Un sábado como cualquier otro.

Que horror, ya hay un post titulado: “Un sábado sin pena, ni gloria”. A Bob, le esta creciendo lo que, propiamente, se le llamaría el glande… porque ya tenía una especie de minicacto fálico a su lado, que llamaba pene. Al pene le esta saliendo una bolita. Bob esta contento, supongo. Salí a fumar un cigarro. Hicimos el super, el día de hoy… atascamos el refri, y nos llenamos de necesidades básicas. Afortunadamente, ya me compraron desarmadores. Hoy en la madrugada se quemó la fuente de poder de mi computadora y tenía una extra por ahí. No aguantan nada. Por si las dudas, la próxima semana iré a comprar una fuente de poder extra. La tecnología necesita reemplazos.

Arreglando mi entorno, encontré cuatro plumones sharpie… como si quemara tantos discos. Mi quemadora no funciona, debería reinstalar windows. Cositas pequeñas, que uno retrasa y va relegando. Me ha gustado el clima, ha llovido mucho estos días después de los días calurosos. Soy un hombre que cambia poco, y que, lamentablemente, es esencialmente bueno. Por eso mis venganzas nunca son efectivas, o mis rencores duran poco y termino por olvidarlos. Existe el lado oscuro, pero existe y ya… hace tanto que no lo desarrollo, que el pobre esta haciendo pucheros en una esquina. En el supermercado, una señora de treinta y cinco llevaba falda, y se veía bien, se veía jovial. Me agradó y me le quedé observando, en lo que esperaba al carnicero y cuatro trozos de T-Bone para llevar.

Me despertaron en la mañana para usarme de paño de lágrimas. Estaba medio dormido, pero procuraba escuchar con atención. Escucharle a veces me entristece. Envidio a las arañas, porque construyen el suelo donde caminan, sin importarles que haya aire de por medio. Tal vez por eso les tengo miedo. Mi viaje a Puebla se aplazó, lo haré mañana y será cosa de un ratito. Podría viajar desde ahorita, pero quisiera ahorrarme lo del hotel.

Y ayer, ayer ella me preguntó—. ¿Por qué me mataste?

Le dije muchas cosas, pero se me olvidó decirle—. Porque estaba triste.

Un sábado sin pena, ni gloria.

Mover la cabeza de un lado a otro no funciona, ni bostezar como nene aburrido. Cerrar los ojos tampoco. Salir a fumar y escuchar a los vecinos, nope. Un fracaso total, si se escucha la voz atorrante y aguda de las Gilmore Girls en un televisor vecino. Antes me gustaba ese programa por los diálogos, las referencias pop, la dinámica que tienen los personajes entre si… ahora me aburre.

Hubo una escena muy interesante, tal vez mi preferida, dónde en una cena familiar se encuentran la madre, la hija, y los abuelos. La cena esta envuelta en un silencio muy incómodo y pasado un rato, la madre se levanta y dice—. Me largo, no aguanto más. Entonces, su hija se lo impide y les pide a todos—. No, necesitamos hablar… nadie se retira de aquí hasta que terminemos. Los últimos quince minutos del programa se desenvuelven donde dos personajes se retiran, para darse de gritos en la sala, mientras los otros dos, enfocados por la cámara, escuchan la discusión. Había una carga inmensa, por los eventos que habían sucedido a lo largo de la temporada y fue muy divertido ver como se reprochaban las cosas en un sólo momento, donde todos tomaban turnos para explotar con el otro. Ese pequeño punto, probablemente, encierra lo que es la totalidad de la serie… pero ya después de unos años, me parece aburrido, ni siquiera la cara bonita de Rory Gilmore y su promiscuidad sexual me mantienen interesado.

Tengo un lápiz a lado, debería tener un cuaderno para dibujar muñequitos cuando esté así, de ocio sabatino… pero, no tengo el cuadernito y de tenerlo, seguramente lo haría una o dos veces y después lo olvidaría. La televisión, el ruido, la carga de medios, es una terrible manera de pasar el tiempo porque después, me siento desganado… no pienso correctamente, como tener el interruptor a medias. No acostumbro a poner el cerebro en automático, prender cualquier canal de televisión, y mientras más nalgas y piernas tenga el contenido, mejor.

Me siento orgulloso, porque he logrado escribir tres párrafos… pero es lamentable que todos tengan que ver con la televisión. ¿Me hará falta un buen libro? No lo creo, estoy leyendo varios, sólo que he leído a paso de tortuga. ¿No habrá sido la comida? Porque comí bastante… huevos rancheros, con bisteck, frijoles, chorizo y… pizquitas de un pollo que había ayer. En mi casa, somos excelentes para preparar algo sabroso usando las sobras. No sólo son los medios, supongo… sino la disposición general de hacer algo. No he hecho nada el día de hoy, todo ha respondido a pequeños impulsos. Un día, probablemente desperdiciado, de esos días que lamentamos haber perdido el día de nuestra muerte… cuando las películas aspiracionales, nos piden, por favor, que no perdamos el tiempo y vivamos el momento.

Mi momento, el día de hoy, fue muy aburrido y tal vez, lo rescatable, fue haber escrito esto y ni eso, porque esto… como todo el día, fue un desperdicio. ¿Mañana qué toca hacer? Probablemente algo divertido, algo productivo, algo importante… que valga la pena… Eso me preocupa un poco, porque… ¿qué se puede hacer los domingos que valga la pena? Saldré con mi cacto en el hombro y buscaremos gatitos inocentes, para que él tenga algo que comer.

Lista del Rencor (Lista 2)

Este post es parte de una serie, llamada “Listas”. Anotación 2 de 13


  • A un niño le dijeron que no debía nacer.
  • Fue un accidente, una ruptura de planes, pero le quieren igual.
  • Dejar a su mujer por su mejor amiga.
  • Un hombre despedido en Navidad.
  • El robo de la idea de un proyecto.
  • Le ganaron ese dulce que tanto quería.
  • Él siempre quiso a otro más que ella.
  • Ni Dios, ni las leyes del Hombre, pudieron ayudarnos.
  • El robo del dinero para alimentar a sus cinco hijos.
  • La traición de un padre.
  • La desidia de una madre.
  • La soberbia de un hermano.
  • La altanería de una hermana.
  • El abuso del pastor callado durante años.
  • Es mejor que yo y nunca podré alcanzarle.
  • Él siempre me ha dicho que hacer.
  • La muerte de la voz propia.
  • Nunca creyeron que fuera normal.
  • Ni su nombre sabían.
  • Ni siquiera un apodo.
  • El espejo en un mal día que se prolonga treinta años.
  • El filósofo, cuya doctrina siempre fue una mentira.
  • No le tomaban en serio.
  • Hacían bromas a sus espaldas…
  • Y luego le hicieron bromas a su frente.
  • No pudo decirles nada.
  • Dios cuando no contesta. Una, dos o tres veces.
  • 20 años. Jamás pudo satisfacerla.
  • Y ella se va un buen día.
  • Crece en ambos una semilla.
  • La nación que no ayuda a la nación.
  • Los humanidad que no ayuda a los humanidad.
  • Y caminan juntos, sin tomarse de la mano.
  • Sin mirarse a los ojos.
  • Hacia el vacío… de su propio ego.

Diario de Simón Dor. Día 31 y Día 32

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 26 de 47


Día 31

Es increible como el cerebro se idiotiza. Caminando en la calle a veces me admiro de aquellas personas que idiotizan el cerebro a propósito de tal manera que este les trabaja automáticamente y ya no requieren pensar con voluntad propia, se les llama por lo general creyentes o borregos. De veras es de admirarse su disposición con la que niegan verdades y su cuerpo se mueve solo lo necesario para respirar, comer, cagar o beber. Les envidio porque a veces me temo que ellos pueden ser más creativos y útiles de lo que yo podría ser y por más que intento, no logro ser como ellos. No está en mi volverme idiota.

Sentir que estoy vivo ya me es difícil, si fuera un idiota, estar vivo no importaría. Ya me imagino a mi mismo de sacerdote, monaguillo o de esos calvos con mantas naranjas en el cuerpo. En los tiempos pasados hubiera sido un sofista con facilidad o por creerme anarquista le daría la razón a Nietzche sin siquiera saber quien es él del todo, compraría los libros de Sade a escondidas y los leería por el placer de masturbarme, sin pensar lo que dicen. Si fuera cavernícola huiría de los mamuts y me robaría la comida de los demás y en las mañanas acompañaría a mis colegas en la caza de los dientes de sable y no se sorprendan cuando se enteren que soy el único sobreviviente, ya que yo si conocía con perfección el momento exacto para huir.

Conozco muy bien la diferencia entre ser un espectador y un vocero. Yo no quiero ser ninguno de los dos, no quiero ser clasificado como un guerrero o como un escudero o como un noble que no tiene nada que hacer. No está en mi el ser clasificado, mis inmensos deseos de hacer lo que quiero no deben interferir con el vox populi. Es así como yo quiero vivir, que el mundo se olvide de mi, ¿Recuerdas como me preocupaba ese día mi querido diario? Sería hermoso que el mundo se olvidara de mi, ya no importa, buscaré mi trance con más ahínco de hoy en adelante. Haré crecer mi locura y que esta tome mi cuerpo, ya no importa. Aceptar mi maldad y mi bondad como parte del balance y la tranquilidad de mi alma en fuego.

¿Y qué importa? Ya nada importa.

Día 32

Un elefante se columpiaba, en la tela de una araña, como veía que resistía, fue a llamar a otro elefante.

Mientras me vuelvo un egoísta, olvido a las personas a mi alrededor. Eso es tranquilizador a cierto punto, pero angustiante en otros aspectos, ya que fui educado en tiempos ancestrales en el arte de la preocupación fraternal. Triste es que no puedo olvidar a los míos, así es como el mundo no se olvidaría de mi, o me gusta creer eso. Que por medio de las personas que me rodea, sería incapaz de desangrarme abandonado en un abismo, tendría que levantarme con mis miembros rotos y caminar a ellos, y con mi lengua comida por el tiempo decirles: “Mírenme, aquí estoy y estoy bien”.

He tenido delirios donde soy un fantasma que vigila y observa, un angel guardián que en cualquier momento alza los brazos y echa a volar con el fuego encendido del fénix. Son delirios y me he prometido aún no escapar de la dulce realidad. Son juegos mentales, irrealidades placenteras, agradables quimeras.

Juguemos entonces, simón.