Noviembre 9, 2007 — Del deber ser, Howl.
Escrito por Agustin Fest.
Toda la tarde han estado trabajando sobre Xola, para hacer el metrobus. Enormes monstruos de hierro taladran la mitad de la avenida y la casa vibraba. Trataba de concentrarme en el monitor, pero no podía evitar asomarme por la ventana y cuando me hartaba de darles cáncer con la mirada, sentía la silla como el vibrador más ligero que un sexshop puede ofrecer. Tres horas. Miro el reloj. Tres horas tal vez. O mañana en la mañana. Recibí mi sueldo. Está bien. No tengo ganas de gastarlo. Cigarritos. Muy bien y cafecito, coca cola, comida corrida, frío, y el trac trac trac de la maldita máquina. Ni el bondage francés puede separar esos daños. Me pregunto porque mi otro yo no puede reemplazarme, y jugar a que trabaja, el día de hoy. El trabajo flojo. Demasiado relajados otra vez.
No hay nada a través de las ventanas. Las letras que no se han escrito se acumulan. Quiero acabar la Torre de los Sueños en diciembre. Tendré que revisar de nuevo mis tiempos. Tendré que extender de nuevo mis horarios. Tendré que encontrar, otra vez, el fascinante proceso de novelizar. Novelizar. Por eso ya nadie escribe novelas. Por eso todos tenemos un blog.
Mi café esta tan caliente que el humo se escapa al cielo. Se confunde con la contaminación del día de hoy. Con el polvo que la máquina, hija de puta, ha alzado en toda la avenida. El gobierno esta cambiando mi entorno. Todavía no comprendo como funcionará con esta avenida. Me es frustrante no comprender algo. Pero bueno, estoy en esa etapa del año que menos comprendo al ser humano, a mí mismo, la vida en general, lo que falta por hacer. Pequeñas metas ya fueron cumplidas. Faltan las grandes. Y a ver.
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Tags: gobierno, metas, metrobús, molestia, ruido, Xola
Junio 20, 2007 — Casting.
Escrito por Agustin Fest.
Lo divertido de los castings de cabello, es que llevan una especie de coreografía: Una mano atrás, la otra mano, alzar el cabello, dejarlo caer suavecito, las dos manos, hacer una v y mover suavecito el cabello, un chongo (o cebolla) y soltarlo para balancearlo, perfil y colita de caballo (encantador), el otro perfil y colita de caballo (doble encantador), alzarlo y dejarlo caer despacio, todo despacio para que se vea el volumen, el peso, shalalá, ahora hacemos giritos a cámara (y esta es mi parte preferida, no sólo porque hay más sonrisas, sino porque de verdad parece un baile —para explicar esto, suelo tocar las caderas de la mujer en cuestión [de manera muy profesional, claro está] y explicarle que debe dejar las piernas quietas, mientras hace un medio giro, mire a la cámara y sonría). Cinco guiños: 1, 2, 3, 4, 5 y en el último, un giro completo y sonreir a la cámara. El propósito es que su cabello vuele y se vea, pues, precioso.
Hoy, se presentó una chava que se disculpó conmigo unas diez veces, porque no era profesional y este era —casi— su primer casting. Cada vez que explicaba o repetíamos algo para que lo hiciera bien, ella pedía perdón y agregaba un suave: Lo haré mejor para que no te desesperes. Me pregunté si me escuchaba agresivo o violento. Sonreía, pero la simple mención del desespero me hacía sentir en la línea entre la amabilidad y la pendejez. Es como si me sugirieran el sentimiento. Si algo me molesta, es que me pregunten si estoy molesto cuando no lo estoy. ¿Será una especie de volubilidad? No lo sé, y no me importa mucho. Cuando la mujer se puso de espaldas, noté una cicatriz de la nuca que seguía hasta donde el vestido me permitió verlo, exáctamente en la línea que partía su cuerpo. Interesado, me pregunté que clase de historia habría detrás de esa mujer.
Me tardé un ratito con ella y demostré la verdadera paciencia. Después de quince - veinte minutos, no quise tardarme más. Necesitas soltarte, le dije, pero eso sólo pasa si sigues haciendo castings. Miré su cara y después mentí un poquito—. Me encantó tu cabello y trataré de venderte. No podía venderla porque no me daba la edad y su actuación, apresurada y descuidada, sólo me traería problemas el mismo día de la filmación. Ella se fue con una sonrisa, verdaderamente contenta. —¡Sí! ¡Véndeme! ¡Véndeme!
No la incluí en la edición.
Una mujer, mientras tanto, en la sala de espera me señaló el reloj y me dijo—. Ya que se apuren, ¿no? —No estoy haciendo ese casting. —Oye, es que ya llevo veinte minutos esperando aquí. Le presté atención y la reconocí: desde que estoy trabajando en el medio que la conozco. Ya merito siete años. Antes nos caía bien, le permitíamos llegar a las siete, a veces a las ocho de la noche, la vendíamos y la preferíamos porque siempre había trabajado bien con nosotros. De un momento a otro, empezó a llegar tarde a las filmaciones, a los callbacks, a todo eso. Dejamos de meterla a los proyectos, e incluso la eliminamos de las ediciones. Le dije solamente—. Paciencia. Ella respondió—. Se estan tardando mucho. Y yo le respondí—. No exijas lo que no das. Empieza por llegar temprano a los llamados, a los callbacks y no pedir favorcitos. No respondió.
Unos minutos más tarde, su brillante respuesta fue—: Oye, si me pagaras una mensualidad por hacer casting, entonces sí me quedo calladita a esperar.
—¿Cómo me pides que te pague por venir a buscar trabajo?
Le sonreí y me encerré en el foro. Ya no la vi después.
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Tags: cabello, Casting, cicatriz, desesperación, discusión, edición, espalda, impuntual, molestia, paciencia, procesos
Noviembre 13, 2003 — Fractal Chaos, Los malos días.
Escrito por Agustin Fest.
Encender el cigarro
Ya tengo dos trabajos más que entregar. De tres cuartillas, en inglés (Historia Literaria II). Se agregan al trabajo que tengo que hacer del outline de mi thesis statemente, para mi clase de inglés precisamente. Tengo que leer The Wasteland, la clase de Collin lo requiere. Tengo que hacer otro trabajo de Roa Bastos para la clase de Argel. Un trabajo más para la clase de Lingüística, de este viernes… este es sencillo, tan sólo una cuartilla. Pero juntitos todos, me hacen pensar lo mucho que me falta.
Tomar el café
Se han agregado, repentinamente como caídos del cielo, otros dos castings. Ya tengo un pendiente menos con lo de Philips, sin embargo, viene Harmon Hall… tres personajes, primera edición querrán alrededor de 45-60 personas. Tendré que regresar de la escuela y llegar a mi trabajo a las nueve de la noche para hacer esa edición para mañana. No podré hacer el trabajo de Lingüística para esta semana, tendrá que esperar para mañana. Tengo lo del Thesis Statement taladrándome el cerebro. Probablemente… pueda pedir apoyo…
Abrir la Coca Cola
Otro casting más. Piden jovenes de 12-16 que puedan hacer piruetas en el agua (Skii acuático, ¿así se escribe?), que divertido… Juan Carlos irá a Acapulco mañana a hacer scouting. Feyo probablemente haga scouting en Veracruz. Josefa, no lo sé, pero ella no sabe hacer mi trabajo, ella no me puede ayudar. Se abre casting también en la Ciudad de México. Necesitamos entre tres y cinco chavos que puedan hacer eso. Maldición, la profesora de inglés me regresó un trabajo el martes y me dijo que debía re-escribirlo, eso sumado al Movie Review que tenía que hacer. El apoyo se ha ido al carajo.
Jorge empieza…
—T-T, tenemos que entregar la edición mañana.
Y yo ando pensando en todos mis pendientes. Obvio que ya sabía de la edición. Me distraigo haciendo una lista, mi jefe vuelve a insistir repitiendo la frase. Respondo distraído y después agresivo, que tengo muchos pendientes. Habló la señora de la renta antier, ya nos retrasamos 15 días. 15 días. 15 días. Ya nos amenazó una vez con sacarnos… pero no me alcanza, sencillamente no me alcanza. Mi madre sigue en su juicio. Se está retrasando más y más. Y yo tan sólo pienso en que no alcanza. Y los trabajos pendientes. Y la edición que me hará desvelarme mañana.
Un pastelito de chocolate
—T-T…
Estoy aquí desde las nueve y media de la mañana. Ya son casi las diez de la noche. He estado aquí doce horas. Doce horas en las que no me puedo sentar y leer mis pendientes. Doce horas en las que no puedo adelantar mis trabajos. Doce horas, de las cuales siete o seís están muertas. Doce horas, de gente preguntando en el teléfono: “¿Dónde es el casting?” “¿Tienen algún casting?”. Tomen su turno, yo también necesito dinero y no es mi trabajo responderles el teléfono.
He adoptado la postura de que si hablan antes de las 11 de la mañana, contesto con un: “Banco de México, ¿buenos días?”. Escucho como cuelgan y sonrío. Me pone de buen humor una hora o dos.
—Jorge… sé que tengo que hacer la edición. Sé que se tiene que entregar mañana. No te puedo decir a que hora se entrega, porque ni tú, ni yo, sabemos a que hora nos darán la lista de edición. Ahora, ¿me puedes decir, la neta? Si me dices que mañana, saliendo de la escuela tengo que regresar a editarlo, sin que me pidas horas, sabes qué estoy aquí. ¿Alguna vez te he fallado con alguna edición?
Jorge se va. Cheques se queda callado. Se tensa el ambiente… un poquito nada más. Sigo haciendo mi lista, me distraigo con mi lista. Collin, Nati, Argel… si… Mamá, renta, dinero del coche, no hay para cenar en casa, pura panacea de café y cigarros. Tengo quince pesos en mi bolsillo que me tienen que durar hasta el viernes.
Termino mi lista. Voy a la cocina y le pido una disculpa a Jorge.
Trato de explicarle todo lo que pasa, y no entiende. Sólo sabe decirme: “Tómese un café, siéntes, relájese y disfrute a su madre”.
Disfrutar… a mi madre. Bien. Ella sabe que tiene todas las de perder, por eso me ha consentido mucho estos días. Y yo sé, que lo más prudente, es no meternos en líos. He sido lo más diplomático, paciente, tolerante espectaculante, posible. Ya no puedo. Sencillamente ya no puedo.
Hughes, Blake, Yeates.
Pero no me rindo cabrón, no me rindo.
No sé rendirme carajo.
No-me-rin-do.
No-me-rin-do.
No-me-rin-do.
No-me-rin-do.
Solo estoy un poquito cansado, nada más.
Solo un poquito.
Mañana veré todo con más calma.
Trataré de no pensar en Blake, ni Hughes. No me puedo dar lujos.
Haré el “thesis statement” de lo que vimos de una autobiografía como ficción o algo más. Es buen tema, me interesó.
Mañana, mientras se hace el render, bien puedo hacer mi último trabajo de Lingüística.
Probablemente no elijan tantos, probablemente muevan la junta.
Debo apreciar el trabajo… lo necesito en este momento. Tú trabajo es divertido, siempre lo ha sido. Sólo hubo un cambio de enfoque, pero lo necesitas y te gusta. ¿Puedes pedir más?
Lo de la renta, algo se solucionará… siempre hay una solución. Siempre hay vida.
Si dejo de fumar, tendré más dinero. Piénsalo.
Mi madre puede seguir haciendo lo suyo, ya entendí que a ella no se le puede hablar ni civilizada, ni incivilizadamente. Cada quien sabe donde está parado, no importa cuan locos se hagan.
The Wasteland… diablos, es difícil. Muy difícil. Espero no pida trabajo de eso.
Poco a poco. Paso a paso.
Cierra los ojos… no pienses en nada.
Cierra los ojos… tranquilizate…
Cierra los ojos… apaga ese cigarro… no te ayuda…
Cierra los ojos… respira profundamente… aire, necesitas aire…
Ya estás respirando otra vez, ¿ya ves? No fue tan difícil.
Cabeza fría. Recuérdalo.
Anda… cabeza fría… cabeza fría…
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Tags: Casting, desesperación, dispersión, enojo, molestia, trabajo
Septiembre 10, 2003 — Critica a mi mismo.
Escrito por Agustin Fest.
Estoy de malas, y no sé por qué.
No soporto a nadie (más que a ti, ciertamente…), pero he decidido ser paciente… serenidad y paciencia.
Me molesta que Juan Carlos me pida sus trampitas para SimCity 3000, como si ese fuera mi trabajo. Le he dicho que ya le había pasado una hoja con todos los trucos: “Ji ji, la perdí gordo”, dice y se sonríe… como si hubiera hecho una gran hazaña. Me molesta que cuando platica con alguien más y dice alguna afirmación, me mira esperando que le haga la segunda… a veces lo hago, a veces no. No me gusta hacer la segunda a nadie. Me molesta que a veces sea tan vulgar.
Me molesta que Josefa se quede aquí plantada y ponga su manota en mi escritorio, como esperándome… le he dicho hoy tres veces que me molesta de la manera más diplomática posible. Pero lo sigue haciendo, viene, me jala un cachete y me dice ATORRANTE de cariño, sencillamente me molesta y lo hace porque sabe que me molesta. Ohhh, y me molestan sus primeras palabras cuando entra a la sala de edición: “Aquí huele a madres”, siempre lo dice… pues claro, es un cuarto más o menos encerrado, con poca ventilación, entre los cigarros de Juan Carlos y los míos… obvio. ¿Por qué tiene que decirlo cada vez que entra?
Me molesta que Cheques, (y Cheques nunca me molesta, tal vez me impacienta, pero nunca… nunca me molesta) venga aquí a ver sus videos de mala calidad que ha bajado de la red: “Nightwish”. Pero está bien, no le diré nada… me ha regalado dos cigarros y es todo lo que necesito para estar en paz con alguien. Me molesta que me llame “master de los mil cerebros”, me molesta que le de miedo preguntarme las cosas, cuando sabe que a él si le tengo la paciencia para explicarle.
Me molesta que Feyo me quiera ver la cara, llamándome por el celular, para ver si sigo en mi casa o si ya salí hacía horas, cuando estoy abajo en la puerta. Lo tomé con filosofía, le dije que tardaría una hora en llegar mientras subía las escaleras de la oficina.
Me molesta que mi jefe quiere cambiar el logo, metiéndole un: “Brasil, Argentina, México” en alguna parte, para decir que somos internacionales… le he dicho que no lo haga, que yo pienso que sería de mal gusto. Sin embargo, quiere hacerlo. Quiere dejar en claro el status de esta empresa. Me molesta que no me permita explicarle y me interrumpa. Me molesta que no haga caso de lo que le digo y acabe haciendo finalmente, lo que quiere.
Me molesta no entender quién es el jefe.
Y me molesta que mi trabajo se haya convertido, de un día para otro, la forma de sustentarme (que digo de sustentarme, eso tal vez lo podría soportar, pero sustentar a dos personas…) en vez de pagar por mis gustos, mis pasiones, mis necesidades como persona (mi educación, mis libros, mis idas a la escuela, cuando iba a tomar café a Coyoacán y leer).
Me molestan el Poder Gris y sus 175 páginas, que ni siquiera marcan la mitad de lo que está planeado.
Me molesta el pequeño Árbol y su forma tan inocente de ver la vida.
Me molestan las personas que me agregan al MSN, para hacerme preguntas por demás… inútiles, que no me interesa responder, que fueron respondidas en algún momento a alguna otra persona, que no son de su incumbencia. Me molesta que una de esas personas, casi desconocidas, me hablen por el MSN cuando el status dice Busy, No disponible, Vuelvo en seguida. Me molesta que me quieran impresionar.
Me molesta que me digan Teté, que me digan Tetis, que me digan Lordis, que me digan Fest, que me digan Gus. Hoy, sencillamente, me molesta.
Me molesta la hipocresía de la que vive mi trabajo, muchas veces. Hipocresía necesaria. Sana hipocresía.
Me molesta vivir en una ciudad tan insegura, que no me permite caminar en las noches tranquilamente. Antier hubo un balazo justo afuera de mi ventana, no hubo ningún muerto… de por sí, ya llevamos el sobrenombre de “La Unidad del Colgado”. Fue un hombre que se suicidó, colgándose del número del edificio: todavía lo recuerdo, dando pequeñas vueltas, con una manta alrededor (como si tuviera frío ese día), fue temprano (iba yo en secundaria, me dirigía para allá con mi madre) y varios vecinos lo estaban viendo.
Me molesta el morbo.
Es una unidad pequeña y la verdad, es que nunca supe quien fué. Me molesta no saber quien es mi vecino, quien fue el colgado. Escuché que era el hermano de un primo de una excompañera de la secundaria, una excompañera que raras veces me encuentro en la unidad donde vivo. Me molesta que la unidad sea tan pequeña y a la vez, tan desconocida.
Me molesta el transporte público, que siempre esté tan lleno.
También Dios es molesto, le he llamado tantas veces, y le he amado tantas veces, y le he odiado tantas veces, y le he negado tantas veces, y le he discutido tantas veces, y le he platicado tantas veces. Y no se digna a responder, Dios me molesta, es la masa amorfa más molesta que existe, porque aún puedo escuchar que me dice: “No te preocupes, todo saldrá bien”. Y así es Dios y Él me molesta…. cabrón insufrible (queda la duda de si es Él o yo).
Me molesta que hayan tenido que morir dos personas para hacerme la persona que soy. Me molesta pensar en cuántas personas faltan.
Me molesta mi familia y me molestan sus rasgos, que ya son inherentes en mi persona. Me molesta la inteligencia de Daniel, la pasividad de Angel, la necedad de mi madre, la jodonería de mi hermano, el sarcasmo de Rafael, el sentido común de Imperio, el drama de Raquel. Cada uno de ellos son molestos. Más que nunca, porque los llevo conmigo y cada una de sus actitudes.
Me molesta que hayas leído hasta aquí, seas quien seas, y no te preocupes, ya estoy sonriendo… seguiré haciendo la lista para ver que más me molesta.
Me molesta que me haya mudado diez veces de casa.
Me molesta que en una discusión que me interesa, tenga que tomar el lado opuesto de lo que realmente pienso. Pero me encanta tanto discutir cuando me dan los deseos… y me encanta tanto ser necio, que no puedo dejarlo. Tengo que hacerme notar en esos momentos, tengo que decir cosas rimbombantes para callar al otro. Es una clase de… inyección de adrenalina, me parece.
Me molesta que llamen al trabajo en horas de comida, pero me encanta responder diciéndoles: “Estamos comiendo, llama a las cuatro” y colgar inmediatamente el teléfono. Ellos no tuvieron ninguna consideración cuando les necesitaba a las tres de la tarde, lo recuerdo bien… tengo un par de proyectos que me quitaron un par de años de vida y ellos no facilitaron el trabajo.
Me molestan mis amigos extremistas. Es como si yo fuera el balance, siempre tengo amigos o muy fuertes o muy débiles. O muy malditos o muy nobles. O muy inteligentes o muy idiotas. O muy seguros o extremadamente inseguros. Soy el complementario… siempre juego ese papel, en mis amistades.
Y lo que más me molesta es la incertidumbre. Es creo, el origen de todo… el “No Saber” si podré. Es lo que ha dirigido mi vida, hasta este punto… esa molestia tan grande que logra que pueda hacer lo que se me de la gana. Si el día de mañana quiero ser algo, lo seré… por el simple hecho de no saber si puedo serlo y mi vida inconsciente me guiará a serlo. ¿Y qué sucederá cuando lo alcance? Sucederá que me inventaré algo más, a partir de ello, que no sabré y entonces… me guiaré a hacerlo, porque siempre puedo. Siempre puedo. No sé si mañana, no sé si pasado, no sé si no pueda la primera vez o la segunda o la tercera. SIEMPRE PUEDO.
Y hay fracaso, claro que lo hay… el fracaso no me frustra, me frustra saber que si no puedo a la primera, habrá una segunda… porque todo se mueve a mi alrededor para que exista.
Hago que las cosas se muevan a mi alrededor para que exista, ya que no conocen a T-T cuando, a su modus berrinchis, quiere.
Ya, ya me siento mejor.
T-T siempre puede…
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Tags: enojo, lista, molestia
Agosto 25, 2003 — No Fumar.
Escrito por Agustin Fest.
Creí que el más difícil sería el trabajo, pero fue pan comido ¿a quien quieres engañar, Tsef Thaed?. Nadie me ofreció un cigarro, ni Josefa, ni Carrillo. Los olí demasiadas veces, vi prenderse un par, pero pude evitarlos. Fuerza de voluntad muchachito, me dije a mi mismo, ¡y salí todo un triunfador! Anda, anda, confiésalesssss… te mueres por uno. Ni siquiera se me antojó, ni tantito. Mi cigarrillo de mi cajetilla de reserva se quedó quieto en su lugar. ¡Mira nada más! Eres como que un poquito masoquista: sonríes al pensar que si lo fumas… no podrás parar ya. ¡Y tenés razón!.
Me descubrí un hábito. Suelo/quiero llevar un cigarrillo mientras edito rápido. Ahora sé que conociéndome es como podré pelearle al cigarrillo mas fácilmente. Tsk tsk tsk, no vas a triunfar… mañana mismo te comprarás una cajetilla nueva. ¡Mañana mismo! ¡Andá Tsef Thaed! So, acabé mi día en el trabajo. Nada pesado, sólo hice un stock para video interno de una compañía de camiones y hoy hice la edición final del comercial de pastelitos. ¿Cuántos pastelitos te comiste hoy para no pensar en el cigarrito de la editada, eh?
Me comí un pastelito nada más… Ohhh. Pero vas a engordar bien y bonito muchachito… si de por sí, sos un cerdo. Para tranquilizar las ansias de cigarro y después, me fui a la escuela.
Un hábito descubierto: El cigarro que me llevo prendido de la oficina al metro. ¿Te acuerdassss cuándo pasabas del lado de la gasolinera con tu cigarrote prendido y luego los mirabas sonriendo, moviendo tu manita con el cigarro esparciendo ceniza caliente de un lado a otro? Jajaja, lo bueno es que ya cambiaron al personal. Ahora no prendí ninguno, me sentí bien. Me sentí re-la-ja-do y tran-qui-lo.
En la escuela fue un poquito más difícil. Descubrí que utilizaba el cigarrillo para que se me fuera más rápido el tiempo a la hora de empezar una clase ¡Y cómo lo descubriste, eh! ¡Vaya que lo descubriste, Tsef Thaed! Ahora… préndeme, chiquito, préndeme. ¡¡jajajaja!!. So, lo que hice fue caminar. Hice la anotación mental de SIEMPRE llevar un libro, los poemas/ensayos/novelas pendientes. Debo comprarme una antología que cuesta unos seiscientos varos en American Bookstore.
Si, el dinero me tiene mal. Estoy a punto de darle a mi mamá su ultimatum. Todavía no me pide dinero para apoyar en la casa, pero estoy seguro de algo: Ella no está buscando trabajo. Eso, eso, piensa en tus problemas… así necesitarás un cigarrillo… piensa en la presión, la deliciosa presión… ¿la sientes? ¡Vamos! ¡Nada más uno! y mañana regresarás a la normalidad…. Ya le dije que no podía mantenernos a los dos a menos que dejara la escuela y trabajara de tiempo completo y como no quiero sacrificar ni uno, ni lo otro. Es una historia compleja, mi mamá ya lleva un historial de dos tíos que si tuvieron que salirse de estudiar para pagar las deudas de crédito de ella, malos tiempos, fueron malos tiempos. Afortunadamente, esta vez no hay deudas de tarjeta de crédito y yo, no quiero repetir ninguna historia.
Le diré que se busque un trabajo para al menos pagar la renta del departamento. Yo pagaré lo demás luz, teléfono, gas, comida. Yo creo que los gastos se equilibran bastante bien haciéndolo de esa forma.
Claro, mi mamá cuando trabajaba tenía contemplados otros gastos estaba pagando mensualmente un par de casas, hasta donde yo sé. Una en Toluca, otra en Colima. Pero no estoy dispuesto a pagar nada de eso, no me alcanza el dinero. ¿Una fumadita?. Y aquí es cuando comprendo la importancia de tener un lugar donde vivir, sin gastos de renta. Yo creo que será lo primero a lo que me enfoque cuando ahorre un dinero y gane más.
Primero es: un lugar donde caerse muerto. Un lugar donde fumar tranquilamente. Ya después, hasta te compras una mona inflable si quieres.
¿En qué iba? Ah, si, en la escuela. Me encontré con Ariadna y conocí al novio de Astrid, Nicolás. Bien, tranquilo, normal. Ariadna se compró un cigarro, se lo fumó. No quiero ser de esos tipos mamones que digan: “Oh, ya dejé de fumar” y luego se la pasen tociendo como en seña de que les molesta, porque ellos ya lo dejaron. Si, te lo aguantaste bien… debo admitirlo, Tsef Thaed.
Y el penúltimo hábito que descubrí el día de hoy fue cuando estuve socializando con un grupo de compañeros… tenía el impulso de sacar un cigarrillo y prenderlo. ¡Dios mío! Jajaja, ahora si que me estoy conociendo. Casi le robaste una fumadita, pero te aguantaste. No me llamó tantito la atención el cigarro de la chava… ¿cuál me chupo? bueno, si, casi le pido que me diera una fumada.
Pero me aguanté. Divertido, caminé de regreso a casa pensando: “Ummm, lo más seguro es que en una peda voy a querer fumarme un cigarro también y entonces viviré otra vez mi vida de fumador. Oh no. No, no, no. Todo lo que lograste hoy, perdido por una peda. Eso sería lo más patético”.
Luego saqué mi último cigarrillo de mi cajetilla de reserva y me lo puse en los labios sin prenderlo. Sonreí y me puse a tararear. Cuando sentí que ya había sido lo suficientemente patético, me lo quité de los labios y lo volví a guardar en su cajetilla.
Y luego, llegué a casa. Leí algo que me enojó.
Casi prendo el cigarrillo. Todavía no es tarde. Si, cuando estoy nervioso, enojado y estresado, fumo bastante. Ya estaba fumando de a cajetilla y media diaria, por eso lo estoy dejando. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Préndelo! ¡Prendelo ya Tsef Thaed!. Pero sería idiota si prendiera el cigarrillo por leer algo tan trivial que sencillamente, me enojó porque me siento con ganas de enojarme con alguien y desquitarme.
Así que esperaré algo más sútil y elegante como el final del mundo para prender mi cigarrillo de reserva. Tal vez en unos treinta años, ya que esté bastante añejado Wacala.
Además… ahora tengo una razón de peso por la que no me quiero morir mañana, ni pasado, ni en dos, ni en diez…
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