Tribulaciones por escribir un cuento de teta.

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Es una teta muy bonita. El pezón esta erecto. Hacía frío o la modelo estaba excitada, posando desnuda. Creo más lo primero que lo segundo, pero públicamente, es mejor pensar que estaba excitada: provoca más gracia, es más aceptado con mis compañeros varones y es el juego morboso del mexicano. Dicen —no las he visto—, que el fotógrafo tomó dieciséis fotos del momento: como el pezón abrió, poco a poco, su espacio entre los átomos del aire y los empujó suavemente para hacerse un lugar en la fotografía. —¡Hey! ¡Quiero ser el protagonista! —habrá exclamado el pezón. O tal vez, malhumorado, alzó su pelona y gruñendo dijo—. Qué frío hace aquí, pásame la mascada.

Sólo puedo entender la fascinación que me provocan. Como hombre, me es difícil entender el proceso de los pezones erectos.

O ni tanto, el día de hoy llevaba una camisa que me rozó los pezones todo el día mientras caminaba y podía sentirlos sensibles. Pensé, en algún momento del día, que si eso continuaba, seguramente también me rozaría “algo” en mi entrepierna y al más mínimo tacto, podría explotar, avergonzándome así frente a varios desconocidos.

Viajar en metro fue muy incómodo el día de hoy porque pensaba que sería un problema si alguien me empujaba un poco más y no resistiera el impulso de gemir, como gata deseosa. Sólo de pensarlo me sentía apenado, deseaba salir corriendo y esconderme en algún lugar.

Ahora que me siento tranquilo, desabotoné mi camisa y… hey, ¿se habrá desnudado ella por las mismas razones? Tal vez le fue incómoda la blusa rozándole todo el día. En un momento de libertad, despojó sus ropas y le dijo a un fotógrafo—, ¡por favor, guarda este momento para siempre, quiero recordar mi desnudez en muchos días porvenir! —Yo no la habría criticado, al contrario, habría tomado mi lugar junto al suyo y que nos fotografiaran los pezones. Así habríamos compartido un momento inolvidable juntos y seríamos cómplices de la misma travesura: desnudarnos porque nos da miedo gemir bajo la ropa, desnudarnos porque deseamos sentir el frío tocándonos, desnudarnos y tomarnos la fotografía de una buena vez porque seguramente no lo repetiremos.


Foto: Giulietta.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.

Más de una foto es bienvenida. Si ya mandaste una y quieres repetir, adelante. Si eres una nena y quieres enviar una fotografía de tus piernas, mucho mejor :)

Un suave enojo.

Ayer me enojé por cuestiones personales mientras platicaba con Sol María. No fue nada grave, pero mis enojos son inmediatos. Me dolió el estómago ayer y aún hoy, a lo largo del día, he sentido una especie de malestar. Como la plática estaba en curso a través del messenger, puse en mi subnick: “Estoy muy encabronado, no quiero hablar con nadie”. Funcionó en cierta medida. De los trescientos contactos que tengo, los cuatro que tuvieron el atrevimiento, los bloqueé temporalmente en lo que terminaba la charla. Puedo decirles que en once años de vida cibernética, nunca, nunca… he bloqueado a nadie, ni siquiera temporalmente. Así de enorme era mi enojo.

La situación todavía me tiene pensando. No el enojo, ni la discusión, eso ya se resolvió de alguna manera. Sin embargo, el pequeño letrero avisando mi enojo tiene muchos puntos de vista muy básicos que se pueden extender a todo tipo de situaciones. Para empezar, ¿por qué poner el letrero y no simplemente desconectarse? Pues la plática todavía estaba en curso, pero el simple hecho de apagarlo hubiera resuelto la molestia de bloquear a un grupo de contactos. Es cierto que puede tomarse con humor, el que te manden un mensajito mientras estas enojado te puede poner de buenas… si estas dispuesto. O se puede tomar como una falta de respeto, si estas pidiendo que no te molesten… ¿por qué lo hacen? ¿por graciosos? ¿por qué la vida no va en serio? ¿para picarte más?

Se me olvidó y me quedé en el messenger hasta las cinco de la mañana. K me mandó un mensaje y me preguntó que “porque estas conectado si estas encabronado? :P”, me despabilé, fue como despertar. Me había distraído leyendo algo. Platicamos un ratito, casi nada.

Mi celular ha estado sonando mucho las últimas dos semanas y he descubierto que lo odio. Me gustan los mensajitos, pero no me gusta que me llamen. Muy raro y contradictorio, igual… se puede tomar de varias maneras. ¿Por qué tienes un pinche celular, si no quieres hablar por teléfono cabrón? Pues porque me gustan ciertas llamadas, no lo niego… me gusta que me hable la gente que me agrada. Creo que mi peor llamada, fue la de un tipo rogándome prácticamente, que metiera Big Blogger en sus servidores para que le hiciéramos publicidad. Una llamada de más de una hora, de un vendedor necio e insistente. Ha habido otras llamadas extrañas. Mi tío Daniel acostumbra a llamarme por teléfono cuando esta aburrido. Estas dos semanas, su constancia ha sido arrolladora. Al celular esta a punto de acabársele la pila… permitiré que muera y lo guardaré en un cajón, no sé cuanto tiempo.

Existen puntos de vista tan variados en una situación tan básica y absurda, sin embargo esas pequeñas situaciones definen una actitud ante la vida, por más absurda que sea. En la mañana, pensar todo esto me provocó curiosidad y la conclusión es que he decidido aislarme un poco. Me voy a evitar el teatro de las redes sociales, los mensajeros instantáneos y los celulares un rato. Siento como una sobrecarga de comunicación (desde la comodidad de mi casa, ja!). No es saludable, creo, enojarse por esas cosas. Incluso, si puedo, cavaré un agujero en alguna parte de mi casa y me haré el desaparecido.

Hoy en la mañana, cuando acompañé a mi hermano a subirse al camión, me dieron ganas de subirme e irme, hasta dónde me lo permitiera. No lo hice, mejor prendí un cigarro, regresé a mi casa y me dormí un rato. No soy muy obediente a mis impulsos, a no ser que involucren un par de piernas que me gusten.

El niño de Fafjel - Eclipse

Este post es parte de una serie, llamada “Entropía”. Anotación 6 de 5


Las máquinas oscuras quedaron atrás. Olvidó el orden y el caos, pensó que las máquinas sencillamente eran. Así como era él, nada más él sin ninguna distinción, caminando en un mundo distinto al que se le había prometido. El árbol le había dicho que así llegaría a Fafjel y Fafjel no era nada. Mundo destruido, mundo caído, mundo en el que se dedicaba a caminar y ahí, rumiaba los recuerdos con la paciencia de la vaca y los pasos de un lemming directo a la muerte.

No existía el tiempo. El cielo no lo permitía, en su color gris oscuro. El niño de los pies descalzos se detuvo a mirar el cielo, en un impulso tal vez ridículo. El viento movía su cabellera larga y se sonrió, tal vez podría también fragmentarse como aquella mariposa. Sería lo piadoso en su caso. La Piedad de Dios.

No sucedió así. Alzado en el cielo, existía una silueta de fuego cubierta por una luna negra. El eclipse. ¿Cuánto llevaba en el cielo? No lo sabía, los cabellos de fuego de la luna parecían eternos. El aura roja, naranja y amarilla, continuamente dando vueltas en círculos. Como el cabello de él que revoloteaba en el viento.

El círculo del eterno retorno.

Suspiró y bajó su vista, su imaginación se tornó en dragones. Un dragón verde y tramposo, muy listo y enigmático. Con cierta bondad escondida, ya que adoraba a los niños. Un viejo amigo de aquel mago. Debía ser un dragón gigantesco, de escamas verdes majestuosas y alas tan grandes como él, hasta dos veces más. Le gustaría ser su amigo, pensó el niño y le olvidó. Paso tras paso, como huellas en arena sin textura.

En Fafjel, un dragón verde llamado Gafrit alzó el vuelo y persiguió una vaca. Expulsó de su garganta una bola de fuego que la quemó viva y con gran rapidez, voló hacia ella y la deboró de un solo bocado. Le gustaba la carne frita. Después regresó a su cueva y se recostó encima de su tesoro de oro, suspiro y cerró los ojos. Debía dormitar unos minutos más.

Vencer al sueño

Es fácil no dormir cuando tienes que escribir, pero es difícil escribir cuando no has dormido. Cuándo no duermo, mil y una ideas vienen a mi cabeza, se presentan de una manera suave y sútil, en vez de utilizar la espontaneidad del cerebro completamente despierto. Un post en simultáneo (Homero real) me ha hecho pensar ¿qué no les he escrito ya? ¿qué debería escribirles hoy?. Ese es mi recurso secundario.

El primero es ¿qué quiero escribir para mí? ¿cuáles son mis pendientes? Tengo varios… tengo un cuento llamado: “La rata que se inventó mi mamá” que por el momento, está gestándose. ¿Cómo se gesta un cuento, a como yo me eduqué y me di a entender? Primero, en mi mente reviso lo que he leído que puede ser similar a la idea que se me ocurrió y recuerdo lo que me gustó y no me gustó, en los textos que ya llevo leídos. ¿Cómo puedo darle un enfoque diferente? ¿Qué tipo de narración quiero utilizar? ¿Las motivaciones de los personajes, que no son tan elaboradas, ya que lo que se trata es una situación? ¿Qué símbolos universales podrían funcionar en éste cuento? ¿Deberé incluir algo de mi mitología personal, o no? Después, en mi mente se van generando una serie de ideas que son descartadas o asimiladas por otras ideas, creo conexiones entre una y otra, hasta llegar al final del cuento que invariablemente no cambia.

Después me siento a escribir y sale una cosa totalmente distinta. Excepto el final.

Además del cuento, tengo pendientes otros escritos más… La continuación de Jaramillo, en “El Cazador de Angeles”, la novela de “Lorena y Mateo”. Esas son novelas que no han madurado y me costaría un trabajo enorme echar a andar. (Ya estaba escribiendo a Lorena y Mateo, cuando descubrí un buen día que mi disco duro no funcionaba y se perdió todo lo que llevaba). No se me da escribir textos largos, a menos que esté el terreno preparado…

Aunque recuerdo a “Padre Taxi”, fueron jornadas de doce de la noche a cinco de la mañana. Terminé de escribir la novela en dos meses y medio.

Claro que si gustan, podemos intentar. “El Cazador de Ángeles” trata de un hombre llamado Victor Hugo Siliceo, quien se dedica a perseguir angeles para conocerles. A los demonios y los ángeles caídos, los mata, ya que estos le buscan para matarle primero. Es cuando una Anciana Ciega y una Niña Que Todo Pregunta le buscan para proponerle cazar al primer angel caído, al demonio más antiguo de todos. Un demonio que se esconde en un desierto polar, en las profundidades de la Ciudad de Jaramillo (donde nadie muere, y sólo los desafortunados llegan).

“Lorena y Mateo” es de corte más rutinario. Es por recuperar al personaje de Lorena Salinas en el cuento de la serie de los cumitas. Mateo es un personaje totalmente nuevo y tendrá otro tipo de fortaleza. Una historia de dos adultos jóvenes. Si, con harto sexo.

Por supuesto, está el pendiente más grande: “El Poder Gris”. Nunca escriban una novela épica. (regresaré a publicar un capítulo cada lunes, terminando Agosto).

La razón porque quiero vencer al sueño, es por presentar el escrito del “Cuenta-cuentos”. El pobre Simón Dor, después de terminar el viaje, descubre que lleva una maldición en su sangre… la maldición del cuenta-cuentos. En una semana o dos, presentaré el inicio que ya está escrito… y si leíste “El Diario de Simón Dor”, el segundo anexo de la Anciana Ciega, sabrás un poco de éste escrito que ya estaba desarrollándose de manera inconsciente.

Respecto al “Árbol Tsef Thaed”… también ya tengo algo preparado. Un unicornio negro que regresa y le propone al viejo Simón Dor llevarse al Árbol Tsef Thaed al bosque de Fafjel, donde todavía existen las hadas, los centauros, los ratones que no fueron a vivir en una luna de queso, entre otros personajes. Como verán, esto también se relaciona al “Cuenta-Cuentos”, es un inicio para dos historias diferentes.

¿Bien? ¿Qué quieren leer primero? Y así, escribiendo, me olvido de ella. De aquel sueño.

Por cierto: He estado leyendo a Mirisha de NuEz. Es genial, envidio la forma en que puede suavizar la violencia y meterte en un estado onírico. Es como platicar una historia de tiempos inmemoriales y no puedes evitar arrastrarte ahí, violentamente te jala a vivirlo todo, un constante martilleo en la cabeza narrando un mundo fantástico. Se los recomiendo, de veras que sí.

Y si les gustan los titulitos que aparecen arriba y quisieran ver varios a la vez… tendrían que preguntarle a Tito. Este les facilitaría decirles donde se encuentran las páginas escondidas.

Fórmulas

Seguimos fórmulas.
Para ir a comer, para salir con los amigos, para trabajar, para escribir.
En nuestros viernes, nuestros desayunos, nuestras caminatas, nuestros impulsos.
Todo conserva un patrón, una receta, una dósis de esto y aquello.
La cara que ponemos cuando nos enteramos que murió alguien, los gestos que realizamos cuando nos dicen te quiero, las carcajadas cuando nos burlamos de alguien.
En el comparar un libro con una película, al elegir a nuestros artistas preferidos, los diez minutos antes de dormir.
Para justificar los vicios, la rutina, la espontaneidad.
Para romper con los esquemas, también seguimos esquemas ocultos. Pensamos en las fórmulas que han funcionado a través de los tiempos de aquellos impulsores de tendencias y paso a paso, seguimos los suyos.
Para elegir a la persona que nos complementa, para seguir con ella, para romper con ella y regresar con ella al poco tiempo y decirnos: “Así está bien, la fórmula va”.
Distintas fórmulas, pero todas, bien o mal, van paso a paso. Para aquellos que dicen “No a la guerra”, para los que la apoyan. Que palabras decir, que palabras enfatizan, que experiencias vividas dan fundamento al discurso.
Fórmulas para conservar las amistades, iniciarlas y romperlas.
Fórmulas para el amor, porque así lo hemos convertido… y dicen que nos vuelve locos, y entonces, pretendemos por otra fórmula parecer originales y hacer algo fuera de lo común. La fórmula maestra, la que es pensada en menos de un segundo.

Debe haber algo más que eso. ¿Tienes tu lista de fórmulas para el día de hoy, para el de mañana y el de pasado mañana?

Y la fórmula dice, que algunos dirán, que tal vez no haya mañana y hay que vivir el día de hoy como si fuese el último.

Piensa bien, piensa cuántas fórmulas al día sigues… piensa cuántas fórmulas de emergencia tienes para decir al mundo que no tienes fórmulas y después, después … ¿después qué?

Thanatos y Eros.

La gran duda… la gran pregunta. ¿Para mí, cuál es mi thanatos y cuál es mi eros? ¿Qué impulsos me llevan a la muerte y qué impulsos me mantienen firme con vida?

No lo se, cosas como que Lydia se embarace, me hacen pensar. ¿Qué hago aquí, escribiéndoles a ustedes? Soy un egoísta de mierda, es todo. Soy un egocéntrico, es todo. ¿Pero por qué? Sencillo, porque necesito saber quien es mi ego.

Y qué mejor que pidiendo a personas buenas como ustedes, una opinión que les nazca del alma. Después de todo, no nos une un lazo estrecho como una fuerte amistad, sino tal vez un cariño y una afinidad por conocer las letras de unos y de otros, y así, conocer lo más profundo.

Veamos… ¿Por qué me inclino a Sueños Tontos, como Lydia… para qué después me diga que se embaraza? Es muy sencillo, yo no pedí que se me cortaran las esperanzas de una relación por medio de eventos ajenos a mi voluntad.

Pronto es el 17 de diciembre y son las fechas lo que me tienen así, el 17 de diciembre de hace unos ya, 5 (¿ó ya son 6? se la fecha exacta, pero trato de olvidarla día con día) años… y después de todo reviso mi pasado y alcanzo a notar que en verdad, no he logrado nada con mi vida de sentimientos.

No he elegido el Thanatos, porque el día en que se me dio la oportunidad de tomar la opción cobarde y valiente, una oportunidad de colores en vez de tonos grises… se me dio el chance de observar el Eros en plenitud. Y ahora lo persigo como un loco, como un lunático. Necesito ver el Eros de nuevo, necesito amar de nuevo, necesito tener de nuevo a alguien entre mis brazos sin pensar lo que pasó hace 5 años.

Incomprensible, ¿verdad? Como una persona no lo deja atrás fácilmente. Y yo que me había dicho que todo había pasado, y yo que pienso que una relación, ya sea real, platónica o sexual, me ayudará a regresarme mi antiguo yo. Es inútil… puras falsedades, puros sofismos o silogismos retorcidos.

No es sólo el regreso del antiguo yo, sino la eterna búsqueda del hombre que debo ser ahora. Sentimentalismos. Mi vida se compone de sentimentalismos que me encanta negar, demasiado sentimiento mata al más noble. Pero eso, eso me llevaría al Thanatos de nuevo, mis amigos… eso de negar lo que hace que el cuerpo vibre. Entonces, me doy una oportunidad, porque el Eros es la vida y ya habrá alguna vez en el que alcance lo que debo ser. Mi Eros completo.

He vivido mi Thanatos de frente, toda mi vida. Sólo necesito el Eros para estar en balance. Siento si esto no arma ningún sentido.

Cecilia está muerta desde hace unos años y yo aquí, de egoísta, preguntándome quien soy… es para que viniera y me diera una soberana patada en el culo.