Octubre 16, 2007 — Notas aleatorias, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Suena la música, Jesusita. También me he acordado de esa canción: “Bésame bésame Jesusita, que sin esa boquita, yo me muero”. Algo así. Me compré un juguito enriquecido con vitamina c. Necesito muchas de esas vitaminas. Tengo una coca cola desde la mañana que no he abierto. Me compré unos cigarrillos light. Ojalá se muera con una rata atorada en el hocico. Que muerte. Escupir ratas. Ratas abriéndose paso con sus garritas. Ratas asomándose por los orificios del cuerpo. Ratas, y néctar de manzana. Cuando estás enfermo, miras al techo y se te ocurre un pensamiento… EL PENSAMIENTO: Nunca más tendré sexo. Es una vil mentira, pero así es… se te ocurre, como estas enfermo y débil, de una simple gripilla, llegas a pensar que todo lo que conocías cambiará.
Creemos que nuestras hembras son únicas.
Estando ya con una persona y pensando en ella… en una mujer, la mujer, te pasa por la cabeza que te dolería tanto si fuera con otro lo que es contigo. La ternura, el aspecto maternal, las caricias, que tenga la gracia de reírse por tus chistes, los ofrecimientos ocasionales y los besos sin ninguna razón. No importa tanto el cuerpo. No importa tanto que se lo ofrezca a otro. Después de todo, el cuerpo no se ofrece a quien no le ofrezcas lo demás: amor, cariño, odio, berrinches, molestias, quejas, miedos. Conjunción de emociones en un sólo punto. El acto del cuerpo culmina en el acto espiritual de entrega. Mañana en la batalla piensa en mí. No pienses en otro. Tan egoísta es el macho. Nunca le hierve la sangre a no ser que sea por viejas. Macho y ciego. Poco interesante. Necio.
La tarde sucede.
Jesusita anda bailando por ahí. Múltiples tonos polifónicos suenan en toda la oficina. Ay de mí, qué haríamos sin celular. Jesúsita ten piedad de nosotros. Escuché el tono de un bebé que ríe y ríe, como los bebés a los que tomé video. Hoy discutí de a grátis con mi jefe. No tuvo porque haber discusión pero la enfermedad me trastorna. Mi tarde se alegra gracias a mi hija adoptiva. Le he dicho a mi mujer que la amo, muchas veces… ¿y quién no? Hace tiempo que no me corto el cabello. Ni me he rasurado. Cuando pase la gripa, tal vez acceda a hacerlo simplemente por el hecho que me siento mejor. Los mocos amarillos cuando se hacen transparentitos es señal de recuperación.
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Octubre 8, 2007 — Asceta, Casting, Consumidor de Entretenimiento, Despertares.
Escrito por Agustin Fest.
Me tocó forito. Tomé video a niños y… oh sí, bebes. Bebitos acolchonaditos y amigajonaditos. Chillones, autistas y sonrisas sin parar. Los bebés, hasta eso, me ponen de buenos modos. Me recuerdan cierto instinto paternal que tengo desde los veintitrés años. No por eso quiero tener un niño ya, bueno, quien sabe. Prefiero pensarme paciente con ese detallito del niño o niña que está por venir. En el foro procuré divertirme, haciéndoles caras a los niños, saludándolos, señalando la luz y señalarles con la mirada otras partes del foro. Algunos me hacían caso y otros no. Una beba estuvo platicándome, con el chupón en la boca y su lenguaje extraño. Como soy un adulto estúpido le respondí en su idioma en vez de hablarle seriamente. Como pasaban de una o dos mamás en el foro, a veces se entrometían la una con la otra. Algunas ayudaban, otras estorbaban. El corazón de un bebé me parece una ciudad desierta, un lugar inalcanzable e incomunicado. Los ojos de los bebés esconden los secretos que perdemos a medida que crecemos.
El oasis de todas las respuestas.
¿Cuál secreto guardará, por ejemplo, aquella mujer de una borrachera de la cual vagamente puedo acordarme, este viernes? Ay bueno, la preguntota es sólo para hacer más interesante el contexto. Tal vez no guardaba ningún secreto y sencillamente era la vanidad. Si pienso que guarda algún secreto, es porque cuando empecé a tomar el video de Pedrito, el borracho cantarín del Centenario, ella hacía todo en su poder para aparecer en él. Hacía como que se estiraba, hacía como que platicaba con el festejado, hacía caras con los desafinados borrachos e incluso, guiñó el ojo un par de veces a no se quién. Presentarse natural frente a una cámara no es tan sencillo como parece. Uno tiende a proyectar las partes que anhela enfatizar de su personalidad. Soy guapo, soy contracultural, hago muchos gestos, soy un hombre solitario, una mujer inteligente, un niño muy travieso, un bebé honesto.
No pensé que la ropa interior hiciera maravillas en una mujer. No sabía que pudiera hacerle tan feliz. Y no sabía, que podría hacerme tan feliz a mí. No hablemos de algo sensual o sexy, hablemos de algo tan sencillo como ropa para dormir. Camisetita y braga brasileña, porque hasta eso, puse mucha atención para estudiar los nombres de cada pieza. Me presenté a la tienda con una amiga y mi mente se dividió en tres: algo sencillo, algo bonito y algo sexy. Juega con las posibilidades. No te limites. Tan no me limité que mi cuenta de ahorro se ríe un poquito de mi. Todavía no se carcajea, pero se ríe. Sin embargo, el ver su cara de felicidad, sus ojos pispiretos y alegres, una sonrisa enorme que no había visto hacía tiempo, me hicieron pensar que bien valía la pena.
Si todo va bien, en el 2015 repetiré la hazaña.
No es ningún secreto cuando alguien esta feliz. Los ojos miran igual a los de un bebé satisfecho.
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Julio 20, 2007 — Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Me llamó la atención que el hombre la invitó a comer hamburguesas, y mientras ella esperaba paradita, recargada en la barra, él jugaba con la parte posterior e inferior de su blusa, levantándola y dejándola caer, cada vez a un ritmo más rápido. ¿Presa de qué ansiedad, hechizaba al hombre?
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Septiembre 8, 2005 — La B.
Escrito por Agustin Fest.
Lo das todo por un poquito de perdón. Me has dicho que hiciera y deshiciera. También dijiste que escribiera de mi vida, aunque aún no me dices como poner colores dentro de esta cosa. Quiero llenarlo de morados y de rosa mexicano, a ver si así todavía me das chance de garabatear en tu cuadernito.
sabes que no lo haré. sólo bromeo.
ya sabes que yo soy de las que toman el lapiz o el teclado para escribir mis patas de araña y comparándolo con tu letra bonita de niña de colegio, yo soy una grafitera.
Te prometí que intentaría escribir como tú para llenar el vacío. Me dijiste que sólo era un par de meses según tus planes, que igual y si no veías necesidad, ya no regresabas. también me ofreciste que si este me gustaba te hacías uno para ti y te olvidabas escribir regularmente en este. Pero a quien engañas si sabes que para adueñarme de este tendría que escribir como tú y tendría que tener una vida algo más interesante, si cuando te des tu tiempito ya estarás con el mando y las energías nuevas que los citadinos pretendeen sentir con la brisa del campo.
Yo no tengo vida interesante, tal vez hace unos años, pero ahorita no no es posible si me la vivo como secretaria de un tío. Si aún vivo con papá y mamá que me llevan a la Iglesia. Si no tengo novio desde hace año y medio.
estoy pensando que estoy harta de los hombres y que mi gusto por las mujeres no es tan superficial.
jaja.
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Mayo 2, 2005 — Consumidor de Entretenimiento, Fractal Chaos, Sueño-Insomnio.
Escrito por Agustin Fest.
Lo peor que podías hacer en una fiesta, que recuerde en mi etapa de desmadre (universitario [en sistemas]), era coger (chingar, joder, follar, fornicar) con alguna morra… fuera una mamadita, una manuelita o un buen follón. Me acordé, no sé porque motivo… pero me acordé de a un cabrón que le decíamos el Gansito (por la sonrisa y la cara [para los non-mexicanos, es un pastelito con el dibujo de un gansito en la envoltura y en los comerciales decía—: Recuérdame]) y como nos sonreía desde su coche, nos señalaba —traviesamente— con una mano hacia abajo, y un cuate, llamado Sócrates, se asomó por la ventana. Él atestiguó que miró una masa de cabello moviéndose arriba y abajo. La chava quedó marcada y el alcohol, con algo de machismo, como no, nos obligó a reírnos de la situación. Igual le pasó a un cuate llamado Aldo, de ella me acuerdo que tenía buena pierna y unos dientes demasiado grandes. Lo malo es que compartíamos universidad así que, si sucedía algo, eras perseguido, clasificado y etiquetado… mientras que las mujeres nos tildaban de patanes, nosotros las tildábamos de fáciles. En los hombres, existía el lado de los escapistas (la mayoría), aquellos que obtenían lo que querían y desaparecían después del acto, se reincorporaban a la fiesta como si nada, mientras que una mujer les miraba con ojos asesinos y su lengua despedía fuego cuando hablaba con sus amigas… el otro lado, eran los que asumían su responsabilidad hasta que terminara la fiesta. Así que fungían el papel de relación recién adquirida (manitas bien sudadas y besitos con años de precedencia), hasta que estuvieran lo suficientemente sobrios para decirle a ella—: Es que fueron las chelas.
Y pues si mi vida… fueron las chelas.
Así que chamacos, y chamacas, evítense esas situaciones incómodas…
Johnny presenta (feliz cumpleaños al monín[sote de 1.93] venezolano):
CUANDO PROMETEO, uno de los titanes, creó la raza humana, Zeus se mostró enormemente celoso de su hazaña y ordenó a Hefesto que formara a una mujer, para dársela como premio por sus labores a Prometeo, pero también como forma de sentirse superior a él. Hefesto modeló arcilla y consiguió crear a dicha mujer, llamada Pandora. Pandora nació con una enorme belleza y todos los dioses quedaron prendados de su hermosura, colmándola de dones. Atenea le concedió sabiduría, Hermes le dio elocuencia y Apolo dotes para la música.
ZEUS POR SU PARTE, añadió a todos estos presentes una hermosa caja, que se suponía contenía inmensos bienes y presentes para Prometeo, pero, con todo, ordenó a Pandora que no la abriera bajo ningún concepto, lo que ella prometió a pesar de su curiosidad.
FUE ASI ENTONCES como Pandora y su caja fueron ofrecidas a Prometeo, quien, astuto y precavido rechazó a ambas y le indicó a su hermano Epimeteo que, como había hecho él, desconfiara de cualquier regalo de Zeus. Sin embargo, Epimeteo se enamoró locamente de Pandora nada más verla y se desposó con ella aceptando la caja como dote. Entonces, Epimeteo, de una ávida curiosidad, abrió la caja, de la que no salieron más que horribles males, enfermedades, guerras, hambres y otras calamidades. Horrorizado, intentó cerrarla, pero sólo consiguió retener dentro la esperanza, que ayuda desde entonces a todos los hombres a soportar los males de la caja de Pandora, extendidos por toda la faz de la Tierra.
—Eso me lo pasó él para que lo posteara, le gustan los mitos griegos y le gusta tener recolección de ellos… cualquier comentario será bien recibido.
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Agosto 8, 2003 — Enamorado, Notas aleatorias, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
…y me la creí.
Andaba esperando mi camión, pensando en algún post para “La Chaqueta” y tenerlo de reserva, porque ya ven que posteamos cada siglo de por sí, alguna jalada mental que se nos ocurra. Fue cuando mi mente giró en torno al feminismo y un post titulado: “Por qué los hombres lo adoramos”. Mi mente trabajó rápido, juntando todo el material que mi propia experiencia me pudiera dar.
Nos gustan las feministas porque pagan lo suyo… es más. ¡Vuélvanse todas feministas! Así nada de invitar que el antro, que el cine, que la cena. ¡Tengamos todos gastos iguales! No, no… y no se vale apelar a que el caballero debe pagar las cosas que no se qué. No. Si buscamos igualdades, tengámoslas.
Adoramos a las feministas porque si viven con un hombre, ellas cocinan lo suyo, lavan lo suyo, hacen lo suyo y no se la pasan preguntando, ¿dónde andabas? ¿qué estabas haciendo? Es más, una buena feminista trabaja. Y así, aporta algo para el hogar, entre otras chucherias. También, de esa forma, los hombres estarían obligados a ser independientes de las mamás-maridas. ¡Crecimiento en ambos aspectos!
No está por demás decir, que estaba pensando pura pendejada. ¿Verdad?
Seguía pensando cosita tras cosita para echarle tierra a la primera bondad y maldad que creo Dios (la mujer), cuando un coche se detuvo y escuché—:¡Oye chiquito!
Miré hacia el coche, jovencitas de diecinueve años, probablemente nada más echando desmadre. La que me habló iba en el asiento del copiloto, una chava bonita, de cabello rizado y largo, ojos y labios grandes, voz gruesa.
—¿Si?
—Hola, oye, me recordaste a un novio mío. Quería decirte que estás bien guapo.
Sonrisa pendeja.
—Je, gracias.
—De veras, estás muy guapo.
Ella me sonrió y subió la ventana de su lado. Siguió platicando con sus amigas durante el alto y cuando el coche echó a andar me sopló un beso, y el coche desapareció a unos cuantos kilómetros por hora.
Oh si, me dijeron que estoy bien guapo… y me la creí. No resta decir que se me olvidó todo mi tratado acerca del feminismo.
Hoy, durante el trabajo, pensé en Fiammetta.
Me sentía muy mal, he estado bajo muchas presiones estos días, no sólo por mi trabajo. También el despido de mi madre y pensar que el dinero no alcanza, me tiene con los nervios de punta. Eso y que no he tenido ni un sólo día de descanso, en el que me pueda acostar y cerrar los ojos sin preocuparme. Pronto iniciará la escuela y mis horarios son en la tarde, todo eso me tiene mal.
Fiammetta hoy se convirtió en un delicioso escape. Cerré los ojos y pronuncié su nombre en mi mente, durante varios minutos. Imaginé muchas cosas y recordé otras más. Sentí que así podía llegar a tocarla, extenderle mi mano y si mi mente es un poquito misericorde, abrazarle y no dejarla ir. Si… hacía mucho que no me sentía así. Lo había olvidado.
Cuando abrí los ojos, me sentí un poquito mejor.
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Febrero 4, 2003 — Niño viejo.
Escrito por Agustin Fest.
Antes se solía decir, para elegir un hombre: “Al menos conserva todos sus dientes”.
Ahora ha cambiado con un elegantísimo: “Al menos no es gay”.
Lo que son los tiempos.
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