Noviembre 28, 2007 — Búsquedas, Casting, Del deber ser, Escribir.
Escrito por Agustin Fest.
Iniciar una novela y desarrollarla es lo más sencillo del mundo. Terminarla, caray, terminarla. Luego revisarla. Lo sé porque he iniciado muchas y hasta el momento no las he terminado. Eso no quiere decir que no dejan de molestarme. Es el lenguaje quien me molesta. Mi lugar en la historia. Mi situación en el mundo. A veces pienso que existe un lugar ideal para escribirlas. Un momento. Una silla mágica y un escritorio místico. El asistente ideal. Pienso, iluso, que habrá un espacio en el tiempo donde no me levante de mi silla hasta terminar doscientas páginas más. Eso no existe. ¿O sí?
Estoy escuchando a Pito Pérez, con 5 ó 6. La canción del comercial de Coca Cola. Aquel donde las niñas se rapaban como punketas. ¿Lo recuerdan? Yo sí, porque busqué el casting. Les pagaron bien. No sé si lo suficiente para aguantar las burlas de sus compañeros. Yo sé que no me habría quejado. Una mujer perdiendo su cabello de esa forma, aún en nuestro contexto histórico, es perder un rasgo femenino vital. Desafiar la sociedad machista y mexicana. Una imagen que aprovecharon bien en el comercial. También se lo raparon y pintaron a una viejita. La señora sonrió cuando le preguntaron si aceptaba el presupuesto. —Por supuesto que sí, hagan lo que quieran con mi cabello.
Hay gente que hace desastres con su cabello sin recibir un centavo a cambio.
Mujer de malos sentimientos. Dice la canción. Hoy prometo seguir avanzando mi novela. Aún cuando avanzar signifique mirar las letras una y otra vez. Ayer, no lo niego, pasé un rato considerable buscando los colores que deseaba para TextMate. Patético. “Un escritor debe sentirse agusto en su ambiente de trabajo”. Eso vendrá en algún libro para ilusionar a la gente. Escribir viene de escribir nomás. Asimov, la historia de Azazel y el escritor sin inspiración. Cada vez la recuerdo más. El día de hoy hay mucho escándalo. Siempre hay escándalo en la casa. ¿Escribir en el trabajo? Difícil, muy difícil. Tal vez debería dejarlo así. Admitir que no hay más palabras. Que nunca terminaré las novelas.
No. No puedo.
Soy un monstruo.
Soy necio.
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Febrero 9, 2003 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Mi estimado Simón Dor, te he leído ultimamente, y creo que nuestra relación debe detenerse por nuestro bien. Eres una creación de mi imaginación preliteraria, es absurdo que abuses de mis dedos para crear tus letras absurdas y llenas de negativismo. Así que, vaya, tenemos que cortar relaciones por la paz. Decir adios mi buen amigo, tú sigues tu camino y yo el mío.
Pero mi querido Fest, ¿cómo osas a decirme tal cosa? Si yo soy el que te ofrezco los pasajes oscuros y de humor negro maravillosos que has escrito en toda tu vida.
Toda mi vida no, mi buen Simón Dor.
No lo niegues, la otra vez te pusiste a pensar y yo estaba ahí en las sombras observando tus pensamientos, si, estaba ahí. Yo existo desde aquella muerte innegable, ¿recuerdas? Primero me quisiste ver como un viejo sabio, como un consejero, como el mentor de toga y barba blanca que se parecía al Merlín del cuadro que solías tener. Tú me transformaste, me cambiaste y me pervertiste a lo que ahora soy, no puedes negar tu creación… no puedes negar al hijo monstruoso que has traído de las tinieblas
Tranquilo Frankenstein.
Ja! Touché!
Es cierto que yo te cambié.
Muy cierto
Y así como te di nacimiento, puedo darte muerte.
Bien puedes, pero ya me hubieras matado en vez de mantener esta conversación absurda. Todavía me necesitas y probablemente me necesitarás hasta el fin de tu existencia. ¿Cómo piensas esconder tu lado oscuro si no es utilizándome a mí? Soy una tercera persona en tu vida, una de tantas identidades que le has dado a tus máscaras a través de los tiempos. ¿Cómo piensas detenerme, si solito me llamas en las noches y ni siquiera recuerdas lo que ha sucedido entre pesadillas y anhelos? No mi buen amigo, no podemos vivir el uno sin el otro, somos el balance, ¿comprendes?
Y ahora viene la mamada de Ying-Yang, ¿no?
Puedes mirarlo así, si sientes que es más cómodo. El caso es que yo adorno lo aborrecible que eres, para poder mantenerte cuerdo. Soy meramente un instrumento, un viejo que fuma sin filtro y toma tequila. Todo un ícono en tu vida.
Llegará el día en que no te necesite, Simón.
simón, tal vez
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