Twitter: 2007-03-23

  • Es hora de irme a casa. #
  • En la figura 21 del catálogo. #
  • Y con muchísimo sueño. Ya no soy secretaria de casting, ahora soy coordinador. Qué tal. #
  • Debo levantarme como a las 8 de la mañana, sniff. Me duele el chóstomo de tan sólo pensarlo. #
  • Platiqué con la novia de un primo, Elías. Me sorprende que esa familia me siga el rastro. #
  • Pensando hacer una serie de posts con ciertos truquillos por ahí, pero teme que nadie les entienda. #
  • Hablando con Luna. #
  • Nuevo header para el árbol de los mil nombres #
  • Casting de Infinitum. Chavas guapas de 16 - 22, Yey! #
  • yey, ya 2 personas llegaron al casting! yey! #
  • @omendoza: Hay una chava de 32 que esta guapa guapa. :D A ver si saco fotos en el transcurso de la tarde. #
  • Estan llegando las mamás que desearíamos para nuestros amigos. #
  • Esta es una computadora sin bocinas. Nota personal: Traer el pollo. #
  • Una mamà dispuesta a hacer lo que sea para que quede su hija, sniff. #
  • ahhh, teenagers hermosas… pasé tantos años sin ustedes, que me siento como un loco rabioso de tan sólo mirarlas. (neh) #
  • El problema de los castings, es que estas personas siempre llegan en masa. #

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Cuento de Hadas II

Escúchame niño, allá en el cielo forrado de estrellas, si buscas con atención encontrarás la entrada a Fafjel. ¿No sabes dónde es Fafjel? Yo tengo unos recuerdos maravillosos de ese sitio, puesto allí nací. Permíteme contarte la historia, olvídate de los problemas a tu alrededor ya que en Fafjel no existen, ni les importan.

En Fafjel corren libres los centauros y los céfiros azotan los vientos. Las driadas coquetean con los sátiros, las sirenas son mujeres con cola de pescado y algunos pescados tienen alas. Las hadas le sacan la lengua a los súcubos y los demonios buscan niños chiquitos como tú, para comérselos a gritos. Pero no temas a los demonios, son necesarios para conservar el balance.

En Fafjel existe un unicornio negro desdichado, cuyo cuerno de onyx brilla intensamente a los ojos de una luna hecha de queso. En Fafjel, habemos muchos árboles como yo, que nos dedicamos a caminar en soledad para encontrar un nuevo ambiente en el cual crecer y así nos olvidamos del pasado, día con día, aún cargándolo en las ramas. También nace cada día, el espíritu de un caballero andante cuyo propósito es vivir aventuras, y al nacer él, nacen las brujas y los dragones chinos y nórdicos.

¿Los cuervos, preguntas? Allá en Fafjel son nada más eso, cuervos.

En Fafjel, yo no estaría marchito, pero eso ya no importa.

La vida no es un cuento de hadas, sin embargo, puedes soñar en ir allá un día y vivir lo que se te antoje. En Fafjel no necesitas comida y tampoco dormir. Es como Jaramillo, pero Jaramillo es malito y convenenciero. Fafjel será como tú desees que sea, porque es el centro de los deseos, del corazón humano. Encontrarás el camino a Fafjel siempre en el cielo, nunca en el infierno. Allá uno se embriaga nada más de respirar y los duraznos, son los más dulces y redondos que hayas probado.

El tequila se vende en frutas y los duendes, son comerciantes de lo más amigables. Lo importante, es que allá no hay humanos, así que nadie jamás te hará daño. Al contrario, los golems te construirán una casa en las montañas, los elfos preguntarán a los árboles a cual le gustaría ser tu casa, los demonios te harán un espacio incómodo en la lava del volcán y en los súcubos siempre tendrás un lecho al cual llamar hogar. Podrás pasar tardes enteras, escuchando el ruido del viento —¡Por qué allá, el viento si hace ruido! ¡Allá el ruido es música, palabras antiguas que se graban en tu piel, así como mi nombre existe en la corteza! Allá vives, día con día, hasta que te mueres y no te importa.

Eso, mira conmigo el cielo y sueña. Duerme, duerme… mañana despertarás allá. No extrañarás nada esta noche, déjate arrullar por las hojas moviéndose con el viento. Pretenderemos hoy, que has vivido ahí toda tu vida y que no necesitarás más. Podrá Tsef Thaed pensar que la vida no es un cuento de hadas, podré yo caminar para comprobarlo, sin embargo, tú duerme y bebe el agua de la vida, porque en Fafjel llueve a cántaros.

Sanos ritos

Antes de dormir, acostumbraba prender una veladora aromática que era un sano rito al que se había acostumbrado sin querer. Primero fue porque paseando encontró una tienda que las vendía y le gustó el aroma de una azul oscuro en forma de luna. Se la llevó y la prendió todas las noches, hasta que la luna se derritió y el aroma se fué. No hubo problema, se acostumbró a comprar una vela cada que fuera necesario. Asimiló con gusto el rito y lo practicó cada noche.

Prender con fuego a la luna y cuando esta menguara, comprar una luna nueva.

Se sonrió, le gustaba acostumbrarse y le encantaba asimilar.

El segundo rito, fue cuando se cortó por error con un papel uno de sus dedos, un miércoles por la noche. El impulso fue llevárselo a los labios y chuparlo. Le dolía mucho. Sus ojos, jugándole una travesura, lo arrastraron al papel blanco que sangraba carmesí y fascinado, observó como la pequeña gota de sangre se extendía hasta que no pudo más. La herida del papel estaba cicatrizando, le pareció y se sonrió. El tiempo no había cicatrizado, porque seguía observando la mancha roja del papel. Hasta que se decidió tirarla a la basura.

El siguiente miércoles, volvió a cortarse y miró al papel sangrar. Ya lo había asimilado. Incluso interpretó el mismo rostro de dolor, cumpliendo el rito al pie de la letra.

Paulatinamente, otros sanos ritos fueron asimilándole y él fue asimilándolos. Hasta llegar al punto que los que le conocían, pensaban que su vida no era una rutina, sino algo espontaneo. Ya que había ritos que debían ser cumplidos en tiempo, o en espacio o después de una serie de situaciones. Con maestría se había entrenado para cumplir todos los ritos al pie de la letra y darles un orden prioritario. Era difícil cuando tres o cuatro rituales se le juntaban.

Entonces, conoció a la mujer que a la fecha, todavía no puede describir. Siguey leyendo →

De aquel hombre que perseguía la luna

y aquella que durante el día perseguía a aquel hombre que perseguía la luna

¿Será que se persiguen por amor? Algunos dicen que empezó desde tiempos de Cristo y fue el Judío Errante y una de tantas prostitutas perdonadas por Sus ojos. Otros dicen que la mitología es muy real y los dioses que sostienen el Sol y la Luna han decidido visitar la tierra. Pero son pocas personas las que conocen la historia completa y yo no soy una de ellas.

El abuelo Simón cuenta que la persecusión podría ser eterna y si ella llegara a alzanzarlo, debería suceder algo tan increible como la destrucción del mundo. Sería buena historia para algún periódico sensacionalista pero el abuelo Simón se rió y explicó que otros lo habían intentado y nadie se la había creído.

—Demasiado romántica —decía Simón y sonreía—. No hay sangre, no hay sensacionalismo y nadie, escúchalo bien muchacho, nadie cree que el amor es capaz de destruir el mundo o al menos, cambiar la rotación de los planetas. Además… ni se sabe siquiera si se persiguen por amor.

—¿Y por qué no cree que sea amor, abuelo Simón?

—Porque el amor, como todo… se acaba.

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El gato de Chesire.

La luna en estos días, está como la sonrisa de aquel gato que no sabes cuando te arañará la espalda, confunde con enigmas y habla farisaico. Esperando en la rama te observa y te sonríe, enormemente…

Tal vez en eso se inspiró el señor Dodgson.

—Pero yo no quiero visitar a los locos —observó Alicia. —Eso no lo puedes evitar —dijo el Gato—. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estas loca. —¿Cómo sabes que yo estoy loca? —Debes estarlo —dijo el Gato—; Si no, no estarías aquí —Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll.
de mirar dulce, de hablar lento y de pelo más blanco que la nieve. Era su cara semejante a la del cuervo, y sus ojos cenizas fulgurantes; parecía perturbado de dolor; mecía su cuerpo a compás; murmuraba entre dientes por lo bajo como si tuviera la boca llena, y a veces resoplaba como un búfalo… En aquella tarde estival, hace ya mucho tiempo, sentado en una reja. —Al otro lado del espejo, Lewis Carroll.

Diario de Simón Dor. Día 14.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 12 de 47


Día 14

Tomar notas. He olvidado de tomar las notas que creí eran pertinentes para hacer de este un diario más rico y extenso, pero… si tomo las notas y se de antemano que debo escribir, entonces perdería espontaneidad, ¿no es así, mi querido diario? Qué caso tiene, que yo, el mismísimo Simón Dor de Sevilla, Andalucia, Montevideo, Buenos Aires y Taxco, tome notas de lo que debe escribir. Los recuerdos vienen solos y Dios Literatura es buenito conmigo y me regala palabras para plasmar con tinta, papel y fuerza lo que mis sentidos interpretaron.

Por ejemplo, este bello párrafo lo escribí en el momento. Recordar tomar notas, por eso te llevo a todas partes conmigo querido diario. Lamento que todo cambie cuando estoy en la calle o en el trabajo o en la Luna o en el Infierno y no tome las notas para digerirlo todo después, soy indisciplinado y prefiero que los recuerdos o imágenes ficticias se presenten solas.

Es menos la ficción que la realidad, mis queridos lectores, los días en que les platiqué del Infierno, de la Luna de Queso y del Transporte Público, iba yo en cuerpo y mente presente. No es fácil olvidar el candente fuego eterno, ni el limpio manto estelar. Cosas como esas no se olvidan, cosas como mi vecina (tan tierna…) son cosas que quedarán grabadas para la posteridad, aunque sea en este mediocre diario de forro de piel, (o la versión electrónica, tal cual sea el caso).


Historias de Taxi.

  1. Tomé un Taxi y le dije mi destino, yo tranquilo miré la ventana, como siempre hago, observando a la gente, buscando la raíz de mi pasatiempo preferido. Y el Taxista, de esos que no saben callarse ante un hombre reservado, empezó a platicarme acerca de uno de sus gajes del oficio. Sus ojos eran animados y asustados, el trauma de ver a un motociclista perder la vida al chocar con un trailer, llevaba el casco de seguridad y el Taxista, recordó con lujo de detalle, que observó el caso rodar y rodar y rodar … varios metros separándose de su cuerpo. (Y rodarán cabezas pensé…)

  2. Tomé un Taxi y le dije mi destino, yo tranquilo miré la ventana, como siempre hago, vigilé a la gente de la que me siento aparte, busqué a las adolescentes de senos bonitos. El Taxista era uno de esos péricos que se han enseñado hablar aun cuando hay la menor disposición. Y no Joven, no se imagina, era chamaca la escuincla, como de unos 16 ó 17 años, nooombre, eran más o menos como estas horas (03:00 AM) y que se quita el sueter y tenía una blusita muy pegadita, y yo medio miré por el espejo y se estaba metiendo la mano joven, y qué me dice que eso hacía para quitarse el frío que porque tenía mucho y yo pues, está bien, no es mi asunto y luego que me dice que tenía calorcito ahí abajo, y yo me quedé así como que sin saber que hacer joven, y me pregunta que si le molestaba que se tocara ahí y yo pues le dije que no, y pues ya empezó joven, pues a gemir… y yo pues no sabía, yo la estaba llevando, y ya que me pide ayuda joven… y pues yo me paré en un lugar más o menos alejado, ya ve que los polis siempre andan buscando a quien parar, y pues ya que le ayudo y que la empiezo a dedear joven, total… que son bien abusadas eh?, me preguntó que si me la quería cojer y yo la verdad no quería, porque qué tal si se embarazaba (Curioso como un hombre le teme al embarazo pero no al SIDA), y pues me negaba a metérsela, pero luego que se la mete a la boca joven, ya se imaginará como estaba yo… y pues acabé cogiéndomela. Ahí en el Taxi bien rico, resulta que me había detenido a unas cuadras de su casa y ya me dijo que la dejara ahí, ya ni le pedí que me pagara… (Si se cobró muy bien después de todo, ¿no?)

  3. Tomé un Taxi y le dije mi destino, yo tranquilo miré la ventana, como siempre hago, miré a la población, fijándome en las chamaquitas lindas de minifalda, cuando un Taxista, que no esperaba mucho para abrir la boca, me empezó a platicar de una de sus experiencias: Supe todo de su vida, la historia de su hermano alcohólico, la de su padrastro que le golpeaba, el crecimiento y su madurez, me dio consejos para la vida y yo escuché atento… pensando en la lolita del Taxi anterior. Sonreía a todo lo que me decía, el tráfico era abundante y me robó sus buenos 8 dólares, más aparte las regalías por su autobiografía. Lolita… lolita.