Patribulando el domingo.

La estrategia, es lograr que abras los muslos. Eso pensé cuando llegué, pero de todas maneras (aunque un poco mejor que el fin de semana pasado) existe un regulador y todas ganas honestas se han encaramado. Ya no tengo ganas de hacer el amor, pero si tú lo quieres hacer, me parece bien… todavía es agradable para el cuerpo. Mientras tanto, puedo escuchar como se termina el domingo y pensar que no pasa nada. El descanso siempre me ha parecido una especie de tortura lenta, que se come el cerebro como un gusanito escondido.

En mi casa siempre tocan la puerta, antes de pasar, aún cuando es un domingo y no estas haciendo nada. Luego, te preguntan si no hay problema (si no estas ocupado) y van directo al grano. La mera cortesía de este acto, obliga que desplaces todo lo demás. Si es para molestarte porque están aburridos, te lo avisan de antemano para que te prepares y siga un momento incómodo, donde cualquier ocupación y sentimiento, deberá esperar hasta que haya terminado el rito. Cuando invaden sin aviso, sabes que es urgente y te alertas. Es una dinámica estúpida, una costumbre difícil de quitar, pero respetuosa y educada. Es preferible a que entren a tu habitación sin aviso y sin algo preparado. Finalmente, para invadir, acostumbro pedir permiso.

Tal vez por ello, me parece, lograr que abras los muslos y sin sorpresas, es una especie de tortura, porque de antemano acostumbro a pedir permiso. Si no fuera por este pensamiento, cuya conclusión probablemente nunca exista, mi domingo sería aburrido y sin valor alguno. Tú no estas consciente de mis costumbres, no las has vivido y puede ser que nunca las entiendas, así como no entiendo las tuyas. Procesar una estrategia es lo más entretenido que puede existir para un hombre como yo, porque me hace pensar en muchas posibilidades, todas ficticias, para lograr algo que nunca pasará.

Lo cual es lamentable. A veces, pensar como se puede hacer el amor, en vez de hacerlo, puede ser más divertido y productivo. Algún día olvidaré pedir permiso y tú pensarás como hacer para que estemos solos, en estas tardes de domingo.

Diario de Simón Dor. Día 33 y Día 34.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 27 de 47


Día 33

¿Qué día es? Mi querido Diario, ha sido el abandono imperdonable, pero tú sabías a lo que te arriesgabas cuando me conociste y me entregaste tus páginas blancas. He andado por pasillos oscuros y de cansancio, no he tenido oportunidad de escapar de este calabozo enredado de muros colosales y puertas de caoba. Atravesando espacios que no me pertenecen, encontrando vírgenes y putas mirando con temor si yo soy el que está dispuesto a corresponder la abertura de sus piernas, saltando como un delirio féliz entre bosques de telarañas y caca de ratón (ratones que no son tan finos como aquellos que viven en la luna, debo admitir).

La verdad ya no me pertenece en el momento que mis dedos se aprietan contra los muslos de una joven de mirada ansiosa y perturbada. Mis gemidos no son míos en cuanto ella aprieta con sus palabras la razón de mi inflexibilidad. Mi cuerpo se pierde en un abismo en el momento que las vibraciones sexuales se expanden en el cosmos que grabó la NASA el día de ayer.

He de buscarme y te mantendré al tanto con mis breves anotaciones, mi querido diario.

Día 34

Querido diario.

He tenido semanas difíciles en el oruro de la realidad. Porque he descubierto que detrás de mis mentiras, hay una persona con mi cuerpo que vive una realidad. Él toma a cargo las decisiones, los objetos y los sentimientos. Tristemente yo solo soy un observador que puede opinar de vez en cuando, sin embargo, mi temor a vivir la realidad es tal, que dejo que él, que es más fuerte que yo y no conoce las lunas de queso, los infiernos y los oasis de mujeres desnudas, se haga cargo de todos los menesteres mientras yo me divierto en mis irrealidades y tejo telarañas de incertidumbres e inmadureces.

Muchas comas, ¿Te has dado cuenta de lo mucho que adoro las comas?

El redescubrimiento del lenguaje, la búsqueda de las palabras exáctas. Así es como se hacen concisas mis propias subrealidades, son las letras las que me dan el poder de crear los espacios a mi antojo. Las letras son mi delirio y mi sufrimiento, me arrancan el sudor, lágrimas y sangre que entrego para el sacrificio de todos los días. Me arranco el corazón y lo ofrezco todos los días.

Soy nada.