Ahora entiendo porque me negaba a ver mis horarios y los perdí en un papelito.
Nada más los miro y se me está retorciendo el intestino. Sencillamente divino. Pensar como le voy a hacer con el trabajo, me está sacando VENAS que no sabía que tenía en la cabeza.

Situaciones hipotéticas:
Josefa on the phone, terminando mi primera clase el jueves: “Teté… ¿te puedes venir a editar? Yo sé que justo ahorita terminó tu clase, a ver si puedes venir en chinga, editar y luego te regresas a la escuela, ¿si?”
Miércoles, después de un martes jodido donde me pasé leyendo tres libros y haciendo cuatro trabajos, me levanto tarde. Carrillo on the phone: “Teté… hoy no vas a la escuela, son la 1 de la tarde y todavía no has llegado a la oficina. ¿qué pedo?”.
Orale… si presiono demasiado la vena que descubrí en mi cabeza, sale un chorrito de sangre.