Harry Potter.

Estas últimas dos semanas me aventé el maratón de Harry Potter. Busqué los siete libros y los empecé a leer. No había leído ninguno y aunque cierta mujercita, super fanática, sus dos hermanas, un exconcuño, como diecisiete amigos, Bob el cacto, trescientos bloggeros y el spoilinternet, ya me había descubierto la mayoría de los secretos, no quise dejarlo nomás por la necedad de que todo mundo ya los había leído. Además que me fascinan las novelitas tipo bildungsroman, porque gusta sentir como pasa el tiempo. Me asombra el crecimiento de un personaje ficticio y me pone a pensar en los recursos que un autor puede ocupar para hacerlo. Si necesitan decirle a sus amigos y familiares si Harry Potter tiene algún valor literario es precisamente ese: desarrollo del personaje, crecimiento y cambios. Como afectan estos cambios al mago desde los 11 hasta los 18 años.

Mis libros preferidos de la saga, fueron el seis (The Half Blood Prince) y el siete (The Deathly Hallows). Los cuales, me atrevería a decir que los dos forman un sólo libro. Mientras que los primero cinco fueron muy fáciles de leer y establecen el rol de Harry como un héroe que todavía se encuentra aún aceptando su destino, jugando a las aventuritas, a destruir a Voldemort, muertes aisladas y sacrificios nobles que forman la personalidad del joven mago. En los últimos dos el destino no sólo se acepta, sino que el camino se recorre hasta el final y Harry construye su propia aceptación a sacrificarse.

Además los recursos literarios de los últimos dos libros son un poco más complejos: las historias dentro de la misma historia. Son tres los Deathly Hallows, son tres los hermanos de ese cuento de hadas, son tres amigos los que buscan los horrocrux. Los recuerdos que ha recolectado Dumbledore de Voldemort, los recuerdos de Snape y el cuento de Kreacher, son historias que definen el posible destino de los personajes si algo no cambia. El desarrollo y origen de los personajes que habían sido mentores o detractores es muy importante también, y algo que se descubre hasta el final de la saga. Los eventos que de algún modo, son comunes entre los personajes, provocando que los destinos se crucen: Snape, Voldemort, Harry, Albus Dumbledore. Los cuatro tienen un historial familiar violento y/o complicado. Los cuatro tienen o han tenido problemas para adaptarse a su entorno social. Los cuatro de alguna manera, son un reflejo del otro y por eso se comprenden entre sí.

Ya, eso es todo lo que quiero decir de Harry Potter, antes que empiecen los spoilers. Ehm, ¿qué, qué, qué? ¿quién es Albus Severus?

Los niños muertos que gritan: “Papá”.

Qué título tan tétrico para un post, pero yo no tengo la culpa. El día empezó raro. Desde la tos de perro muerto que me traigo hasta la breve discusión con un interés amoroso del pasado. Llegué temprano. Curiosamente, estoy leyendo los libros de Harry Potter. Llevo la mitad del primero en una noche. Mi hermano se reía de mi insistencia en conseguirlos en inglés británico. —Más párrafos. No quiero que Hagrid hable como sureño de Wisconsin —le inventé. Los juegos de palabras se aprecian mejor, si es que existen tales. Buscándolo en torrents, encontré a un tipo que decía que se había tomado la molestia de editarlos y mejorarlos, arguyendo que su edición era la mejor. Mientras le leía la descripción de como esta persona había editado los libros, a mi hermano, él se carcajeaba. Nos carcajeábamos. Entonces hice lo prohibido, entré a IRC después de años de no tocarlo, busqué en undernet, y bajé lo que tenía que bajar. El primer libro —el único que había leído—, me sigue gustando. Como el niño sufre desde el principio y lo tratan como una especie de cenicienta. Lo empujan a los límites. Cuando lo leí la primera vez, pensaba—. ¿Por qué lo tratan tan mal? —y me sentía identificado con él. Me dolía.

Estoy atento un poco más a los misterios, a los cabos que dejan sueltos y las pistas. Eso es trabajo de un buen escritor de libros tan aventureros como este: Dejar abiertas las puertas para la extensión de la historia, pero de una manera muy sutil. Sutileza y elegancia. Llegué a la oficina, con el sombrero parlanchín en la cabeza, y una niña corría de un lado a otro gritando papá, papá, dónde estas papá. Pensé que era un fantasma, pensé que con mi dolor de garganta, si me asomaba, podría robarle la suya. El día empezó raro. Lo dicho.