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Los cuervos…
Bueno, no todos.
Solamente Mamá Cuerva,
Supo que el día con
Las gaviotas,
engendró monstruos…
Cinco de ellos
con tanta naturaleza
como para destruir
el mundo.

Kayla

Kayla no sabe que el mundo es un desierto y se la pasa corriendo en los escombros, por ahí y por allá. Kayla no sabe que el mundo me ha hecho daño y que me ha convertido en un hombre muy grande que está destinado a seguir creciendo, hasta que los organos le revienten. Kayla no sabe leer y me permite que lea los cuentos de los hermanos Grimm, que llevo en una de las bolsas de mi gabardina. Kayla me dice que así es el otro mundo y me arranca una sonrisa. Mi rostro tan estirado ya, que me da miedo que se rompa cada vez que me hace sonreír y ella se ríe y se burla de mi, entonces a Kayla le nacen alas de un Fénix y me dice—: Un viejo como yo las tuvo hace mucho tiempo, pero no supo que hacer con ellas.

A Kayla no le importa y se ríe de las nubes oscuras en el cielo. Ella dice que incluso, allá detrás de todos esos grises feos, hay conejos corriendo tras los ciervos, y los ciervos persiguen cuervos de pelajes azules y brillantes, que a su vez persiguen un árbol que camina y corre de contento. Me he reído mucho de la imaginación de Kayla —Los árboles no corren. Y ella se ha reído de mi. —En Fafjel, corren todo el tiempo. El Árbol que se está quieto, es un árbol marchito. Asiento lentamente, que triste era la vida antes de Kayla. Y también es triste con ella, cuando son las noches que se queda callada y quieta como una estatua. Y unas lágrimas se asoman de su rostro y es el único brillo que existe en Kayla, cuando esas noches oscuras y feas y terribles.

Kayla me ha dicho que vamos a morir de cualquier manera, cuando está muy pensativa. —Tú corazón está creciendo, tú corazón te va a matar. Me ha dicho Kayla y echa a llorar como si estuviera lloviendo y yo antes hubiera llorado como ella. Pero ya no es así, le acaricio la cabeza y le digo—: Mi corazón está creciendo gracias a ti, porque antes de conocerte era así de pequeñito. Entonces Kayla se está medio tranquila, medio dudosa y se va a correr de nuevo, porque para ella no hay escombros, sino un jardín lleno de flores y mariposas, brisas y cerezos, conejos que persiguen árboles que uno se pregunta de dónde demonios crecieron raíces para echar a correr.

De un mundo al siguiente

En diez horas, puedes caminar de un mundo al siguiente.
Sabes lo que encontrarás en el uno, en el otro.
Sabes cuál es un infierno y sabes cuál es un cielo.

(aunque a su modo, se complementan. Hay infiernos
y hay cielos, en ambos mundos. Todo es cuestión de
quien decida caminarlos).

Y aceptas ambos mundos. Debe ser así, de lo contrario…
…rayarías entre el cuerdo y el loquito.

En teoría, el primer mundo te enseña muchas cosas…
y en el segundo, tienes que desaprender varias.
Enseñarte otras cuantas…

Cuando regresas, ocurre exáctamente el mismo proceso.

Hay un desbalance. Debes ser muy ducho, muy chido,
—un genio—
Si puedes asimilar y adaptarte a ambos mundos,
sin consecuencias graves.

Uno debe entender, cuando se puede regresar y cuando no.
Cuando es debido atravesar uno y otro.

(Aunque el riesgo es toda una aventura y debes asimilar que
el desbalance puede ser peor. Tienes que tenerlo en mente
pichulita o ya nos fregamos).

Lo importante, de caminar entre mundos, de caminar entre

(—ORDEN Y CAOS—
—THANATOS Y EROS—
—CIELO E INFIERNO—
—FUEGO Y AGUA—)

aquel mundo y este, es llevar las enseñanzas…
los buenos recuerdos…
los que todavía no suceden…
las promesas del futuro…

caminar y predicarlas.

Aferrarte a ellas.
Creer en ellas.

Creer que existes y no importa nada más, que puedes caminar cuando quieras para vivir lo que desees.

Nada importa, más que eso.

En diez horas se puede caminar de un mundo al siguiente,
y he olvidado mi reloj, ya no sé contar el tiempo,

solo
miraré
al
frente.

Disculpa epistolar para una muerta

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te he escrito. ¿Podrás perdonarme? No es olvido y no es no me acuerdo, tú sabes muy bien que siempre te tengo en mis pensamientos y cuando miro a otras personas, sigo tus enseñanzas discretas.

Tú me enseñaste como comportarme en el mundo, lo hiciste a medias, pero fue suficiente. Cuando me dejaste tuve que llenar los espacios en blanco, aunque eso ya no importa, maldije el abandono repentino en su tiempo, la furia egoísta se ha convertido en nostalgia y melancolía.

Pocos se dan cuenta cuando pienso en tí, mi amor, aunque quisiera gritarles lo importante que fuiste en mi vida no lo entenderían. Tal vez porque eres sagrada o te has convertido en un ícono importante. ¿Qué puedo decir? no lo sé.

La cuestión está en qué… quiero decirte que ya soy más feliz que antes. ¿Te has dado cuenta? Sonrío más seguido, bailo, bromeo con gente extraña, leo más tranquilo, mis preocupaciones se han vuelto más banales (El trabajo, la escuela, la vida).

Siento que te estoy traicionando. Las numerosas pláticas que teníamos, de niños, creyéndonos más que los adultos. Creíamos tener la verdad del mundo en nuestras manos y de adolescentes la predicábamos a los cuatro vientos. Prometíamos no ser como ellos.

Ahora yo me estoy convirtiendo en uno y te imagino sonriendo a pesar de mi traición. Es la natural evolución del hombre, ¿qué podías esperar de mí?

El motivo de esta carta es para decirte, que después de todo estoy bien. Aunque esté recargado en el barandal, fumando mi cigarro ausente, ignorando a aquellos que me dan palmadas en la espalda y me preguntan cosas que entiende alguna parte de mi cerebro y responde automáticamente… estoy bien.

Te has llevado mis ojos contigo. Pero estoy bien. Todo irá bien, ¿verdad? Te has llevado mis ojos…