Febrero 17, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Ríe, ríe con el cuerpo. Llorá, llorá por dentro.
No preguntes por qué, no preguntes por qué.
¿Antibiótico y aspirina?
Salta, salta, salta… jump! jump! jump matey!
Observa la ventana, el cielo ha estado extrañamente despejado estos días… extrañamente despejado. Se pueden mirar las estrellas en el cielo, unas cuantas, no precisamente todas. Las suficientes para intentar contarlas. Son un pasatiempo saludable: no hay necesidad de buscar neón o alcohol, nada más hay que saber contar y tirarse en algún lugar. Le pides perdón a tu madre, la cual ahora si puede verte sin tanta contaminación en el cielo y saludas a Dios, mientras come sus palomitas.
En cambio… la juventud…
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Agosto 25, 2003 — No Fumar.
Escrito por Agustin Fest.
Ayer, terminando de comer, se me antojó el cigarrillo “para la digestión”.
Dormí mal. No fue por el cigarrillo, de por sí, no sé dormir como la gente decente (eso y un par de pensamientos me asaltaron la cabeza, pensamientos malos…). Me desperté, me dormí, pensamientos malos, me desperté, me dormí, pensamientos malos. Tengo un par de demonios nuevos, hermoso, sencillamente hermoso.
Ayer me sentí orgulloso, no había tenido que prender ningún cigarrillo.
La primera prueba de fuego fue cuando mi mamá compró sus cigarros, los abrió y se fumó uno. Ohhh, el delicioso aroma del tabaco quemado penetrando en mis fosas nasales. Suspiré, no me dejaré vencer.

Al despertar, puse agua para el café y mi primer impulso fue prender un cigarrillo para esperar a que el agua calentara.
Cuando me hice mi café, mi segundo impulso fue buscar un cigarro para acompañarlo.
Y por supuesto, el cigarro para terminar el café.
El cigarrillo antes de dormir. El cigarrillo mientras uno se baña. El cigarrillo antes de salir. El cigarrillo cuando uno espera el transporte público.
Y ese único cigarro que me queda, me mira con una sonrisa maligna… Oh si, esta será mi mejor batalla.
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Octubre 13, 2002 — Familia.
Escrito por Agustin Fest.
El hecho de hacer una categoría dentro de mis comentarios que se llame “Hugo, mi familia, mis raices” es una muy importante, por supuesto, en el sentido de los orígenes, pero incluyo el nombre de Hugo porque es, en cierta forma, el nombre que más pasa por mi mente cuando recuerdo a mi familia.
Hoy lo dejamos ir a vivir a Colima con su tía. Con la firme creencia de que va a tener un mejor desarrollo que en esta ciudad de mierda. Para empujar el desarrollo de los eventos, tuve que usar mucho la cabeza en vez del corazón, y tuve que hacer muchas sugerencias para que fueran tomadas en cuenta y que esto sucediera.
Esto en cierta parte me hace sentir culpable, porque es como admitir mis fallas como hermano (y mi madre se siente aún peor, porque es como admitir su falla como madre la cual quería evitar con Hugo, para que no sucediera igual conmigo que yo no se quien es mi madre).
Pero también no podía yo apostar la salud mental y física de mi hermano. Sé que en Colima tiene gente a la cual confiar y a la cual podrá ver más seguido, aquí en casa se quedaba sólo una buena parte del tiempo, tenía que hablar por teléfono constantemente para saber si estaba estudiando y/o haciendo su tarea. Es difícil… porque en realidad, me estaba adjudicando la paternalidad del niño.
Y ahora que se ha ido… ahora que se ha ido, tengo oportunidad de desarrollarme más tranquilamente, mis problemas del mal dormir disminuirán o eso espero, pero lo más importante, es que se siente un vacío, un vacío terrible… ya que era mi hermano el que me regresaba a esos momentos estúpidos cuando yo más serio estaba.
Es curioso, de niño siempre quise tener un hermano… alguien a quien yo pudiera enseñarle las tarabillas de la vida, como comportarse, como caminar, como hablar y como sonreír. Como cuidarse de las malas amistades y como abrazar a un buen amigo, como sonreírle a las novias y como hablarles, y decirle cuando había que tratarlas bien y cuando había que alejarse de ellas.
Y cuando tuve ese sueño en mis manos, estaba yo tan feliz de saber que yo fui el primero que vio su sonrisa, estaba maravillado de que sería igual de inteligente que todos han logrado ser en esta familia, observar reflejado como en un espejo distorsionado, la persona que eres y la que proyectas ser. Fue una difícil decisión, pero fue tomada con la cabeza, no con el corazón y es necesario que sepa él, que nadie se está deshaciendo de él, porque no era el objetivo de todo esto. ¿Cómo me voy a deshacer de lo que yo más quiero?
Era mi hermano… el que me salvaba de llorar en las noches.
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Septiembre 18, 2002 — Mi abuela, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Hoy se cumple un año del aniversario de la muerte de mi abuela…
te quiero mucho abuelita, estés donde estés… perdóname por nunca decírtelo.
Perdóname por ser un iluso que te quiso aferrar a la vida cuando estabas en aquella cama, recuerdas?
Día 21
¿Tengo que llorar? Mi primer muerto, estaba yo despertando, parecía un día normal. Inclusive, era un día en el que había despertado tarde y mis obligaciones podrían ser suspendidas. Fue el teléfono el que me despertó, casi lo recuerdo porque fui yo el que respondí. Escuché la grave voz de mi tío ¿Tengo un tío? ¡Socava los recuerdos!, aunque su voz era más grave de lo que yo la había escuchado. ¿Te das cuenta de las coincidencias maravillosas? Estás escribiendo el día 21, casi tan siniestro como si hubiera sido el 18.
Su voz me pedía que llamara una ambulancia, mi madre me observó con la mirada de “He perdido el control y quiero desesperadamente recuperarlo” ¿Mi madre? ¡Tengo una madre! y empezó a dictar ordenes inseguras, que sabía que no habría de prestar atención alguna. Nadie me había dicho nada con palabras, todo me lo dijeron con sus actitudes de gallinas descabezadas. Queriendo recuperar un poco mi propio control… tome mis zapatos y me los puse, me vestí de jeans y una playera, la chamarra azul oscuro. Mi color preferido.
Puedes dejarlo ahí, no recuerdes más… Solo tenía que subir dos pisos para encontrarme con mi tío y mi tía. Lo hice rápidamente, preguntándome mil cosas y haciendo caso omiso de una verdad. Podían ser muchas cosas ¿De veras? Una ambulancia, ¿qué caso tendría pedir una ambulancia? lo que más rabia me da es que sabía que era perfectamente inútil pedir una ambulancia cuando lo que se lleva en ellas son a los que aspiran a la vida, jamás a los muertos. Los muertos, los cuervos.
Toqué el timbre y abrió ella, mi tía, su rostro muy tranquilo. Su rostro era un muro que pedía que me tranquilizara, aún me pregunto si ella lloró en algún momento y gritó. Aún me pregunto tantas cosas, yo caminé derecho y vi ahí a mi tío, tan grande y tan deshecho. No me dijo nada, no pudo. Nada más los abrazé a los dos, porque ya sabía con certeza de que vería a mi primer muerto. Mi morboso espíritu se preguntaba si por fin, ver los vestigios de la persona que has perdido, ayuda de alguna forma a retirar la cicatriz que deja tu corazón.
¿Necesitas más? Es espantoso recordar, por eso no tengo patria, ni espíritu, ni persona que me ate. Mentira, todo te ata. Dejé de abrazarlos y la puerta estaba abierta. Yo pasé y miré mi primer muerto. Ahí estaba, uno de los pilares más sólidos de mi existencia, de una manera atroz, horrible… tan hermoso angel que siempre había escuchado mis motivos, mis razones, mis pasos, que siempre había vigilado mi crecimiento y que esperaba vigilara hasta que pudiera ser digno de su memoria.
¿De qué valen los triunfos? De qué valen. Mi Vieja, mi abuela. Su piel estaba teñida de amarillo, le pregunté a mi tía porque estaba amarilla, una pregunta estúpida, ella me respondió tranquila y me dijo que era porque su cuerpo los había estado liberando, liberando los químicos. Y yo me arrodillé, e intenté tomar su mano rígida, aún cálida. Y le lloré mucho. Vale, detente ya maestro. Lloré mucho su ausencia y recordé con absoluta tristeza todas las barbaridades que por mi culpa le hicieron llorar. No pude recordar otra cosa.
Mi muchachote, mi niñote, solía decir, ¿verdad? Y yo que me creía viejo. Y yo que me sentía maduro. Y yo que me sentía noble. ¿Y la escuela? De qué valen los triunfos. No lloré lo suficiente, no podía soportar el amarillo, el asqueroso amarillo. Definitivamente, no. Ver al muerto no ayuda.
Mucha gente, un ataud y yo le seguía llorando, vinieron unos amigos a acompañarme y yo puse mi mejor sonrisa y dije, “Vale maestro, vale, estoy bien” Vale, somos iguales… Vale, vale vale vale. Todo fue bien. Mostré mi mejor rostro y cuando estaba con ella, no podía creer aún que era cierto, aún cuando le quitaron el amarillo y el maquillista se las había arreglado para pintarle una débil sonrisa. Vale, no podía creer que era cierto, fueron varias veces en las que estuve ahí de pie, observando y esperando a que me dijera niñote o muchachote. Si estos son tus recuerdos, ¿Por qué recordar Simón?
Simón Dor.
Fueron días difíciles.
Prométeme que no dejarás la escuela.
No te preocupes, estoy viendo varias opciones. Te aseguro que pronto estaré en la escuela. Tan puede ser que entre a la UNAM el siguiente año (De qué valen los triunfos, no te puedo decir que lo logré al menos que me vigiles en el cielo).
Que bueno mi niñote, yo no se cuando saldré del hospital. Tal vez ya sea hora de que el que está allá arriba decida que me vuelva parte del Universo. No veo hora de que se me quite esto que tengo
Nah, no te preocupes. Te recuperarás pronto. Y ya regresarás a la casa, sin ningún problema.
¿Tú crees?
¡Simón! ¿Realmente dije simón en vez de Si? estarás en casita y te pondrán medicinas y ya te recuperarás pronto.
Ojalá mi muchachote, tan noble.
Infiel memoria. Representa hechos como quisiera que hubieran sido, solo agregando unas cuantas palabras, que aunque no fueran dichas, estuvieron presentes. El contexto, me aferro al contexto y recreo una conversación.
Dedicado a María Rojas.
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