Cuento de Hadas II

Escúchame niño, allá en el cielo forrado de estrellas, si buscas con atención encontrarás la entrada a Fafjel. ¿No sabes dónde es Fafjel? Yo tengo unos recuerdos maravillosos de ese sitio, puesto allí nací. Permíteme contarte la historia, olvídate de los problemas a tu alrededor ya que en Fafjel no existen, ni les importan.

En Fafjel corren libres los centauros y los céfiros azotan los vientos. Las driadas coquetean con los sátiros, las sirenas son mujeres con cola de pescado y algunos pescados tienen alas. Las hadas le sacan la lengua a los súcubos y los demonios buscan niños chiquitos como tú, para comérselos a gritos. Pero no temas a los demonios, son necesarios para conservar el balance.

En Fafjel existe un unicornio negro desdichado, cuyo cuerno de onyx brilla intensamente a los ojos de una luna hecha de queso. En Fafjel, habemos muchos árboles como yo, que nos dedicamos a caminar en soledad para encontrar un nuevo ambiente en el cual crecer y así nos olvidamos del pasado, día con día, aún cargándolo en las ramas. También nace cada día, el espíritu de un caballero andante cuyo propósito es vivir aventuras, y al nacer él, nacen las brujas y los dragones chinos y nórdicos.

¿Los cuervos, preguntas? Allá en Fafjel son nada más eso, cuervos.

En Fafjel, yo no estaría marchito, pero eso ya no importa.

La vida no es un cuento de hadas, sin embargo, puedes soñar en ir allá un día y vivir lo que se te antoje. En Fafjel no necesitas comida y tampoco dormir. Es como Jaramillo, pero Jaramillo es malito y convenenciero. Fafjel será como tú desees que sea, porque es el centro de los deseos, del corazón humano. Encontrarás el camino a Fafjel siempre en el cielo, nunca en el infierno. Allá uno se embriaga nada más de respirar y los duraznos, son los más dulces y redondos que hayas probado.

El tequila se vende en frutas y los duendes, son comerciantes de lo más amigables. Lo importante, es que allá no hay humanos, así que nadie jamás te hará daño. Al contrario, los golems te construirán una casa en las montañas, los elfos preguntarán a los árboles a cual le gustaría ser tu casa, los demonios te harán un espacio incómodo en la lava del volcán y en los súcubos siempre tendrás un lecho al cual llamar hogar. Podrás pasar tardes enteras, escuchando el ruido del viento —¡Por qué allá, el viento si hace ruido! ¡Allá el ruido es música, palabras antiguas que se graban en tu piel, así como mi nombre existe en la corteza! Allá vives, día con día, hasta que te mueres y no te importa.

Eso, mira conmigo el cielo y sueña. Duerme, duerme… mañana despertarás allá. No extrañarás nada esta noche, déjate arrullar por las hojas moviéndose con el viento. Pretenderemos hoy, que has vivido ahí toda tu vida y que no necesitarás más. Podrá Tsef Thaed pensar que la vida no es un cuento de hadas, podré yo caminar para comprobarlo, sin embargo, tú duerme y bebe el agua de la vida, porque en Fafjel llueve a cántaros.