Escribir un post a la manera del Árbol (instructivo para mamadas no pornográficas).

Escribir en este chunche, para mi, es un ejercicio diario. Es una de las pocas cosas en las que ejerzo disciplina. En cada mes, no debe haber menos de veinticinco posts. De igual manera, trato de no excederme a los cuarenta. Es casi uno diario y si no cumplí con uno, entonces publico dos en un mismo día (como en esta ocasión). Por ahí de los fines de semana respeto al teclado, no lo toco, ni pienso en escribir nada durante dos días, sea viernes y sábado, sea sábado y domingo, o sea domingo y lunes. Y si quiero hacerlo, procuro escribir algo breve, nada que requiera mucho desarrollo o que pueda decirse con las menos palabras posibles.

Primero me pregunto: ¿Qué quiero escribir? ¿Qué tengo que decir hoy?

Antes de responderme—: ¡Sexo! ¡Un cuento bien cochinón y perverso que al final exprese los más hermosos sentimientos para hacerlo válido! Reviso a mi alrededor, repaso los eventos del día, educo a mi cerebro para recordar que fue lo que observé, que me llamó la atención. A lo largo del día, mientras trabajo, mientras voy a la tiendita, mientras camino para ir a comer, repaso varias líneas escritas mentalmente mientras mis ojos miran, mis orejas escuchan, mis manos tocan. Las sensaciones las traduzco en letras, usando mis experiencias y mi vocabulario como base. Tomo un tiempo para desechar líneas que no me gustan y voy desarrollando, de distintas maneras, las otras líneas que pueden servir. Para mi es importante tener la mente abierta, ser receptivo, no tener miedo de observar las cosas que usualmente miro. Es importante para mi convertirme en un testigo de mi alrededor, de mi medio social, de mi medio familiar, de mi patria, del cielo y de las estrellas, de mi mismo o de la mierda del perro. Tengo que ser sensible para las cosas a las que soy insensible. No maleducarme en tan sólo observar lo que ya estoy acostumbrado a mirar. Cuando siento que algo ya lo conozco o ya lo domino, entonces dejo de escribir de ello durante un tiempo y me enfoco a otra cosa, o bien, dejo de escribir y me relajo con algún pasatiempo ocioso. Trato de no saturarme.

Siguey leyendo →

Dos maneras de matar

Este post es parte de una serie, llamada “Listas”. Anotación 15 de 14


Primera. Con suspenso.

  • Maneja tus nervios. La primera vez es difícil, después, incluso puede llegar a ser divertido.
  • Pon la rola que sale en la de Psycho, de Alfred Hitchcock.
  • Elige a tu objetivo.
  • Asegúrate de que lo quieres matar.
  • Acércate a él, con un cuchillo.
  • Si te mira, esconde el cuchillo rápidamente en la espalda y sonríele. En este paso, uno debe ser cuidadoso y no rebanarse la espina dorsal.
  • Distráelo.
  • Hazlo que ocupe su atención en otra cosa.
  • Acércate de nuevo, lentamente.
  • Alza el cuchillo.
  • Si tu víctima te descubre en ese instante, es inevitable.
  • Deja caer el cuchillo, descuartizalo, rebánalo, hazlo pedacitos. Furia ciega. Vista en rojo. La primera puñalada y las demás, hasta que te canses. Se pueden llegar a hacer hasta 100 puñaladas, dependiendo del grado de amor que le tengas al oficio.

Segunda. Sin romance.

  • Aviéntale una puta piedra en su jeta.

Dedicado a Axel Valdez, quien le gustó este pequeño texto.