¡Qué todo termine ya!

Es uno de esos días.
Maaaalos… maaaalos….
si, tan sólo es uno de esos días.
Muy malo.

Mi símbolo más antiguo,
es Tsef Thaed.
Es el símbolo del Ávatar.
La conciencia de que Dios no existe
y soy su hijo caminando en la tierra
para alcanzar la perfección.

Un Ávatar, contrario a lo que se piensa…
no sólo es el concepto/personaje/ícono que eliges,
para representarte en la red.
Aunque todos lo usamos así, y si le buscamos
el meollo filosófico: “Nosotros somos Dios
y creamos a alguien, a nuestra imagen y semejanza
para caminar con nuestro nombre en este
vasto medio”.

Claro que lo es.
Unos elegimos un personaje tranquilo,
otros elegimos un personaje distinto a nosotros…
(moldeable en cada aspecto), y sin embargo,
sigue
siendo
el
mismo.

Yo, mi avatar.
Mi primer Avatar: Tsef Thaed,
lo hice tan yo, como fue posible.
Un hombre complejo.
Un hombre imperfecto.
Un hombre, amante de los laberintos.
Un hombre, amante de la vida y que se ríe de la muerte.
Un hombre, que odia la vida y abraza la muerte.

Una contradicción.

Bienvenido, Tsef Thaed.

Regresando al meollo del Ávatar:
El Ávatar es la reencarnación de Dios
en la tierra. Según los hindús.
Pienso que todo inició con Vishnú.
Si, fue Vishnú… y si no, Khali.

Después, el concepto se extendió.
Mucha gente lo utilizó para su imaginación,
entre ellos… un tal Ultima (de Origin),
¿no sé si recuerden el video-juego?
Yo era un jovencito influenciable.

Necesitaba aferrarme a algo.
Me aferré a tantas cosas que hice mil laberintos

El Avatar de Ultima, tenía un concepto interesante:
Y creo que celta, o tal vez, nórdico.
La gente juega con la mitología, para crear nuevas.
Y es que el Avatar debía ser un guerrero que
profesara las siete virtudes.

Siete virtudes que ya no recuerdo.
Honestidad, Compasión, Valor, Justicia, Sacrificio, Honor, Espiritualidad, Humildad.

Elegir el nombre de mi Avatar fue sencillo.
Había muerte por todas partes y un deseo de resurrección.

(el símbolo del fénix).
(el símbolo de los cuervos, mensajeros de la muerte, en la edad media).
(y después, el señor de todas las respuestas. El hombre que habría de responder y juzgar cada paso).

La primera palabra, obligada… fue Death.
Invirtámosla: Thaed.

La segunda palabra, Fest.
Yo he tenido problemas con mi apellido.
Los psicólogos Freudianos dicen: “No has resuelto tu Edipo”.
Eso dicen, yo no sé.

La gente era más tranquila antes de saber del psi-co-a-ná-li-sis.

Tsef. Fest. Reflejo - Contrarreflejo.

Tsef Thaed. Celebración de la muerte en el espejo.
Y bien…
No-celebración de la vida tal como está.

Ese fue mi primer Avatar.

Pensamientos 17-12-02

Desperté tarde y eso me ha dado tiempo para organizar mis ideas, en el sueño.

Al enterarme de lo que sucedió a Lydia, mi impulso fue muy sencillo, cortar relaciones por la paz y no saber nada de ella, puesto lo breve que me dijo fue muy indiferente y yo, completé los espacios en blanco con un clásico machismo mexicano.

Ayer, sin embargo, el gusanito me estuvo picando todo el día. Porque necesitaba saber como habían sucedido las cosas en realidad. Al saberlo, surgieron numerosas ideas de lo que debo puedo hacer yo para ayudarle.

Hablé con ella ayer, por teléfono. No podía dejar de pensarla.

No quiere hacer nada para facilitarle las cosas al padre biológico del niño, así que le ofrecí registrarlo a mi nombre. Como paranoico que soy, se me ocurrieron diversos escenarios por los cuales no debería hacerlo, pero los hice a un lado… porque no es de mí de quien se trata. Si mi apellido puede ayudar un poco a aminorarle la carga de lo que está sucediendo, entonces ofreceremos mi apellido, porque después de todo, son sólo cuatro letras que le ayudan un poco a mi identidad.

Después de colgar el teléfono, no pude irme a dormir tranquilamente, como hubiera querido. Otra vez se presentaron escenarios mentales donde: 1. Podría casarme con ella. 2. Ofrecerle un lugar donde vivir aquí. 3. Irme yo a vivir allá.

Me sorprende en mi mismo tanta muestra de amor.

Ahí es donde entra el pensamiento lógico y me temo que es lo más sensato. Yo no tengo un trabajo que pueda mantener una familia, mi trabajo me permite unos gustos y unos cuantos vicios, si quisiera, podría permitirme vivir sólo durante un tiempo, pero sin lujos como éste que tengo de escribirles a ustedes.

La otra opción sería conseguir un trabajo que me permitiera mantener una familia, pero no tengo estudios como para un trabajo decente, apenas entré a la UNAM, donde finalmente estoy donde quiero estar. Y se iría mi vida trabajando para una persona de la cual no estoy enamorado.

Cabe aceptar que soy un hombre incompleto en muchos aspectos, no puedo jugar al caballero en armadura andante cuando todavía tengo mis fantasmas sin resolver.

Son impulsos egoístas. Lydia es una mujer de mucho caracter y muy luchona. Ella ya tiene parte del plan trazado y espero que no se le dificulte. No hemos hablado de nosotros y ella ni siquiera está contemplando lo apresurado de mis imaginaciones.

No puedo sacrificar mi vida por eventos de caos. Ya que lo he pensado mucho y ella no es la mujer de mi vida. Me gustó pensarlo así, pero es simple pasión del momento… pertenecer a alguien y que alguien me pertenezca.

Lo que si puedo hacer y trabajaré para lograrlo, es ayudarla a ella y a su niño. Asegurarme de estar ahí, aunque no como un príncipe azul, si como un hombre que no está contento con ver como los eventos de caos nos tiran piedritas en la vida. Ofrecerle parte de mi trabajo y que cuando tenga dificultades pueda yo verdaderamente ofrecerle una mano amiga.

Y de Cecilia… bueno… estoy escuchando como cae la arena del reloj, lenta, segura, y pronto será 18.

Diario de Simón Dor. Día 23.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 21 de 47


Día 23

Hace un momento reflexionaba acerca de varias cuestiones y ahora no puedo recordar ni una sola. Es común, mi querido diario, sobre todo mi mente que está carente de orden. No soy de los que guardan las chispas creativas en cajones, como lo hace el pato en el país de las matemáticas. Por supuesto que algunas veces, sonrío divertido y me imagino mi cerebro lleno de cajones, con papeles desordenados, cuadros de Dalí en el fondo y delicioso helado de chocolate derretido en cada mesita profesional.

Mi mente es un chiquero y lo que es peor, me agrada.

Todavía estoy en ese proceso, pero ya hay veces en las que puedo sentarme y escribir, y escribir y no escuchar, no leer. Sencillamente escribir. Como si un pulpo estuviera en el cerebro y acomodara las ideas a mi antojo, como yo las quiero escuchar, sus tentáculos moviéndose entre filas de papeles y ordénandolos en mis dedos. Adelante, escriban, no nos importa el tiempo, pueden pasar las horas y yo envejecer un poco más cada día, pero estoy escribiendo. No dejar que las manos descansen, no dejar que la mente detenga la imaginación.

Ya tengo parte de mi mente en las manos, parte de mi alma y parte de mi sentimiento. Ahora debo darlos completos, ¡Carajo no!, ¡Debo darlos más! ¡Mucho más!


No me dejes caer. No ahora. ¿Creen en los fantasmas? Yo si, como ferviente escéptico, creo en los fantasmas. Manifestaciones de energía ectoplásmica que vuelan alrededor con una sábana blanca tapándoles el verdadero rostro. Ojos, ojos que miran. Cada quien imagina a sus fantasmas. Yo me imagino a los míos devorando mi pasado y adueñandose solo de momentos específicos. Son fantasmas que rompen el contexto del yo y se vuelve su yo. Arrastro todos los días, preguntandome mis recuerdos y los fantasmas ponen los candados en el momento justo que yo quiero entrar.

“Lo siento, ya está cerrado joven”, responden burlonamente.

Y todos los días me prometo que otro día voy a regresar a ver si dejan abierto.


Recuerdo ahora uno de mis flashes del día de hoy. Hay circunstancias de las que me lamento, pero cuando estoy de buen humor y mi autoestima es alta, me pongo a pensar en los universos paralelos, en el número infinito que debe haber de estos y en esos otros yo que deambulan en el mundo. Por ejemplo, puede que en algún universo exista un yo que sea adolescente, apenas descubriendo su maniaca depresión ó… en otro universo yo hubiese nacido en España y mi nombre sería Boris Santiel. O probablemente en Alemania y sería Karl Bohrs (Carlitos). Universos paralelos donde él léxico fuera distinto, o los perros evolucionaron primero y nos tratan de sus esclavos. En otros universos pudimos haber desarrollado alas, pero no el lenguaje escrito. Nuestro mayor sueño no sería volar, sino querer contarlo al mundo Ícaro. Contarle al mundo que volamos.

Universos en donde hubiera tenido un hermano que hubiera sido raptado por desobedecer y en el que yo me hubiese sentido responsable. Universos donde no fue raptado y yo, me daba cuenta de estos universos paralelos. Esto sería de tremenda utilidad si tuviera un hermano, me alzaría la moral.

Universos donde yo me hubiera criado en un asilo de viejos, en compañía de un cocinero que me descubrió en Lyon un día de verano. Las moscas volando sobre mi indefenso cuerpo y el cocinero dispuesto a aventar agua puerca sobre mi, cuando un rayito de felicidad se ve en sus ojos y aún no lo sabe, pero querrá ser mi padre.

Universos donde yo soy un dinosaurio de cerebro grande y escribo con los troncos de los árboles. Las posibilidades son hermosas y como dije, infinitas. Y estoy seguro que cualquier Simon Dor, Karl Bohrs o Boris Santiel está sonriendo en este momento.