Relectura.

Hoy me di un tiempo para abrir las historias pendientes. Las releí. Me sentí listo por algunas cosas. Me sentí estúpido por otras. El camino del escritor es largo y tedioso. Redescubrimiento constante. Recordar tiempos mejores. Detectar como escribí eso, como escribí aquello. Sopesar si puedo repetirlo. No solo repetirlo, también mejorarlo. Mi gigante el día de hoy es “La Torre de los Sueños”. Abro el texto, recorro su cantidad de letras, comparo lo nuevo y lo viejo. Pero nunca está terminado. No encuentro el valor para escribirla un día completo. Hay muchas situaciones incompletas y personajes sin pulir. La pantalla azul brilla contra el monitor, el editor de texto despliega todas las palabras, mi cabeza recorre laberintos. Lo que escribo se asocia con las etapas que vivo. Estaba deshecho cuando escribí la torre de los sueños e inventé un mundo donde estar.

Un mundo cruel, por cierto, donde todos acabaron mal. Tengo la oportunidad de arreglarlo, o de hacerlos sufrir más. Domenique merece algo mejor.

También releí la búsqueda de Bob. Si el tiempo en aquella historia transcurriera como la vida real, mi alma habría perdido la apuesta. Sin embargo, ese mundo, como tantos otros, se encuentra estático. Cerrado en una esfera de cristal. Releo, abro el editor de texto, agrego palabras, las borro. Debo trabajar mucho. Necesito disciplina y silencio. Mis pensamientos no se desvían de Carlos Almaguer, y su inminente muerte. Tampoco se desvían del otro imbécil —el escritor patético—, de Eva, de Azul. ¿Cómo tengo tanta energía para empezar las historias, y nunca me sobra para terminarlas? Es un misterio que aún no comprendo. También me consume el tiempo. Son tantas las noches en que las historias vuelan como murciélagos, y chocan contra las ventanas.

Recuerdo cuando escribir me divertía muchísimo. Falta una motivación, un lugar, un talismán, una señal. Pequeña superstición mía. Escribir no sólo depende de disciplinas, sino del espíritu de su creador. De ahora en adelante, me recordaré a través del blog de todos mis pendientes. Probablemente eso me obligue a terminarlos de una vez por todas. Una adivina me dijo que habría de morir si terminaba todos los cuentos. Haré trampa. Empezaré una novela más cuando esté acabando las otras. Dejaré el párrafo abierto. Un párrafo que hable del infinito. Un párrafo que termine en tres puntos…

[Heber Dor - Cuento] ¡Bienvenidos a Jaramillo! (II)

El niño se cuidó así mismo, como en un trance. No necesitaba de ningún instinto de supervivencia, porque el niño de todas maneras hacía lo suyo. Servina no le puso nombre, ni después de cinco o seis años. Lo miraba y sencillamente, le olvidaba. Artesano habló en serio cuando le dijo que necesitaba uno de su sangre, ya que de Servina no tenía nada. Solamente fue el vientre.

No fue necesario decirle que no saliera a jugar, porque éste no lo hacía y el niño también era callado. Él solo se servía su comida y hacía sus necesidades, sin que nadie le dijera nada. Servina regresó en algún momento a su casa y la gente del pueblo le miró extrañada, preguntándose dónde había estado o qué había impulsado a que saliera de su locura. Raras veces miraban al niño, y al verlo, creían que era uno de esos niños indigentes. Aparecía tan esporádicamente, que solían creer que cada vez era un niño diferente o un niño nuevo.

Servina, los primeros años, intentó llevar al niño a su casa. Pero este se negaba con los ojos. Luchó unas diez veces contra esa mirada, pero jamás dio resultado. El niño lograba quedarse en la misma habitación que había nacido. Servina, tan sólo por compasión, limpiaba el cuarto que el niño había decidido como su hogar en el refugio.

El niño cumplió siete años y Servina gozaba de sus cuarentas. Las canas habían empezado a surgir en su cabello y unas cuantas arrugas también, se las miró indiferente. No le importaba envejecer, solo pensaba en trabajar y en su hogar. De nuevo se hizo cargo de conseguir lo básico para echar a andar de una manera más regular a “¡Bienvenidos a Jaramillo!” y logró, de nueva forma, conseguirlo. Se sentía fresca y contenta, a pesar de la desgracia de la Ciudad.

Llegó en esas fechas, un hombre con un parche en el ojo y una pata de palo. Llevaba consigo una pistola ceñida en el pantalón. Servina salió a presentarse y recibirle. Dijo que le invitaría una noche en el refugio si le daba la pistola y el hombre de la pata de palo consintió. A pesar de la dureza de su rostro cuadrado y sus facciones rudas, se veía un buen hombre.

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[Heber Dor - Cuento] ¡Bienvenidos a Jaramillo! (I)

A mi querida Doña Servina:

Éste cuento es largo y de hecho, engloba varias historias en sí. No sólo la tuya. Debo confesar que naciste como una idea pequeña, pero pedías más y más. Así que ahora te aguantas. Te he utilizado como el punto de partida para muchos personajes de “Padre Taxi”, nuevos y viejos personajes de Jaramillo y también como el punto convergente entre estos. De la misma manera, te utilicé para explicar la historia de Jaramillo desde otro punto de vista diferente al de “Padre Taxi”, que la novela en sí trata del punto de vista del personaje del mismo nombre y tal vez de otros más (Arlequín, Yasmín, Lurendberg, Ezequiel, Matías, etcétera, etcétera), quienes más bien, fueron recién llegados que vivieron otra etapa.

Por lo mismo, me las vi negras contigo, porque traté de conservar los enigmas que proporciona la novela intactos y no echarlos a perder en tu propia historia. De esa manera, quien lea “Padre Taxi”, descubrirá cosas en tí y quien te lea a ti, descubrirá cosas en “Padre Taxi”. Lo más divertido, es que ninguno delatará al otro (o eso espero). Quiero creer que tuve mucho cuidado en ello y si algún lector cauteloso descubre que no fue así… entonces, mi querida Servina, tú tienes la culpa.

De lo contrario, si los lectores se divierten leyendo esta historia sin necesidad de “Padre Taxi”, entonces habrás cumplido tu cometido y yo seré el responsable. Ahora, sonríe desgraciada, sonríe… ya que te di el lujo de vivir Jaramillo desde el mero principio, o tal vez la maldición.

Espero que me perdones.

Tuyo. El Cuenta-Cuentos. Siguey leyendo →

Diario de Simón Dor. Día 68.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 22 de 48


Querido Diario:

El Cuarto de Trofeos se ha hecho más siniestro. Con los ojos del súcubo Galloria flotando en el formol y la piel del súcubo Mama Esirasaft colgando de un perchero. La cabeza del rottweiler Mindar sigue sonriendo, jadea lentamente y me mira con ojos grandes. Le sonrío de vuelta y él crece más su sonrisa… eso me hace preguntarme, ¿por qué no mejor le llamo Bob? Suena más tierno que Mindar y al menos, me daría menos miedo cuando le mire.

El esqueleto estático de metal, con los pulmones de plomo flotando dentro del tórax, parece una armadura medieval protegiendo las llaves del cuarto de Beatriz. Me he decidido a mover las llaves un poco más cerca de la entrada para no hacer el recorrido entero del museo de excentricidades que he estado construyendo. También he puesto la pistola de McGonnagal junto con las llaves. No sé si Mindar/Bob pueda enloquecer tarde o temprano y quiera atacarme.

El libro de Mama Esirasaft puede corromperse en el polvo.

He sorprendido a Yasmín gritarle al niño mago y viceversa para comunicarse. No sé porque no apelan al sentido común… al menos entiendo que la vieja no quiera pararse de su asiento, pero el niño tiene mucha energía para caminar hasta la popa. ¿Por qué no lo hace? Así no estaría soportando los gritos que se avientan el uno al otro como pedradas.

La Tía Yemita:¡A qué no puedes escribir una historia de cuándo le robé el alma a un hombre llamado Gerardo Quesada! ¡Le he dicho que podría ser inmortal siempre y cuando existiera un retrato suyo!
Niño mago:¡Pero si la he escrito abuelita Yasmín! ¡Y también escribí la historia de dos hombres, Dumas y Domingo, que eran tan amigos que se confundieron de tal forma que no sabían cuál había cometido el primer asesinato y cuál era el inocente!
Árbol de los mil nombres: Matías, Saítam, Síatma, Tsaíma

Esto se ha convertido en un circo. El único que parece comprenderme es el delfín, que recibe mi mirada con una sonrisa constante y navega luchando contra el mar contaminado para mantener el paso de mi barco. El árbol sigue vigilante de mis pasos y entre-abre sus labios para decirme algo… se contiene y después vuelve a la ley del hielo. Yo le sonrío y le saludo con mi gorra. No seré yo el que dé el primer paso.

He pensado en la teoría del omniverso que ha propuesto Fest en el monolito. Él habla de escribir todas las historias del mundo, lo cual no me parece mal. Aunque ha olvidado algo terriblemente importante, si llegara a encontrar el punto donde se conjuntan todas las historias del mundo, podría también modificarlas. No sería el Dios de un sólo universo, sino el de todos los universos.

Claro, él es joven. No ha contemplado la posibilidad de convertirse en Dios, solo un mero espectador. Un escriba que dependió de la inspiración divina.

¿Y saben dónde se encuentra eso que está buscando? ¿No lo adivinas, mi querido Diario? Yo tengo una vaga idea. En el Cuarto de los Espejos. Pero no tengo la llave y francamente no me gustan los espejos, así que me ahorraré la molestia de convertirme en Dios yo también. Es más, seré feliz si el cuarto de los espejos desaparece así como vino.

Treinta días con sus treinta noches.


He ido al cuarto de trofeos y he tomado las llaves del Cuarto de Máquinas cuando dormía. Y también dormido, caminé por el pasillo de los cuartos y estuve frente a la puerta, queriendo acomodar la llave con la torpeza del sonámbulo. Fue cuando sentí una mano áspera en mi hombro que me despertó y abrí los ojos como lunas. Estaba a punto de desperdiciar una llave.

¿Simón, dónde estás simón? —pude escuchar repetidamente, tan rápido como los latidos de mi corazón. Quería entrar, deseaba entrar, pero la mano áspera en mi hombro me detenía fuertemente. No voltée, me quede varado frente a la puerta, asombrado de la fuerte tentación que representaba mirarla de nuevo, abrazarla, quererla y sentirla. Mirarle los ojos, mirarle el cuerpo, olerla hasta embriagarme y después llorar su maldita imagen fantasmal. Llorar que no existiese y no pudiera abrazarme.

—No es hora todavía —dijo el dueño de lo que creía era una mano, de reojo pude mirar una manzana roja que colgaba de una rama seca— Simón, dime, ¿por qué Matías?

—Jaramillo —respondí—, la anciana ciega. ¿No recuerdas nada de eso?

—No.

—Antes me llamaba Matías. Sólo que lo había olvidado.

—¿Entonces tu nombre guarda relación con el mío? Te he salvado de la tentación, ahora tú sálvame del nombre falso que no me puedo quitar de la mente.

Sonreí.

—¿Estamos jugando a los favores?

El árbol me contestó con una voz áspera y sucia—: No, te estoy salvando de tí mismo. Como tú lo hubieras hecho por mí.

Me quedé pensando y voltée para encarar al árbol de los mil nombres. Le debía la verdad.

—Matías era un escritor, que creyó que podría escribir las historias del mundo y asombrar a todos con ellas. Así como Fest. ¿A Fest lo recuerdas?

—Vagamente.

—Curioso que el nombre de Fest no haya tenido ningún efecto sobre tí.

El árbol respiró lentamente. Sus labios presentaron una tristeza, como en una caricatura.

—Es el nombre que me ha marchitado y también, es el nombre más falso de todos.

Me reí.

—¿Y Simón? ¿Simón Dor? —le pregunté.

—Es el nombre más real. El nombre que más me confunde.

—Sigue jugando con los dados, árbol. No puedo ayudarte porque no me sé tu nombre.

—¿Me puedes ayudar?

Me reí de nuevo, el árbol no pareció apreciar mi gesto. Lo confundió con sarcasmo en vez de ironía. Nos miramos largamente y él comprendió.

—Gracias —dijo el árbol de los mil nombres y se fue.

Si, treinta días, con sus treinta noches.

La eterna búsqueda.

Aún sigo en búsqueda de la diosa, porque el viaje así lo dice. Ya la encontraré y finalmente, tal vez las piezas del rompecabezas cobren sentido. Podré armar historias más bellas y me sentaré a escribir poemas. Sonreiré más a menudo, dejará de importarme que espera de mí la gente, dejará de importarme que espero de la gente.

Porque eres tú, la diosa, aquella que habrá de arreglarlo todo con un beso, la que habrá de exprimir mi vida sin que a mi me importe, eres tú diosa, la que será dueña de mi vida.

Y me carcajeo, me voy a la cama y me sonrío siniestramente. Porque es muy probable que no exista.

… que no exista …

Historias de Jaramillo

Se preguntarán porque he puesto un foro y he escrito menos estos días.

Porque tengo un nuevo proyecto llamado Historias de Jaramillo en donde me gustaría que ustedes como lectores participen. Revisen la página, la sección de ¿Qué es Jaramillo? y la sección de Personajes. Si decides participar, sería buena idea que te inscribieras en el foro para que ayudes a este loco con sus ideas que luego tiene.

Cualquier comentario respecto a este nuevo proyecto es bien recibido, también se buscan escritores que gusten de participar en este nuevo proyecto… anden a Historias de Jaramillo e informense en la sección que dice: “Personajes y Reglas del Escritor”. Yo se que es muy atrevido imponer reglas a los escritores, pero creo que en este caso tiene sentido…

Un saludo a todos y un saludo a los que regresan de sus vacaciones.