René, no tiene la culpa.

· nana [kletz] · dice:
chale… pinchi alcohol

Fest dice:
jajajaja, por qué?

· nana [kletz] · dice:
ps… mi memoria es pesima
siempre es bueno echarle la culpa al alcohol, o al aglobalizacion pero no quedaba

Fest dice:
pero la globalización es super chida, qué no?

· nana [kletz] · dice:
si
pero apoco no es bien áca decir, con tono de voz de mamuco economista: “no, no, son efectos de la globalización”
o “es bien sabido que es culpa de la globalización”
ahora que, si le echas la culpa a los globalifobicos, es maaaaaas acá todavia

Fest dice:
pero, cómo que no tiene sentido, porque la globalización no tiene la culpa
porque la globalización es Dios, no?

· nana [kletz] · dice:
jajajajajajajajajajaja
no la tieneeeeeeeeeeeee

Fest dice:
te lo dije

· nana [kletz] · dice:
de nadaaa

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Diario de Simón Dor. Día 43.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 34 de 47


Día 43

Cómo el tiempo que es extraño… hay días en que me pregunto si fueron años desde el ayer. Me guío poco por el calendario, ya que en lo que menos confío es el registro dentro de mi memoria de los días que han sucedido desde aquel evento donde te acuerdas que tú y yo…

A veces tengo problemas con los años, a veces con los meses, a veces con los días y entre más intento indagar en ellos, se me van los detalles de la hora y los minutos, peor aún, si era de día o de noche, que suceso pasó antes o después que nos llevó a ello. Es por eso que soy tan querido con algunas fechas y les pongo nombre… y me aferro como idiota al nombre que justo les puse, ya que si se me llega a olvidar tantito, entonces volveré a lo mismo de la indagación. Asqueroso miedo de perder el pasado.

Yo recuerdo muy poco de cuando era niño, por eso me gusta pensar que nací con conciencia a los cuatro años y fue un día que me levanté y me di cuenta que estaba semi-desnudo y vestía unos calzones blancos, en un balcón de algún departamento en el rincón olvidado de Dios y alguna vez inventado por el hombre. En ese rincón había luz de día y yo con mi plena conciencia me dije a mi mismo: “He nacido y este es mi cuerpo. Sé que tengo gente que me cuida”. Luego dejé corriendo ese balcón, buscando a esa persona y me encontraba con todos, con mi tía Raquel, con mi tío Ángel a quien por una manía extraña empecé a llamarle Papá y recuerdo la barba que ya no trae ahora que somos hombres. También recuerdo a mi abuela, ¿pero qué era mi madre? Una voz, cuando nací ese día era una voz distante.

Ultimamente he estado recordando con intensidad ese momento, tal vez es uno de esos presagios o una de esas mentiras del subconsciente. A todos nos gustaría, como una fantasía inocente, regresar a ese momento que nos pega el sol y no sabemos nada, más que lo básico. Si las manecillas o los digitales fueran piadosos y regresaran el tiempo como lo tienen a su poder, habría hombres más dichosos en el mundo, de hecho, no habría hombres del todo y nuestro mundo sería una gigantesca cuna donde la balbucería sería el lenguaje universal de la charla y la chillona la de la tristeza, la risa de la alegría y la caca la de la mierda.

Otro de mis miedos terribles, fue saber que hay un lugar donde un ente llamado Satanás te tortura, es un cliché de película, estoy con pleno conocimiento de esto, pero aún así te lo contaré diario… Desde pequeño, saber del lugar llamado infierno antes que el cielo. Donde un terrible monstruo, que es representado por la más horrorosa de tus pesadillas, te está esperando con sus artefactos de tortura. Donde los sentimientos de alegría no existen. Y vives con temor de hacer algo malo, vives con la esperanza de que te hablen después del lugar llamado cielo.

Aún a la fecha, sigo temiéndole a Satanás aunque creo muy poco en Dios, y mis esperanzas se fundan en que cuando yo muera, Dios Cosmos será tan misericordioso que te llevará a formar parte del universo y como una entidad con ojos omniscientes, podrás mirar todo lo que quisiste en el pasado y en el presente, sin tenerle miedo a volver desear el futuro. En diversas ocasiones me recrimino y me digo a mi mismo, “No debo ser un hombre malo, no debo ser un hombre malo, no debo…”, un disco rayado que te persigue a donde vayas.

Y Satanás, luego tenía la forma de un perro… con sus dientes enormes y su espantoso ruido, capaces de oler el miedo según los niños. Al saber yo esto, pasaba aterrado junto a un perro, rogándole a quien me escuchara que no oliera mi miedo, que no me persiguiera, que no me hiciera daño, que no me mordiera para arrancarme una pierna. Escuchaba de perros que le mordían las orejas a los niños y les arrancaban pedazos de carne. A la fecha, sus ladridos a distancia me hacen voltear y pensar que están ladrando por mi, que estaban esperando por mi. A que me descuidara tantito para que corrieran a toda velocidad en mi contra y se comieran mis dedos para que yo no pudiera correr.

A Beatriz le mordió un perro, ella representaba el temor vivo cuando se le acercaba uno. Yo la comprendía secretamente y a la vez, me sentía orgulloso de que yo pudiera controlarme más para protegerla a ella. Es curioso como presientes que todos tus miedos se irán en el momento que la persona que más amas esté en peligro. Es noble. ¿Pero es cierto? Ese es otro de mis grandes temores, ¿Será cierto que te salvaré cuando sea el momento? ¿Será cierto que te cuidaré toda la vida? ¿Será cierto que cuando el perro te ataque, te protegeré con mi cuello aunque se beba mi sangre? Ese es el temor del futuro. El temor de los sueños que no se cumplen, el temor de no ser lo que siempre esperaste que serías.

Lluvia de Estrellas.

Un poco como niño emocionado y un poco más como viejito amargado, esperé con ansias la magia de una lluvia de estrellas, aquí, en esta ciudad de mierda donde el cielo está contaminado.

Me levanté de mi cama a las 4 de la mañana (y los amargados como yo dirán, ¿cómo se atreve a esa hora levantarse?) y salí al estacionamiento, a mirar el cielo. La luna se veía clarita y daba tonalidades azules a los edificios naranjas. Me sonreí y con el frío poniendo duras pruebas sobre mi cuerpo, me dirigí a donde se pudiera ver el cielo más despejado.

Y ahí me quedé, mirando al cielo y esperando que mis ojos pudieran penetrar las nubes grises, las cuales eran pocas por ser madrugada, y observar uno de esos fenómenos mágicos que a muchos puede restaurar la fé. Pero vamos, vamos, vamos… es sólo una lluvia de estrellas.

Cuando salí, esperaba ver gente como yo asomándose para ver el cielo y me di cuenta que era el único observador en esta película de bajo presupuesto. Sólo era yo y me pertenecía el cielo.

Me estaba desanimando, puesto esperaba ver una lluvia de estrellas como en las películas, donde me tuviera que cubrir con las manos por los efectos especiales de poderes mágicos y fenomenales. Sin embargo, no había más que estrellas acostumbradas en ciudades contra la ecología y la luna tan azul, que podría jurar estaba vestida para algún amante.

Fue al distraer la mirada cuando observé un pequeño ratón celestial. Viré hacia allá esperando ver otro con ansías y pasó que otro ratón celestial se asomó por la comisura del ojo del lado opuesto de dónde estaba mirando. Así estuvimos jugando las estrellas y yo, las perseguía con la mirada y con la paciencia que Dios me dio a entender.

diez ratitas celestiales, para mí sólo, en esta cajita llamada Memoria, donde los tengo a base de queso y leche.

Escuchando: Nobuo Uematsu - Maybe I’m A Lion.

Diario de Simón Dor. Día 42.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 32 de 47


Día 42

Podría jurar que estoy intentando despertar de una pesadilla. He perdido el Arte de mis manos y no se donde encontrar más polvo de arte para bendecir la tierra. Las palabras forzadas son las que más difícil salen como estas que estoy llamando para que acudan a mi auxilio. ¿Qué les puedo decir? No tengo ganas de hablar con nadie, y mucho menos contigo diario. No tengo ganas de ser… ¿de ser qué? Olvidé lo que iba a decir, soy un cafre para la memoria inmediata. La tentación es grande, la necesidad de ser escuchado y acariciado con letras, pero no es eso lo que necesito. Caricias tiernas, palabras de aliento, besos que nunca existieron. ¿Qué es eso?

y después de forzadas, las vírgenes se entregan solas. Me interno en la soledad de mi super yo, averiguando e indagando que debo decir y no debo decir nada en sí. La necesidad de ser escuchado es fuerte, la necesidad de ser admirado es intensa, ¿No decías que no querías entrar en ese círculo Quijote?

Vivo de sueños, soñador, y los sueños me están consumiendo, me están arrastrando al inevitable pasillo oscuro. Las tristezas me hacen soñar demasiado, ¿y qué tristeza puedo presumirles a ustedes? ¿no nos gusta acaso, presumir tristezas? ¿domesticar con ellas, cómo dijo el zorro? Con el trigo recordaré el color de tus cabellos, me sentiré ansioso a la hora adecuada, los ritos son necesarios.

¿Y quién leerá estas palabras? Nadie. He alejado a todos, vendrán los que siempre quisieron venir y se irán los que siempre se quisieron ir, ¿Y qué mierda acabo de decir? ¿Se supone que es algo filosófico como que el verdadero tao es el verdadero tao? ¿El color de las mariposas es por el tao? ¿El susurro de los cerezos es por el tao?

Ahora me serviría una pastilla para dejar de existir, tao.

Diario de Simón Dor. Día 29 y Día 30.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 25 de 47


Día 29

Estaba yo en camino a mi casa, cuando me di cuenta de que estaba yo en una especie de trance. Un trance donde no te das cuenta que un mundo camina a tu alrededor mientras tú estás estático, escuchando un silencioso grito mental. Cuando regresé despertado por una urgencia de que no debía ir más allá, miré unos armatostes con ruedas que giraban e iban sobre el pavimento, vistiendo muchas luces de color rojo y blanco. Coches, me dije sin creerlo, como un mentor secreto que me acompaña y me enseña una ciudad de maravillas nuevas. Son coches, me repetí. Mis ojos fueron abriéndose a la realidad que ante mi se presentaba, suspiré aliviado y al mismo tiempo angustiado. Es cierto, son coches.

Cuando escribo en ti, querido diario, existe hasta cierto punto ese trance. Se me olvida el mundo que camina sin mi y es como si el tiempo se hubiera olvidado de mi haciéndome tres, cuatro, veinte o cien minutos más viejo. ¿Seré yo capaz un día, de que me olvide del mundo y el mundo se olvide de mi definitivamente? Locura, tal vez, llegar a un punto en mi esquizofrenia de olvidarme como me llamo, quien soy, de mi pasado y de mis amores no importantes. Tendría que tatuarme el nombre de Beatriz para no regalársela al olvido y mejor que perteneciera al “no me acuerdo”.

¿Qué más olvidaría? Mi reloj, mi anillo, mi ropa. Las cosas materiales se irían primero porque son las más recurridas. Después olvidaría lo espiritual, donde se incluyen los malditos y benditos recuerdos, deslizándose a los tiempos que son presente, pasado y futuro compuesto. El presente sería el más difícil. La voz podría ser un poquito rebelde y decir incoherencias de los tiempos, como un soporte para que no me entregue por completo al abismo. Eventualmente se iría, porque cuando ya no queda el espíritu y la materia, solo permanecería la mente aferrada al presente, adios a los sentidos y su estímulo.

Sumergido en un profundo silencio; voz, oido, tacto, olfato y visión se irían a la mierda. Permanecerían mi soledad y yo, porque así es, mi estimado diario, que la soledad es más fuerte que el viento y el olvido. Me convertiría en montaña a la cual se le ha olvidado el paso del mundo.


Día 30

Entre Suspiros Construyo Risas Imaginarias, Bonito Intento Rutinario.

No tengo forma de perseguirte, apareces cuando quieres y más te necesito. Me atrapas los sentidos y me entierras vivo donde las lombrices me susurran al oido mi fracaso de ilusiones. Las raices se entierran en mis costillas y reclaman su espacio. Mi cuerpo se hace parte de la tierra, yo grito que alguien me saque y sólo estás tú, escuchando mi voz llena de arena y ríes cuando escuchas mi letanía desesperada.

Diario de Simón Dor. Día 25 y 26

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 23 de 47


Día 25

He tenido días difíciles mi querido diario, perdóname por descuidarte. Mis queridísimos lectores, los extrañé. Sin embargo, para serle fiel a la continuidad de este diario, decidí numerarlo el día 25, es uno de esos días que en realidad significan una o dos semanas. No se cuanto tiempo me ausenté. Uno diría que tengo muchas anécdotas que junté durante toda la semana, pero la memoria no me es fiel, me estoy volviendo viejo.

Cuando me veo en el espejo, pasan muchas cosas. Creo que es el momento favorito y más aterrador del día, cuando me miro en el espejo y traspaso mis ojos. Estiro manos invisibles para buscar mi alma, la cuál no parece encontrarse en ningún lugar y cuando encuentro algo parecido, mis manos jalan una sombra. Una sombra de la persona que fui o la persona que seré. Jamás el presente, porque yo no vivo en el presente mi querido diario, yo vivo del pasado y de esperanzas en el futuro.

Es lo único que me mantiene con vida, las esperanzas vanas. Las esperanzas sin sentido. Las esperanzas, esperanzas…. cuando dices esa palabra muchas veces, así como todas, pierde sentido. Quisiera ser un caballero medieval y lanzarme en contra de las palabras convencionales. Romperlas como el cristal de mi espejo, que en este momento chorrea sangre que mis manos invisibles en un momento fúrico rompieron.


Estuve a punto de volverme loco, mi querido diario. Jovencitas, de todos los colores, olores, edades y sabores desfilaron ante mis hambrientos ojos. Entre ellas, estaba la niña del ángel. Siempre sonriendo, ojos negros y profundos.

Me arrodillé… no tuve otro remedio. Me arrodillé y lloré recordando a mi querida Beatriz.

Día 26

Sonó el reloj. Es hora de dar gracias. Gracias Dios por permitirme estar vivo y continuar mi sacra labor, que es hacer que la gente desconfíe de si misma y se pregunte así mismo qué hace el día de hoy para merecer estar vivo. Hago que se cuestionen tu existencia y por eso, Dios mío, gracias.

Agradezco también que aún tengo aire que contaminar con el humo de mi cigarro y agradezco también el poder ver espíritus, que van en contra de tus palabras escritas, según dicen los que se visten de negro y no tienen tolerancia para gente como yo. Por eso, te agradezco mi buen Señor, creador del Universo y el Cosmos y del Hombre y la Mujer. Adan, Lilith y Eva, el primer triángulo amoroso, divorcio y decepción amorosa de la humanidad. Por eso te doy gracias.

Y te doy gracias de que me permitas las palabras para poder ser blasfemo así como ferviente creyente. Agradezco que me permitas estar a tu lado y en contra tuya, sin que me mandes un rayo que me fulmine como lo haría mi querido Zeus. Mi gratitud no tiene límites en cuanto a que me hayas permitido ir de paseo al Infierno así como ser el visitante de una Luna Hecha de Queso.

Por eso, mis queridos lectores, trato de dar la lección de que den las gracias. Aunque sea por tener algo que tragar.


¿Cómo define la soledad un hombre solo? Es difícil decir. Para mi la soledad significa estirar tu mano y no tener alguien que la alcance, la bese o le de un manotazo. La soledad es hablar y que tus palabras se dispersen en el espacio. La soledad es caminar y darte cuenta que la sombra te sigue. Mi soledad es mi mejor amiga, porque es la que me acaricia y me hace desperdiciar mi vida sin alguien que la intente componer. Me besa todas las noches y duerme conmigo, se pone el rostro que desea para hacerme sentir esperanza y ambos nos burlamos de mi mismo cuando descubrimos que efectivamente, somos ella y yo. Mi querida soledad significa tener este diario, donde ustedes me leen, pero toda palabra que quieran decirme jamás será correspondida y yo jamás tendré alguien a quien responderle, más que a mi triste yo, que también es mi soledad.

Mi soledad jamás me dejará solo.

Diario de Simón Dor. Día 19.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 17 de 47


Día 19

Cuando me pregunto acerca de mi origen, querido diario, las imágenes son borrosas y distantes. Lo cual ha despertado una obsesión en mi, pero la amnesia es fuerte y no convenzo. Es difícil no tener a quien remitirte cuando dices padre o madre o abuelo o hermana. Mi origen, de donde viene mi cabello, ¿por qué tengo las uñas así? ¿Tiene algo que ver genéticamente con mi estilo de escribir?

Origen, Socavar el origen, darle humedad para que el árbol genealógico crezca. Es inútil, cuando pienso en el origen de mi existencia, se me bloquea la mente, como si alguien hubiera impuesto un hechizo y me encadene cuando intento atravesar la espesa niebla. ¡Socava! ¡Socava!

Es inútil… tal vez si me doy un paseo por el Planetario, lo entienda.


Simón Dor tic Simón tac Dor tic Si tac món tac Dor tic tac.


Me pongo mi reluciente armadura y cabalgo sobre mi bello córcel, mi escudero me sigue paciente, una reverencia a todas las doncellas y observo con respeto a mis reyes. Mi lanza está tranquila, no ansiosa de combate, pero mortalmente preparada si es requerido. Espíritus aéreos me guían al son del guerrero caído, las valquirias preparadas para recoger mi noble alma, que humilde, calla su nobleza. Son las acciones.

“¿Señor?”, pregunta mi fiel escudero, “¿A dónde vas, mi Señor Quijote?”

Yo le miro de reojo y sonrío. ¿Soy Quijote?

“A rescatar doncellas y matar dragones” respondo seguro, Que hermosura, matar dragones, sencillamente hermoso, ¿Y si me comen?. Cabalgamos en la pradera y veo a los flojos gigantes que duermen, es mejor evitarlos. La corrosión de mi armadura se vuelve evidente, pronto tengo que buscar una nueva. ¿Armadura? ¡Si es una cazuela de latón! Despiértame y dime que estoy soñando.

“Suena peligroso señor”, dice Sancho emocionado, Respuesta automática a un loco, seguro, o a un soñador… me alegra tener personas fieles en quien confiar, mi escudero será bien recompensado, nuestra alma estará por bien servida cuando por fin derrotemos al Hechicero de los Espejos.

¿El Hechicero de los Espejos?

“En realidad, ya vamos por Él, ¿verdad?”, pregunta Sancho con una emoción escondida en sus ojos. En su tiempo iremos a buscarle, todavía no es hora. No quiero defraudarle y le respondo con un leve movimiento de cabeza que no dice nada concreto. Sancho guarda silencio y yo también, cabalguemos.

“¿Por qué seguimos cabalgando?”

Porque queremos morir, mi querido Sancho, ¿por qué si no?


El Señor de Todas las Respuestas, después de todo tenemos algo en común, mi querido amigo.