Redlambder.

Otro lunes. Odio los lunes. El pinche lunes. Todavía sucede que me acuesto en la cama, hundo mi cara en el colchón y un grito ahogado, una plegaria desesperada—: Carajo, lunes… ¿ya tan rápido? ¿y qué anomalía espacio / tiempo se tragó mi fin de semana? Puto lunes. Lunes malparido. Farisaico inicio de semana. No dejo de bostezarte en la cara, lunes… de enseñarte el dedo que importa ¿Y cuántas venas tiene el chile? Setescientas. ¿Qué te llamas lunes por la luna? ¿Y a mi qué? Pinche día mamón. Y aún intercambiando tu lugar con el martes —tan distinguido—, o con el miércoles —tan divertido—, o con el jueves —tan cercano a su novia, la golfita llamada viernes, que también le pone con sábado y domingo—, para mi seguirías siendo el puto lunes malparido farisaico aburrido, mamón y sete siéntate acá, que pa’ luego es tarde cabrón.

A ver si ya te vas acabando.


De niño, me la pasaba haciendo cálculos para otorgarle al ser humano tres días de descanso. Como el lunes nunca me agradó, pensaba que en jueves debería iniciar el fin de semana, para descansar el viernes, sábado y domingo.

¿Y por qué hacía yo de chaval esos cálculos tan… extraños? Porque yo de niño me imaginaba que en algún momento sería Dios, ¡a huevo! Y Armando Sámano dícese así mismo megalomaniaco por ser Superman, antes que Batman o Spiderman.

Definitivamente, maese, de los megalomaniacos, usted es el menos. Siguey leyendo →

Anoche me olvidé de hablar con Dios

Fue anoche.
Cerré los ojos y me olvidé, tan simple.

No puedo hablar con Dios cuando viajo al pasado, como los árboles que se olvidan de dar frutos en invierno. Se ocupan en mecer las pesadas ramas y adornarse de nieve. Así es en invierno. Así es cuando recuerdo.

Hace poco regresé al lugar del origen y no pude resistir darme un paseo por los abandonados juegos que hay en el mercado donde mi abuela solía vender zapatos. También pasé enfrente de la escuela, ha cambiado mucho. Me gustaba mi escuela cuando era de color rojo sangre, un rojo oscuro y oxidado. Ahora la han pintado de verde metálico y al mirarla así me costó trabajo recordar como era cuando bajaba las escaleras corriendo, cuando me paraba en el barandal para mirar a la gente desde arriba (a veces lo hago en la UNAM, a veces lo hago en la azotea de la oficina, un cigarro en la boca.)

Me metí al mercado y muchos de los señores y señoras que conocí en mi niñez, siguen en sus puestos, vacíos, de poca gente. Ese mercado abandonado, como solía decir mi abuela. El mercado escondido. En ese mercado, mi abuela podía vender tres o cuatro pares de zapatos al día… ya tenía a sus clientas, cuyos nombres siempre llevaban el prefijo de Doña.

Y ella era Doña Mary.

Doña Mary era fanática de Isabel Pantoja, Fausto Pappetti y Raphael. Antes de llevarme a la escuela, escuchaba canciones como Se me enamora el alma, o Us and Them o tal vez, En Carne Viva. Cada vez que las escucho, no evito regresar al mercado abandonado, situado en el centro de la tristeza humana.

De pintura vieja y juegos que usaban yo y un par de niños más. Los columpios, que raramente arreglaban. Los otros niños y yo rompíamos tan pronto estaban arreglados.

El pasamanos me ayudó a sentirme hombre: grande y fuerte. Recuerdo muy bien que me había dicho que sería grande el día que pudiera pasar el pasamanos sin ayuda de nadie, yo sólo, sin nadie mirándome.

Las canchas de basquetbol. Jugaba basket porque mi tía lo jugaba y quería también atinarle a la canasta como ella. Pasaba mucho tiempo con mi tía Imperio… también miraba los juegos de basket como ella, y los dos les íbamos a los Angeles Lakers. A mi me agradaba un jugador en particular sólo porque tenía unos googles redondos.

Lo mejor, era cuando iba a la tiendita y me compraba una coca cola en bolsa y unas fri-tos. Subía la resbaladilla y después, me quedaba ahí sin aventarme. Tomándome mi coca y comiéndome mis fri-tos: observando el mercado abandonado como un espectador, nunca un participante.

Hasta que el viento soplaba y me movía levemente. Como un árbol que se niega a dar fruto en invierno.

Personas del pasado…

Hoy soñé con personas del pasado y cuando eso sucede, suelo acomodarlas en la secundaria. Aunque si había muchos que pertenecían a la secundaria, me acordé de David.

David era un niño en el mercado, cuando mi abuela vendía ropa y zapatos y yo iba a ayudarle (todos los días, puesto la escuela estaba a unos pasos). Era hijo de una señora que también vendía ropa. La competencia era casi inexistente, así que no me acuerdo que la señora y mi abuela tuvieran altercado alguno.

Tal vez era demasiado joven para saberlo.

Así que en mis sueños se apareció David y tenía de novia a una chavita de la secundaria que se llamaba Alejandra (casi la había olvidado). Y también estaba Oscar, vendiendo agua de sabores, de hecho, me vendió dos vasos… y me acuerdo que le hice incapié en preguntarle cuánto le debía, auque en el sueño parecía no querer cobrarme.

También soñé a Jesús, él fue mi mejor amigo en la primaria. En la secundaria fue Pedro Cancino. En la preparatoria fue Irwin y Mauricio (con los que todavía tengo contacto). En la universidad… tal vez dejé de creer en pendejadas de la amistad y ahora me conservo neutro, es curioso como todos forman grupitos y hablan espaldas el uno del otro.

No estoy seguro si tendré mejor amigo en la Universidad.