Día 14
Tomar notas. He olvidado de tomar las notas que creí eran pertinentes para hacer de este un diario más rico y extenso, pero… si tomo las notas y se de antemano que debo escribir, entonces perdería espontaneidad, ¿no es así, mi querido diario? Qué caso tiene, que yo, el mismísimo Simón Dor de Sevilla, Andalucia, Montevideo, Buenos Aires y Taxco, tome notas de lo que debe escribir. Los recuerdos vienen solos y Dios Literatura es buenito conmigo y me regala palabras para plasmar con tinta, papel y fuerza lo que mis sentidos interpretaron.
Por ejemplo, este bello párrafo lo escribí en el momento. Recordar tomar notas, por eso te llevo a todas partes conmigo querido diario. Lamento que todo cambie cuando estoy en la calle o en el trabajo o en la Luna o en el Infierno y no tome las notas para digerirlo todo después, soy indisciplinado y prefiero que los recuerdos o imágenes ficticias se presenten solas.
Es menos la ficción que la realidad, mis queridos lectores, los días en que les platiqué del Infierno, de la Luna de Queso y del Transporte Público, iba yo en cuerpo y mente presente. No es fácil olvidar el candente fuego eterno, ni el limpio manto estelar. Cosas como esas no se olvidan, cosas como mi vecina (tan tierna…) son cosas que quedarán grabadas para la posteridad, aunque sea en este mediocre diario de forro de piel, (o la versión electrónica, tal cual sea el caso).
Historias de Taxi.
Tomé un Taxi y le dije mi destino, yo tranquilo miré la ventana, como siempre hago, observando a la gente, buscando la raíz de mi pasatiempo preferido. Y el Taxista, de esos que no saben callarse ante un hombre reservado, empezó a platicarme acerca de uno de sus gajes del oficio. Sus ojos eran animados y asustados, el trauma de ver a un motociclista perder la vida al chocar con un trailer, llevaba el casco de seguridad y el Taxista, recordó con lujo de detalle, que observó el caso rodar y rodar y rodar … varios metros separándose de su cuerpo. (Y rodarán cabezas pensé…)
Tomé un Taxi y le dije mi destino, yo tranquilo miré la ventana, como siempre hago, vigilé a la gente de la que me siento aparte, busqué a las adolescentes de senos bonitos. El Taxista era uno de esos péricos que se han enseñado hablar aun cuando hay la menor disposición. Y no Joven, no se imagina, era chamaca la escuincla, como de unos 16 ó 17 años, nooombre, eran más o menos como estas horas (03:00 AM) y que se quita el sueter y tenía una blusita muy pegadita, y yo medio miré por el espejo y se estaba metiendo la mano joven, y qué me dice que eso hacía para quitarse el frío que porque tenía mucho y yo pues, está bien, no es mi asunto y luego que me dice que tenía calorcito ahí abajo, y yo me quedé así como que sin saber que hacer joven, y me pregunta que si le molestaba que se tocara ahí y yo pues le dije que no, y pues ya empezó joven, pues a gemir… y yo pues no sabía, yo la estaba llevando, y ya que me pide ayuda joven… y pues yo me paré en un lugar más o menos alejado, ya ve que los polis siempre andan buscando a quien parar, y pues ya que le ayudo y que la empiezo a dedear joven, total… que son bien abusadas eh?, me preguntó que si me la quería cojer y yo la verdad no quería, porque qué tal si se embarazaba (Curioso como un hombre le teme al embarazo pero no al SIDA), y pues me negaba a metérsela, pero luego que se la mete a la boca joven, ya se imaginará como estaba yo… y pues acabé cogiéndomela. Ahí en el Taxi bien rico, resulta que me había detenido a unas cuadras de su casa y ya me dijo que la dejara ahí, ya ni le pedí que me pagara… (Si se cobró muy bien después de todo, ¿no?)
Tomé un Taxi y le dije mi destino, yo tranquilo miré la ventana, como siempre hago, miré a la población, fijándome en las chamaquitas lindas de minifalda, cuando un Taxista, que no esperaba mucho para abrir la boca, me empezó a platicar de una de sus experiencias: Supe todo de su vida, la historia de su hermano alcohólico, la de su padrastro que le golpeaba, el crecimiento y su madurez, me dio consejos para la vida y yo escuché atento… pensando en la lolita del Taxi anterior. Sonreía a todo lo que me decía, el tráfico era abundante y me robó sus buenos 8 dólares, más aparte las regalías por su autobiografía. Lolita… lolita.






