Ludiah Sartdac II

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 39 de 48


En el día número quince, seguido por su noche. Simón y el Árbol Tsef salieron a buscar al súcubo. Y no sabían que sería imposible encontrarle hasta que este se dejara ver, ya que utilizaba al niño para esconderse entre ilusiones e irrealidades. Cuando Simón pasaba por el Cuarto del Jardín, se descubría saliendo del Cuarto del Laberinto. Y cuando el Árbol miraba la puerta de Beatriz, despertaba de un largo letargo para darse cuenta que se encontraba en el Cuarto de Fest.

En el monolito, el Árbol Tsef leyó: “Th-ed”, “Perdóname”, “Pronto le hará daño y ni siquiera habrá de importarle”, “¡Sálvalo!”. Se aprendió los mensajes para dárselos a Simón más tarde, pero les olvidó, ya que cuando salió del monolito, se encontró en la proa y escuchó los ronquidos de la vieja durmiendo.


Ludiah Sartdac se había encerrado en el Cuarto de Trofeos, con el niño en brazos. La cabeza del rottweiler dejó de ladrar y abrió los ojos, no jadeó, no respiró. Miró, ya que era lo único que podía hacer. El súcubo paseó su mirada alrededor del Cuarto de Trofeos, después dejó al niño en una esquina, alzó una mano y un velo oscuro le mantuvo flotando y encerrado en una nube oscura.

—Simón no fue muy listo al conservarlo todo, ¿verdad, mi querido? ¿Cómo te llamas?

—Bobby Mindar —respondió la cabeza del rottweiler.

—Muy bien. No pudo ser otro que Simón el que te nombrara. Bobby, el diminutivo, un nombre ridículo para aminorizar el temor que te tiene. Mindar, el nombre oscuro y misterioso, la naturaleza de tu ira. Ahora ven querido, haremos que Simón conozca la extensión de tu verdadero ser.

—Debo proteger a Simón.

—Ya no.


El Árbol Tsef y Simón Dor, en lados opuestos del barco, escucharon el aullido del perro que estremeció los cielos e hizo retumbar a los relámpagos. Simón salió del pasillo y encontró que el Árbol Tsef ya se encontraba en su habitación. El Árbol Tsef y Simón acordaron mantenerse unidos, el primero amarró una rama alrededor de la cintura del segundo, para que las ilusiones los llevaran al mismo lugar. El viejo tomó el hacha que había dejado en su habitación la noche que salió del Laberinto y los dos caminaron por el pasillo hacia el Cuarto de Trofeos.


Ludiah Sartdac se lamió la sangre que salía de los ojos del perro, el cual, ya no tenía manera de mirar. Buscó entre las cosas del Cuarto de Trofeos y encontró los ojos de Galloria. Con sumo cuidado, los acomodó dentro del perro y éste volvió a abrir los ojos.

—¿Todavía quieres protegerlo?

—Ya no.

—Muy bien.

Llevó la cabeza hacia el esqueleto metálico, abrió el cuello del perro y sin vacilación… metió la cabeza en un solo empujón que hizo aullar al perro de nuevo.


Simón y el Árbol Tsef miraron el Cuarto de Trofeos. Simón alzó su hacha y el Árbol empujó la puerta, los dos caminaron y se dieron cuenta que estaban en el Cuarto del Jardín. El viento cantó, la presencia del Árbol modificaba enteramente al cuarto haciendo que el cielo pintado, las nubes pinceladas y el pasto brochado cobraran vida.

El viento manipuló lo que quedaba de las alas de las mariposas y las hizo volar a través del jardín, hasta que se perdieron en un cielo que no existía.

—Esa puta nos hará caminar en círculos. ¿Qué demonios está haciendo? ¿Qué fue lo que le hizo al perro?

El Árbol Tsef se encogió de ramas, y caminaron juntos por la puerta.


—Te ves más bonito así —Dijo Ludiah Sartdac, después, utilizó la piel del súcubo Mama Esirasaft y ésta se adhirió sola, cubriendo por completo el esqueleto. Minocino, se dijo en silencio Bobby Mindar. El perro bajó la mirada para ver su cuerpo y notó que no podía su propio cuerpo como otros lo harían… Ludiah lo resolvió con el reflejo de Zalic Luia y completó al monstruo—. Tan sólo nos resta darte vida, para que odies a Simón y no dudes en matarle cuando se meta al Laberinto.

Ludiah Sartdac se quitó una de las mariposas del cabello y la puso en la boca de Mindar. Este la tragó. Al hacerlo, pudo mover su cuerpo y se acostumbró a los cambios.

Ya no extrañaba ser una cabeza, y tampoco extrañaba proteger a Simón.

—Transformación, transmutación.


El Árbol Tsef y Simón salieron del Cuarto del Jardín para encontrarse simultáneamente en el Cuarto de Juegos. Se miraron y suspiraron cansados.

Escucharon una risa rasposa que no habían escuchado antes. Y los dos dedujeron lo mismo. El perro había cambiado.


Ludiah Sartdac abrió la puerta del Cuarto de Trofeos y dirigió a Bobby Mindar al Laberinto.

—Tienes un nuevo hogar, recuerda quedarte ahí… han de entrar, tarde o temprano. Si todo falla, eres el único que puede ayudarme.

El perro con cuerpo de hombre asintió, y se metió riendo al Cuarto del Laberinto, donde habría de perderse.

Ludiah regresó al Cuarto de Trofeos y miró que ya no necesitaba nada más ahí, miró el Libro de Mamá Esirasaft y le escupió encima, nunca le agradó su hermana ni su ridículo libro con tono de Biblia. Por ella, Simón podría quedárselo. Se llevó al niño en brazos al Cuarto del Jardín y volvió a sellarlo con una magia que no era suya.


El Árbol Tsef y Simón, aún cargando el hacha, caminaron por el pasillo de los cuartos. El perro ya no ladraba, pero la pregunta de Beatriz inundaba el ambiente. Intentaron una vez más en el Cuarto de Trofeos y pudieron entrar, Simón miró con atención y se dio cuenta que el esqueleto metálico y los trofeos recuperados de los súcubos, se habían ido. Igual que la cabeza de Bobby Mindar.

También miró el mueble donde solía estar la pistola de McGonnagal y las tres semillas del Árbol. Pero se sintió inusualmente tranquilo cuando encontró que la llave de Beatriz seguía ahí.

El súcubo planeaba algo.

—¿Qué sucede Simón?

Simón alzó una ceja y después prendió un cigarrillo.

—Que nos esperan días muy divertidos, eso es lo que pasa.

El viejo miró de reojo el Libro de Mama Esirasaft, que descansaba tranquilamente. La cubierta estaba en cierta forma oscurecida, medio húmeda. Parece ser que al súcubo no le interesaba lo que anotó su hermana en lo absoluto y la verdad es que a Simón, tampoco. Salieron del Cuarto de Trofeos y se dirigieron a la habitación, donde otra vez, no conciliaron el sueño.

Simón y el Árbol Tsef miraron el brillo del hacha, hasta que tan solo restaban catorce días, con sus catorce noches.

Urban Legends

1: Dos hombres salieron a pescar en un bote cuando vieron a un adolescente pescando en una orilla. Cuando le preguntaron si los peces estaban mordiendo el anzuelo, el muchacho respondió: “No, pero los gusanos si”. Los hombres se rieron y dejaron atrás al muchacho, regresando horas después, encontraron al niño muerto. Cuando revisaron su lata de anzuelos, no había nada más que agua.

2: En una recepción de una boda, todos jugaron a las escondidillas. Al novio le tocó jugar primero. Empezó a buscar y encontró a todos, excepto a su nueva esposa. Finalmente se rindió, decidiendo que ella lo había dejado. Un par de años después, una señora encontró un baul con llave en un ático de la iglesia. Cuando logró abrirlo, encontró el cadaver de la novia.

3: Una chica universitaria eligió no ir con su amiga a una fiesta. A las 11 de la noche se quedó dormida, pero fue despertada 20 minutos después por algo que azotaba su puerta. Aterrorizada, decidió ignorar la puerta y se volvió a quedar dormida. La siguiente mañana, encontró a su compañera de cuarto degollada afuera de la puerta.

4: Una joven se metió en su coche, cuando vio por el espejo a una viejita sentada en el asiento trasero. La viejita le dijo que necesitaba un aventón al hospital. La joven le dijo que si, pero sintiéndose algo incómoda, le pidió que se saliera para que le ayudara a sacar el coche del estacionamiento. Cuando la viejita se salió, la joven se arrancó dejándola atrás. Fue a la policia, y encontraron un hacha escondida detrás del asiento del pasajero.

5: Una pareja de adolescentes estacionaron en un mirador para fajar, (fourplay, acariciarse, besarse, etc). Pronto, escucharon en el radio el reporte de un hombre con un garfio en la mano derecha que había escapado de un sanatorio. La pareja decidió ignorar la advertencia, pero cuando la chica salió del coche un poco más tarde, encontró un garfio atorado en la manija de la puerta del coche.

6: El año pasado, en las noticias, salió el caso de una niñera que recibió una llamada después de poner los niños a dormir. La voz en el teléfono dijo, “¡tú sigues! JA-JA-JA”. Asustada, la jovencita llamó a la policia, y le dijeron que dejara la casa inmediatamente. La policia había rastreado la llamada, descubriendo que venía del cuarto de arriba, donde el que llamó ya había matado a los niños.

7: Una mujer regresó del trabajo y encontró a su perro Doberman ahogándose. Llevó al perro al veterinario, quien llamó 20 minutos después, rogándole que saliera de su casa y diciendo que ya había llamado a la policia. Cuando la policía llegó, facilmente aprehendieron a un hombre armado y sangrando. El veterinario descubrió que el perro se estaba ahogando con dedos humanos

8: Una adolescente estaba sola en casa mirando televisión con su perro. Después de un rato, decidió irse a dormir, pero pronto fue despertada por un sonido extraño. Buscó debajo de la cama por el perro y sintió que le lamían la mano. Entonces se durmió de nuevo. Al día siguiente, encontró a su perro muerto en el baño con una nota escrita en sangre que decía: “Los humanos también lamen”.

9: Una universitaria entró cansadísima a su cuarto después de una larga noche de fiesta. Como su compañera de cuarto ya estaba dormida, dejó las luces apagadas y se metió inmediatamente a la cama. En la mañana encontró el cuerpo de su compañera tirado en el piso y una nota en el espejo que decía: “Que bueno que no prendiste las luces”.

10: Un obrero cayó con los pies primero, a una maquina que fue apagada inmediatamente. Los paramédicos llegaron y le dijeron que si lo sacaban podría morir inmediatamente, pero que si lo dejaban, moriría pronto de todas maneras. La esposa del hombre fue a verlo e intercambiaron algunas palabras, se dijeron adios el uno al otro. Después, ambos pidieron que prendieran la maquina de nuevo.

No creas ni una palabra… después de todo, son leyendas urbanas… ¿verdad?