Agosto 8, 2007 — Asceta, Búsquedas, Creative Urge, Del deber ser, Escribir, Lector.
Escrito por Agustin Fest.
Tengo hambre por escribir una larga historia. Desde que me conozco tengo ese gusanito. No importa que sea “La Obra”, no importa que entre dentro de algún canon literario o que cumpla los requisitos de una novela pulp. Tampoco debe importar si hace reír, si provoca catársis o si cambia la perspectiva del lector. O si no cumple los requisitos de mis escritores ejemplares, como Raymond Carver, como Michael Ende o como José Agustín. Una historia que abarque todas las posibilidades para un sólo ser humano. Por eso empecé historias como El Cien Vidas, o como el Cuenta Cuentos de Jaramillo, porque son ese rezago que traigo atrás, ese sueño infantil que desde años he venido preparando. Tal vez, si empiezo una larga historia… esta vez si pueda darle final, pero es que los finales son tristes, tal vez desoladores, soy un lector necio que no desea terminar el libro que empieza. ¿Por qué un sólo final cuando se pueden escribir todos los finales? ¿Por qué insistir en qué una historia debe ser líneal, cuando puedes tratar de escribir todas las palabras, todas las escenas, todos los fuegos?
Ayer, mientras no podía dormir, anoté como quiero estructurar la historia. También anoté que tipo de lenguaje deseo utilizar para ella. Finalmente, anoté hasta catorce finales posibles para cada sexo. ¿Un sólo hombre podría escribir una historia así? Por eso la ficción colaborativa en línea es tan popular. Lástima que no haya recursos en español. Siquiera en España, porque ni en Latinoamérica. La gente tiene miedo de escribir en español. Octavio Paz dice que en México somos buenos cantantes, pero malos escritores. ¿Es cierto que sólo algunos cuantos pueden escribir sin caer en lugares comunes? ¿Sin utilizar líneas de canciones para desarrollar sus historias? ¿Sin hacer recurso de poesía fácil y verso libre para estructurar sus ideas? En México debería haber gente escribiendo, todo lo posible por escribir. México debería contar su historia de todas las maneras posibles. Huir del miedo a las críticas, huir del miedo al reflejo, todos deberíamos tomar una pluma y un cuadernillo y escribir líneas. Esas líneas multiplicarán otras líneas. Enseñar estas líneas a nuestros amigos para que ellos piensen en más líneas. Escribir en los bares, en el metro, en los parques y los camiones. Escribir y compartir. Líneas que cubran callejones, calles y anuncios publicitarios. Una orgía de letras.
Escribir reproduce el conocimiento y lo libera. Lo desafía. Provoca la imaginación, impone nuevos retos. Escribir y leer son lo mismo. Sirven a la función de entretener, divertir, aprender e imaginar. Tal vez ese es mi problema: quiero escribir una larga historia, por eso leo largos libros. No importa que sean buenos, o malos, o que sus recursos literarios sean potentes o imbéciles. Son letras apiladas una sobre la otra. Son imágenes que se construyen a lo largo de voz, ritmo y paciencia. Escribir es leer, no pueden vivir separados. Mientras uno escribe se lee. Uno lee para aprender a escribir mejor. Se crea mientras se escribe. Se destruye la historia cuando termina de leerse. ¿Hay algo como una historia indestructible? Las sobras se asimilan a través del espíritu. Ancianos recordaremos los cuentos leídos y los modificaremos para contárselos a nuestros nietos. Pasan cosas, nadie esta seguro, pocos se dan cuenta, pero pasan cosas. Puedes llorar, o tirar el libro a la basura, o usarlo para balancear la mesa o detener la puerta.
|
Tags: escritor, historia, imaginación, líneas, Lector, libro
Noviembre 1, 2003 — Cuenta-Cuentos.
Escrito por Agustin Fest.
La entrada de Guadalupe Espártaco al orfanato de Burgos, fue usualmente, inusual. Gritando a todo volumen “Stairway to Heaven”, más como Zappa que como Zepellin. Caminó estrafalariamente, casi bailando y saltando. Los niños salieron a recibirlo y como siempre, Espártaco fingió espantarse… poniendo el cuerpo rígido y como una estatua, se quedó estático pretendiendo escapar.
Se escucharon las risas y los gritos de los niños, cuando Espártaco fingió ser un tiburón y les persiguió por todo el patio. Burgos le observaba desde la ventana con una sonrisa y Heber, no sabía que esperar de un viejo así. Tan lleno de vida. Le brillaban y se le apagaban los ojos como estrellas y sus dientes, blanquísimos y pequeños, contrastaban con su piel morena y arrugada. Espártaco tenía el cabello totalmente canoso, recogido en una cola de caballo que le caía hasta la mitad de la espalda. Era un hombre muy pequeño, no más de un metro con cuarenta, y de espalda muy ancha, aún siendo delgado. Tenía una nariz ancha y abultada. Sus ojos eran pequeños y alargados, dándole un cierto rasgo oriental.
Heber se tuvo que tragar impaciente los juegos de Espártaco con los niños. Miró a Burgos ancioso un par de veces, pero éste seguía sonriendo y a veces riendo de las ocurrencias de aquel hombre. Heber bufó sarcástico un par de veces al ver como Espártaco, de un tiburón se transformaba en un tigre y después, en un luchador enmascarado al cual vencían los niños entre todos. Pensó que era un viejo muy ruidoso.
Observó más allá del viejo y de los niños. Creyó ver la silueta de un hombre, vestido de abrigo y con un sombrero de bruja. Entreabrió los labios y miró hacia Burgos, le jaló el saco de religioso para que le hiciera caso cuando le señaló. Cuando los dos hombres miraron hacia allá… ese hombre ya no estaba ahí.
Espártaco se quedó muy serio y volvió la vista hacia donde miraban Heber y Burso. Asintió y se perdió el ruido de los niños gritones en la distancia. Les sonrío, con las estrellas apagadas, y les dijo que debía ver a Burgos. Luego jugarían.
A Heber casi le dio lástima mirar a Espártaco caminar serio y se arrepintió de su ansiedad. Sintió un repentino deseo de regresarle la alegría a Espártaco, quien en cuestión de segundos la había perdido. ¿Él también había mirado la silueta? ¿Era la razón del cambio? Heber Dor se acarició el rostro avergonzado y suspiró, deseó ya no pensar más en ello. Burgos carraspeó y se arregló el saco, miró a Heber con una sonrisa disculpatoria, le dio una palmada en la espalda, caminó a la puerta e invitó al viejo a pasar.
Siguey leyendo →
|
Tags: Cuenta-Cuentos, Cuentos, demonios, Dor, Familia, guadalupe-espártaco, Heber, la-maldición-del-cuenta-cuentos, libro, mágico, personajes, rastreros
Julio 16, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
En el día número quince, seguido por su noche. Simón y el Árbol Tsef salieron a buscar al súcubo. Y no sabían que sería imposible encontrarle hasta que este se dejara ver, ya que utilizaba al niño para esconderse entre ilusiones e irrealidades. Cuando Simón pasaba por el Cuarto del Jardín, se descubría saliendo del Cuarto del Laberinto. Y cuando el Árbol miraba la puerta de Beatriz, despertaba de un largo letargo para darse cuenta que se encontraba en el Cuarto de Fest.
En el monolito, el Árbol Tsef leyó: “Th-ed”, “Perdóname”, “Pronto le hará daño y ni siquiera habrá de importarle”, “¡Sálvalo!”. Se aprendió los mensajes para dárselos a Simón más tarde, pero les olvidó, ya que cuando salió del monolito, se encontró en la proa y escuchó los ronquidos de la vieja durmiendo.
Ludiah Sartdac se había encerrado en el Cuarto de Trofeos, con el niño en brazos. La cabeza del rottweiler dejó de ladrar y abrió los ojos, no jadeó, no respiró. Miró, ya que era lo único que podía hacer. El súcubo paseó su mirada alrededor del Cuarto de Trofeos, después dejó al niño en una esquina, alzó una mano y un velo oscuro le mantuvo flotando y encerrado en una nube oscura.
—Simón no fue muy listo al conservarlo todo, ¿verdad, mi querido? ¿Cómo te llamas?
—Bobby Mindar —respondió la cabeza del rottweiler.
—Muy bien. No pudo ser otro que Simón el que te nombrara. Bobby, el diminutivo, un nombre ridículo para aminorizar el temor que te tiene. Mindar, el nombre oscuro y misterioso, la naturaleza de tu ira. Ahora ven querido, haremos que Simón conozca la extensión de tu verdadero ser.
—Debo proteger a Simón.
—Ya no.
El Árbol Tsef y Simón Dor, en lados opuestos del barco, escucharon el aullido del perro que estremeció los cielos e hizo retumbar a los relámpagos. Simón salió del pasillo y encontró que el Árbol Tsef ya se encontraba en su habitación. El Árbol Tsef y Simón acordaron mantenerse unidos, el primero amarró una rama alrededor de la cintura del segundo, para que las ilusiones los llevaran al mismo lugar. El viejo tomó el hacha que había dejado en su habitación la noche que salió del Laberinto y los dos caminaron por el pasillo hacia el Cuarto de Trofeos.
Ludiah Sartdac se lamió la sangre que salía de los ojos del perro, el cual, ya no tenía manera de mirar. Buscó entre las cosas del Cuarto de Trofeos y encontró los ojos de Galloria. Con sumo cuidado, los acomodó dentro del perro y éste volvió a abrir los ojos.
—¿Todavía quieres protegerlo?
—Ya no.
—Muy bien.
Llevó la cabeza hacia el esqueleto metálico, abrió el cuello del perro y sin vacilación… metió la cabeza en un solo empujón que hizo aullar al perro de nuevo.
Simón y el Árbol Tsef miraron el Cuarto de Trofeos. Simón alzó su hacha y el Árbol empujó la puerta, los dos caminaron y se dieron cuenta que estaban en el Cuarto del Jardín. El viento cantó, la presencia del Árbol modificaba enteramente al cuarto haciendo que el cielo pintado, las nubes pinceladas y el pasto brochado cobraran vida.
El viento manipuló lo que quedaba de las alas de las mariposas y las hizo volar a través del jardín, hasta que se perdieron en un cielo que no existía.
—Esa puta nos hará caminar en círculos. ¿Qué demonios está haciendo? ¿Qué fue lo que le hizo al perro?
El Árbol Tsef se encogió de ramas, y caminaron juntos por la puerta.
—Te ves más bonito así —Dijo Ludiah Sartdac, después, utilizó la piel del súcubo Mama Esirasaft y ésta se adhirió sola, cubriendo por completo el esqueleto. Minocino, se dijo en silencio Bobby Mindar. El perro bajó la mirada para ver su cuerpo y notó que no podía su propio cuerpo como otros lo harían… Ludiah lo resolvió con el reflejo de Zalic Luia y completó al monstruo—. Tan sólo nos resta darte vida, para que odies a Simón y no dudes en matarle cuando se meta al Laberinto.
Ludiah Sartdac se quitó una de las mariposas del cabello y la puso en la boca de Mindar. Este la tragó. Al hacerlo, pudo mover su cuerpo y se acostumbró a los cambios.
Ya no extrañaba ser una cabeza, y tampoco extrañaba proteger a Simón.
—Transformación, transmutación.
El Árbol Tsef y Simón salieron del Cuarto del Jardín para encontrarse simultáneamente en el Cuarto de Juegos. Se miraron y suspiraron cansados.
Escucharon una risa rasposa que no habían escuchado antes. Y los dos dedujeron lo mismo. El perro había cambiado.
Ludiah Sartdac abrió la puerta del Cuarto de Trofeos y dirigió a Bobby Mindar al Laberinto.
—Tienes un nuevo hogar, recuerda quedarte ahí… han de entrar, tarde o temprano. Si todo falla, eres el único que puede ayudarme.
El perro con cuerpo de hombre asintió, y se metió riendo al Cuarto del Laberinto, donde habría de perderse.
Ludiah regresó al Cuarto de Trofeos y miró que ya no necesitaba nada más ahí, miró el Libro de Mamá Esirasaft y le escupió encima, nunca le agradó su hermana ni su ridículo libro con tono de Biblia. Por ella, Simón podría quedárselo. Se llevó al niño en brazos al Cuarto del Jardín y volvió a sellarlo con una magia que no era suya.
El Árbol Tsef y Simón, aún cargando el hacha, caminaron por el pasillo de los cuartos. El perro ya no ladraba, pero la pregunta de Beatriz inundaba el ambiente. Intentaron una vez más en el Cuarto de Trofeos y pudieron entrar, Simón miró con atención y se dio cuenta que el esqueleto metálico y los trofeos recuperados de los súcubos, se habían ido. Igual que la cabeza de Bobby Mindar.
También miró el mueble donde solía estar la pistola de McGonnagal y las tres semillas del Árbol. Pero se sintió inusualmente tranquilo cuando encontró que la llave de Beatriz seguía ahí.
El súcubo planeaba algo.
—¿Qué sucede Simón?
Simón alzó una ceja y después prendió un cigarrillo.
—Que nos esperan días muy divertidos, eso es lo que pasa.
El viejo miró de reojo el Libro de Mama Esirasaft, que descansaba tranquilamente. La cubierta estaba en cierta forma oscurecida, medio húmeda. Parece ser que al súcubo no le interesaba lo que anotó su hermana en lo absoluto y la verdad es que a Simón, tampoco. Salieron del Cuarto de Trofeos y se dirigieron a la habitación, donde otra vez, no conciliaron el sueño.
Simón y el Árbol Tsef miraron el brillo del hacha, hasta que tan solo restaban catorce días, con sus catorce noches.
|
Tags: árbol-tsef, Búsquedas, bobby-mindar, Cuarto-de-Fest, cuarto-de-juegos, Cuarto-de-Trofeos, Cuarto-del-Jardín, Cuarto-del-Laberinto, hacha, ilusiones, irrealidades, libro, ludiah-sartdac, Mama-Esirasaft, mensajes, risa, súcubo, simón-dor, transformación, transmutación, viaje
Junio 25, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Credo in Deum Patrem omnipotentem; Creatorem coeli et terrae.
Capítulo 17.
El viaje de Simón.
Simón 17:1 Hubo en tierra de hombres un hombre llamado Simón Dor, y él era injusto y cruel, discutía con Dios la existencia de Dios y a pesar de ello, por Él era querido, ya que era su hijo que sólo necesitaba enmedar su camino.
Simón 17:2 Decidió hacer un viaje de cuarenta días y cuarenta noches.
Simón 17:3 Con inspiración enteramente humana, construyó un barco al que habría de llamar “Mojalnir” mientras dormía y al amanecer entendió que debía partir en él, para buscarse así mismo…
Simón 17:4 …o tal vez la inmortalidad…
Simón 17:5 …o tal vez la muerte…
Simón 17:6 Ofreció un sacrificio para sí mismo, matando a un perro y llevándose su cabeza. La sangre la ofreció a la noche y bautizó su sagrada cruzada con el nombre de “El viaje”. Besó tierra antes de partir y blasfemando contra Dios y contra Satán, decidió navegar en el mar oscuro que es el puente entre la Tierra de Nod y el Río del Aqueronte.
Simón 17:7 Simón blasfemó, llamando al mar Yunén
(Nota de Mama Esirasaft, rayada en el canto de la hoja—: en algunos textos, Yenén).
Simón 17:8 Los piratas le asaltaron durante el viaje. Arrancó los ojos de una súcubo hermana al robarle su alma. Dios jugó ajedrez contra él.
Simón 17:9 También ha descubierto la capacidad de ver a los muertos.
Simón 17:10 Un delfín, un árbol de mil nombres, un niño mago que nació antes de los tiempos de Cristo y madre Lilith habrían de acompañarle en su viaje.
Simón 17:11 Simón hizo que se partieran las nubes grises del cielo para que iluminara el sol al árbol de los mil nombres, el cual conservaba una manzana de propiedades paganas colgando de una rama seca.
Simón 17:12 Y para Madre Lilith, partió las nubes grises del cielo para que le iluminara la luna, una débil estrella y así, ella representase la noche.
Simón 17:13 Entonces llegué yo, Mama Esirasaft, un súcubo hija de éL y de Madre Lilith, a treintaitrés días para que Simón terminara su viaje.
Simón 17:14 Se me ha enviado para detener a Simón y Simón me ha llamado a mí.
Simón 17:15 Así está escrito en el capítulo número diesiciete del Libro de Mama Esirasaft. Que estas palabras queden sembradas en las espigas negras que crecen en el campo de Uz, por los siglos… de los siglos.
Et in Jesum Christum, Filium ejus unicum, Dominum nostrum; qui conceptus est de Spiritu Sancto, natus ex Maria virgine;
Simón había olvidado al súcubo, después de lo sucedido con Yasmín que se había instalado en su barco. Notaba divertido que el peso de la vieja era tal, que el barco se hundía un poco del lado de la popa. Cuando acabó de asombrarse y se aburrió de escuchar los murmullos de Yasmín (los cuales enumeraban todas las almas que había robado), caminó a la proa e ignoró al árbol de la manzana y al niño mago, ya que ellos continuaban ignorándole —aún después del episodio tan importante con la vieja—.
Miró los restos de los piratas metálicos, no se decidía a tirarlos por no contaminar más el agua del delfín. Los restos eran pocos y ligeros, así que decidió ponerlos en el cuarto de trofeos. Al entrar, los restos tuvieron un efecto extraño: se hicieron metal líquido y después se juntaron para solidificarse y construir la forma de un esqueleto humano y sus pulmones.
Simón Dor se carcajeó, probablemente la muerte le estuviera advirtiendo acerca de su adicción a la nicotina. Luego acercó su mirada a las llaves de Beatriz que estaban colgadas en uno de los tantos ganchos que había en el vasto cuarto de trofeos. Tres llaves y la tentación de utilizar la primera era tan fuerte, que Simón se descubrió metiéndolas en los bolsillos de sus pantalones de lana.
—No —se dijo. Puso las llaves en el ganchito, se despidió de la pistola de McGonnagal y miró con miedo supersticioso la cabeza de Mindar.
Mindar le regresó la mirada y su horrible rostro de rottweiler muerto, parecía sonreírle.
¿Qué razón de ser tendrían los trofeos?, se preguntó en silencio mientras cerraba el cuarto. De reojo miró una mujer de vestido negro que caminaba por los pasillos y cuando volteó para mirarle completa, ya no estaba ahí.
Entonces recordó al súcubo y escuchó al silencio susurrarle su nombre: Mama Esirasaft.
passus sub Pontio Pilato, crucifixus, mortuus, et sepultus; descendit ad inferna; tertia die resurrexit a mortuis; ascendit ad coelos;
El silencio dirigió a Simón por un pasillo que no sabía que existía dentro de su barco. Estaba preguntándose como lograba el barco ser más grande, de lo que realmente era y la respuesta sencilla le provocó una sonrisa mientras prendía un cigarrillo.
—Nada de mamadas del omniverso, ni la conjunción del principio y el fin que hacen estragos en la realidad. No… es tan sencillo como que yo hice mi prisión tan grande como quise.
Escuchó la risa del súcubo, una risa adolescentil a contrario de lo que esperaba por el nombre del súcubo. Decidió seguirle el juego y continuó caminando por el pasillo hasta topar con dos puertas laterales, una de ellas le llevaba al Cuarto de Fest y la otra le llevaba al Cuarto del Laberinto.
—Era de esperarse —dijo Simón y se encogió de hombros—. ¿Por cuál te has ido Esira? ¿Te importa qué te llame Esira? Ya que Mama Esirasaft se me hace demasiado grande y tal vez, hasta un anagrama ridículo.
—Puedes llamarme como quieras —respondió el silencio del súcubo.
—Oh, lo olvidaba… —susurró Simón—. Los súcubos no respetan su nombre con tal de que uno se las coja.
sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis; inde venturus (est) judicare vivos et mortuos.
Abrió la puerta del Cuarto de Fest y se asomó. Un cuarto donde un monolito descansaba. El viejo no resistió la curiosidad y entró al cuarto… en el monolito había un mensaje que decía—Ya estoy tranquilo, le he dicho.
Simón Dor se sonrió, después de todo, el viaje de Fest estaba avanzando rápidamente y también entendió otra cosa… ya no recibiría de él más cartas. Sólo mensajes en forma de enigmas.
—¿Ahora es tu turno de tenerme a mí en ascuas, tratando de descifrarte? Zarahuato imberbe… está bien, jugaré contigo.
El monolito borró la frase y se quedó hecho piedra. Simón salió de la habitación y el súcubo volvió a tentarle por la comisura del ojo.
Cuando el viejo volteó, otra vez, ella ya no estaba ahí y escuchó su risa, que provenía del Cuarto del Laberinto… se lamentó por no traer el hilo que había usado Ariadna para Teseo. Tal vez no sería necesario, a menos que algún minotauro llamado Hör le estuviera esperando del otro lado.
—No me tengas miedo —dijo la voz adolescentil.
—Me has encantado con tan sólo medio observarte —confesó Simón—… acabemos con esto de una buena vez, acerca esas hermosas caderas que tienes y esas nalgas divinales, que este viejito quiere acción.
—Yo soy diferente.
—Como todas las mujeres del mundo.
El súcubo se rió.
Credo in Spiritum Sanctum; sanctam ecclesiam catholicam; sanctorum communionem; remissionem peccatorum; carnis resurrectionem; vitam oeternam.
—Dios te ha mandado su credo para protegerte.
—Dios y tu padrE harían bien en no intervenir —dijo Simón—. Yo acabaré decidiendo lo que yo quiera… demonios, tu maldita imagen, tan sólo me ha dado una erección por querer poseerte y tan sólo he visto, tan poco de tí. Tu voz adolescente, tu andar de mujer… maldita eres.
—Te dije que yo era diferente.
Simón se llevo una mano a la entrepierna sin voluntad y aunque la hubiera tenido, no lo hubiera evitado. Abrió el zipper de su pantalón y buscó adentro lo que tenía unas ganas inmensas de acariciar, su piel estaba tan caliente y las arrugas formaban ríos de sudor. Descubrió que entrecerrando los ojos y mirando a la lateral, podía ver la imagen de Mamá Esirasaft de una forma mas nítida.
Se recargó en la puerta cerrada del Cuarto del Laberinto y se deslizó suavemente donde se sintió más cómodo para masturbarse. El súcubo eficazmente se instaló a su lado, pero cuando Simón le quería mirar a los ojos o volteaba bruscamente para verla mejor, ella desaparecía.
—¿Qué tipo de súcubo eres? —dijo Simón, con la voz entrecortada y aumentando el ritmo de su mano.
—No lo sé, pero si quisiera te tendría ladrando como un perro ahora.
El perro le recordó a Mindar y Mindar le recordó las llaves del cuarto de Beatriz. Había un silencio espantoso que sólo era interrumpido por los jadeos de Simón, el sonido de la piel y la risa del súcubo. Algo no cuadraba y realmente, no le importaba. Tan no le importaba que descubrió que le importaba mucho.
Mama Esirasaft no le dejaría detener la mano, con la risa, la sonrisa, su piel blanca, sus caderas, sus nalgas. Se le estaba metiendo en la mente y sentía como se le estaba metiendo en el alma. Pronto ya no habría viaje y sólo quedaría esta imagen de Simón, masturbándose en la entrada del laberinto. Cuando sus nietos preguntaran ¿dónde está mi abuelo Simón? les darían una fotografía del anciano en la posición que se encontraba ahorita. Se reirían de él y preguntarían a sus padres que era esa cosa que estaba en su mano, esa cosa marchita pero que todavía peleaba como gallo.
El viejo lo comprendió, apretando los dientes y con el dolor artítrico atacándole los dedos por detener su ánimo onanista, jadeo más fuerte y quiso detenerse recordándose la pregunta que le había salvado del primer súcubo: ¿Dónde estás Simón?
—Estoy aquí. Sigo aquí. ¿Creías poder detener a Beatriz, Esirasaft? ¿Creías poder borrar la pregunta que está marcada en mi corazón? Eres igual de pendeja que tu hermana antes de ti.
—¿Cómo pudiste vencer la ilusión?
—Igual de pendeja —Simón jadeó exhausto y pudo soltarse así mismo. Se levantó cansado y con la piel hecha pergamino por el sudor—. Dame lo que me corresponde, que te he vencido… lárgate, lárgate ya. Súcubo maldito, te expulso de éste mar manchado de sangre y conocimientos, no sin antes dejarme tu alma para asegurarme de que no has de regresar, que tu estirpe y las almas que te robes sean benditas por los siglos de los siglos y que tus hijos recuerden con amor tu nombre, puta infeliz, lárgate ya…
Amen.
El súcubo le dio a Simón la piel de su cuerpo y también, el Libro de Mama Esirasaft que copiaría en su diario, a los treintaidos días y treintaidos noches de terminar su viaje.
|
Tags: 17, 40, analogía, Biblia, credo, duelo, favoritos, homenaje, ilusión, inmortalidad, libro, maldición, Mama-Esirasaft, McGonnagal, mindar, Muerte, rottweiler, súcubo, simón-dor, solemnidad, tentación, viaje
Junio 21, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Simón Dor no prestó atención al súcubo (de nombre Mama Esirasaft) que se había instalado en su barco, le dejó ser… le intrigaba más la isla tan pequeña donde solo cabía una palmera y una choza en ella. El modesto espacio que podía considerarse playa apenas alcanzaba para una silla mecedora donde una vieja gorda y morena, con los ojos cerrados, estaba sentada y meciéndose suavemente a pesar de los gritos de la mecedora, que pedían descanso.
Gritos acostumbrados, juzgó Simón. Gritos ya cansados de gritar.
Mojalnir se acercó muy despacio a la isla y Simón miró asombrado, como las nubes grises daban paso a la luz de luna iluminando tenuemente el rostro de piedra de aquella anciana de ojos cerrados. ¡Las nubes se abrían exclusivemente para ella! ¡La luna, incluso, mostraba un cuarto de su rostro para iluminarle!
—No puede ser… —susurró Simón—, es ella. Después de tanto tiempo. Es ella. Igual de cansada, con la piel hecha piedra como era en mi juventud. Con esa misma voz con la que me hablaba en sueños, cuando aquel entonces… en Jaramillo.
La vieja se mecía y Simón podía escuchar sus palabras que eran llevadas por el viento—: Todo tiene un inicio y un fin. Es un gran círculo, donde extremos se juntan y no importa que extremos sean, porque será el fin y el inicio hecho uno sólo y daran paso a otro inicio y otro fin. Como aquel niño que hizo un Newton-Rhapson a mano, en las hojas de su cuaderno, llevaba cien y después doscientas hojas, luego compró otro cuaderno donde se descubrió otro principio y otro finito… doscientas hojas no le bastaron y fue a comprar un cuaderno más. Llevaba tres cuadernos y debemos notar qué, cada cuaderno encerraba un principio y un fin, pero también es importante darse cuenta, que los tres cuadernos juntos formaban un principio y no le daban un final, debería comprarse cuadernos indefinidamente para descubrir el final del círculo y entre más historias escribía o más newton-rhapsons resolvía… el círculo se hacía más grande. Nunca un final, nunca un principio, porque estaba en todas partes.
El niño mago escuchó atento, boquiabierto y con los ojos vidriosos, casi derramando lágrimas. Simón le observó atento y casi fúrico, le urgía llegar con la vieja. Sentía que Mojalnir estaba atrasando la llegada a la isla deliberadamente.
—¡Vamos Mojalnir! ¡Más rápido!
La vieja se mecía y Simón podía escuchar sus palabras que eran llevadas por el viento—: Es cierto que así, existió después el árbol de los mil nombres. El niño para ser un joven nuevamente, tuvo que separar su idiotez y su sabiduría, su fealdad y su belleza, su maldad y su bondad. Porque cada Historia llevaba una dualidad y cada Newton-Rhapson las proporciones caóticas del ser humano. El Árbol de los mil nombres lleva en las grietas de su maltratada corteza, cada uno de los nombres que el niño ha inventado y siguen inventando. La búsqueda puede ser indefinida y eterna… porque el niño no ha escrito un principio y no ha escrito un final. El árbol ha de andar eternamente, juzgando y recogiendo los restos que han quedado… los decimales sobrantes para sumarlos y después dividirlos entre dos, con la esperanza de que así salga el entero. Su nombre.
Simón miró al árbol de los mil nombres y le vio más marchito y triste que de costumbre, sus ojos caídos y vencidos, su boca cerrada y temblando.
—Y ahí viene —dijo la Anciana ciega al fin— El hombre que los reune a ambos y a la vez, los separa constantemente. Simón Dor, claro está. ¿Es esto un inicio o un final? No lo sabemos, probablemente se han reunido los extremos del círculo nuevamente, haciendo del principio y el finito un sólo momento ocurriendo simultaneamente. Los bienaventurados le llamarán Génesis, los malaventurados creerán que es el Apocalipsis.
El barco llegó a la playa y se quedó quieto.
—Yasmín.
—Simón… o ¿Matías? Hace años que no nos vemos.
Cuando el árbol de los mil nombres escuchó el nombre de Matías profirió un grito espantoso, se escuchó un CRAC en la corteza del árbol y las ramas secas —excepto una— cayeron. El niño mago se levantó espantado y lo observó ansioso, en la rama seca que restaba colgaba una manzana. Los cielos abrieron un pedazo encima del árbol y la luz del sol (con un cuarto de su rostro), iluminó esa manzana.
—No es mi verdadero nombre —dijo el Árbol— pero se acerca terriblemente… ¿te diste cuenta?
—Si —respondió el niño mago. Ambos personajes voltearon a ver a la playa, donde Simón ya estaba bajando de las escaleras hechas de cuerda para saludar a la anciana más de cerca.
—El nombre de Matías lo abandoné hace eones.
—Has abandonado muchos nombres. Te recordaba como un joven loco… y es esa locura la que te ha traído hasta aquí.
—Tú me volviste loco.
—Esa es una de tus tantas excusas.
—Dejé Jaramillo hace tiempo.
—Jaramillo sólo es ficción, ¿no lo hizo así El Libro? No estamos aquí por Jaramillo, Simón. Haz la pregunta.
Sonó un relámpago en las nubes grises y llovieron cerezos negros que se disolvían apenas tocaban algo sólido.
—Lo has buscado desde que saliste de tu lugar —sonrió Yasmín— Sólo me tienes que hacer la pregunta.
Simón le miró, después, sacó un cigarrillo y sus cerillos. No fue hasta el séptimo intento que pudo prender uno.
—La inmortalidad —dijo Simón—. Así es, la inmortalidad.
Un relámpago cayó en la palmera de la isla y éste empezó a incendiarse.
—Pero también quieres morir. —dijo Yasmín y alzando los dedos, hizo que el cigarro de Simón flotara lejos de sus labios para robárselo, le dio una fumada y luego sonrió—. Quieres ambas cosas y ninguna… ¿Puedo acompañarte Simón? Prometo no molestarte en tu viaje… después de todo, soy una santa.
—Sírvete.
La vieja se paró y llevó la silla en sus manos, después se metió a su choza. Simón prendió otro cigarrillo y no esperó, se subió a su barco y éste echó a andar sólo. Los mares se abrieron para hundir a la isla, el delfín le sonrió a las burbujas que salieron cuando el pequeño pedazo de tierra se encontraba en el fondo del mar.
El viejo amargado observó fascinado la manzana de aquel árbol de los mil nombres y luego al niño. Se dedicaron una mirada durante unos segundos y después echó a andar a la popa… en ella ya se encontraba instalada la anciana ciega, con su silla mecedora mirando hacia el pasado. Se sonrió Simón, si Fest estuviera ahí, tal vez pudiera explicarle el símbolo de llevar al día y la noche en su barco, persiguiéndose etérnamente.
—Como Lázaro y Selene, algunas historias se repiten —se dijo.
—Antes de decirte como puedes ser inmortal Simón… —dijo la Anciana—, debo hacer un recuento de todas las almas que me he robado.
—Tómate el tiempo que gustes. No puedo morir antes de saber como ser inmortal.
—Son tantas, en tantos universos paralelos, en tantas eternidades que he vivido, que podría no acabar nunca Simón y tampoco… empezar, porque mi historia es la viva representación del fin que nunca fue escrito y el principio que termina la historia.
Simón asintió y se fue a su cuarto, donde en su diario escribió un anexo:
“Faltan treintaitres días con sus treintaitres noches. El día de hoy, después de matar a los piratas: no sucedió nada”.
|
Tags: anciana-ciega, árbol-de-los-mil-nombres, cuaderno, dualidades, encuentro, eterno, excusas, ficción, final, finito, historia, hoja-en-blanco, homenaje, infinito, inicio, inmortalidad, Jaramillo, La-Tía-Yemita, lázaro, libro, locura, Matías, Muerte, newton-rhapson, niño-mago, personajes, retorno, selene, simón-dor, viaje, Yasmín
Abril 10, 2003 — Enigma.
Escrito por Agustin Fest.
La anciana ciega lo escuchó caminar, pronto se iría.
¿Qué tan pronto?
Pronto, respondió la anciana a nadie.
¿Será el suicidio jamás cumplido?
La anciana ciega se rió. No, no será un suicidio, le respondió a nadie. Lo escuchó caminar hacia el sonido… violines, son violines.
Todos aspiramos ser el “hombre completo”. Desde pequeño quise ser un lider, un ejemplo a seguir, como lo habían sido las personas más cercanas a mí, para mí. Durante los años me he convencido, a medida que voy creciendo, que no soy nadie a quien admirar. Yo pertenezco a la otra parte, a la parte que admira y desearía ser… soy alguien que sueña demasiado.
Voy a tomar por vos, otro trago para olvidar
Que el miedo te comió los pies
He notado que he logrado un poquito de madurez con ciertas experiencias y mi mayor falla es la soberbia. El creer que sé demasiado, ¿pero claro? ¿Quién no sufre de ello? También me he convertido en un necio y lo solapo. ¿Quién no? Esa pregunta fue para reafirmarme que está bien ser un necio.
Si no será el suicidio, ¿qué será?
Tiene demasiados pendientes, ¿no ves? Por eso se ocupa, para olvidarla. Todavía no quiere alcanzar la inmortalidad.
No respondiste mi pregunta vieja
¿Qué hay que responder? Si sólo quiere ser inmortal. Y cree que una ficción que ha inventado como yo, ha de resolvérselo.
Y que ahora sos un tipo más,
y que poco a poco te fuiste yendo
Y que poco a poco te fuiste yendo de nuestro lugar
Te sienta bien el sol, te sienta bien ser cool,
Te sienta bien el mal, te sienta bien ser Dios,
La excusa es decir que su muerte me convirtió y la otra muerte me remató. He olvidado la búsqueda de todas las respuestas y que algún día he de obtenerlas. Las he cambiado por muchas cosas, que también me dan conocimiento… pero ¿qué otro conocimiento necesitamos más que saber que estamos plantados en esta tierra? ¿qué otro conocimiento hay, más que dejarnos ser como un árbol, alimentándonos del sol, la humedad? En estaciones, somos verdes, somos marchitos, renacemos.
Ha leído mucho
¿De qué le sirve?
Maneja algo de arte
Pero no sabe nada.
Sabe razonar
¿Y después?
Sigue en búsqueda de un alma gemela…
Ya la tuvo.
Tal vez no, ¿cómo saberlo?
Se sabe.
Él te está haciendo decir eso
¿Y a tí?
Te sienta bien mentir y decir
Que te fuiste yendo de nuestro lugar
Que es lo que ha pasado con tu corazón,
Ya no marca el paso que marcaba ayer
Es muy tarde para preguntarme quién soy, me lo han dicho y me gusta escucharlo. Esa no es la pregunta ya… he perdido todas las preguntas, ja… como diría pata citando a Bennedetti. He perdido todas las preguntas… las respuestas han ido cayendo a su lugar como rompecabezas celestial respondidas por algún Dios benevolente (con bigotes de diablo, seguro). Se resolvió tan suavemente que no me ha dado tiempo de mirarlo, ni siquiera de saber que ya está resuelto. También hay gente que me quiere, lo sé. Tal vez esta es mi carta para decirles, para dar la excusa. Es que algún día tendré que irme y me es tan raro soñar con mi muerte estos últimos días.
Un libro barato, 10 pesitos nomás, te cuenta el significado de los sueños y dice que la muerte es el renacimiento o el matrimonio.
¿Quién le cree a un libro que no lleve Márquez en la portada?
Habla de muerte
Y quiere decir vida.
Estás dando círculos
A nosotros nos gustan los círculos… son perfectos, como el de Lugones. ¿No lo has leído? El círculo es la figura geométrica que jamás llegará a ser perfecta y sin embargo, entre más acertado es, más te acercas a la inmortalidad.
Que confusa eres Yasmin
Nunca fuiste libre y esa es la razón,
Siempre hay un idiota para convencer
Hablas toda la noche como un boy scout,
Hablas sobre mi vida como tu papá
Pero no voy a morir, y todavía no me voy. Todavía falta mucho por hacer… todavía quedan muchos sueños porque cumplir, todavía debo ser ese hombre completo y soy tan necio, que aunque sepa que jamás he de lograrlo… estaré ahí, alimentando con agua las pintadas de viejas ramas que cargan consigo este árbol. Si… todavía falta.
|
Tags: anciana-ciega, árbol-de-los-mil-nombres, búsqueda, Benedetti, conocimiento, excusa, hombre-completo, homenaje, líneas-de-canciones, libro, Muerte, patricia-farías, preguntas, respuestas, risa, satánico-doctor-cadillac, silencio, sonido, sueños, suicido, tía-yemita, violines, yasmín-molina-de-jesús