[Heber Dor - Cuento] Un beso para el Levanta-muertos

Levanta-muertos camina y recoge en su carreta a los fantasmas necios. Se despierta bien temprano, a las cuatro de la mañana y sale de su chozita en Puerto Octay para llevar su carreta, hasta diez o quince veces al día, para que los fantasmas se suban y los lleve de regreso a la entrada del reino de los Muertos. Los fantasmas necios se quedan un ratito y esperan ahí de noche, para regresar al siguiente día. Y entonces Levanta-muertos despierta, pasea con su carreta pintada con símbolos rúnicos y su machete pega contra su costado, ya morado y acostumbrado. Se va de un lado a otro, recogiendo a fantasmas necios.


Se detenía a mirar el atardecer cuando quería descansar un rato y recordaba como su hija se perdió en el mar. El atardecer en Puerto Octay siempre es bello, y con los ojos buscaba en el mar interminable vestigios de su hija, en el azul que se la vivía regalando brillos y colores diversos, a los ojos grises del Levanta-Muertos.

Y cuando caía la noche, contaba a los fantasmas en su carreta, cada semana había dos o tres fantasmas nuevos. Cada semana, un fantasma dejaba de necear y se iba a descansar o a veces, eran demasiado necios para irse y tardaban meses. Cada semana, miraba el fantasma de su hija, callado e indiferente de su padre, en la esquina extrema de la carreta. En los inicios, había intentado comunicarse con ella y nunca recibía respuesta. Intentó que otros fantasmas lo hicieran, pero estos fantasmas no daban ningún mensaje.

De por si, a Levanta-muertos le era difícil que un fantasma se comunicara con él. En muy contadas ocasiones, podía escucharlos. La primera vez que les escuchó, fue en una discusión de dos fantasmas más necios que de costumbre, y esa noche esperó que fuera la última en que escuchara algo así. No era divertido cargar una carreta llena de reproches. Siguey leyendo →

Diario de Simón Dor. Día 11 y 12.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 10 de 47


Día 11

Y entonces, vino él de nuevo y en su puño tenía polvo de estrellas, lo aventó al cielo y una brisa de aire se llevó intensamente los colores. Querido diario, era como si el Fénix hubiera volado por ahí y la estela de fuego se hubiera grabado en el ambiente. Pero solo fue un sueño. De esos sueños intensos que al despertar dudas de lo que miran tus ojos.

Odio dudar de lo que mis ojos miran, porque me siento triste después. Me siento triste de vivir despierto. A veces quiero proporcionarme un largo sueño, uno duradero, uno donde no me queden ganas de sentir por completo.

Pero no puedo, no puedo. Siempre lo intento y las lágrimas vienen a mis ojos y siento como la sangre hierve. Yo solo quiero soñar y que mis sueños se hagan realidad. Y cuándo veo a gente que puede hacer Magia como si fuera tan sencillo, me da envidia y quiero soñar con que soy un Mago y puedo hacer como ellos, ¡Tantas cosas que haría si tuviera Magia!

Resucitaría a las personas que amé. Por ejemplo. Los niños no perderían su inocencia. El mundo se haría justo. Todos tendríamos un pedacito de cielo.

¿No soy un amor? ¿No merezco el poder aventar polvo de estrellas?

Yo tan solo quiero vivir soñando… dejenme solo, dejenme en paz.

Soñar… soñar… soñar.

Día 12

Escucho niños. Mi querido diario, veo mi privacidad interrumpida porque los niños me miran a través de la ventana con el mismo interés que profesan cuando les llevan al zoológico a mirar gorilas. Me señalan, risitas, se dicen algo en voz baja, risitas, les brillan los ojitos, risitas. Yo solo expreso mi enojo rugiendo como haría un animal de mi calibre y estos, condicionados por el rugido, gritan y saltan y ríen más.

¿Alguien tiene una banana?


Hoy puedo decir que soy feliz, querido diario. Los sueños finalmente se están cumpliendo y yo, no tengo otra más que seguir su camino. ¿Quién puede negar el camino al que nos llevan los sueños?