Miadnaré

Es ese momento, ustedes saben cual, del despierto y el sueño… cuando suceden las cosas que descansan en el yo-interno. En el mío, construyo su rostro con la vista, con el tacto y con el gusto, ya que me he aprendido cada línea de memoria.

En el despierto y el sueño, sé que puedo reconstruirlo con cualquiera de estos tres elementos, juntos o separados. Y si soy valiente, entonces me llevaré esa imagen en sueños y seguirá ahí cuando despierte. O estaré despierto con ella, y suavemente, se infiltrará en mis sueños.

Es que es inevitable.

Cuando estoy entre el sueño y el despierto, sé que susurro tantas cosas… porque es con la voz que puedo dibujarle la sonrisa o entreabrir sus labios. Con un “Te quiero”, con un “Te adoro”, con un “Qué cursi me has vuelto”.

Su rostro en el duerme-vela: Ondas de sonido, frecuencias de luz, colores de un jazz mágico, los círculos concéntricos del agua cuando una gota cae en cámara lenta. Me envuelvo en una sinfonía donde ya no puedo controlar los sentidos y me dejo envolver en mi propia construcción, que adquiere vida propia.

Así eres tú.

Y esas noche, no puedo dormir tranquilo sabiendo que estás lejos… pero me rindo al sueño, sabiendo que estaremos cerca.