Patribulando el domingo.

La estrategia, es lograr que abras los muslos. Eso pensé cuando llegué, pero de todas maneras (aunque un poco mejor que el fin de semana pasado) existe un regulador y todas ganas honestas se han encaramado. Ya no tengo ganas de hacer el amor, pero si tú lo quieres hacer, me parece bien… todavía es agradable para el cuerpo. Mientras tanto, puedo escuchar como se termina el domingo y pensar que no pasa nada. El descanso siempre me ha parecido una especie de tortura lenta, que se come el cerebro como un gusanito escondido.

En mi casa siempre tocan la puerta, antes de pasar, aún cuando es un domingo y no estas haciendo nada. Luego, te preguntan si no hay problema (si no estas ocupado) y van directo al grano. La mera cortesía de este acto, obliga que desplaces todo lo demás. Si es para molestarte porque están aburridos, te lo avisan de antemano para que te prepares y siga un momento incómodo, donde cualquier ocupación y sentimiento, deberá esperar hasta que haya terminado el rito. Cuando invaden sin aviso, sabes que es urgente y te alertas. Es una dinámica estúpida, una costumbre difícil de quitar, pero respetuosa y educada. Es preferible a que entren a tu habitación sin aviso y sin algo preparado. Finalmente, para invadir, acostumbro pedir permiso.

Tal vez por ello, me parece, lograr que abras los muslos y sin sorpresas, es una especie de tortura, porque de antemano acostumbro a pedir permiso. Si no fuera por este pensamiento, cuya conclusión probablemente nunca exista, mi domingo sería aburrido y sin valor alguno. Tú no estas consciente de mis costumbres, no las has vivido y puede ser que nunca las entiendas, así como no entiendo las tuyas. Procesar una estrategia es lo más entretenido que puede existir para un hombre como yo, porque me hace pensar en muchas posibilidades, todas ficticias, para lograr algo que nunca pasará.

Lo cual es lamentable. A veces, pensar como se puede hacer el amor, en vez de hacerlo, puede ser más divertido y productivo. Algún día olvidaré pedir permiso y tú pensarás como hacer para que estemos solos, en estas tardes de domingo.

Imaginación Perversa

Puedo decir, que es la primera vez que me cae mal una persona… realmente muy mal, tan es así, que he estado buscando la manera de picarle con trinchete. Se ha vuelto casi una obsesión y es una de las primeras cosas en las que ocupo mi tiempo cuando no tengo nada que hacer. Antes no me caía mal. Antes, de hecho, me sentía identificado con él en cierto modo, hasta me hubiera gustado ser su amigo… le admiraba en cierta forma, a todas las personas que me agradan, inmediatamente les busco sus cualidades y de ahí, procuro trabajar mi respeto y mi cariño hacia esa persona.

Pero él dejó de caerme bien, hace mucho, mucho… mucho tiempo.

Pero se siente tan bien cuando tienes alguien quien te cae mal, y me divierte demasiado que sea así. Ya estoy preparando situaciones hipotéticas.

Me he puesto a maquinar en mi mente, un café donde nos reunamos unas cuatro o cinco personas. El tipo en cuestión, se presentaría con su novia y yo con la mía. A mi me purga la manera en como trata a la suya, siendo ella una persona tan paciente para sus arranques, toda una dama la mujer. Una persona inteligente, que tiene plática.

Aunque bien escuché por ahí: “Cada Tarzan tiene su Jane”, debe ser cierto, que ella le aguanta unas mamadas de tamaño cósmico universal mágico surrealista impresionista geroglígico músical. Y no, no hablo en doble sentido. Es en el sentido literal de la palabra.

Si… ya sé que haría. Me pondría a hacer comentarios sutiles y picar con trinchete en ciertos puntos, casi lo haría como un accidente… comentarios estilo:”Perdón, no quería decir eso, pero lo dije con toda la intención… sencillamente,porque me cagas”. Abrazaría a mi novia, le daría de besitos. El tipo, saldría de malas y se desquitaría con su novia. Lo conozco, porque así es. Es de ese tipo de persona egoísta que cuando todo le sale mal, se le viene el mundo encima y busca más problemas. Me sonreiría y ya no me importaría si el día de mañana se arregla con ella o no. Eso no es de mi incumbencia.

La verdad es que no podría hacerlo, porque bueno… la novia me cae demasiado bien como para proponer tan siquiera, una de esas situaciones hipotéticas.

O podría hacer una pequeña victoria personal. Podría verlo un día de estos y preguntar si podemos tomarnos una foto juntos. Veo difícil que él lo acepte, tendría que ser, de nuevo, en una reunión. Publicaría la foto en internet y enseñaría al mundo que soy su amigo, que de veras soy su amigo… miren, miren… él la vería, y por supuesto, se le revolvería el estómago. Lo conozco, hablaría de mi hipocresía, o aludiría a las mentiras, o tal vez, dedique todo un largometraje a lo perverso que soy. Y después, se desquitaría con sus amigos y en el peor de los casos, con su novia.

Mal, mal, mal.

Así que todo se quedará en esta imaginación perversa que luego me asalta, y me divertiré riendo de repente, pensando en todas las cosas que podría hacer para que se le revuelva el estómago… a ese cabrón hijo de puta.