Porque ir a la oficina en día festivo es una caja de sorpresas.

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Algunas veces, es imposible la seriedad perpetua. Me levanté temprano y compartí con mi familia. Después fui a la oficina para darle un juego a mi jefe. Después de dárselo y platicar un rato, salimos a comer. No había visto el pedazo de plástico “carnoso” cuando llegué, pero si cuando salimos Jorge y yo. Esa cosa tirada frente a nuestra puerta, saludando. “Una despedida de soltera”, dice todo mundo. Yo sólo atino a pensar que estuvo en lugares innombrables. Mi jefe se tomó la molestia en dejarlo paradito frente a la oficina, aunque cayó poco tiempo después. —Hombre debía de ser —dirá alguna mujer listilla.

Mis diez fotos más populares en flickr.

En orden alfabético y ligas a flickr dando click a la foto:

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  • Convertirse en piedra.
  • Tutorial: Turn a portrait into a statue
  • Lamento no haber guardado la foto de la piedra. Je. Prometo sacar un par (en el mismo lugar), para que puedan usarlas como textura, si les interesa.

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  • Eso, no es un tercer ojo. Es un lunar. Y siempre lo he tenido. :P
  • Algunas veces la uso de avatar.
  • Me siento calvo cada vez que la miro.
  • La tomo Sol.

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  • De mis diez tarjetitas moo, esta es una de las mejores.
  • Tomé como treinta de estas fotos, y bien jodidas, esta es de las pocas que más o menos quedó derechita de cara.

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Hoy, un velocímetro espacial.

En cuánto me subí al taxi, un tsuru como cualquier tsuru, me dije este es el bueno. Las pequeñas y discretas calcomanías de marcas de autopartes, la música electrónica y cómo el tipo pisaba el acelerador para hacer rugir el motor fue lo que me hizo pensar en lo acertado de mi decisión. —Este cabrón se va a ir en chinga a la oficina —pensé, y no me equivocaba. Tan pronto encontraba uno o dos metros libres, lo más que puedes encontrar a medio día y casi a cualquier hora en la Ciudad de México, aprovechaba para pisarle: RUMMM RUMMM RUMMMMMMMM. Me emocioné. El piloto, un jovenzuelo moreno y de semblante tranquilo, me cayó bien. Me puse mis audífonos y disfruté la cacofonía de velocidad.

Me percaté que me miraba por el espejo retrovisor. Me quité los audífonos y como no sólo no lo oía, sino que hablaba bajito, me acerqué a él para escucharle y le pedí que me repitiera lo que decía. Dijo—: ¿Por Xola o Viaducto, joven? —y antes de poder responderle, esto fue lo primero que vi:

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Indudablemente, estaba en el taxi indicado. No sólo se metía rápidamente de un carril a otro, no sólo se fue por Viaducto como si el tráfico fuera un invento de la mente, sino que además su velocímetro espacial indicaba perfectamente la velocidad a la que íbamos. ¿Notaron las antenitas doradas, esas antenitas que se movían como loquitas con cada bache? Estaba fascinado. Me quité los audífonos y disfruté el trayecto, con sus eventuals RUM RUM RUM y el conductor que pedía instrucciones como si rezara antes del día de su muerte. Me dije—: No me salgo de este taxi hasta tomar una foto, o nadie creerá que hoy estuve dentro de una nave espacial.

Un hombre que es capaz de hacerle eso a su coche (su trabajo de todos los días, además) debe estar orgulloso de ser taxista. ¿Si hubiera nacido en otro lugar, se hubiera animado a ser piloto de carreras? ¿Habría trabajado en la industria automotriz? ¿O sería igual, un taxista con ganas de traer un coche que desafía la imaginación? ¿O nomás es… eek, maldita palabra, naco?

Nunca lo sabremos. Godspeed, Tsuru Emperor.

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Dun dun dun.

Hoy empezó a llover bastante tempranito, y hace frío como si iniciara el invierno. Se acaba el verano, inicia el otoño, friíto como de invierno. Las hojas caerán de los arbolitos, las nenas se pondrán ropita que les esconda mejor la piel y los conejitos sexosos, dormilones, buscarán sus madrigueras para esconderse. El otoño es la temporada café y naranja, la temporada de la muerte bella.

La red inalámbrica esta fallando, quien sabe porque extraña razón. Siento una pesadez en la cabeza, como la del que siempre duerme mal. Eso, o tengo un tumor en el cerebro. No me sorprendería lo del tumor, con tanta grosería que digo de repente y lo rápido que se dispara mi humor cuando me molestan. Sin embargo, no hay que ser mamón y aceptar que simplemente duermo mal. Mis párpados pesados me lo estan recordando. Entre ayer y hoy, era un día para dormir profundamente, seguir de corrido hasta descansarlo todo. Pero pues no. Estuve abriendo los ojos desde las nueve de la mañana, checando el reloj del celular, durmiendo de nuevo, media hora después repetía el proceso.

Lo curioso es que mi sueño fue como una película a la que se ponía en pausa cada que abría los ojos. Incluso, recuerdo que este hecho me sorprendió dentro del sueño. Aún cuando ya no recuerdo de qué trataba. Vagamente tengo la memoria de una escuela, un pupitre, una profesora, y yo de niño. Probablemente, el sueño fue provocado porque encontré una fotografía de mi niñez dónde me veía, no sólo asustado, sino serio, delgado, medio nórdico… algo así.

En fín…

Yo les dije que ayer me veía fatal. Y supongo que hoy también.

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Ritmos y espacios.

Las hojas se mueven y la brisa hace lo suyo, hablando de ritmos y espacios. Ayer, antes de dormir, platicamos un rato mi hermano y yo. —El día que tembló en Colima —dijo—, no había pájaros y los árboles no se movían. —¿De verdad? —pregunté incrédulo. —Sí, dejaron de moverse… se sentían extraño.

Me fascinó la interpretación de los fenómenos naturales un tanto ingenua, y luego me pregunté si no habría por ahí algún papel científico que explicara que los árboles dejan de moverse con el viento, cuando un temblor esta a punto de atacar. Lo de los pájaros puedo entenderlo. He visto Discovery Channel y he leído National Geographic, Muy Interesante y el Reader’s Digest.

El árbol postrado frente a la ventana de la oficina, donde paso la mayor parte del tiempo, esta moviéndose mucho el día de hoy. El choque de las hojas contra hojas, hace un sonido agradable. Mi hermano estaría contento y tranquilo de escucharlo.

Comí con Doña Mary, intercambiamos unas palabras muy breves, hasta sentí que me estaba dando a entender que le agrado. Igual y es alucinación mía. Ahora repite mi nombre cada que puede, porque alguna vez fui a comer con ella (cuando dejé Casting) y se le había olvidado. No quiere repetir la falta. Es lindo que las personas tengan esos detalles, aún cuando seas cliente y servicio. Es agradable que te llamen por tu nombre.

El árbol todavía musicaliza la escena, parece que se divierte el día de hoy, sus hojas bailan alegremente a pesar de las ambulancias que han pasado hoy por su calle. Me siento un poco enfermo, no sé por qué. Tal vez he fumado demasiado el día de hoy, la costumbre del café y la coquita por trabajar aquí, la inactividad, la espera por el material y luego el tedio de cortarlo, transformarlo. Largas esperas. Me pregunto como el árbol no se desespera y respondo que es por su baile ocasional con el viento.

Mi hija adoptiva me platica, mientras tanto, que se ha puesto una rutina de ejercicio. Le gustaría bajar las caderas. Personalmente me gusta que sean anchas, fuertes, apretables. Soy muy consciente de mi gén de supervivencia y fertilidad, yo creo. Por eso no ando detrás de todas las modelos que vienen a la oficina (supongo), porque sus caderas nomás no… y tienen bonitas piernas, tienen culos paraditos, pero les falta… “el agarre”, ¿saben? Porque cuando uno esta en medio de la acción, es menester buscar dónde agarrarse para el impuje, el momento, el impulso.

El árbol cuando baila, por ejemplo, se sostiene de su tronco y permite que las ondas de movimiento se extiendan a sus ramas, sus hojas, y deja ir sus semillas, para que busquen un pedazo de tierra. Similar a la eyaculación, porque sólo unas cuantas encontrarán un pedazo dónde sembrarse, mientras que las otras serán comidas por el concreto y las llantas de los coches que les aplastarán inmisericordes.

Es una muerte hermosa y valiente, dejarse ir por el viento, cuando tu padre o tu madre, te han expulsado de su cuerpo mientras bailaban. Ya esta grande el chiquillo, debe aprender a planear en el viento, debe crecer y hacerse grande como nosotros. Una explosión rítmica y natural que nos divide. Los vivos somos lo mismo, y tenemos en común lo más importante: vivir y morir.

Silencios necios.

La felicidad existe en lugares curiosos, como en el salir a fumar un cigarro y disfrutarlo, mirando puertas que ya se duermen buenitas y obedientes, las luces velan el silencio del edificio mientras platican a voz muy bajita los acontecimientos del día, ese momento inexistente donde señora sol les reemplaza. Las noches, cuando un rayo de luna escapa por los pequeños matorrales de la urbanidad creciente, los silbatos pasean en los caminos y los ladridos les acompañan. No hay nada como el cigarro suspendido en el aire, y el humo dispersándose, separando sus átomos para convertirse en vacío. Una silla abandonada piensa que esta sola, mientras un monitor prendido propone escribir algo en una hoja en blanco, una gorra sueña con besarse con los pelos necios al siguiente día y una pluma, iridiscentemente enamorada, observa las hojas de un diario que aún no marca con su tinta. Al escritor le preguntaron si la ama, y él ha respondido que si, en su cabeza.

Hojas de invierno

Los coches las empujan en el pavimento. Hojas secas, los árboles se están desvistiendo.

Necesitan descansar.

Eran tantas, alzadas por el aire, pensé estaban enseñándome algún camino. No fue así.

Tan sólo los árboles se están desvistiendo. Necesitan descansar.