Mayo 31, 2005 — BOB, Familia, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Esta es la nueva presentación de los Faros con filtro, por veinticinco varotes, usted puede comprarlos en una caja monona, como de colección y fumarlos con un filtro hecho como si fuera un carrito de carreras. Estan monones. A mi, fumador empedernido, me llaman la atención, pero aún no planeo gastar veinticinco varos por unos cigarritos, no señor.


Por cierto… 31 de mayo, día internacional de no fumar… ¡YIPPY YAPPE! ¡Y yo anunciando cigarros!
Una de las cosas que más me incomodan son las dinámicas familiares ajenas. Mi familia, que pecó de discreta o bien, que tiene una manera muy directa de hacer las cosas, dista mucho de ser la familia dicharachera o ruidosa típica del mexicano. A Dios gracias, no soportaría tener una familia inquieta que mueve todo sin cesar. Me acuerdo de las familias de mis amigos que siempre fueron muy distintas a la mía y cuando por azares del destino, me veía envuelto en una reunión familiar donde yo era invitado, me quedaba callado de entrada y observaba todos esos matices de colores tan diferentes de un cuadro familiar completamente ajeno al mío. Una de esas veces fue con la familia de Irwin, que con regularidad me invitaba a comer antes de irnos a entrenar remo (simón, aún sin saber nadar, aún sin saber andar en bicicleta, me fui a entrenar esa chingadera) y aquella vez que me invitó a Tamaulipas, a conocer a sus tíos. Era una familia completamente distinta. También fui un invitado regular de la familia del Cheques o la familia de Fernanda.
Otra familia que recuerdo con peculiaridad, es la de Sol María. Aún me siento totalmente a dispar con ellos, no me parezco en nada, así que cuando toca una de esas reuniones familiares que me estresan, mejor guardo silencio y observo. Nunca he sido bueno con las multitudes, ni con las familias ajenas. ¿Qué se le va a hacer? Hasta que alguien me entregue un instructivo.
Pero aquí en México, cuándo alguien te invita a su familia, que no sea una de esas mega reuniones donde todos acaban como vacas babosas con unos kilos de alcohol, puedes empezar a considerarte un primo, o un sobrino lejano. Incluso, después de dos o tres reuniones, la abuela que no recuerda los nombres empezará a preguntar por tí, preguntará por el muchachito ese callado que fuma de más y tiene ojeras de drogadicto. Debería de sentirme afortunado —y tú también—, porque sin querer ya llevas unos dos o tres apellidos más a la cuenta.
En cuánto a Bob…
Él esta teniendo pesadillas:

El fantasma de un perro le acosa.
|
Tags: Amigos, bob-el-cacto, cigarros, duveth, Ezequiel-Madrigal, Familia, fantazy, fotografía, fumar, Irwin-Martínez, marcas, México, neurosis, perro, relaciones, remar, silencio, Tamaulipas
Enero 20, 2005 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Soy de esos tipos que no pueden soportar grupos de gente. En algún lugar donde haya más de tres personas, incluyéndome a mi, platicando… me quedo callado y en algún momento, estoy esperando a que todo termine para quedarme solo. O esperar una hora cerrada (no 9.07, no 3.43, no… tiene que ser 9.00 o 4.00, y si quiero retar mi espíritu supersticioso cabalístico, 3.30 [Aunque suena más interesante 3.33]).
Desde chiquillo soy así, cuando las reuniones se tornaban aburridas y se ponían a platicar, y no había esperanza de juegos o de pasarla bien o de saber de que demonios estaban hablando, tan sólo quería salir corriendo. Aún tengo el impulso de escapar a un parque, sentarme a lado de un indigente y mecerme adelante-atrás, como niño chiquito cuya hiperactividad ha sido controlada con ritalina. (No tanto así, pero soy famoso por exagerar las cosas).
Aunque también, debo admitir que la gente acaba con mi humor. La gente en general. Soy medio anarquista, medio sociópata (Paréntesis de esos que me gustan, gustan: me caga el término antisocial, porque ya lo usan todos los adolescentes desde que existe Daria, aunque no se den cuenta de su falta de “antisocialidad”) en ese sentido: No soporto grandes grupos de gente cuando no voy de humor para soportarlos. Cuando es un compromiso el presentarse, cuando es algo que debe de hacerse, entonces empiezo observando… es para aliviar mi tensión, el stress que significa estar entre un grupo de conocidos o desconocidos o muy desconocidos. Los observo y me aprendo sus ademanes, identifico sus tonos de voz, me los imagino en discusiones, contando un chiste o mintiendo y hago un collage de los movimientos de sus hombros, con como alzan las cejas y se limpian la nariz, al decir una frase determinada. Entonces, me hago una anotación mental (de esas que olvido), prometiéndome que utilizaré algo de eso para crear un personaje. Suena divertido, ¿no es así? Es un placebo delicioso para evadirse.
Sin embargo, si eres un neuras como yo… no dura mucho tiempo y las otras dos horas de reunión, lo siento amigo, tendremos que chutárnoslas solitos.
|
Tags: antisocial, escuchar, neurosis, observar, personajes, platicar
Septiembre 28, 2003 — Paranoidefobico.
Escrito por Agustin Fest.
El miedo es muy común y es una poderosa herramienta en la vida diaria, a través de miedo es como, la mayoría de las veces, enseñamos a nuestros niños. Los condicionamos a tener miedo a esto o aquello, y así caminamos por la vida, enseñando a nuestros sobrinos, primos, hijos, etcétera.
Y no iré al rollo de que los grandes dictadores lo logran todo por miedo, porque seguramente ya lo han leído en algún lugar. (No tengo muchas ganas de escribir, anyway).
¿Cómo crear el miedo? Es muy sencillo. Utiliza todo lo que hay a tu alrededor para infundir un poco de miedo, observa a quien quieres espantar, no tengas miedo de probar… después de todo, hay mucha gente en este mundo y somos predecibles en lo que hacemos… un rato de verdadera observación a un individuo y conocerás al menos, el miedo más superficial. Si quieres jugar con miedos más grandes… bue, no quisiera dar la receta para eso.
Demasiada gente.
Pero los miedos fabricados por el ser humano, realmente son… deficientes, a menos que sean extremos. Son miedos que se pueden vencer, tarde o temprano.
Los miedos más poderosos son los creados por el destino o por Dios, como quiera que se haga llamar, esos por lo general son extremos. Tan solo ayer me acordé del miedo que me fabricó Dios y vaya, es muy bueno en lo que hace.
Si, Dios es lo mejor en lo que hace.
|
Tags: creación, miedo, neurosis, temor
Agosto 25, 2003 — No Fumar.
Escrito por Agustin Fest.
Creí que el más difícil sería el trabajo, pero fue pan comido ¿a quien quieres engañar, Tsef Thaed?. Nadie me ofreció un cigarro, ni Josefa, ni Carrillo. Los olí demasiadas veces, vi prenderse un par, pero pude evitarlos. Fuerza de voluntad muchachito, me dije a mi mismo, ¡y salí todo un triunfador! Anda, anda, confiésalesssss… te mueres por uno. Ni siquiera se me antojó, ni tantito. Mi cigarrillo de mi cajetilla de reserva se quedó quieto en su lugar. ¡Mira nada más! Eres como que un poquito masoquista: sonríes al pensar que si lo fumas… no podrás parar ya. ¡Y tenés razón!.
Me descubrí un hábito. Suelo/quiero llevar un cigarrillo mientras edito rápido. Ahora sé que conociéndome es como podré pelearle al cigarrillo mas fácilmente. Tsk tsk tsk, no vas a triunfar… mañana mismo te comprarás una cajetilla nueva. ¡Mañana mismo! ¡Andá Tsef Thaed! So, acabé mi día en el trabajo. Nada pesado, sólo hice un stock para video interno de una compañía de camiones y hoy hice la edición final del comercial de pastelitos. ¿Cuántos pastelitos te comiste hoy para no pensar en el cigarrito de la editada, eh?
Me comí un pastelito nada más… Ohhh. Pero vas a engordar bien y bonito muchachito… si de por sí, sos un cerdo. Para tranquilizar las ansias de cigarro y después, me fui a la escuela.
Un hábito descubierto: El cigarro que me llevo prendido de la oficina al metro. ¿Te acuerdassss cuándo pasabas del lado de la gasolinera con tu cigarrote prendido y luego los mirabas sonriendo, moviendo tu manita con el cigarro esparciendo ceniza caliente de un lado a otro? Jajaja, lo bueno es que ya cambiaron al personal. Ahora no prendí ninguno, me sentí bien. Me sentí re-la-ja-do y tran-qui-lo.
En la escuela fue un poquito más difícil. Descubrí que utilizaba el cigarrillo para que se me fuera más rápido el tiempo a la hora de empezar una clase ¡Y cómo lo descubriste, eh! ¡Vaya que lo descubriste, Tsef Thaed! Ahora… préndeme, chiquito, préndeme. ¡¡jajajaja!!. So, lo que hice fue caminar. Hice la anotación mental de SIEMPRE llevar un libro, los poemas/ensayos/novelas pendientes. Debo comprarme una antología que cuesta unos seiscientos varos en American Bookstore.
Si, el dinero me tiene mal. Estoy a punto de darle a mi mamá su ultimatum. Todavía no me pide dinero para apoyar en la casa, pero estoy seguro de algo: Ella no está buscando trabajo. Eso, eso, piensa en tus problemas… así necesitarás un cigarrillo… piensa en la presión, la deliciosa presión… ¿la sientes? ¡Vamos! ¡Nada más uno! y mañana regresarás a la normalidad…. Ya le dije que no podía mantenernos a los dos a menos que dejara la escuela y trabajara de tiempo completo y como no quiero sacrificar ni uno, ni lo otro. Es una historia compleja, mi mamá ya lleva un historial de dos tíos que si tuvieron que salirse de estudiar para pagar las deudas de crédito de ella, malos tiempos, fueron malos tiempos. Afortunadamente, esta vez no hay deudas de tarjeta de crédito y yo, no quiero repetir ninguna historia.
Le diré que se busque un trabajo para al menos pagar la renta del departamento. Yo pagaré lo demás luz, teléfono, gas, comida. Yo creo que los gastos se equilibran bastante bien haciéndolo de esa forma.
Claro, mi mamá cuando trabajaba tenía contemplados otros gastos estaba pagando mensualmente un par de casas, hasta donde yo sé. Una en Toluca, otra en Colima. Pero no estoy dispuesto a pagar nada de eso, no me alcanza el dinero. ¿Una fumadita?. Y aquí es cuando comprendo la importancia de tener un lugar donde vivir, sin gastos de renta. Yo creo que será lo primero a lo que me enfoque cuando ahorre un dinero y gane más.
Primero es: un lugar donde caerse muerto. Un lugar donde fumar tranquilamente. Ya después, hasta te compras una mona inflable si quieres.
¿En qué iba? Ah, si, en la escuela. Me encontré con Ariadna y conocí al novio de Astrid, Nicolás. Bien, tranquilo, normal. Ariadna se compró un cigarro, se lo fumó. No quiero ser de esos tipos mamones que digan: “Oh, ya dejé de fumar” y luego se la pasen tociendo como en seña de que les molesta, porque ellos ya lo dejaron. Si, te lo aguantaste bien… debo admitirlo, Tsef Thaed.
Y el penúltimo hábito que descubrí el día de hoy fue cuando estuve socializando con un grupo de compañeros… tenía el impulso de sacar un cigarrillo y prenderlo. ¡Dios mío! Jajaja, ahora si que me estoy conociendo. Casi le robaste una fumadita, pero te aguantaste. No me llamó tantito la atención el cigarro de la chava… ¿cuál me chupo? bueno, si, casi le pido que me diera una fumada.
Pero me aguanté. Divertido, caminé de regreso a casa pensando: “Ummm, lo más seguro es que en una peda voy a querer fumarme un cigarro también y entonces viviré otra vez mi vida de fumador. Oh no. No, no, no. Todo lo que lograste hoy, perdido por una peda. Eso sería lo más patético”.
Luego saqué mi último cigarrillo de mi cajetilla de reserva y me lo puse en los labios sin prenderlo. Sonreí y me puse a tararear. Cuando sentí que ya había sido lo suficientemente patético, me lo quité de los labios y lo volví a guardar en su cajetilla.
Y luego, llegué a casa. Leí algo que me enojó.
Casi prendo el cigarrillo. Todavía no es tarde. Si, cuando estoy nervioso, enojado y estresado, fumo bastante. Ya estaba fumando de a cajetilla y media diaria, por eso lo estoy dejando. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Préndelo! ¡Prendelo ya Tsef Thaed!. Pero sería idiota si prendiera el cigarrillo por leer algo tan trivial que sencillamente, me enojó porque me siento con ganas de enojarme con alguien y desquitarme.
Así que esperaré algo más sútil y elegante como el final del mundo para prender mi cigarrillo de reserva. Tal vez en unos treinta años, ya que esté bastante añejado Wacala.
Además… ahora tengo una razón de peso por la que no me quiero morir mañana, ni pasado, ni en dos, ni en diez…
|
Tags: adicción, culpable, desesperación, enojo, fumar, madre, molestia, neurosis
Agosto 25, 2003 — No Fumar.
Escrito por Agustin Fest.
Ayer, terminando de comer, se me antojó el cigarrillo “para la digestión”.
Dormí mal. No fue por el cigarrillo, de por sí, no sé dormir como la gente decente (eso y un par de pensamientos me asaltaron la cabeza, pensamientos malos…). Me desperté, me dormí, pensamientos malos, me desperté, me dormí, pensamientos malos. Tengo un par de demonios nuevos, hermoso, sencillamente hermoso.
Ayer me sentí orgulloso, no había tenido que prender ningún cigarrillo.
La primera prueba de fuego fue cuando mi mamá compró sus cigarros, los abrió y se fumó uno. Ohhh, el delicioso aroma del tabaco quemado penetrando en mis fosas nasales. Suspiré, no me dejaré vencer.

Al despertar, puse agua para el café y mi primer impulso fue prender un cigarrillo para esperar a que el agua calentara.
Cuando me hice mi café, mi segundo impulso fue buscar un cigarro para acompañarlo.
Y por supuesto, el cigarro para terminar el café.
El cigarrillo antes de dormir. El cigarrillo mientras uno se baña. El cigarrillo antes de salir. El cigarrillo cuando uno espera el transporte público.
Y ese único cigarro que me queda, me mira con una sonrisa maligna… Oh si, esta será mi mejor batalla.
|
Tags: café, dormir, Familia, fotografía, fumar, insomnio, mamá, neurosis, pesadilla
Diciembre 29, 2002 — Niño viejo, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Salí de compras el día de hoy, siempre pongo cara de protesta cuando tiene que ser, siempre hago ruidos quejumbrosos cuando me levantan y yo esperaba despertarme tarde. Pero no importa, al fin trato de relajarme y pedirme que no sea tan intransigente con mi madre en esos menesteres.
Odio las compras en temporada navideña, no por esas mamadas del consumismo y que ya no buscamos regalos más sencillos para conseguir sonrisas más sinceras, no, eso es una mamada. Odio las compras por la cantidad de gente que se encuentra uno. Es exorbitante, es ridículo. Sencillamente no soporto grandes cantidades de gente, no lo sé… yo crecí siendo sedentario.
Primero fuimos a tirar unas cosas de la casa de mi tío Ángel a la basura, entre ellas se encontraba un árbol de navidad de esos de plástico. Me miró y me dijo, “Al fin que ya no lo ponemos”. Yo estuve de acuerdo, después de todo, nos llenamos de porquerías. El segundo pensamiento fue: “Es un árbol de navidad… ¿cómo podemos tirar un árbol de navidad?”
¿Cómo podemos?
Esto me hace recordar a mi abuela, cuando hace unos cinco años, en un intento por salvar la navidad y no comprar un árbol de plástico, consiguió un árbol humilde que más bien eran ya varas. Yo siempre fui el que alzaba la mano para adornar el árbol, pero cuando vi ese me asaltó un sentimiento mezquino, ¿cómo se atreve a darme esa pendejada? Pero no se lo dije.
Mi tío Daniel se encargó de decirlo. Ella, naturalmente, se puso a llorar. Entonces aprendí a querer ese árbol que ella había conseguido por quien sabe que medios, lo adorné como pude y traté de hacerlo bonito. No soy un hombre que exprese sus sentimientos con palabras, si lo hubiera hecho, mi abuela se hubiera sentido mejor.
Somos tan idiotas.
Llegamos a la Comercial Mexicana y lo primero que vi fue dos niñas que tenían la playera del Centro Universitario México o tal vez del Instituto, no tenían más de 17 años. Werillas las dos, bonitas. Pensé en la decadencia del CUM por haber metido mujeres… no piensen mal, no es el machismo. El CUM ya estaba en decadencia desde años anteriores, pero con las alumnas nuevas, se metieron nuevos sistemas, como que los profesores deben conservar su trabajo y mantener buenas calificaciones…
Si no, pregúntenle a Fautsch, le puso nueve a un niño que se mató en una carretera y que ya no debía estar en listas. (O eso dicen por ahí). Después de que hizo eso, se salió de la institución marista y se dedicó a hacer cosas más de su calibre, después de todo, es una de las mentes más brillantes de México, dicen también.
Afortunadamente me tocaron sus últimos años.
Mi mamá compró cosas de más, como siempre, pero al rato estaré agradeciéndole en secreto esa Sidral Mundet cuando falte agua de sabor o Coca Cola y tenga mucha flojera de preparármela.
Estuvimos buscando las cosas que comprar… en una de esas, que andaba solo con mi carrito mata-gente, encontré una niña con sindrome de Down. Pensé muchas cosas al respecto, me hubiera gustado sonreírle y animarle el día a la niña, pero seguramente a ella no le importaría del todo. Hubiera sido como un juego. A la que hubiera animado probablemente era a su abuela o a su madre, que estaba sentada junto a ella, mirando con recelo a las personas que pasaban junto a ella.
Ya no sabe uno lo que es políticamente correcto en estos días.
Pagamos las cosas, la cerillo estaba haciéndose pendeja. Creo que estaba peleando su lugar con otra cerillo. Ya cuando me vio con mi cara de enojado guardando las cosas en la bolsa se puso a chambearle. Mi tío Ángel se vio muy tranquilo al respecto, mi mamá no. Ya cuando le tocó el turno a ella, echaba unas miradas y unos comentarios a la cerillo que ni yo le hubiera deseado a mi peor enemigo.
Me puse a pensar porque trabaja ella, yo trabajo porque necesito en algún momento hacerme independiente. Yo trabajo por mis gustos. Yo trabajo porque necesito pagar muchas cosas en la escuela. En fin. Si no trabajara, le agregaría un porcentaje más al gasto de mi madre y eso significaría cederle control sobre mi vida. Es una historia muy larga.
Mañana trabajo por cierto, así que el que tenía que tener la carota, era yo… no la pobre cerillo. Así que al final, me dio un poco de espíritu navideño y le di en una moneda lo que le hubieran dado diez o quince personas. Me sentí bien en un principio, pero después pensé que así saldría yo siendo un mejor hombre.
Orgulloso es el ser humano por las cosas más estúpidas.
Cuando me preguntó mi madre cuánto le dí, mentí, le dije mucho menos… ella se me quedó mirando y me dio en la mano la cantidad que le había dicho.
Dos pesos.
Odio las compras en Navidad.
|
Tags: abuela, Arbol, basura, calificaciones, Centro-Universitario-México, cerillo, compras, Familia, Fautsch, favoritos, madre, navidad, neurosis, quejas, recuerdos