
Todas las Navidades, suelo mandar un Santa Claus (este mismo, desde hace unos años). Este… es para ustedes.
Disfrútenlo.
Diciembre 24, 2003 — Inexistente.
Escrito por Agustin Fest.

Todas las Navidades, suelo mandar un Santa Claus (este mismo, desde hace unos años). Este… es para ustedes.
Disfrútenlo.
Diciembre 22, 2003 — Hojas, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
… regale mucho afecto, y mucho cariño.
Regale uno de estos.

Diálogos hipotéticos que pueden surgir a partir de una maravilla de este calibre:
Octubre 22, 2003 — Nostalgico, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
¿Recuerdas cómo era despertar y salir de tu habitación para mirar los regalos que te trajo Santa Claus? Se trataba de abrir los ojos y sentir que el frío te calaba los huesos, pero aún así, había un calor recorriéndote el cuerpo. Había ganas de despertar. La realidad se iba formando lentamente, sentías tus manos, los dedos de tus pies, mirabas los muebles a tu alrededor y se hacía una conciencia en ti que te decía: “Estoy vivo”.
Y sonríes.
Sonríes porque recordabas que estabas vivo y era intenso el frío, y era intenso el calor interno. Es cierto… es cierto… fuiste inmortal. En aquel entonces la Muerte nunca había pasado por tu mente. Se trataba de saltar, correr, jugar y gritar. De menear los trastos de metal uno contra otro y abrir la boca tan grande como Mafalda y denunciar a los cuatro vientos la vida que corría como hormiguitas por tu cuerpo.
Hoy me desperté así.
Cuando creces te dicen que la vida es una lucha. Que es importante aferrarte a la noción de que estás vivo, porque en cualquier momento, cualquiera puede aplastarte. Cuando creces, te enseñan la soberbia, la envidia, la lujuria, el dinero. Cuando creces, aprendes que pronto tú tendrás un hogar, una carrera. Cuando creces, te muestran que debes vivir para darte un lugar entre tanta gente.
see myself in the pouring home see the light come over now see myself in the pouring rain i watch hope come over me
La inmortalidad, no se va escapando como agua. No importa cuantas veces te digan, nunca te sientes morir poco a poco. Es entonces cuando creces, ¿no es cierto? Cuando de golpe aprendes lo que es el mundo. Te lo enseñan como la fotografía de un colgado, como escuchar que alguien que quisiste murió, como ver el cuerpo inerte. Así conoces empiricamente el temor a no poder hacerte un lugar, un constante temor a no llenar las expectativas, ya sean las tuyas o ya sean las de otros. Es el miedo de morir. Es el miedo de no ser lo que siempre quisiste o crees querer.
here we are now, going to the east side i pick up my friends and we start to ride ride all night , we ride all day some may come and some may stay
No es tonto preguntarse, ¿qué importa el miedo? ¿o es tonto no preguntárselo? ¿son necesarias las respuestas?
Cambian las perspectivas y los métodos para regresar a la inmortalidad. Unos se hacen los jóvenes de hoy: buscando una fiesta en cualquier lugar, apreciando el dulce elixir que les hace olvidar, pegando sus labios con cualquiera que les haga sentir el alma revolverse en su interior, bailando la música que les promete vibrar. Otros se hacen los artistas de mañana: contemplan la naturaleza en una obsesión romántica, escriben la crudeza de la realidad, deforman la materia con sus impresiones de como debe ser, crean la música que debería llenar el aire silencioso. Unos cuantos más se vuelven los viejos de ayer… y ellos, ellos saben ya que nadie escapa. No necesitan más.
Benditos los viejos que quieren a los niños que no mueren.
here we are in the pouring home i watch the light man fall the comb i watch a light move across the screen i watch the light come over me
El egoísmo nos empuja a todos, en algún momento, a convertirnos en filósofos. Nos volvemos sabios que enseñan a los demás, otorgando respuestas hipotéticas a las preguntas que nos hacemos todos los días. Por medio de palabras y conceptos, adornamos la realidad que nos hizo crecer de golpe y le damos una abstracción de belleza. Una morfina dulce, o delicioso vodka. Los cigarrillos se consumen y repetimos las palabras, se vuelven vacías. Y nos alegramos, al vernos decadentes. Hemos escapado a la vida, efectivamente, no viviéndola. En esa deliciosa amargura nos hemos de consumir y esperemos nos purifique como el fuego de Heráclito, en las llamas del infierno.
here we are now going to the west side weapons in hand as we go for a ride some may come and some may stay watching out for a sunny day where there’s
love and darkness and my sidearm hey, elan
O bien… olvidaremos la inmortalidad y mortalidad de la gente. Nos convertiremos en verdugos, en aplastadores. Envidiaremos a la gente que le tiene respeto al tiempo, o bien lo haremos por simple necesidad. Alzaremos un arma porque necesitamos tanto. O tal vez porque no lo necesitamos y nos gusta ser acreedores de ese poder. Nos haremos los maestros, que le enseñen a aquel niño de golpe lo que es la verdadera vida. La adrenalina nos inundará y sonreíremos, con las encías sangrantes. Embriagados de vida robada, de locura perpetua.
here we are now going to the north side i look at my friends as they start to ride ride at night we ride all day looking out for a sunny day
Hay muchos caminos, muchas opciones. Todo depende de que queremos hacer, cuando hemos perdido la inmortalidad. También depende el que nos enseñaron a hacer, y el que nos dijeron que hicieramos. Pero después de todo, importará más el que queremos… tal vez el mejor regalo que se nos ha dado es el libre albedrío. Siempre podemos elegir, aún cuando las circunstancias sean difíciles. Podemos empujar a que las cosas se hagan, ya sea para poder comprarnos un chocolate o un buen libro, o para ver el circo que siempre quisimos ver y sentirnos otra vez niños. Tal vez las empujemos para ser magnates millonarios, o el cura de una iglesia.
Podemos ser… todo. Y que importan las circunstancias, mientras todavía quede vida en nuestros huesos, mientras todavía pase el tiempo y nos crezcan las arrugas. Son los impulsos de vida o de muerte. Tú eliges, siempre. Y si no eres tú eligiendo, ¿entonces qué importa tú vida o tú muerte? ¿De qué habrán servido, si nunca viviste o moriste? ¿Si nunca quisiste… algo?
here we are now going to the south side i pick up my friends and we hope we won’t die ride at night , ride through heaven and hell come back and feel so well .
Lo único que sé… es que bueno era despertar en Navidad y esperar los regalos.
Es bueno recordar cuando se era inmortal.
Mayo 19, 2003 — Niño viejo.
Escrito por Agustin Fest.
Recuerdo… O eso parece… Aquella máquina de escribir que utilizaba de pequeño. Primero la utilicé para escribir listas de los videojuegos que quería para navidad… logré una impresionante lista de 1002 juegos.
Era pequeño y creía que Santa Claus me daría el beneficio.
Y después de hacer listas, me dedicaba a tratar de hilar una historia… la primera trataba de cinco extraterrestres con superpoderes y trataban de detener el comercio de una droga, que no estaba seguro que hacía la droga… pero en fin, eso fue lo que escribí.
Al paso de los años, esa historia se transformó en “La Reina”… cambié la historia, ya no había droga, pero si estaba lleno de alienígenas con superpoderes: Estaba Pynus (que en el poder gris, se llama Painus), Lynn, Melany (¿O era Belany?), Hersst (que acabó como un demonio en el Poder Gris), etcétera. Varios de los personajes en ese escrito, fueron trasladados de alguna manera a este “nuevo” Poder Gris.
Y luego, la vieja máquina de escribir, me ayudó a trasladar los primeros capítulos del “Juego de la Vida”, una historia que fue el resultado de una promesa. También… hay muchos personajes en El Poder Gris (Y de hecho, el Poder Gris es una mutación de esta primera historia). El Juego de la Vida fue resultado de muchas influencias en historias y mitología, escritas con la visión de un niño de once años… un escrito inmaduro, pero recuerdo qué… podía regresar a ese mundo cuando yo quisiese. A ese mundo de personajes estáticos en su mayoría, en un intento de hacerlos dinámicos.
Ahora, me he quedado sin máquina de escribir. No soy un viejito old-fashioned, no podría buscar la máquina de escribir de una manera obsesiva para continuar escribiendo y tampoco podría decirme que el método de hacerlo todo a mano es mejor… no. Definitivamente, ya no me acomodo. Todo lo que me queda, es lo que conservo del Poder Gris, con sus fallas de redacción tremendas y uno que otro error factual y de sentido común.
Pero he logrado, después de mucho tiempo, visualizar el mundo que estoy escribiendo, como era al principio. Antes, había fragmentado este universo: Pensaba lo de Erick, pero me olvidaba de Argarath, y después me iba a Kainth y me olvidaba de Trevan. Luego, uní las partes… Darun, el Árbol de los mil Nombres…
Es posible, después de todo es posible.
Diciembre 29, 2002 — Niño viejo, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Salí de compras el día de hoy, siempre pongo cara de protesta cuando tiene que ser, siempre hago ruidos quejumbrosos cuando me levantan y yo esperaba despertarme tarde. Pero no importa, al fin trato de relajarme y pedirme que no sea tan intransigente con mi madre en esos menesteres.
Odio las compras en temporada navideña, no por esas mamadas del consumismo y que ya no buscamos regalos más sencillos para conseguir sonrisas más sinceras, no, eso es una mamada. Odio las compras por la cantidad de gente que se encuentra uno. Es exorbitante, es ridículo. Sencillamente no soporto grandes cantidades de gente, no lo sé… yo crecí siendo sedentario.
Primero fuimos a tirar unas cosas de la casa de mi tío Ángel a la basura, entre ellas se encontraba un árbol de navidad de esos de plástico. Me miró y me dijo, “Al fin que ya no lo ponemos”. Yo estuve de acuerdo, después de todo, nos llenamos de porquerías. El segundo pensamiento fue: “Es un árbol de navidad… ¿cómo podemos tirar un árbol de navidad?”
¿Cómo podemos?
Esto me hace recordar a mi abuela, cuando hace unos cinco años, en un intento por salvar la navidad y no comprar un árbol de plástico, consiguió un árbol humilde que más bien eran ya varas. Yo siempre fui el que alzaba la mano para adornar el árbol, pero cuando vi ese me asaltó un sentimiento mezquino, ¿cómo se atreve a darme esa pendejada? Pero no se lo dije.
Mi tío Daniel se encargó de decirlo. Ella, naturalmente, se puso a llorar. Entonces aprendí a querer ese árbol que ella había conseguido por quien sabe que medios, lo adorné como pude y traté de hacerlo bonito. No soy un hombre que exprese sus sentimientos con palabras, si lo hubiera hecho, mi abuela se hubiera sentido mejor.
Somos tan idiotas.
Llegamos a la Comercial Mexicana y lo primero que vi fue dos niñas que tenían la playera del Centro Universitario México o tal vez del Instituto, no tenían más de 17 años. Werillas las dos, bonitas. Pensé en la decadencia del CUM por haber metido mujeres… no piensen mal, no es el machismo. El CUM ya estaba en decadencia desde años anteriores, pero con las alumnas nuevas, se metieron nuevos sistemas, como que los profesores deben conservar su trabajo y mantener buenas calificaciones…
Si no, pregúntenle a Fautsch, le puso nueve a un niño que se mató en una carretera y que ya no debía estar en listas. (O eso dicen por ahí). Después de que hizo eso, se salió de la institución marista y se dedicó a hacer cosas más de su calibre, después de todo, es una de las mentes más brillantes de México, dicen también.
Afortunadamente me tocaron sus últimos años.
Mi mamá compró cosas de más, como siempre, pero al rato estaré agradeciéndole en secreto esa Sidral Mundet cuando falte agua de sabor o Coca Cola y tenga mucha flojera de preparármela.
Estuvimos buscando las cosas que comprar… en una de esas, que andaba solo con mi carrito mata-gente, encontré una niña con sindrome de Down. Pensé muchas cosas al respecto, me hubiera gustado sonreírle y animarle el día a la niña, pero seguramente a ella no le importaría del todo. Hubiera sido como un juego. A la que hubiera animado probablemente era a su abuela o a su madre, que estaba sentada junto a ella, mirando con recelo a las personas que pasaban junto a ella.
Ya no sabe uno lo que es políticamente correcto en estos días.
Pagamos las cosas, la cerillo estaba haciéndose pendeja. Creo que estaba peleando su lugar con otra cerillo. Ya cuando me vio con mi cara de enojado guardando las cosas en la bolsa se puso a chambearle. Mi tío Ángel se vio muy tranquilo al respecto, mi mamá no. Ya cuando le tocó el turno a ella, echaba unas miradas y unos comentarios a la cerillo que ni yo le hubiera deseado a mi peor enemigo.
Me puse a pensar porque trabaja ella, yo trabajo porque necesito en algún momento hacerme independiente. Yo trabajo por mis gustos. Yo trabajo porque necesito pagar muchas cosas en la escuela. En fin. Si no trabajara, le agregaría un porcentaje más al gasto de mi madre y eso significaría cederle control sobre mi vida. Es una historia muy larga.
Mañana trabajo por cierto, así que el que tenía que tener la carota, era yo… no la pobre cerillo. Así que al final, me dio un poco de espíritu navideño y le di en una moneda lo que le hubieran dado diez o quince personas. Me sentí bien en un principio, pero después pensé que así saldría yo siendo un mejor hombre.
Orgulloso es el ser humano por las cosas más estúpidas.
Cuando me preguntó mi madre cuánto le dí, mentí, le dije mucho menos… ella se me quedó mirando y me dio en la mano la cantidad que le había dicho.
Dos pesos. Odio las compras en Navidad.
Diciembre 21, 2002 — Asceta.
Escrito por Agustin Fest.
Ahora si me voy a Colima, de veritas, de veritas. Nada más estoy esperando que sean las 8:30 para agarrar mi mochila y decir adios por el día de hoy (más unos cuantos días más). Espero que disfruten su Navidad y si no los veo, su Año Nuevo (Según mis cálculos, para el 27 ó 28 de diciembre ya estoy aquí).
Que se les cumplan sus deseos y esperamos que las metas y los sueños sean abundantes, ya que necesitamos de sueños para no vivir la rutina de este mundo con tanto fervor. Que Santa Clos y su Dios les sea particularmente generoso y les permita con crecer vivir intensamente el año que viene.
Wow, 2003… ¿lo han pensado? Eso es como borrón y cuenta nueva. 2003. No sólo se nos está permitiendo vivir otro año, sino ser participes de una nueva era, es nuestro momento y nuestra vida, aunque no para lograr que sea un mundo mejor (estamos llenos de egoístas), al menos sí para marcar una diferencia que haga valer nuestra propia existencia.
Agradezco con estas palabras a mi familia, la cuál siempre está al pendiente de mí (pero no de este espacio
A mis amigos que me han seguido a través de este viaje, a las musas que me son propicias y a los webloggers que me regalan unas palabras de su propia vida. Cada uno de ustedes ha sido una inspiración para estas breves letras.
Sin más que decir, porque dicen que el que mucho se despide, es porque no se quiere ir… les mando un abrazo a los caballeros, a las damas un beso y que el juego continue.
Noviembre 25, 2002 — Niño viejo.
Escrito por Agustin Fest.
Recuerdo de niño a Santa Claus, el abuelo ideal, en saco rojo y con la barba de siglos. Sabiduría en el brillo de los ojojojojos. Como lo quiero.
Aunque dejé de ser niño, la importancia de Papá Noel es esencial, la necesidad de tener el abuelo/padre ideal. A diferencia de Dios, que lo conocemos por inventar algo terrible llamado el infierno, tenemos a Papá Noel, que tiene una esposa encantadora la cual nos prepararía un chocolate y nos regalaría galletas.
Miles le han dado connotaciones sexuales y negativas al pobre Papá Noel, que surgió hará un milenio, con un viejo millonario llamado Nicolás que regalaba juguetes en los orfanatos. Sin importar las preferencias sexuales o la mamá, el papá y los testigos en su acta de nacimiento, no es lo que se debe tomar en cuenta, es el símbolo. El símbolo de Padre Noel.
De niño, miraba a Santa Claus… y sabía que en algún lugar tenía un padre, riéndose a carcajadas preparando el siguiente regalo: “Para el Sr. Fest”.