Hoja blanca

La vida pasa y le damos vuelta a la hoja. No estamos ciertos del futuro, no sabemos lo que puede suceder. Algunos tal vez si… andan en la vida con falsa seguridad y les dura hasta el día que están enterrados y con los hijos llorándoles… benditos sean. Benditos sean los que ven letras en las hojas blancas de su libro.

Duelo

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 43 de 47


Mi estimado Simón Dor, te he leído ultimamente, y creo que nuestra relación debe detenerse por nuestro bien. Eres una creación de mi imaginación preliteraria, es absurdo que abuses de mis dedos para crear tus letras absurdas y llenas de negativismo. Así que, vaya, tenemos que cortar relaciones por la paz. Decir adios mi buen amigo, tú sigues tu camino y yo el mío.

Pero mi querido Fest, ¿cómo osas a decirme tal cosa? Si yo soy el que te ofrezco los pasajes oscuros y de humor negro maravillosos que has escrito en toda tu vida.

Toda mi vida no, mi buen Simón Dor.

No lo niegues, la otra vez te pusiste a pensar y yo estaba ahí en las sombras observando tus pensamientos, si, estaba ahí. Yo existo desde aquella muerte innegable, ¿recuerdas? Primero me quisiste ver como un viejo sabio, como un consejero, como el mentor de toga y barba blanca que se parecía al Merlín del cuadro que solías tener. Tú me transformaste, me cambiaste y me pervertiste a lo que ahora soy, no puedes negar tu creación… no puedes negar al hijo monstruoso que has traído de las tinieblas

Tranquilo Frankenstein.

Ja! Touché!

Es cierto que yo te cambié.

Muy cierto

Y así como te di nacimiento, puedo darte muerte.

Bien puedes, pero ya me hubieras matado en vez de mantener esta conversación absurda. Todavía me necesitas y probablemente me necesitarás hasta el fin de tu existencia. ¿Cómo piensas esconder tu lado oscuro si no es utilizándome a mí? Soy una tercera persona en tu vida, una de tantas identidades que le has dado a tus máscaras a través de los tiempos. ¿Cómo piensas detenerme, si solito me llamas en las noches y ni siquiera recuerdas lo que ha sucedido entre pesadillas y anhelos? No mi buen amigo, no podemos vivir el uno sin el otro, somos el balance, ¿comprendes?

Y ahora viene la mamada de Ying-Yang, ¿no?

Puedes mirarlo así, si sientes que es más cómodo. El caso es que yo adorno lo aborrecible que eres, para poder mantenerte cuerdo. Soy meramente un instrumento, un viejo que fuma sin filtro y toma tequila. Todo un ícono en tu vida.

Llegará el día en que no te necesite, Simón.

simón, tal vez