Maldedad Demónica.

Comentario visto en el blog de mi mujer:

La pagina web que tienen es de mucho interes pero debido a mi trabajo necesito que ustedes me quiten de la lista de comentarios en la que me ponen ya que si bien es cierto me agrada la comida tabasqueña y la forma de hacer amistad con ustedes tambien es cierto que muchas personas religiosas pueden pensar que tengo que ver o que me agraden los demonios lo cual para mi solo es una forma de denominarse mas no considero que en estudes haya maldedad demonica atentamente

Y luego, deja otro comentario así:

tambien quiero expresarle mi fe en YAHWEH/YAHSHUA Como mi suficiente salvador y que por la RUACH HA KODESH nos guia en este tiempo a toda verdad y a dar verdaderos frutos de arrepentimiento amor paz pasciencia asi que les invito a todo el que quiera a aceptarlo en su corazon

¿Quíhubo? Pinches chamacos demoniacos.

Es indispensable que los pongas de cabeza.

Un casting, sólo es un casting. Yo lo entiendo perfectamente y gracias a algunos programas de televisión, ustedes también. Es decir, llamas a los actores, les tomas video, leen sus líneas con la intención para el personaje, les pides que improvisen para que tengas una probadita de sus capacidades histriónicas. Finalmente, eso lo comprimes en un video de un minuto y medio (donde cuarenta segundos son los datos del actor en cuestión: su nombre, sus perfiles y shalá). En donde yo trabajo, procesamos hasta noventa de esos videos de todos los sabores y colores, al día. La productora tiene el mismo tiempo ahorcado que nosotros si los quiere ver a todos y sabe, finalmente, que sólo es un preliminar.

En este caso en particular, tenemos un comercial para una medicina. Los personajes son dos mamás y sus respectivos chamaquitos. Nada espectacular: Mamás bonitas, jóvenes, esbeltas, con ángel, manos protectoras, sumisas como en los cuarenta, que se quedan en casa para cuidar al chamaco, educarlo, alimentarlo y que cuando su marido llega del trabajo, les tiene la cena preparada y se lo cojen diligentemente después de unos mamelucos. Los niños, rubios, de piel blanca, con ojos grandotes y expresivos, demasiada energía, sin brackets (porque el producto es para la clase media baja), nenes hermosos que juegan futbol, hacen su tarea y comen sandwiches de tres pisos. Tampoco nada espectacular. Lo que aspiramos todos nosotros.

El presupuesto para estas dos bellezas aspiracionales, son 8000 varitos para las jefas y 4000 para los hijos.

Cuando no trabajas en esto, se te hace un buen de lana. Por un día de trabajo no hay bronca, yo si voy. Pero cuando trabajas en esto, ocho mil pesos para anunciar medicina es un problema, porque el contrato te amarra durante dos años (donde te pagan de nuevo cada seis meses, SI repiten el comercial [eso casi nunca pasa]) para no hacer otro comercial de medicina o hasta que te anulen el contrato porque no piensan reusar tu imagen. Lo mismo aplica para casi todo lo que se te ocurra, desde promocionales para canales de televisión hasta calzones. Ninguna mamá bonita (la mamá que quisiéramos para nuestros amigos), hace un comercial de medicina por ocho mil pesos porque… pues, la cantidad de comerciales de medicinas y laboratorios que presentan madres bonitas, esbeltas, tiernas, hermosas coje-mama-esposos es enorme. Lo mejor, es que pagan más. Al menos el doble.

También podemos incluir a los niños en esa ecuación y las mamás, peores que cualquier manager desquiciado y explotador, suelen ponerse bien perras y con justa razón. Ninguna madre vendería al hermoso producto de su vientre tan barato.

Los niños, en un foro, suelen ser inquietos porque son niños. Además de que, adicional a sus datos, se les piden caritas para darse una idea de que tan expresivos son. Caritas como: feliz, triste, berrinchudo, de ganador, de abstracción, de circunspecto y de león [grrr]). No le puedes pedir a un niño en menos de un minuto, que te recite un diálogo de Hamlet porque no sólo es injusto para los otros niños que estan esperando, sino porque simplemente no es lo que se pide para el anuncio. Además, en un comercial tradicional donde hay una mamá-hermosa-sumisa-chupa-que-chupa y sus hijos son simplemente bonitos, saludables, corren y se ríen… no lo necesitas.

Al abrir un casting de bajo presupuesto, pues las agencias suelen mandar … lo que acepta esos presupuestos. No diría que gente fea, simplemente normal. Bueno, esta bien, gente fea. No muy fea, digo… Bueno. Total. La productora, al estar consciente de su presupuesto tan bajo, se pone más neurótica porque saben de antemano lo que van a recibir y lo único que se les ocurre hacer, es castigar a casting y ponerlo bajo más presión, para que busquen debajo de las piedras, maten a las arañas y consigan un par de diamantes. Siempre pasa. Lo único que podemos hacer es poner la espalda y abrir bien los glúteos, en lo que ellos olvidan distorsionar la realidad, caigan en cuenta de su error y pidan cosas humanamente posibles. También podríamos buscar a gente que no trabaja en el medio, pero eso es arriesgarse y mucho. Luego les platico por qué.

En espíritu de presentar un buen preliminar se hacen actuaciones más cortitas, porque… pues cuando se abre un casting de tan bajo presupuesto y la cantidad normalona de gente que tiene una agencia, viene medio México. Somos amables, somos lo que nunca encontrarás, somos un respiro de alivio para el perdido. Al menos que estés bien pinche feo, o que no te ajustes al perfil, nunca decimos: “No nos funcionas para este casting”. Previsores, porque a la mejor no funcionas para este comercial, pero sí para otro. En nuestros archivos tenemos una cantidad enorme de videos que a veces, reutilizamos para algunos castings o para los bomberazos, donde no hay tiempo de abrir el casting.

Es por ello, cuando leí que la asistente de la asistente de dirección (en realidad se les dice “second”), envío un e-mail pidiendo que además, los niños se pusieran de cabeza en el casting, durante su actuación tradicional, me reí como no me había reído hacía mucho tiempo.

La Nariz.

¿Por qué pensar en morirse? Damaso, quiero contarte que tienes una narizota. Es una nariz aún más grande que tu pene y tu dedo índice. Es tan grande que un helicóptero podría estacionarse ahí. Cuando hueles algo, tienes que esperar más de una semana para registrarlo. Dicen que hueles el pasado. Su enormidad ha hecho sospechar a los médicos y teorizan que es el vestigio de tres hermanos que te comiste en tu periodo de gestación. Tu nariz es tan grande, pero tan grande, que otros peatones casualmente atoran sus orejas en una de tus fosas nasales y ya no te da vergüenza, porque pasa con mucha frecuencia. Es gigante, que hasta a los niños les da pena darte un apodo como “Narinas” o “Narizotas”, los más grandes incluso huyen aterrorizados de su presencia. Damaso era una nariz que cargaba un hombre y si le salía un grano había que tener cuidado, porque era un anuncio de desgracias. Los voceros de las carreras de caballos tenían pena de decir que “ganó por una nariz”, porque cubría toda la pista.

Si creen que esto es divertido, esperen a que Damaso tenga un resfriado.

Enorme sonrisa.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 52 de 59


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Cuando en la mañana, me avisaron que mi suegra había muerto, tuve que tomar una fotografía de la sonrisa más honesta que he tenido en algunos años.

Foto: La Shelle.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.

Más de una foto es bienvenida. Si ya mandaste una y quieres repetir, adelante. Si eres una nena y quieres enviar una fotografía de tus piernas, mucho mejor :)

[Heber Dor - Cuento] La lucha de Pompadour

Los fantasmas son entes muy extraños cuyos actos giran en torno al ocio de estar muerto. Los fantasmas de los humanos, son más flexibles, ya que encuentran facilmente el regreso a sus actividades de la vida diaria y si son maliciosos, tal vez se dediquen a espantar a los vivos. Sin embargo, los fantasmas de los animales son distintos, ellos dificilmente regresan a su vida normal. Son pocos los animales que prolongan su existencia como fantasma y en realidad son arrastrados involuntariamente por un lazo estrecho que tuvieron con un humano.

Uno de esos pocos fantasmas es Pompadour, un gato persa de ojos azul transparente que corre de allá para acá y de regreso, unas treinta veces al día. Primero lo hacía como un reflejo de sus instintos animales y después, lo hacía para divertirse, ya que su dueña era una persona muy aburrida, a su ver. Siempre fue una persona muy aburrida, aunque la muerte le sentaba bien.

Pompadour, como buen gato, se consideraba el líder de un grupo de animales fantasmas, un pequeño grupo de animales variados: un mulo llamado Isaac, un manatí llamado Rookham, un mini-toy llamado Killer y un jaguar flojo llamado Ah Balam (valga la redundancia). Los animales, se escapaban de sus respectivos dueños para reunirse de vez en cuando, charlar y vivir alguna aventura en el reino de los muertos.

Se hacían llamar el grupo de las doce y media. Pompadour había decidido el nombre y a los demás animales les parecía bien, o más bien les daba igual. Pompadour no les dijo que había elegido el nombre a partir de un grupo que tocaba jazz en el “Café de La Tía Yemita”, seguramente a ellos no les importaría y tenía toda la razón. Los integrantes del grupo de las doce y media, cuando Pompadour no estaba, sencillamente se echaban y platicaban, o se quedaban en silencio.

Cuando Pompadour se presentaba con alguna propuesta (a lo cual, el grupo se refería como una obsesión, una necedad, una aventura innecesaria y estúpida), solían tener mucho que hacer, porque acababan envueltos en el problema de Pompadour sin querer. Lo bueno es que ya estaban acostumbrados y de por sí, ya estaban muertos. ¿Qué más podría pasar?

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Diario de Simón Dor. Día 69.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 23 de 48


Querido Diario:

Es el número mágico, ¿te das cuenta? Un 69 grande e inmenso.

SESENTA Y NUEVE. El de los amantes que se besan los genitales para chuparse el alma entera. ¿Necesito ser más explícito? ¿Te gustaría masturbarte con el número, mi querido Diario? No lo creo.

Conmigo basta.

Hoy soñé. Es raro que yo sueñe, desde que estoy en El Viaje. Me olvidé por completo de mi barco Mojalnir, del mar de Yenén, del árbol de los mil nombres, la tía Yemita y el niño mago. Hasta me olvidé del delfín (He de llamarle Camel) y de Bobby Mindar (el nuevo nombre del rottweiler, ¿te gusta?). Me olvidé de las llaves de Beatriz y he descubierto que la manera más efectiva para evitar la tentación es dormir y soñar.

El único sueño que se me ha permitido es el de la muerte simbólica. Hoy, hoy he tenido un sueño muy distinto y me acercó a la que era mi realidad. ¿Sabes con qué soñé y me tiene tan contento? ¡Adivina! Vamos, vamos… no es tan difícil. ¿Quieres qué te de una pista? ¿Te acuerdas que Yasmín, al subirse en mi barco, abrió las nubes e hizo que se mirara la noche?

La noche que ella me permite ver en mi barco, aparte de las nubes grises de éste mar horrible, tiene dos estrellas y un cuarto de la luna. Al ver la luna, hubo en mí una regresión a aquella etapa donde vivía en una Luna hecha de Queso. ¡Así es! ¡Soñé otra vez con los ratoncitos! Más que un sueño, creo que fue un viaje astral… fue tan real.

Los ratones me esperaban, me dijeron que habían decidido perdonar el exilio ese día para platicar conmigo. Yo les sonreí y me invitaron a sentarme en la sala del queso Gouda, donde bebimos vino (decidieron conseguirme una botella) y comimos quesos hasta hartar el paladar y el estómago.

Si eso no es ser feliz, entonces no se que lo sea.

—¡Te extrañábamos Simón! A pesar de tus ideas revolucionarias acerca de la escazes de queso, que nunca habrá en nuestro planeta cabe enfatizar. Hemos decidido perdonarte el día de hoy para preguntarte, ¿cómo has estado? —preguntó el rey ratón.

Los ratones presentes me miraron ansiosos y me sentí avergonzado, no siempre está uno ante tan agradable concurrencia para ser el centro de atención.

—He estado mejor —les dije, no podía mentirles—. La escasez de amor en mi planeta me ha llevado a hacer un viaje.

—¡Si! Nos hemos enterado. Te hemos visto desde acá arriba… a medida que las nubes nos lo permitían. ¡Ahora te veremos más seguido, ya que se ha abierto un agujero en el cielo! Nos gustaba platicar contigo Simón y quisieramos preguntarte… ya que has traído a flote el tema de la escazes de amor en la Tierra, ¿no gustarías pasar unos días con nosotros? Hasta podríamos arreglarte una vivienda, eso si quieres —dijo el rey contento.

—No lo sé…

—¡Vamos! Eres el primer y único humano al que le ofrecemos escapar, ¿piensas rechazarnos?

Los ratoncitos miraron con sus ojos negros, negros, y esperaron la respuesta con los bigotes moviéndose ansiosos.

—Mi querido rey ratón. El viaje es algo que debo terminar, es inexorable. Es cierto que el viaje ha sido la consecuencia de la escazes de amor y también, por el revivir el amor. ¡Es tan extraño, fugaz, fantasmal el amor de hoy en día… que prostituimos el término como si habláramos de democracia, solidaridad o chocolate!

—Es muy cierto eso, Simón. Por eso nos preocupas y te hacemos la invitación, queremos que estés con nosotros y nos des tu sabiduría a cambio de que no tengas que vivir eso, nunca más.

—La cuestión, mi querido rey ratón… es que no puedo hacerlo. El viaje se ha vuelto tan pesado, que lo arrastraría hasta aquí. Podría corromper su planeta y entonces habría de hacerles un mal, en vez de ustedes un bien.

El rey ratón y la asamblea de ratones guardaron silencio.

—No nos importa Simón —dijo el rey—. Queremos que tú seas feliz. Te queremos Simón.

—¿Qué?

—Te queremos.

No les diré que se me resbaló una lágrima y me temblaron los labios.

—Ese viaje —dijo el rey ratón—. Puede significar tu muerte y te extrañaríamos.

Se estaba convirtiendo en Disney combinado con una película trágica de Hallmark.

—Lo siento, de veras lo siento. No depende de mí, de veras… ¿Puedo seguir visitándolos?

—Pero muy poco Simón, o si no, olvidarás porque viajas y … has respondido bien, ninguno esperaba otra actitud de tí.

Con esas palabras desperté, me sentí rejuvenecido. Cuando abrí los ojos, el árbol de los mil nombres estaba en mi habitación, mirándome fijamente.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada… sólo vine a decirte que si no despertabas, me iba a ver obligado a hacerlo.

Busqué mi botella de tequila, me bebí un trago. (Se han consumido doce botellas ya). Y me sonreí, ¡qué bueno era vivir en una luna hecha de queso! Me tomé otro trago más por los ratoncitos… se los debía, a estos veintinueve días, con sus veintinueve noches que restan.

Esta noche

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Cuatro fotitos nuevas en hojas.

El diseño en sí, ya quedó.

Por ahí le prometí a alguien (DuVeth) que le platicaría que onda con la campaña de Comercial Mexicana de hace un año (por la cual me desvelaré el día de mañana, deseenme suerte). Aunque me cuesta trabajo recordar, creo que fueron eventos tan traumáticos que los encerré profundamente en mi memoria y no estoy dispuesto a dejarlos salir.

Bueno, tal vez los deje salir por esta ocasión y para que se rían un rato de las ocurrencias que se dan en mi trabajo (si es que tienen un humor bastante negro y disfrutan de los gritos de las almas en pena).

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