Junio 2, 2003 — Juan Pablo Guerra.
Escrito por Agustin Fest.
Juan Pablo Guerra, o JPG, en uno de sus intentos por escribir un cuento más.
“Si quedara del humano inventar a Dios…”, empezó a escribir en el procesador de palabras y había algo que faltaba. Para empezar, no sabía que era Dios y para secundar, no sabía quien era Dios.
Con la creatividad que el escritor requiere, hizo una anotación aparte en uno de sus cuadernos descuidados que decía: “Inventar a Dios, antes de proponer como habrá de inventarse a Dios en éste cuento que estoy a punto de hacer”. Inmediatamente después de hacerlo, empezó a definir a Dios cuando un hada le interrumpió con un canto.
“No te dejaré pensar”, dijo el hada.
JPG la ignoró, hacía mucho que no escuchaba el hada, es más, creía que era una parte perdida en el pasado. El hada, el hada…
“No te dejaré pensar”, dijo el hada y después río. Como una esferita de energía dio paseos en el aire que Juan Pablo Guerra intentó ignorar.
“Para definir a Dios, el punto número uno… Dios es alguien, eso es obvio. Dios tiene que ser alguien”.
“Tienes que pensar en otra cosa”, dijo el Hada, “Tú bien sabes en quien quieres pensar”.
“Fiametta, Dios es Fiametta. No, no puedo decir eso. Dios no es Fiametta… Dios es Omnipotente, eso se escucha bien. Por lo tanto… Dios debe ser todo poderoso, y OMNIpresente también, debe estar en todas partes. Eso define las características de Dios”.
“¿Ya le diste el nombre de Fiametta? ¡Qué tierno eres!”, exclamó el hada y rió contenta, “¿Y qué más? ¡Dime más!”.
“Cállate Hada”, decidió JPG por fin y luego se dedicó a escribir, “Dios debe ser una trinidad, el número tres quiere decir conflicto y le da emoción al asunto. ¡Ya está! Dios debe ser Dios Hijo, Dios Padre y Dios Espíritu Santo. Para que Dios tenga sentido, el Hijo debe ser humano, el Padre debe ser amoroso educador y el Espíritu Santo debe ser el fantasmita que todo lo puede”.
“¿Dios es amor?”, preguntó el Hada coqueta.
“Como el de Fiametta… Fiametta Dios, Dios Fiametta. No tiene nada que ver. Calla Hada, solo me confundes, tengo que escribir el cuento de como inventar a Dios y tú no me haces más que pensar en un amor humano y banal”
“¿Humano y banal? ¿Pero si Fiametta te está apartando de como inventar a Dios no querría decir que Dios no es omnipotente y el amor lo es?”
JPG se quedó mudo.
“Eres terrible, tratando de confundir las palabras”.
“Lo siento, así me inventaste”.
“Callá”, anotó Juan Pablo Guerra en su cuaderno, “Dios no puede ser sólamente amor… porque si no, estaríamos limitando a Dios y por lo tanto su omnipotencia. Dios tampoco puede ser racional, porque también lo estaríamos limitando. Una sencilla respuesta es que Dios es todo, tanto amor como odio. Tanto racional como sentimiento, entonces supongamos que para eso Dios tiene una contraparte llamada Satán… ¡Oh si! Esto me está quedando buenísimo. Satán por lo tanto, también debe ser omnipotente y omnipresente…”.
“Fiametta está en todas partes”
“Está en esta pluma que escribo y todo lo que miro… ¡Cállate HADA! ¡Me estás interrumpiendo y confundiendo!”
“Bla bla bla”
“¿Grosera te inventé?”
“En caso de que te pusieras terco como ahorita si, así me inventaste…”
“Dios es… por tu culpa, no puedo dejar de pensar en ella”, observó Juan Pablo Guerra, “Saldré a fumar si me permites”.
“Por mi fúmate lo que quieras, mientras hagas lo que te digo”.
“Bla bla bla”
“Ese es mi diálogo”, respondió el hada furiosa, lo miró levantarse y salir a la calle.
Juan Pablo Guerra salió, encendió un cigarrillo y miró el cielo lleno de estrellas. Sonrió, probablemente eso era Dios, lo anotó mentalmente para escribirlo en su cuento. Y también pensó que Dios debía ser misericordia, y Dios debía ser Amor, si lograba hacer que en ese momento Fiametta saliera a mirar las estrellas.
“Cursi”, anotó Juan Pablo Guerra, “Cursi… pero si en éste momento Fiametta sale a mirar las estrellas como yo lo hago, es probable que exista Dios y no sea un cuento”.
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Mayo 24, 2003 — Juan Pablo Guerra.
Escrito por Agustin Fest.
Después del día de la escuela y de conocer muchos amigos, que sin duda… serán descritos, relatados y desarrollados en otra ocasión, Juan Pablo Guerra tuvo que conocer su trabajo.
En la escuela, Pablo tenía oportunidad de estar tranquilo y aunque sabía que muchas de las exigencias que le daba el colegio, realmente sobrepasaban lo que esperaba… se sentía agusto y por ello, siempre se presentaba como Juan o como Pablo. Nunca como el señor Guerra.
Entonces, conoció su trabajo y el señor Guerra le sobraría para muchos días más. Su jefe era un ex-militar de una guerra que se dio en un país ficticio, el hombre era amable y apacible, aunque bajo presión, se transformaba de inmediato y parecía ser el General de aquellos días.
Razón por la que le llamaban, el General Carrillo. Juan Pablo tuvo que preguntar: “Bien, se que aquí trabajo y trabajo con usted, señor… pero dígame, exáctamente a que nos dedicamos?”
“Rentar humanos”, respondió el General Carrillo.
“Oh… bien”.
El General Carrillo tenía una hija como de tres años que siempre andaba como en cuatro patas, rubia y con una cara terrible. A ésta, le gustaba que le aventaran la pelota para ir a recogerla y morderla largo rato antes de soltarla otra vez. Samantha se llamaba… y solía vestir de encaje azul o amarillo…
Bien reza el dicho: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Juan Pablo Guerra podía bien vivir sin Samantha, no le gustaba que la hija del general se sentara a mirarle atentamente cuando JPG comía en su descanso… a Samantha le escurría la baba y sus ojos se le hacían negros, negros… reflejando los bocados que JPG se llevaba a su boca.
Aprendió a querer a Samantha, dándole un bocado de vez en cuando, por supuesto… cuando el General no estaba mirando para decir: “No le des de comer, porque se va a poner gorda”.
JPG pensaba que eso era consecuencia del trabajo de la “Renta de humanos”, llegaban a la oficina una serie de humanos enviados… estos eran analizados por medios de atributos físicos y mentales para ciertas tareas que les eran asignadas. JPG no sabía quien asignaba los trabajos, el único contacto que tenía era por medio de el General Carrillo y sus otros compañeros de oficina, los cuales serán presentados en otra ocasión.
“Este trabajo es como una guerra…”, decía el general cuando andaba estresado y con una vena saltándole en la frente, “Podrá usted soportarlo?”
“Creo que sí”, respondió JPG.
“Bien… usted se encargará de la depuración de individuos… cuando uno de estos enviados humanos no nos funcione, tiene que … liquidarlo”.
“¿Liquidarlo?”
“Es una cuestión difícil, pero a través de numerosos asistentes que trabajaron conmigo antes que usted, he inventado un método que es muy sencillo, menos doloroso y que apenas afecta psicológicamente al individuo…”.
El General condució a JPG a una sala de observación.
“Aquí se formarán diez enviados en una fila, usted tiene que elegir tres ellos basándose en su perfil y la tarea que necesitamos. Los que logren sobrevivir, gracias a su elección, pasarán a la siguiente fase donde la elección me corresponde, ¿comprendió usted?”
“Si, señor”
“Bien… ahora, preste atención… aquí tenemos 10 palancas, cada una corresponde al lugar donde habrá un individuo de píe… cuando usted jale la palanca se abrirá una trampa que … liquidará a los no funcionales”.
“Muy bien… una sugerencia, señor?”
“Dígala…”
“Puedo computarizar el sistema?”
“A qué se refiere?”
“Creo que habría mucho ahorro de tiempo y ahorro-energía. Me permite intentarlo?”
“Me costará dinero?”
“Algo…”
“Entonces usted me acompañará al Centro a comprar lo necesario el día de mañana y veremos lo de los precios. Por el momento, ajústese al sistema actual. Confío en usted Juan Pablo Guerra, espero que trabajemos muchos años juntos”
“Si señor, espero lo mismo”.
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Mayo 22, 2003 — Juan Pablo Guerra.
Escrito por Agustin Fest.
Juan Pablo Guerra, un hombre de veintiun años, se levantó un buen día y descubrió que tenía trabajo y también estudiaba en la escuela. Hacía calor ese día y se escuchaban los ladridos de un Rottweiler (al que le tenía un miedo intenso) afuera de su ventana.
Rottweiler + calor = no era un buen día. Pero había descubierto que tenía trabajo y también estudiaba en la escuela. Dispuesto a comprender que había que hacer, buscó un cigarrillo y puso café. Era miércoles, según los pocos datos que tenía… sabía que ese día no iría al trabajo y en cambio, estaría en la escuela todo el día.
Juan Pablo Guerra se preguntó, “¿Por qué mi nombre?”, muy sencillo: Tenemos un Apocalipsis con Juan, hay muchos Pablos en el mundo, y Guerra… era sencillo, cuando quería dar Guerra, era el único nombre que conocía. Al analizar su nombre, observo que su personalidad estaba fragmentada en tres.
Juan = Apocalipsis.
Pablo = Cualquier hombre caminando en la calle.
Guerra = Se define el término por si mismo.
JPG = Apocalipsis de cualquier hombre caminando en la calle que siente que vive una guerra.
Si hubiera sabido que su nombre era también la extensión de un popular formato que se utiliza en imágenes de computadora, se habría cambiado el nombre, pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.
Al unir las piezas, Pablo (porque prefería ser el tipo normal en ese momento), pensó que debería ser una persona bastante artística, para hacer un análisis tan aventurado de su persona. Para descubrir su arte, hizo lo siguiente:
Se paró de puntitas e intentó bailar ballet, cuando cayó al piso con un rotundo THUD… adivinó que no era bailarin.
Encontró unos colores e intentó dibujar un Giotto… al mirar el resultado final, con todas sus bolitas y palitos, supo que no era pintor.
Entonces salió a la calle, e intentó enamorar a una vecina atractiva. Al puro estilo Shakespeareano, se arrodilló ante ella y le dijo que se veían muy bonitos sus senos al verlos desde ese ángulo. El jarrón que casi le mata le dijo algo muy importante: definitivamente no era actor. (Y también descubrió que le gustaban los senos y mucho. Hizo una nota mental contundente: “No soy homosexual”). Regresó a su casa con una sonrisa.
Fue cuando se animó a escribir estos pequeños fracasos en una hoja de papel, que se enteró que bien podría ser escritor. Al menos, nadie se había quejado todavía. Le venían bien con el nombre y definitivamente, se alegraba de tener una personalidad con la acidez de un limón en ayunas.
Ya resuelta su personalidad, buscó algo que le diera pistas de la escuela y el trabajo. Se buscó en los jeans y encontró su cartera, había una credencial escolar que decía: “Estudias letras en la escuela, tienes que estar ahí en una hora”.
Letras + Escuela. Definitivamente, escritor debía ser. Hacía treinta minutos = mal día. Mal, mal, mal. Se bañó, se vistió, desayunó. Quedaba media hora. Levantó la mano y un coche se paró a recogerle, uno verde con un letrero que decía TAXI.
-A la escuela -dijo Pablo.
-Si joven -respondió el chofer.
Pablo descubrió que en las calles había algo llamado tráfico a esa hora de la mañana. El tráfico consistía en diversas máquinas dispersas, soltando humo grisaceo en el cielo y provocador de cacofonías gracias al cláxon de los coches. El tráfico lo ponía de mal humor, decidió llamarse Juan.
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