Octubre 24, 2003 — Cuenta-Cuentos, Cuentos, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Cuando le conocí, ya lo traía puesto. Lo cargaba a todas partes y no dudaría que inclusive a la hora de la ducha lo usaba. El anillo de plata, siempre estaba brillante y muy limpio. Lejos de ser como su dueño, un hombre bastante práctico y muy rígido, este era un anillo caótico cuya figura era irreconocible. Cada que le acompañaba, había alguien que le pedía la mano y le quitaba suavemente el anillo del dedo. Él consentía y dejaba que la otra persona lo admirara minuciosamente. La pregunta era la misma: ¿Qué es?
A aquel hombre le brillaban los ojos e inventaba las historias del universo. Todas, girando en torno a aquel anillo. A veces le preguntaba de dónde procedía en realidad y con ese brillo demencial —sin ninguna influencia y/o pretención Tolkiana— en los ojos, me respondía tranquilamente con una historia diferente. Era inevitable que me envolviera y me volví fanático de preguntárselo cada vez que veía oportunidad.
Y tal vez, en una de esas tantas historias, se esconde la verdad sobre el anillo.
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Agosto 23, 2003 — Cuentos, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Antes de irme debía despedirme de mi gorda, o eso me reprochaba la conciencia: “¿Hace cuánto que no ves a tu madre?”, unos diez u once años. Ella había decidido vivir sola en la casa de aquel pueblo tranquilo donde hasta Dios se aburría de que le rezaran todos los días. Me serviría estar ahí un tiempo para esconderme y pensar que le diría a mi madre: las razones de por qué hice lo que hice y luego despedirme definitivamente. O quien sabe, tal vez vivir en ese pueblo indefinidamente —si era cierto que era tranquilo—, entonces no habría forma de que ellos pudieran encontrarme.
Mi madre ya era una señora grande: sesenta y tres años. Aunque si tomamos en cuenta que yo tengo cuarenta y dos, me tuvo muy joven. Tuvo a tres de mis hermanos antes que a mí. Si, mi madre era de esas señoras que pensaban completar el equipo de fútbol.
Mis cinco hermanos le visitaban más seguido, ellos si se tomaban su tiempo (tres veces al año) para hacerlo. ¿Por qué no lo hacía yo? Desde joven fui considerado la oveja negra de la familia, me miraban leyendo a los cinco años “Papillón”, “Drácula” y “El exorcista”. Sabían que algo raro pasaba conmigo. No los culpo, yo les abandoné y los orillé a abandonarme.
La gorda era una persona dominante con todos, excepto conmigo. A pesar que la familia sabía que tenía la etiqueta de raro-excéntrico-criminal-y-oveja-negra, ella me sobreprotegía a mí, no a ellos. Tal vez por eso mis hermanos la visiten más seguido, deben satisfacer algún vestigio de su complejo de Electra, o tal vez siguen hablando de mí a mis espaldas, tratando de manchar su buena imagen.
He tomado el primer camión, deberé de tomar otros dos más. Uno bonito y dos guajoloteros. Mi gorda vive en un pueblito muy tranquilo y muy escondido, donde espero que ellos no puedan encontrarme.
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Noviembre 16, 2002 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Día 40
Tengo que dejarlo. Este afán por creer, este afán por encerrarme en el círculo vicioso de las esperanzas falsas. He de cerrar mi vida, he de cerrarlo todo. Ya no puede continuar esto. Al pasar el tiempo, observas como lo años se te han escapado de las manos y lo que crees que sanaste, esta aún fresco. No hay forma de sanar, no hay esperanzas, sólo resignación.
La capacidad que tengo en las manos, mancillada por una imaginación muy fértil y sentimientos irreales. Estos son los tiempos en los que me avergüenzo que existo y daré una solución definitiva a esto, dejando de existir, me convertiré en el fantasma que siempre imaginaba de niño, apareciendo de repente y observando a los demás. Tener consciencia de qué sucede con cada quién, pero he dado mucho tiempo en escucharlos y complacerles, ahora no complaceré nada, sencillamente dejaré de existir en sus vidas y ellos sólo existirán como bonitos recuerdos en la mía.
Aquí, es donde yo prometo que termina este círculo en dónde me he encerrado. Ya no puedo soportar las duras marchas que no llevan a ningún lugar, ni las eternas pláticas lascivas que sólo secan el cerebro. He de salir del abismo de tentación en el que me he encerrado y quiero dejar de llorar un buen tiempo, por cosas que no valen la pena. Es así, que he caído y me han tirado, es así, que han logrado destruirme pedazo por pedazo. ¿No era lo qué buscaban?
Pero no importa, me levantaré de nuevo y probablemente se arrepentirán, probablemente se reirán. ¿Pero qué me importan ustedes si a ustedes nunca les importó mi tristeza? ¿Si lo qué les importaba era enamorarse de ustedes a través de mi? Bien lo decía Arjona, bien saben cómo les encanta enaltecerse por medio de mis palabras y como adoran sentirse superiores, convertirse en las diosas, en las musas. Anden, anden y busquen alguien que les escriba más bonito que yo, que las desee más que yo, que las necesite más que yo. Se ha agotado la paciencia y extraño mi Luna Hecha de Queso, extraño mi Jaramillo y extraño mi escuela.
Me he olvidado de mi, por procurar de ustedes. ¿Pero qué les importa? Ya no necesito más decepciones, ya no necesito cargar con los mismos diálogos y ya no quiero que ustedes me digan más mentiras. Conjunto de quimeras, hipócritas y sodomitas. Estoy cansado de existir para ustedes y que ustedes me hagan existir cuando me necesitan.
Que les vaya bonito y hasta el siguiente día, mi querido diario.
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Noviembre 14, 2002 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Día 33
¿Qué día es? Mi querido Diario, ha sido el abandono imperdonable, pero tú sabías a lo que te arriesgabas cuando me conociste y me entregaste tus páginas blancas. He andado por pasillos oscuros y de cansancio, no he tenido oportunidad de escapar de este calabozo enredado de muros colosales y puertas de caoba. Atravesando espacios que no me pertenecen, encontrando vírgenes y putas mirando con temor si yo soy el que está dispuesto a corresponder la abertura de sus piernas, saltando como un delirio féliz entre bosques de telarañas y caca de ratón (ratones que no son tan finos como aquellos que viven en la luna, debo admitir).
La verdad ya no me pertenece en el momento que mis dedos se aprietan contra los muslos de una joven de mirada ansiosa y perturbada. Mis gemidos no son míos en cuanto ella aprieta con sus palabras la razón de mi inflexibilidad. Mi cuerpo se pierde en un abismo en el momento que las vibraciones sexuales se expanden en el cosmos que grabó la NASA el día de ayer.
He de buscarme y te mantendré al tanto con mis breves anotaciones, mi querido diario.
Día 34
Querido diario.
He tenido semanas difíciles en el oruro de la realidad. Porque he descubierto que detrás de mis mentiras, hay una persona con mi cuerpo que vive una realidad. Él toma a cargo las decisiones, los objetos y los sentimientos. Tristemente yo solo soy un observador que puede opinar de vez en cuando, sin embargo, mi temor a vivir la realidad es tal, que dejo que él, que es más fuerte que yo y no conoce las lunas de queso, los infiernos y los oasis de mujeres desnudas, se haga cargo de todos los menesteres mientras yo me divierto en mis irrealidades y tejo telarañas de incertidumbres e inmadureces.
Muchas comas, ¿Te has dado cuenta de lo mucho que adoro las comas?
El redescubrimiento del lenguaje, la búsqueda de las palabras exáctas. Así es como se hacen concisas mis propias subrealidades, son las letras las que me dan el poder de crear los espacios a mi antojo. Las letras son mi delirio y mi sufrimiento, me arrancan el sudor, lágrimas y sangre que entrego para el sacrificio de todos los días. Me arranco el corazón y lo ofrezco todos los días.
Soy nada.
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Octubre 30, 2002 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Día 15
Bailamos al son de la negra… bailamos al son de la negra… ¡Simón! ¡Simón! ¡Simón!
Tenemos bendito refresco de Cola (del químico, no del de carne) y tenemos harta nicotina en el sistema, parémonos todos a bailar en frenesí, recibamos el mezcal con agrado y dejemos que llueva el alcohol y la felicidad, la vida ya tiene efectos mágicos, ¡no te drogues!
Mi estimado y querido diario, hoy tengo una felicidad sarcástica, ¿me entiendes? Es una especie de contento por el conocimiento de que alguien que no habla con verdad, cae por su propio peso. Es un contento por saber que el malo no gana y que el mentiroso se entierra en su propia mentira. Ese contento es especial, porque me hace sentir grande y maligno. Me estremece y me hace sentir vivo. Aún confío en las leyes naturales de la energía y me da gusto cuando por fin se que las cosas caen por su propio peso.
¿No soy un amor?
Me gusta balancear mi espada fálica de la verdad y penetrar con ella la carne de los injustos y los pecadores y después retorcérselas en el interior y hacer que hablen y lloren ante mi, arrodíllense en el nombre de mi injusticia por las injusticias que han cometido en su nombre.
¡Magnánimo sentimiento de venganza cumplida!
¿Y…?
¿Qué hago después?
No puede ser, si eso no cambiará en nada las cosas.
Solo evitaré que me vuelva a suceder, pero jamás… es imposible, jamás… no, no es cierto… no cambiaré a la persona… solo haré que me evite. ¿Y eso de qué me sirve si no los hago arrepentirse por la incongruencia de su propia existencia? ¿De qué sirve si aún creen en sus mentira?
¿Qué interesa que cumpla la venganza en nombre de la verdad, si lo único que hago es hacerlos más listos?
No, no sirve… mi sentimiento de grandeza se acaba de achicar y me siento perdido, creo que no logré nada significativo el día de hoy, mi querido diario, olvida que me has leído y piensa en la vecina y su playera rosa pastel, que brilla intensamente con el sol y deja ver su pecho altivo y en mis sueños exquisitamente deliciosos. Y las mujeres que se acerquen y me pidan con los ojos un beso para que yo tenga la iniciativa, se transformen en ella ante mis ojos… pero… pero no en la vecina, sino en Beatriz, mi querida y adorada Beatriz.
Sal. ¡Por favor! ¡Quiero sal que la vida está muy simple!
Necesito colgarme de una esperanza, porque estoy cayendo perdido, como un huevo estrellado, al sartén que ya está prendido. Un beso o una mirada, que tus manos rocén mi mejilla, que me beses la frente o me mires por un comentario sentida. Solo pido que una esperanza, me haga sentir vivo…
¿O para qué estar vivo? ¿Para qué esperar a que La Muerte tire la guadaña a mi alma? No, no… como dice el buen Richard Bachman: ¿Por qué estamos aquí? - Porque queremos morir Garraty, ¿Por qué si no? ¿Por qué si no? Nunca me mientas, solo pido la verdad, solo pido que no me des falsas esperanzas, es todo lo que te pido amable lector, no me disfrazes una verdad jamás… porque entonces nunca sabré cuando una esperanza sea cierta o una mentirilla blanca que dices para no herirme.
¡Quiero que me hieran de frente y mirar los ojos del que blande el cuchillo! No me gusta enterarme de las cosas, no me gusta vivir falsas realidades mi estimado amigo, y no me gusta esperar a descubrir la verdad por los detalles… Mis ojos y mis oidos y mis manos y mis labios lo saben de antemano, pero es implorable que me lo digas de frente para que mi cerebro lo capte de inicio y no llame al corazón para que este eche el vuelo y piense que todo está bien, cuando no lo está.
El amor no es posible. Por eso cuando veo a la vecina, tan tierna… mi querida Beatriz, tiemblo y me sacudo, porque te miro a ti. Por eso cuando veo a la diosa inalcanzable, la tentación del héroe, a mi querida Lila, te veo a ti mi querida Beatriz, en sus ojos, en su nariz, en el cabello negro… en la vecina veo tu juventud, tu frescura, tus ojos callados y negros profundos… no puedo dejar de verte ni de adorarte, porque eres tú a quién más espero mirar cuando doy vuelta a la calle, aunque sea tu reflejo fantasmal.
Beatriz, Beatriz…
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Septiembre 29, 2002 — divier-tt.
Escrito por Agustin Fest.
Ley de Murphy (Cortesía de Teddy).
- “Es fácil complicar las cosas, pero complicado simplificarlas”.
- Primera Paradoja de las Cifras: “Si cuadran a la primera, algo va mal.”
- Ley de la Mentira: “Por más demostrado que esté que una mentira es falsa, siempre habrá alguien dispuesto a creer que es cierta”.
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