Diario de Simón Dor. Día 79.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 46 de 48


Querido Diario:

Ocho días, con sus ocho noches.

Ya me morí.

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Diario de Simón Dor. Día 68.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 22 de 48


Querido Diario:

El Cuarto de Trofeos se ha hecho más siniestro. Con los ojos del súcubo Galloria flotando en el formol y la piel del súcubo Mama Esirasaft colgando de un perchero. La cabeza del rottweiler Mindar sigue sonriendo, jadea lentamente y me mira con ojos grandes. Le sonrío de vuelta y él crece más su sonrisa… eso me hace preguntarme, ¿por qué no mejor le llamo Bob? Suena más tierno que Mindar y al menos, me daría menos miedo cuando le mire.

El esqueleto estático de metal, con los pulmones de plomo flotando dentro del tórax, parece una armadura medieval protegiendo las llaves del cuarto de Beatriz. Me he decidido a mover las llaves un poco más cerca de la entrada para no hacer el recorrido entero del museo de excentricidades que he estado construyendo. También he puesto la pistola de McGonnagal junto con las llaves. No sé si Mindar/Bob pueda enloquecer tarde o temprano y quiera atacarme.

El libro de Mama Esirasaft puede corromperse en el polvo.

He sorprendido a Yasmín gritarle al niño mago y viceversa para comunicarse. No sé porque no apelan al sentido común… al menos entiendo que la vieja no quiera pararse de su asiento, pero el niño tiene mucha energía para caminar hasta la popa. ¿Por qué no lo hace? Así no estaría soportando los gritos que se avientan el uno al otro como pedradas.

La Tía Yemita:¡A qué no puedes escribir una historia de cuándo le robé el alma a un hombre llamado Gerardo Quesada! ¡Le he dicho que podría ser inmortal siempre y cuando existiera un retrato suyo!
Niño mago:¡Pero si la he escrito abuelita Yasmín! ¡Y también escribí la historia de dos hombres, Dumas y Domingo, que eran tan amigos que se confundieron de tal forma que no sabían cuál había cometido el primer asesinato y cuál era el inocente!
Árbol de los mil nombres: Matías, Saítam, Síatma, Tsaíma

Esto se ha convertido en un circo. El único que parece comprenderme es el delfín, que recibe mi mirada con una sonrisa constante y navega luchando contra el mar contaminado para mantener el paso de mi barco. El árbol sigue vigilante de mis pasos y entre-abre sus labios para decirme algo… se contiene y después vuelve a la ley del hielo. Yo le sonrío y le saludo con mi gorra. No seré yo el que dé el primer paso.

He pensado en la teoría del omniverso que ha propuesto Fest en el monolito. Él habla de escribir todas las historias del mundo, lo cual no me parece mal. Aunque ha olvidado algo terriblemente importante, si llegara a encontrar el punto donde se conjuntan todas las historias del mundo, podría también modificarlas. No sería el Dios de un sólo universo, sino el de todos los universos.

Claro, él es joven. No ha contemplado la posibilidad de convertirse en Dios, solo un mero espectador. Un escriba que dependió de la inspiración divina.

¿Y saben dónde se encuentra eso que está buscando? ¿No lo adivinas, mi querido Diario? Yo tengo una vaga idea. En el Cuarto de los Espejos. Pero no tengo la llave y francamente no me gustan los espejos, así que me ahorraré la molestia de convertirme en Dios yo también. Es más, seré feliz si el cuarto de los espejos desaparece así como vino.

Treinta días con sus treinta noches.


He ido al cuarto de trofeos y he tomado las llaves del Cuarto de Máquinas cuando dormía. Y también dormido, caminé por el pasillo de los cuartos y estuve frente a la puerta, queriendo acomodar la llave con la torpeza del sonámbulo. Fue cuando sentí una mano áspera en mi hombro que me despertó y abrí los ojos como lunas. Estaba a punto de desperdiciar una llave.

¿Simón, dónde estás simón? —pude escuchar repetidamente, tan rápido como los latidos de mi corazón. Quería entrar, deseaba entrar, pero la mano áspera en mi hombro me detenía fuertemente. No voltée, me quede varado frente a la puerta, asombrado de la fuerte tentación que representaba mirarla de nuevo, abrazarla, quererla y sentirla. Mirarle los ojos, mirarle el cuerpo, olerla hasta embriagarme y después llorar su maldita imagen fantasmal. Llorar que no existiese y no pudiera abrazarme.

—No es hora todavía —dijo el dueño de lo que creía era una mano, de reojo pude mirar una manzana roja que colgaba de una rama seca— Simón, dime, ¿por qué Matías?

—Jaramillo —respondí—, la anciana ciega. ¿No recuerdas nada de eso?

—No.

—Antes me llamaba Matías. Sólo que lo había olvidado.

—¿Entonces tu nombre guarda relación con el mío? Te he salvado de la tentación, ahora tú sálvame del nombre falso que no me puedo quitar de la mente.

Sonreí.

—¿Estamos jugando a los favores?

El árbol me contestó con una voz áspera y sucia—: No, te estoy salvando de tí mismo. Como tú lo hubieras hecho por mí.

Me quedé pensando y voltée para encarar al árbol de los mil nombres. Le debía la verdad.

—Matías era un escritor, que creyó que podría escribir las historias del mundo y asombrar a todos con ellas. Así como Fest. ¿A Fest lo recuerdas?

—Vagamente.

—Curioso que el nombre de Fest no haya tenido ningún efecto sobre tí.

El árbol respiró lentamente. Sus labios presentaron una tristeza, como en una caricatura.

—Es el nombre que me ha marchitado y también, es el nombre más falso de todos.

Me reí.

—¿Y Simón? ¿Simón Dor? —le pregunté.

—Es el nombre más real. El nombre que más me confunde.

—Sigue jugando con los dados, árbol. No puedo ayudarte porque no me sé tu nombre.

—¿Me puedes ayudar?

Me reí de nuevo, el árbol no pareció apreciar mi gesto. Lo confundió con sarcasmo en vez de ironía. Nos miramos largamente y él comprendió.

—Gracias —dijo el árbol de los mil nombres y se fue.

Si, treinta días, con sus treinta noches.

Diario de Simón Dor. Día 64.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 16 de 48


Querido Diario:

El delfín sigue nadando a lado de Mojalnir. ¿Debería darle un nombre? El árbol de los mil nombres sigue marchito. El niño mago sigue dibujando cosas en el aire y de vez en cuando, en mi Diario. El cuarto de trofeos guarda lo siguiente:

  • La pistola de McGonnagal.
  • Las tres llaves que me ha dado Beatriz.
  • La cabeza de Mindar.
  • El alma del súcubo Galloria, guardada en un frasquito con formol. Me he quedado con sus ojos.

Hay en mi barco, un cuarto más que no puedo abrir y necesito otra llave adicional… es “El Cuarto de los Espejos”. Se me ha hecho un dato curioso y no tengo prisa en abrirlo, porque me dan miedo los espejos… cada vez que me miro en uno, encuentro un reflejo deformado de mi mismo, como “El grito” de aquella famosa pintura.

De vez en cuando, aparece un angel y sigo cargando conmigo un plumón para pintarle bigotes y siga pareciendo un reflejo monstruoso.

Reflejo-contrarreflejo. ¿Han pensado en ello? Todos nosotros, en cuanto a nuestro arte se refiere, somos el reflejo torcido de alguien más a fín de crear nuestra propia originalidad. Hay un foco de inspiración que nos guía, de manera inconsciente y cuando abrimos los ojos, nos damos cuenta que esa inspiración o chispazo que creíamos original y único, proviene de un antecesor. Un antecesor que bien podríamos ser nosotros y no serlo.

Me pregunto… ¿De quién soy reflejo? ¿O soy yo el contrarreflejo? ¿Qué imagen saldrá en el espejo? ¿La de algún escritor famoso que me ha inspirado a escribir este diario?

Reflexiones, a los treintaicuatro días y treintaicuatro noches de terminar esto.

Carta de Agustín Fest:

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Llaves

Una vez lo discutí con mi tío Daniel. Para algunas personas, el número de llaves en su llavero, es un símbolo de poder o control. Puede sonar ridículo, pero esto me lleva a recordar a un profesor de Física que tenía en el Centro Universitario México. Jorge Hoyo, solía tener llaveros y llaveros colgados en los jeans, no exagero al decir que por lo menos tenía 50 llaves y ¿qué hacía con tantas? No lo sé, nunca me animé a preguntarle.

Cuando caminaba hoy, estaba haciendo sonar mis llaves y me sonreí, ya son como diez llaves o quince. Tal vez la persona que las tenga se sienta como San Pedro, con las llaves para abrir el cielo. Te vuelves una persona de la que las demás dependen, porque tú tienes las llaves para ciertos lugares. Son como las relaciones con la gente influyente, que ellos tienen llaves para abrirte las puertas a una mejor calidad de vida, a cierto costo.

Lo bueno es que una llave te cuesta diez pesos (1 dolar) con el cerrajero y lo otro, bien puede que pierdas las influencias con San Pedro.

Ahora que mencioné lo del CUM (Centro Universitario México), me acordé de la Bitácora del 106. Tal vez empiece a registrar la bitácora aquí, porque ya no regresaré a Tripod en mucho tiempo.

¿Por qué me dicen Árbol? En quinto de prepa, solía vestir mi chamarra verde, traía el cabello largo y rizado, algo de barba. Mi abuela solía poner una manzana en mi mochila antes de salir y una vez, un viernes, llegué a juntar las manzanas de la semana.

Empecé a regalarlas y una voz, la de Alfonso Pano, dijo: “Pareces un árbol manzanero”. Desde ahí… se me quedó el árbol, y me agrada, a excepción de cuando alguien dice: “Voy a mi-ar bolito”.

Hace 4 años, sucedió algo así.


Viernes 9:40 - 9:55 PM.
Escenario: El JimboFest.

El Árbol llega, y le asaltan con 10 varos, que dizque pal reven, encuentra al Capi.
Árbol: “Vamos por chupe Capi”
Capi: “Nel Árbol, exámen del TEC mañana, si quieres ve tú”
10 minutos después…
Árbol: “Ya pinche Capi, vamos por Chupe.”
Capi: “Sale Árbol”
Árbol y Capi van a la barra donde unas viejas pedas gritan: “¡Argentina!”. Yo pido un tequila y el Capi pide una Coca.
Árbol: “Ya pinche Capi, ya entrale”
Capi: “Nel, neto, mi exámen del Tec”
Llegan Tambor, Que-K, Mago, Fonts, Bonilla, Holguin, Fleko, Merino, Pano y Pad. Preparan el buen chupe (la coca y el appleton, entre el Vodka y un tequila, puta…), mientras los detienen en la entrada por no llevar feria. Un servidor atentamente les presta $10.00

Árbol: “Platicame del Infierno Fonts, ahorita que si lo visualizo.”
Y Fonts me empezó a guíar en el camino a la oscuridad (Memorias de Infernalia), cuando Mago me salva y llega a hacer un brindis.
En eso, una zorra bailaba mientras Mora y sus espermatozoides furiosos tocaban, como la señorita bailaba sola y nos daba la espalda, un servidor hizo el favor de bailarle rítmicamente por atrás.
Bonilla: “¿Qué pedo con la zorra esa?”
Merino: “¿Qué el Fonts qué?”
Fonts: “¿Queeeeeeeeeeeeé?”
Árbol: “Nel, esperense, una estilo Baca (Larga y Asquerosa): ¿Qué Vignau se masturba y regocija sobre la tumba de quieeeeeén?”
Fonts: “Esa estuvo asquerosa”
Merino: “Jajajajaja, los huesos de Campos.”

Baca llega.
Larry llega.
Bonilla: “Qué mal pedo, el Sapo no viene.”, Y así… Bolonio y sus Rascaescrotos abandonan el canto por la peda de hoy.
Fleko se larga por que se siente mal, Bonilla y Fonts lo van a dejar. Al regresar: “¿No saben donde podemos estacionarnos?”
Fonts: “Deja me bajo a wuacarear que ya me maree”
Baca ya muy pedo, por que ya es mi brother.

Filas de Conga/Mambo (Whatever)

Larry: “Haganme casita”, (Fonts, Bonilla y un servidor le hicimos el favor de baño público)

Árbol: “¿Y tú exámen del TEC pinche Capi?”
Capi: “Huevos, Pinche Árbol”, (El wey ya se estaba poniendo jarra)

Empiezan a bailar Table: Tambo, Mago, Baca, Pano (¡Juan Pano II! ¡Te quiere todo el mundo!) y los recibíamos un chingo de weyes cuando se aventaban.
Al Árbol y a otros les preguntan derivadas para medir su grado de embriaguez.

Según esto ya estaba bien pedo por que cuando lograba levantarme decía: “El Árbol sigue vivo”, y abrazaba a alguién.
Pano: “No me abraces Árbol”.

Merino: “Tengo exámen del TEC mañana y ya se me subió el tequila.”
Bonilla: “Jajajajaja, yo ni he leído la guía”.

Fonts: “El Camino del Hombre en la vida es ser féliz. Si este es féliz en lo que hace, entonces este cumple su camino”. (Aristóteles, creo que así va la cita.)
Árbol: “Gracias Fonts, le das una razón a mi desmadre”