Julio 5, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Simón Dor tomó un trago de tequila y observó al niño, que continuaba sentado y cabizbajo. Guardaron silencio para no molestarse mutuamente, el viaje en ese instante no importaba. El niño y el viejo. Pasado y futuro. Medio observándose, sin querer mirarse a los ojos, porque bien sabían que el uno era la consecuencia del otro y viceversa. La habitación de Simón Dor, se había convertido en el lugar donde el presente estaba prohibido y maldito.
Voy a tomar por vos, otro trago para olvidar
Que el miedo te comió los pies
Y que ahora sos un tipo más, y que poco a poco te fuiste yendo
Y que poco a poco te fuiste yendo de nuestro lugar
—El satánico Dr. Cadillac, Los Fabulosos Cadillacs.
El niño levantó la mirada y enfrentó a Simón Dor. Se acercó a la mesa y tomó asiento, arrebató el tequila y también probó un trago. Cerró los ojos con fuerza, estremeció su cabeza y dejó el tequila en la mesa con un golpe. Simón Dor sonrió. Continuaron mirándose a los ojos. Simón lo hacía con un odio profundo y el niño mago, le respondía con furia incendiando su mirada.
Te sienta bien el sol, te sienta bien ser cool,
Te sienta bien el mal, te sienta bien ser Dios,
Te sienta bien mentir y decir
Que te fuiste yendo de nuestro lugar
—El satánico Dr. Cadillac, Los Fabulosos Cadillacs.
Simón Dor levantó un dedo y dibujó en el aire la silueta de un cuervo, esta voló por la habitación durante unos segundos, antes de perderse. El niño entonces, dibujó en el aire la silueta de una mariposa del tamaño del cuervo… la mariposa logró sobrevivir al olvido y se hizo real. Simón Dor alzó su diario y la aplastó entre las páginas. No le gustaban los bichos.
Que es lo que ha pasado con tu corazón,
Ya no marca el paso que marcaba ayer
Nunca fuiste libre y esa es la razón,
—El satánico Dr. Cadillac, Los Fabulosos Cadillacs.
El niño le robó uno de los cigarrillos a Simón, el viejo le dio cerillos para que lo prendiera. Le observó divertido cuando dio la primera bocanada de humo y se rió cuando toció y toció. Después, como sincroonizados, se recargaron en el respaldo del asiento al mismo tiempo, cruzaron la rodilla derecha y mantuvieron el cigarrillo en la misma mano, fumaron al mismo tiempo y se miraban con la misma mirada.
Misma mirada de tristeza.
Siempre hay un idiota para convencer
Hablas toda la noche como un boy scout,
Hablas sobre mi vida como tu papá
—El satánico Dr. Cadillac, Los Fabulosos Cadillacs.
Fue cuando Simón volteó a la derecha, que el niño volteó de lado opuesto. Alzaron el cigarro al mismo tiempo y con la mano que estaba libre, dibujaron en el aire más siluetas de cuervos y mariposas tan lento, que estas se acumulaban y brotaban rápidamente. Los cuervos y las mariposas se unían y salían creaciones extrañas, como cuando un pintor junta dos o tres colores, modificaban la realidad y el pequeño espacio de la habitación. Al final, fue cuando Simón y el niño alzaron las manos, que todos los bicharajos fueron destruidos y disueltos.
—Vete de aquí —dijo Simón—. Prometo pensar en lo que me has dicho.
El niño mago se levantó, tiró el cigarrillo y lo apagó con sus pies. Simón se sintió más tranquilo cuando escuchó los gritos de la vieja y el niño, que andaban de un lado a otro como pelotas de ping-pong.
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Mayo 29, 2003 — Sensitivo, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Hoy, al despertar, tenía su imagen pegada.
Después de soñar cosas que ya no recuerdo, podía verla como la miré hoy en la tarde.
Hermosa.
Sencillamente hermosa.
Hoy mientras me hacía el desayuno me acordé del sentimiento. Ayer no lo había digerido, porque tenía demasiado sueño (Claro, no había dormido), ayer estaba seguro de que estaba sintiendo algo pero el sueño le ganaba y solo escuchaba las palabras de ella diciéndome que no podría acompañarme a donde habíamos quedado y yo le decía: “Vale, no te preocupes. Otro día será… cuando puedas”.
Se le llaman maripositas en el estómago.
Yo más bien le llamaría el deseo intenso porque la otra persona te mire, te abrace, te sonría.
Desde hace años que no sentía eso.
El deseo intenso de mirarla (que me mire!), de abrazarla (no importa que me llame osito!), que me sonría (aunque lo haga como mi amiga…).
De devorarla con mis ojos.
De abrazarla un poquito más fuerte.
De besarla rozándole los labios.
De escucharla todo el rato.
Si, ese fue el sentimiento que me dio hoy al despertar.
De tenerla aquí conmigo.
De recargarme en su hombro.
De quedarme en silencio a su lado.
¿Por qué le llaman maripositas en el estómago? Si es más bien el deseo…
De arrastrarte a sus pies.
De que no haya nadie más.
De encender el alma, de tal manera, que crezca el aura como un Fénix. El Fénix que estará cortejándola, queríendola, muriendo y siempre renaciendo por ella.
Carajo.
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Octubre 20, 2002 — Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Día 3.
Querido diario. ¿Qué haces cuando extrañas a alguien? ¿Cómo te las arreglas? ¿Cómo haces para levantarte cuando te sientes desganado, triste, caído y destruido?
Yo recuerdo la primera vez en que me sentí así al punto de enloquecer, estaba yo haciendo fila para un evento, tal vez un examen, ¿Examen de qué? la memoria me traiciona. Aunque si recuerdo que había mucha gente, mucha competencia. Yo, como siempre, miraba a mi alrededor en busca de esas camisetitas apretadas que se las arreglan para levantar los senos y hacer que se vean fantásticos. Mucha carne joven, para un viejo rabo verde como yo.
Al tiempo que observaba mi pasatiempo preferido, mi mirada se encontró con la de un jóven que su rostro era perfecto y carecía totalmente de alguna arruga o edad. Yo ví que sacó un cuaderno y lo aventó al aire, convirtiéndose en mariposas. Entrecerré los ojos y espantado miré a mis alrededores. Me di cuenta que efectivamente, yo era el único que le había visto.
El jóven se me acercó y me dio la mano, me dijo: “Esto se llama Magia, y tú eres uno de los hombres especiales que puede ver sus efectos en el mundo”. Me sentí halagado, honrado… vaya, era uno de los pocos que podían ver la magia del mundo. No volví a ver al joven, pero como respeto a su enseñanza, predicaba en todas partes a donde iba el fabuloso evento de las mariposas, pregonaba que la magia existía en el viento y nos llenaba de colores.
No estoy loco. Poca gente me creyó, y espero que por medio de este diario electrónico ustedes me crean a mi.
Tengo sueño… platicaré con mi almohada acerca de la magia. Tengo las paredes llenas de almohadas blancas, ¡Si señor!
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