[Heber Dor - Cuento] La lucha de Pompadour

Los fantasmas son entes muy extraños cuyos actos giran en torno al ocio de estar muerto. Los fantasmas de los humanos, son más flexibles, ya que encuentran facilmente el regreso a sus actividades de la vida diaria y si son maliciosos, tal vez se dediquen a espantar a los vivos. Sin embargo, los fantasmas de los animales son distintos, ellos dificilmente regresan a su vida normal. Son pocos los animales que prolongan su existencia como fantasma y en realidad son arrastrados involuntariamente por un lazo estrecho que tuvieron con un humano.

Uno de esos pocos fantasmas es Pompadour, un gato persa de ojos azul transparente que corre de allá para acá y de regreso, unas treinta veces al día. Primero lo hacía como un reflejo de sus instintos animales y después, lo hacía para divertirse, ya que su dueña era una persona muy aburrida, a su ver. Siempre fue una persona muy aburrida, aunque la muerte le sentaba bien.

Pompadour, como buen gato, se consideraba el líder de un grupo de animales fantasmas, un pequeño grupo de animales variados: un mulo llamado Isaac, un manatí llamado Rookham, un mini-toy llamado Killer y un jaguar flojo llamado Ah Balam (valga la redundancia). Los animales, se escapaban de sus respectivos dueños para reunirse de vez en cuando, charlar y vivir alguna aventura en el reino de los muertos.

Se hacían llamar el grupo de las doce y media. Pompadour había decidido el nombre y a los demás animales les parecía bien, o más bien les daba igual. Pompadour no les dijo que había elegido el nombre a partir de un grupo que tocaba jazz en el “Café de La Tía Yemita”, seguramente a ellos no les importaría y tenía toda la razón. Los integrantes del grupo de las doce y media, cuando Pompadour no estaba, sencillamente se echaban y platicaban, o se quedaban en silencio.

Cuando Pompadour se presentaba con alguna propuesta (a lo cual, el grupo se refería como una obsesión, una necedad, una aventura innecesaria y estúpida), solían tener mucho que hacer, porque acababan envueltos en el problema de Pompadour sin querer. Lo bueno es que ya estaban acostumbrados y de por sí, ya estaban muertos. ¿Qué más podría pasar?

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Tres policias y un gato

Como era de esperarse, terminé de editar el casting para “Nacional Monte de Piedad” a las 2 de la mañana. Ya lo esperaba, desde que me levanté de mi cama, sabía que sería un día de esos que procuran construir bola tras bola en mi espalda. La bajada y selección de la gente empezó a las 11 de la mañana y terminó a las 7 de la noche. La edición tardó otras 7 horas… odio los comerciales de viñetas.

Un comercial de viñetas, procura presentar 23 personajes haciendo X número de situaciones en los menos segundos posibles (lo que tarda un comercial, entre 20-45 segundos). Pero el problema es que sigue siendo un proceso muy selecto, no importa cuantos personajes sean, debe ser alguien que provoque hacer realidad lo que la febril mente del creativo haya construido.

Odio editar los castings para comerciales de viñetas. con Panasonic (el comercial donde sale Martha Higareda antes de ser famosa) fue lo mismo, y antes de ese, hubieron dos de Telcel que me hicieron sufrir. ¿Y por qué este habría de ser distinto?

Por eso al despertar… ya sabía lo que me deparaba el destino.

Terminé mi edición, dije bye bye a la oficina y al salir, pasaron por la avenida dos patrullas de Fuerza y Reacción, o Tarea-Reacción, algo así le entendí. Creo que son de las nuevas que hay aquí en esta Ciudad. Bien, uno de los policías se me quedó mirando al cerrar mi reja y me dije: “Bueno, nomás que se fijen que estoy cerrando con llave y no tratando de entrar a la fuerza, seguirán su camino”.

Y eso hicieron, me pasé la calle a esperar un Taxi a las 2 AM, con todo desértico y fue cuando vi de nuevo las dos patrullas. Pero ahora se aproximaron a donde yo estaba, se detuvo una, se bajó un policía y me empezó a interrogar muy amablemente que hacía ahí a esa hora. Pues contesté con verdad todo lo que me dijeron y creanme, andaba asustado, para los que conocen la policía mexicana… ya saben, sobre todo la del distrito.

Después de una serie de preguntas que no les veía sentido, hicieron que dejara mi mochila y revisaron adentro, después me pidieron que mostrara lo que traía en los bolsillos y ya al final, me catearon de arriba para abajo, el policia tan amable me hizo el favor de que se me encojieron los huevos de pura reacción (mano masculina! ALERTA! ALERTA! mano masculina).

Ya se despidieron y me asombré de que no me pidieran dinero o me secuestraran. Les dije buenas noches y les pedí de favor que si miraban un taxi por su ruta, le pidieran de favor que pasara por aquí. En ese momento pasó uno libre.

Estaba dudando si detenerse porque las patrullas ahí, y después yo… bueno. Parecía como que los polis viendo que el ratero se suba bien al coche para que lo asalte bonito y se compartan después el motín. Pero afortunadamente si se paró y el amable señor taxista me dijo que creía que era algún detenido o algo así…

no, respondí sonriendo, para nada, sonreí de nuevo, se detuvieron a preguntar quien era y luego a acariciar mis huevos, se detuvo mi sonrisa.


En fin, durante el transcurso de la noche le hablé a mi mamá por teléfono y le recordé 6 días después del cumpleaños de mi tía Imperio. No le hablamos por su cumple y yo apenas me acordé el día de hoy. Mal mal mal. Me va a asesinar cuando le llame, solo espero que no esté enojada.

Y mi mamá… bueno, transcripción de la plática:

—Le hablamos el sábado los dos… oye…
—¿Qué?
—Se metió un gato a tu cuarto.
—¿Cómo? ¿Y ya lo sacaste?
—Ay no, ¿cómo crees?, ¡sácalo tú!
—¿Y cómo le hago? ¿Desde aquí le grito groserías o qué?
Mi mamá se echa a reír…

Tan linda ella…

Después del cateo policial… CATeo… ja!, ¿entendieron el chiste bobo? No, ya se que no, demasiado bobo. Bien, en lo que iba… después del GATeo… jajajaja, lo siento, lo siento, ya. Después del cateo y que pude llegar a mi casa, lo primero que hice fue dejar las puertas abiertas y entrar a mi cuarto, a primera vista no lo encontré, después me asomé debajo de mi cama y el cabrón salió corriendo. Lo perseguí hasta la cocina y después la zotehuela… transcripción:

—¿Qué haces ahí?
—¿Meow?. (¿Qué te importa?)
—Bueno wey, ya te dejé la puerta abierta, andele mishons, para afuera.
—¡Meow!. ¿Meow? (¡Ajá wey! ¿Y tu nieve?)
—Si, si, Meow, andale… muévase.
—Meow. (Ta güeno).

Se salió medio inseguro y ya cuando vio que estaba medianamente alejado de mí, regresó a mi cuarto. Que huevos… de veras, que huevos. Lo perseguí a mi cuarto nuevamente y ya mi mamá me dijo: “Se está queriendo salir por tu ventana”. Abrí mi ventana y al voltear me di cuenta que volvía a correr a la cocina. Ya caminando, porque está sonando que el gato aprendió bastante de Tom y Jerry… escuché un ruido y al asomarme a la zotehuela, asumí que el gato se había ido por la ventana de la sala.

Tanto ajetreo para una madrugada.