Diario de Simón Dor. Día 69.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 23 de 48


Querido Diario:

Es el número mágico, ¿te das cuenta? Un 69 grande e inmenso.

SESENTA Y NUEVE. El de los amantes que se besan los genitales para chuparse el alma entera. ¿Necesito ser más explícito? ¿Te gustaría masturbarte con el número, mi querido Diario? No lo creo.

Conmigo basta.

Hoy soñé. Es raro que yo sueñe, desde que estoy en El Viaje. Me olvidé por completo de mi barco Mojalnir, del mar de Yenén, del árbol de los mil nombres, la tía Yemita y el niño mago. Hasta me olvidé del delfín (He de llamarle Camel) y de Bobby Mindar (el nuevo nombre del rottweiler, ¿te gusta?). Me olvidé de las llaves de Beatriz y he descubierto que la manera más efectiva para evitar la tentación es dormir y soñar.

El único sueño que se me ha permitido es el de la muerte simbólica. Hoy, hoy he tenido un sueño muy distinto y me acercó a la que era mi realidad. ¿Sabes con qué soñé y me tiene tan contento? ¡Adivina! Vamos, vamos… no es tan difícil. ¿Quieres qué te de una pista? ¿Te acuerdas que Yasmín, al subirse en mi barco, abrió las nubes e hizo que se mirara la noche?

La noche que ella me permite ver en mi barco, aparte de las nubes grises de éste mar horrible, tiene dos estrellas y un cuarto de la luna. Al ver la luna, hubo en mí una regresión a aquella etapa donde vivía en una Luna hecha de Queso. ¡Así es! ¡Soñé otra vez con los ratoncitos! Más que un sueño, creo que fue un viaje astral… fue tan real.

Los ratones me esperaban, me dijeron que habían decidido perdonar el exilio ese día para platicar conmigo. Yo les sonreí y me invitaron a sentarme en la sala del queso Gouda, donde bebimos vino (decidieron conseguirme una botella) y comimos quesos hasta hartar el paladar y el estómago.

Si eso no es ser feliz, entonces no se que lo sea.

—¡Te extrañábamos Simón! A pesar de tus ideas revolucionarias acerca de la escazes de queso, que nunca habrá en nuestro planeta cabe enfatizar. Hemos decidido perdonarte el día de hoy para preguntarte, ¿cómo has estado? —preguntó el rey ratón.

Los ratones presentes me miraron ansiosos y me sentí avergonzado, no siempre está uno ante tan agradable concurrencia para ser el centro de atención.

—He estado mejor —les dije, no podía mentirles—. La escasez de amor en mi planeta me ha llevado a hacer un viaje.

—¡Si! Nos hemos enterado. Te hemos visto desde acá arriba… a medida que las nubes nos lo permitían. ¡Ahora te veremos más seguido, ya que se ha abierto un agujero en el cielo! Nos gustaba platicar contigo Simón y quisieramos preguntarte… ya que has traído a flote el tema de la escazes de amor en la Tierra, ¿no gustarías pasar unos días con nosotros? Hasta podríamos arreglarte una vivienda, eso si quieres —dijo el rey contento.

—No lo sé…

—¡Vamos! Eres el primer y único humano al que le ofrecemos escapar, ¿piensas rechazarnos?

Los ratoncitos miraron con sus ojos negros, negros, y esperaron la respuesta con los bigotes moviéndose ansiosos.

—Mi querido rey ratón. El viaje es algo que debo terminar, es inexorable. Es cierto que el viaje ha sido la consecuencia de la escazes de amor y también, por el revivir el amor. ¡Es tan extraño, fugaz, fantasmal el amor de hoy en día… que prostituimos el término como si habláramos de democracia, solidaridad o chocolate!

—Es muy cierto eso, Simón. Por eso nos preocupas y te hacemos la invitación, queremos que estés con nosotros y nos des tu sabiduría a cambio de que no tengas que vivir eso, nunca más.

—La cuestión, mi querido rey ratón… es que no puedo hacerlo. El viaje se ha vuelto tan pesado, que lo arrastraría hasta aquí. Podría corromper su planeta y entonces habría de hacerles un mal, en vez de ustedes un bien.

El rey ratón y la asamblea de ratones guardaron silencio.

—No nos importa Simón —dijo el rey—. Queremos que tú seas feliz. Te queremos Simón.

—¿Qué?

—Te queremos.

No les diré que se me resbaló una lágrima y me temblaron los labios.

—Ese viaje —dijo el rey ratón—. Puede significar tu muerte y te extrañaríamos.

Se estaba convirtiendo en Disney combinado con una película trágica de Hallmark.

—Lo siento, de veras lo siento. No depende de mí, de veras… ¿Puedo seguir visitándolos?

—Pero muy poco Simón, o si no, olvidarás porque viajas y … has respondido bien, ninguno esperaba otra actitud de tí.

Con esas palabras desperté, me sentí rejuvenecido. Cuando abrí los ojos, el árbol de los mil nombres estaba en mi habitación, mirándome fijamente.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada… sólo vine a decirte que si no despertabas, me iba a ver obligado a hacerlo.

Busqué mi botella de tequila, me bebí un trago. (Se han consumido doce botellas ya). Y me sonreí, ¡qué bueno era vivir en una luna hecha de queso! Me tomé otro trago más por los ratoncitos… se los debía, a estos veintinueve días, con sus veintinueve noches que restan.

Diario de Simón Dor. Día 16.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 14 de 47


Día 16

Escasez. Cuando veo el mundo desde la luna y me acompañan un par de ratoncitos bohemios, observamos la Tierra y suspiramos tristes, todos al unísono, como una cancioncita de nostalgia. Se puede escuchar la palabra escasez.

¿Por qué hay escasez en el mundo? Una vez me pregunté, como lo hago ahora desde aquí, desde la luna y me respondo a mi mismo con una frase cursi, de esas que no acostumbro. “Es que hay falta de amor, hay escasez de amor en el mundo”. Si la vieja Yasmín me estuviera escuchando se echaría una carcajada y me diría que no soy más que un cursi exagerado y que debería morder la lengua por hablar como alguien que no soy.

¿Pero quién soy yo realmente? un viejito amargado, igual que Yasmín, cuyas vidas giran en torno al ver como son débiles al sufrimiento y como alzan a sus dioses para protegerse de la maldad del mundo, cuando en realidad son los mismos dioses los que permiten tanta atrocidad.

“Deberían tener un Dios cómo nosotros, Simón”, dice uno de los ratoncitos bohemios, me volteo a mirarle interesado, “Nuestro Dios es el Queso, y ve como nos pagó con toda una luna de este, es una luna abundante que no hará más que terminarse cuando se tenga que terminar. Tenemos un placer muy simple, un placer de leche fermentada que nos nutre y nos permite crecer para desarrollar nuestro organismo y después, vienen los sentimientos. Todos somos agradecidos aquí de lo que tenemos y por lo general estamos en paz con nosotros mismos. Eso nos permite estar en paz con los demás”.

Los otros ratoncitos asintieron y aplaudieron al ratoncito que acababa de hablar, yo sonreí y le respondí:

“¿Pero qué pasará con las generaciones que vivan la escasez de queso? ¿Cuándo esté a punto de terminarse su queso? Vivirán ciertamente la misma escasez que hay en la tierra. No habrá queso que compartirse, todos pelearán por las migajas y al final, esta luna terminará y los ratones morirán en el espacio, ya que el queso ustedes no lo crecen y no lo cultivan. Habrá una gran discordia con su paz interior, o más bien, con la paz interior de las generaciones que vienen”.

Los ratones me miraron herido y me despidieron ese mismo día. Me mandaron a la Tierra, con su mirada de “Quédate con tu escasez de amor, que nosotros tenemos nuestro queso” y yo bueno… acepté el castigo por mi bocaza tan grande.

¡Qué bueno era vivir en una Luna hecha de Queso!

Diario de Simón Dor. Día 14.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 12 de 47


Día 14

Tomar notas. He olvidado de tomar las notas que creí eran pertinentes para hacer de este un diario más rico y extenso, pero… si tomo las notas y se de antemano que debo escribir, entonces perdería espontaneidad, ¿no es así, mi querido diario? Qué caso tiene, que yo, el mismísimo Simón Dor de Sevilla, Andalucia, Montevideo, Buenos Aires y Taxco, tome notas de lo que debe escribir. Los recuerdos vienen solos y Dios Literatura es buenito conmigo y me regala palabras para plasmar con tinta, papel y fuerza lo que mis sentidos interpretaron.

Por ejemplo, este bello párrafo lo escribí en el momento. Recordar tomar notas, por eso te llevo a todas partes conmigo querido diario. Lamento que todo cambie cuando estoy en la calle o en el trabajo o en la Luna o en el Infierno y no tome las notas para digerirlo todo después, soy indisciplinado y prefiero que los recuerdos o imágenes ficticias se presenten solas.

Es menos la ficción que la realidad, mis queridos lectores, los días en que les platiqué del Infierno, de la Luna de Queso y del Transporte Público, iba yo en cuerpo y mente presente. No es fácil olvidar el candente fuego eterno, ni el limpio manto estelar. Cosas como esas no se olvidan, cosas como mi vecina (tan tierna…) son cosas que quedarán grabadas para la posteridad, aunque sea en este mediocre diario de forro de piel, (o la versión electrónica, tal cual sea el caso).


Historias de Taxi.

  1. Tomé un Taxi y le dije mi destino, yo tranquilo miré la ventana, como siempre hago, observando a la gente, buscando la raíz de mi pasatiempo preferido. Y el Taxista, de esos que no saben callarse ante un hombre reservado, empezó a platicarme acerca de uno de sus gajes del oficio. Sus ojos eran animados y asustados, el trauma de ver a un motociclista perder la vida al chocar con un trailer, llevaba el casco de seguridad y el Taxista, recordó con lujo de detalle, que observó el caso rodar y rodar y rodar … varios metros separándose de su cuerpo. (Y rodarán cabezas pensé…)

  2. Tomé un Taxi y le dije mi destino, yo tranquilo miré la ventana, como siempre hago, vigilé a la gente de la que me siento aparte, busqué a las adolescentes de senos bonitos. El Taxista era uno de esos péricos que se han enseñado hablar aun cuando hay la menor disposición. Y no Joven, no se imagina, era chamaca la escuincla, como de unos 16 ó 17 años, nooombre, eran más o menos como estas horas (03:00 AM) y que se quita el sueter y tenía una blusita muy pegadita, y yo medio miré por el espejo y se estaba metiendo la mano joven, y qué me dice que eso hacía para quitarse el frío que porque tenía mucho y yo pues, está bien, no es mi asunto y luego que me dice que tenía calorcito ahí abajo, y yo me quedé así como que sin saber que hacer joven, y me pregunta que si le molestaba que se tocara ahí y yo pues le dije que no, y pues ya empezó joven, pues a gemir… y yo pues no sabía, yo la estaba llevando, y ya que me pide ayuda joven… y pues yo me paré en un lugar más o menos alejado, ya ve que los polis siempre andan buscando a quien parar, y pues ya que le ayudo y que la empiezo a dedear joven, total… que son bien abusadas eh?, me preguntó que si me la quería cojer y yo la verdad no quería, porque qué tal si se embarazaba (Curioso como un hombre le teme al embarazo pero no al SIDA), y pues me negaba a metérsela, pero luego que se la mete a la boca joven, ya se imaginará como estaba yo… y pues acabé cogiéndomela. Ahí en el Taxi bien rico, resulta que me había detenido a unas cuadras de su casa y ya me dijo que la dejara ahí, ya ni le pedí que me pagara… (Si se cobró muy bien después de todo, ¿no?)

  3. Tomé un Taxi y le dije mi destino, yo tranquilo miré la ventana, como siempre hago, miré a la población, fijándome en las chamaquitas lindas de minifalda, cuando un Taxista, que no esperaba mucho para abrir la boca, me empezó a platicar de una de sus experiencias: Supe todo de su vida, la historia de su hermano alcohólico, la de su padrastro que le golpeaba, el crecimiento y su madurez, me dio consejos para la vida y yo escuché atento… pensando en la lolita del Taxi anterior. Sonreía a todo lo que me decía, el tráfico era abundante y me robó sus buenos 8 dólares, más aparte las regalías por su autobiografía. Lolita… lolita.

Diario de Simón Dor. Día 6.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 5 de 47


Día 6.

Ayer me di un paseo en la luna, y encontré que esta era de queso. Me di un paseo por los cráteres de Queso Apestoso y entré por sus agujeros y conocí muchos ratones, que al ver que como el queso no era de mi agrado, me recibieron gustoso y me compartieron el honor de entrar a la bodega de los dulces.

Estos ratones no comen dulces, por eso mantienen sus dientes sanos y fuertes. Pero si comen mucho queso, un día les dije que de tanto comer se iban a acabar la luna, todos nos reímos y pude soportar su vino fermentado de queso.

Hicimos un gran banquete. Y mirábamos todos juntos las estrellas y nos reíamos y nos agarrábamos de la manos y cantábamos canciones que eran de otros tiempos, ¡Qué bueno es vivir en una Luna hecha de Queso!


Mi vecina, tan tierna. Hoy llevaba una blusa con la bandera de Inglaterra ligeramente ondulada, sus pechos están creciendo.

Mi vecina, tan tierna.


Hoy estaba en una de las partes más concurridas de la ciudad y no sólo observé mi pasatiempo preferido, querido diario, que como bien sabes son las jovencitas. No. Miré a la ciudad completa. Gente de diferentes matices, con diferentes motivaciones y diferentes niveles, todas juntas en un sólo lugar, ignorándose los unos a los otros y mirándose, a veces, con desprecio y envidia. Y así, me sentí féliz. Siendo observador de este show secreto.

Como era de esperarse, los miré a todos con desprecio, porque no formaba parte de ese juego secreto, y ellos me miraron de igual manera. La felicidad volvió, durante unos instantes, logré saborear ese delicado elixir llamado: “convivencia con otros seres humanos”.


Mucho sexo en la cabeza, mi cerebro no coordina. Se dice que el que escribe de sexo es porque tiene la ausencia de este. ¿Yo tengo ausencia de sexo? No podría decirlo, veo a Marisela todos los días, y a Mariana, y a Beatriz, y a la más infame de todas, Lorena.

A decir verdad, no tengo mucho que decir, el cerebro está bloqueado, como si le hubieran puesto un candado al cofre de los pensamientos. ¿Cómo te sientes cuándo te dicen cuéntame algo, querido diario? precisamente lo primero que piensas es que no tienes nada que se te ocurre, entonces, la respuesta usual es: “¿Qué quieres qué te cuente?” y vaya, yo te podría contar muchas cosas, pero el cerebro no responde, no coordina, no me presenta imágenes lúcidas que sean capaces de describir.

¿No te ha sucedido qué tienes la idea más grandiosa en la cabeza y nada más no puedes escribirla? A mi si, muchas veces, lo veo todo de colores, personajes con rostros pero cuando tengo la pluma en mis manos, esos rostros se ven borrosos, no presentan imágenes claras. ¿Y cómo te sientes cuando se presenta el super yo? La conciencia, no escribes porque temes que alguien esté mirando detrás de ti las palabras infames, las descripciones azarosas y vulgares. Te detienes en seco y el sudor frío está a favor de la sociedad moralista, ¡Asco!

Quisiera convertirme en juez para dictaminar que todos podemos ser libres en nuestros pensamientos, pero para ello tengo que jurar con una mano sobre la Biblia, ¡Hipocresía! Aunque muchos lo hacen, con éxito, engañando su conciencia y manejan como corderos a nosotros los presentes. Creyéndose muy listos.

¿Qué saben ellos de mi vida, querido diario?

¿Cómo detendrán la bala antes de que les penetre el cerebro?


Hoy hablé con un padre y me dijo: ¿Quieres ser un Soldado de Nuestro Señor?

Yo nada más me reí en su cara, pero el hombre, al ver como una chispa de bondad en mi rostro me respondió: Ser un Guerrero de Fe requiere mucho valor, señor. No tema, no hay nada que temer, ya que Él está con nosotros.

Y entonces, un poco maleado, respondí: ¿En esa comunidad de Guerreros, hay Guerreras? ¿Mujeres de devoción?

El hombre respondió afirmativamente, animado de mi interés.

Le pregunté: ¿Y hay Guerreras entre 15 y 18 años?

El frunció el ceño, adivinando por dónde iba, no quise continuar y no aguanté la carcajada, me fui marchando a mi casa, mientras cantaba a todo pulmón: ¡Soy un Soldado de Cristo! ¡Marchando como para ir a la Guerra!

Carta I de Simón Dor.

En una carta de Simón Dor para un servidor:

“Mi buen amigo, mi estimado camarada, tú que te haces llamar Árbol o Tsef o Thaed o Fest o bla bla bla…

Estoy aquí pasándome un ratito de lo lindo en la luna de los ratoncitos, que está hecha de queso… ¿Qué pasó? ¿No qué te habían corrido? has de preguntar, pues si, lo hicieron un rato.

Pero yo manteniendo contacto con mi estimado amigo, el ratoncito llamado Kalel (se que se llama como un famoso héroe terrestre de comiquitas, pero te aseguro que los mótivos de su nombre son totalmente distintos… le nombraron así por el queso gruyé… es una larga historia mi estimado, y no son los motivos de mi carta) logré abrirme paso en una colonia de ratoncitos rebeldes que se han vuelto vegetarianos y han logrado cosechar moho para mantener un recurso renovable en su planeta.

Todo sabe bien, si ellos lo cocinan y preparan… porque el moho, para un humano, solo significa Aspirina. Si ellos hacen moho, tenemos vino (no tan fino como el hecho de queso Gouda), tenemos marihuana (es increíble los malviajes de queso) y hasta gozamos de una maravillosa marisquería de moho. Son tan creativos estos ratoncitos.

Y cuando leas esto, seguramente yo despertaré de mi sueño y lloraré en las paredes hechas de camas blancas, por haber perdido aquella luna hecha de queso

Que las musas te sean propicias y su carne abundante, tu siempre amigo y fiel servidor Simón Dor”.