Me gustaría vivir en algún lugar donde pudiera escribir canciones de salsa y mirar a la gente bailarlas. Como la gente baila alegre con canciones tristes, como esta noche. De sombrero y guayabera, alegrar el infortunio. Como pasa después de leer Harry Potter—. Me gustaría escribir de un lugar fantástico y de magia, intriga, y misterios. De todo te gustaría escribir, pareces un niño Agustín, escoge una cosa o mejor haz algo de verdadero provecho, me dice algún espíritu interno. Tal vez tiene razón.
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Junio 17, 2007 — Creative Urge.
Escrito por Agustin Fest.
Se apartó poco a poco, pensó que la noche iba a ser larga. No quería estar cerca de la cama cuando llegara el insomnio y le abrazara. Siempre que estaba acostado, e insomnio llegaba, la peor manera para hacer el amor era estar acostado. Su peso, su salvajismo, sus polvos mágicos, sólo le permitían girarse sobre la cama una y otra vez, pensando en las acciones y consecuencias del día. Abrió uno de los cajones, sacó sus cigarrillos y se acercó a la ventana. Cuando sintió las manos suaves del insomnio acariciarle el pecho, mientras daba la primera bocanada de humo, confirmó de verdad que iban para largo y lo mejor sería inventar un tema de conversación estúpido. Amainar el silencio, porque de lo contrario tendría que soportar a dos en vez de uno. Miraba por la ventana, la calle estaba vacía, sentía las caricias del pecho y las ráfagas de aire, el cigarro sabía delicioso. Olvidó su habitación polvosa y vieja, su cama escandalosa con los resortitos salidos, el armario del abuelo que había sido rescatado (apenas) de las polillas. Estaba teniendo un momento, uno de esos tantos, de silencio y paz, aún cuando su cuerpo sintiera el cansancio y cerrar los ojos no significara dormir (por fín). Estaba teniendo uno de esos momentos, cuando insomnio le pasó una mano por su sexo, y él se terminaba el cigarro, y suspiraba resignado… una tanta de esas noches eternas y solas: no había de otra mas que disfrutarla.
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Febrero 28, 2005 — 1-2-3, Asceta, Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
—Me convierto en lluvia y hago que nazcan las plantas.
—Ganaste, me sentiré muy sólo el día que no estés.
Me sentiré muy sólo el día que no estés. Las noches son un poco solitarias por acá. Antes no me importaba la soledad nocturna, ahora me importa un poco más… será porque estaré enamorado, será por eso. El sentido común se desliza como gotas de agua (tu sonrisa se fue) que se van por el fregadero. Y uno escucha el blip blip blip, el monitor me roba el alma poco a poco y aquí me encuentro, escribiendo una vez más. ¿A poco no es bonito estar enamorado? Pueque si. Una de las cosas que más deben de llamar la atención en este weblog, o una de las cosas que los lectores más en cuenta tienen, es que todavía estoy creciendo. Todavía estoy a tiempo de hacer muchas cosas. Supongo que ustedes, como yo, tal vez esperan el día en que publique un libro. Lo leen en las letras, leen esa espera y créanme, cuando yo me releo, también lo espero. Supongo que otra de las cosas que llaman la atención es mi relación con Du y esperan el momento en que estemos juntos.
Son dos viajes alternos y ambos esperan una resolución. Prestamos atención a eso, ustedes y yo. Otro de los viajecitos puede ser el fin de mi neurosis, de mis problemas económicos, que un día escriba que todo fueron imágenes, que el tiempo pasó tan rápido que ya me estoy riendo de ello. Muchas veces se preguntarán porque ya no hablo tan intenso de una cosa o de la otra y la respuesta es sencilla—: No es el tiempo. Lo que no escribo, se desarrolla en la cabeza y eso basta. Algunos sentimientos han cambiado y tal vez, es hora de virar el barco a otra parte. Esto se puede aplicar a cualquiera de las tres anteriores, o a ninguna. (Con Duducita las cosas no han cambiado, no se preocupen… tan sólo me acoplo a su ritmo lento, a su manera de hacer las cosas… yo soy distinto, si se lo que quiero, actuo por impulso y eso me ha llevado a darme unos buenos putazos. Putazos que me han hecho quien soy, al fin y al cabo. Putazos que me hicieron un hombre independiente, con capacidad de decisión. Y después de todo, tengo 23, ¿no lo puedo saber todo, cierto?).
Odio la espera. Pero no debemos angustiarnos, ¿verdad Bob? Como dice Simón—: lo que pasará, pasará.
La chambita de comer grátis, es la neta del planeta. Parece que lo haré dos veces por semana. Es un extra que no le hace daño a nadie y menos a mi, en mis condiciones. Al contrario, a tragar… a tragar… ¡A tragar! En un ratón voy a Plaza Galerías, al siguiente restaurante de la lista. Yum… yum…
Pensaba ayer que esto merecía la pena ser vivido. Que mi vida valía la pena. Pensaba ayer en cuanto había aprendido y crecido en el camino que elegí. No me arrepiento y finalmente, sigo siendo el mismo. En los días que estoy más tenso, siento arrepentimiento, siento cobardía y siento que las cosas no debieron ser así… cuando se acaba esa nube de confusión, un caos fractálico, me cae el veinte. Sigo siendo el mismo. No me arrepiento por nada. Tuve mis momentos de tranquilidad, de vida relajada, y lo único que hice con ello fue desperdiciarla pensando y escribiendo. Lo único que hice con ello fue dejar que se fuera. So, no importa si consigo de nuevo esa estabilidad o ese relax cotidiano… así seré: siempre pensando, siempre escribiendo. Bleh.
No cuida ni su alma. Mambo. Malbicho.
Así es como te ves. Todos te dicen que sos.
Iba a escribir más, pero se me ha olvidado.
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Diciembre 17, 2003 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Cuando abrió los ojos y pudo levantarse, miró entre las sombras el hocico del lobo. Los ojos brillaban intensamente en la oscuridad y no necesitó verle la sonrisa estrechándole los labios, pudo adivinarla. Corrió torpemente, escuchó los jadeos, el humo de la respiración cálida del lobo le estaba alcanzando. Odiaba la capa, no le permitía moverse libremente, sin embargo con el miedo no se le ocurrió quitársela. Su mochila hacía el escándalo de tres ejércitos cuando marchaban y a medida que alcanzaba un ritmo, sentía que podía correr más rápido y huír de él.
En la oscuridad, el lobo aulló y aplastó las hojas secas con una velocidad furiosa. Se perdió el ritmo y volvió a tropezar.
Volteó en el instante que el lobo se abalanzaba encima, en un salto preciso y ella miró toda su vida cruzar con la trayectoría del lobo. Directo al cuello. La sangre salió a borbotones, coloreando la capa y el grito agudo arrasó con el bosque. Perdió la mirada a gotas de sangre.
En la noche, se escuchó como el lobo se alimentaba con la carne de aquella llamada Caperucita Roja.
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Diciembre 16, 2003 — Garabatos, Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.

a luz anna andreani ruiz… quien le gustó este pequeño texto.
Erase una vez que se era, allá en el jardín donde vive el Árbol del Bien y el Mal, un oso de felpa escuchaba a la Niña de Todas las Preguntas hablar con el Señor de Todas las Respuestas. No comprendía nada y se desesperaba, tan sólo miraba los signos de interrogación volar de la boca de aquella que todo pregunta y el que todo lo responde, negaba respuestas con el humo de su cigarrillo y pensaba continuamente tres puntos. El oso pensaba que él no tenía ganas de responder y muy probablemente, tenía razón.
Después apareció un cuervo, quien graznó infinito y en el cielo, se vieron las estrellas como se ven en Marte.
El oso se sentó y trató de mirar las estrellas, pero era imposible hacerlo, porque el infinito seguía graznando, los tres puntos seguían humeando y las interrogaciones ocupaban todo el sonido. El oso tiró sus manos en sus rodillas, negó tristemente y suspiró, ¿qué podía hacer para mirar las estrellas?
—Tan sólo soy un oso de felpa —dijo casi en silencio, como un susurro.
Hay susurros más fuertes que un grito de muerte.
Sus palabras, con todas las letras implicadas, volaron e hicieron un espacio entre el sonido de las interrogaciones (La niña preguntona se calló la boca), se apagó el cigarrillo del silencio eterno (El señor sabiondo no pudo pensar más) y el infinito calló el pequeño graznido (el cuervo echó a volar, a la oscuridad inmensa).
Y el cielo después brilló intensamente, solamente para aquel oso de felpa.

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Noviembre 29, 2003 — Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
Las letras ahora se escriben en azul.
Antes las letras se escribían en blanco.
Ahora en azul, en azul.
Estoy tratando de descubrir la nueva casa que me he creado en una noche de desvelo. Hay mucha luz, demasiada.
El sol está iluminando unas runas grabadas en papel antiguo. (Runas en azul, un poco suavizadas por el Photoshop).
Antes se vivía en un completo estado nocturno, antes habían íconos sagrados hechos por un niño el cual nació antes de los tiempos de Cristo. Un niño… divertido.
Un muro de cemento con diversas aperturas, llevan a otras secciones de la casa. Son puertas y ventanas, cada una con un letrero para que el observador cuidadoso no se pierda.
Antes eran estrellas naranjas y verdes, delimitadas por líneas de aire. Era fácil perderse y dejarse llevar. Bastaba una brisa para sentirse una hoja en otoño y gritar: “¡No! ¡No! ¡Ya no más!”.
Un sencillo cambio de imagen da la noción de contraste.
Antes se creía que había caos.
Ahora se cree que hay orden.
Sin embargo, sigue siendo el mismo.
El mismo contenido.
Las mismas letras escritas.
El mismo hombre escribiendo detrás.
Pero ahora lo leerán diferente.
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Agosto 13, 2003 — Enigma, Intento ser Escritor, Vida diaria, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Antes de dormir, acostumbraba prender una veladora aromática que era un sano rito al que se había acostumbrado sin querer. Primero fue porque paseando encontró una tienda que las vendía y le gustó el aroma de una azul oscuro en forma de luna. Se la llevó y la prendió todas las noches, hasta que la luna se derritió y el aroma se fué. No hubo problema, se acostumbró a comprar una vela cada que fuera necesario. Asimiló con gusto el rito y lo practicó cada noche.
Prender con fuego a la luna y cuando esta menguara, comprar una luna nueva.
Se sonrió, le gustaba acostumbrarse y le encantaba asimilar.
El segundo rito, fue cuando se cortó por error con un papel uno de sus dedos, un miércoles por la noche. El impulso fue llevárselo a los labios y chuparlo. Le dolía mucho. Sus ojos, jugándole una travesura, lo arrastraron al papel blanco que sangraba carmesí y fascinado, observó como la pequeña gota de sangre se extendía hasta que no pudo más. La herida del papel estaba cicatrizando, le pareció y se sonrió. El tiempo no había cicatrizado, porque seguía observando la mancha roja del papel. Hasta que se decidió tirarla a la basura.
El siguiente miércoles, volvió a cortarse y miró al papel sangrar. Ya lo había asimilado. Incluso interpretó el mismo rostro de dolor, cumpliendo el rito al pie de la letra.
Paulatinamente, otros sanos ritos fueron asimilándole y él fue asimilándolos. Hasta llegar al punto que los que le conocían, pensaban que su vida no era una rutina, sino algo espontaneo. Ya que había ritos que debían ser cumplidos en tiempo, o en espacio o después de una serie de situaciones. Con maestría se había entrenado para cumplir todos los ritos al pie de la letra y darles un orden prioritario. Era difícil cuando tres o cuatro rituales se le juntaban.
Entonces, conoció a la mujer que a la fecha, todavía no puede describir.
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