El niño de Fafjel - Mariposas.

Este post es parte de una serie, llamada “Entropía”. Anotación 8 de 5


Los pies cansados y es el brillo de los ojos quien le jala. La boca seca y la lengua jadeando, los labios partidos y es la sed quien lo impulsa. El mundo gris, el mundo destruído, el árbol marchito y es una luz la que persigue. Siempre preguntándose ¿qué es real y qué es ficción? ¿quién estará ahí para tomar su mano, cuándo todo termine? La pregunta es idiota, se dice el pequeño, si nunca ha iniciado.

El árbol le dijo que estaría aquí. El árbol le mintió descaradamente.

Un mundo gris, hojas marchitas, arena sin textura. Los ojos muy abiertos y secos, con un pequeñito brillo que se va apagando… / se arrodilla / se va apagando… / las manos se hunden en la tierra / se va apagando… / el corazón se le sale de la boca… / se va apagando… / estoy cansado, descanza la cabeza y cierra los ojos / se apagó…

¿Y qué se apagaron las estrellas?
¿Cómo? ¡si hay millones en el cielo!
¿Tú cara caída y la tierra besas?
¡Jamás! ¡En el aire, no en el suelo!

Se apagó y se encendió en llamas. ¿Puede suceder al mismo tiempo? No lo sé, pregúntenle al niño del brillo en los ojos, de la sed interminable, perseguidor de luces. Se irguió con la inevitabilidad de la muerte y andó desafiando al mismo Lázaro. Un pie tras otro, había resuelto el primer acertijo… y el mundo seguía gris, la arena sin textura, la oscuridad envolvente llena de cuervos.

Fue cuando creyó ver una mano tomar la suya y al tratar de verla, observó dos mariposas blancas, amándose en círculos. El niño esbozó una pequeña sonrisa y se lamió los labios partidos, el mundo gris se extendió ante él cubriendo todo el horizonte, mar y cielo.

En Fafjel, nacieron las hadas con alas de mariposas.

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