¿Qué pasaría si…?

Caminaba yo sobre Xola, que es una avenida grande y bastante trancitada, y la puerta de una casa estaba abierta. Una mocosa de quince años, como anzuelo de prisión, caminaba frente a mí oleando suavemente su falda escolar. Suspiré y miré a otra parte. Ella se metió a la casa y cuando pasé frente a ella, miré de reojo: cachivaches por ahí, cachivaches por allá, libros viejos, libreros como le gustarían a Sol, poca luz, las cortinas mataban todo. Continué caminando para comprarme mi coca pero pensaba que cualquier gañán hubiera podido entrar a esa casa y enamorar a la jovencita, como el jicotillo de doña blanca. Un ranchero que llegara con su caballo, y a la vieja usanza mi cielo, alza tu faldita de Britney Spears porque te llevo. O peor aún, un grupo de ladrones y bandoleros, que entraran por la fuerza a la casa, para formar ahí su última resistencia, aprovechando a la hija y a su madre para recibir de mujeres el último consuelo. Una cogida antes de morir, humedece tus entrañas que yo crezco mi tercer ojo, el cíclope, la cornucopia del burro, mi coso. No desperdiciemos el tiempo en habladas, ni edades, ni en que vamos a morir en unas horas, bueno… al menos yo, hagamos como si estuviéramos enamorados y como perros nos atoramos hasta el primer sonido de las balas.

Por eso, es divertido ir a la tienda.

Mejores maneras

—¿Y cómo quieres pasar el tiempo?

—¿Quieres embriagarte?

—No sé, ¿tú quieres?

Ella se pone de pie, se acerca a mí y nos besamos en los labios. El olor y el sabor me embarga, me embriaga… ¿hacía cuánto que no tocaba una mujer? Tenía tiempo. Y tuve suerte… una mujer de grandes ojos negros y de sonrisa encantadora.

—¿Mejor?

—Mucho mejor.


Piel que se toca, sentidos que se agudizan, el hombre hundiéndo su rostro en el vientre de la mujer, como si quisiera regresar al seno materno. Acariciando y mamando los senos, buscando la leche materna que alimenta. Ella le mira y le acaricia el cabello, se los ofrece. ¿Y qué busca ella? Es muy sencillo, toda mujer que se descubre así ante un hombre, es el botón de la flor abriéndose y demostrándose, la señal de la confianza, el permiso discreto para tocar su cuerpo entero, y con un poquito de cariño, acariciar su alma. La mujer completa, espíritu y cuerpo descubriéndose durante una relación sexual, enalteciendo el aura, fundiéndola en agua de sal y muslos calientes e inquientos.


—Se ve que te gusta besar…

—¿Se nota?


Labios pegados, es el ofrecimiento del oxígeno, el aire vital para uno y otro se une en uno sólo y se convierte en un suicidio mutuo y voluntario, dispuestos a morir con tal de encontrarse como una sola persona. El agua interior se vuelve una y las lenguas se hacen como barro. Los labios se enrojecen, les encanta ruborizarse con el coqueteo cuando se tocan unos a los otros. En ese momento, son niños, con la mirada inocente y los labios entre-abiertos, dedicándose a jugar. En ese momento, son adultos, un ser incompleto que se desespera tratando de pegar la piel que le falta a su cuerpo.


—¿Te gusta jugar?


Dedos juguetones que con la punta tocan la frente y bajan por el cuerpo, a los labios que lo encierran y lo muerden suavemente. La búsqueda del hombre por beber el agua con que la diosa ha llenado la cornucopia, la búsqueda de la mujer por apagar con sus besos la espada flamígera de aquel que se cree héroe. Dedos entrelazados y aprisionados en calor, la piel se derrite en las palmas y al secarse con sudor, se une. Se ha hecho la conexión del espíritu, la medición del ritmo, el igualamiento del karma.

Y en algún momento se abrazan el uno al otro, no queriendo que termine. El ser se completó.

En horas, se separaron las piezas y les quedó la vaga esperanza de volverse a ver, para tratar de reunir otra vez las pieles.

1999: Anselmo y Susana.

Capítulo 1.
Cuatro Minutos.

El despertador sonó al cuarto para las seis. Anselmo automáticamente se levantó y lo apagó. Lo ajustó para que sonara a las seis de la mañana y regresó a su cama.


—Ti-ti-ti-ti-ti —repitió el reloj incesantemente.

—… hijo de puta —le respondió Anselmo. Se levantó pesadamente y con el cariño que tiene un león a un ratón, lo apagó. Se recostó y empezó a contar del uno al ochenta, así era su rutina—. Uno, dos, tres… cuando llegue al ochenta, me levanto.

Anselmo, el joven de dieciséis años, bostezó y cayó en un sueño intranquilo al son del cuarenta.


Inexplicablemente, al menos para Anselmo, dieron las 6:15, y 6:16 en lo que comprendía que había dormido de más. Cansinamente tomó su toalla y salió a prender el calentador.

—¡Que hueva! Solo tengo cuatro minutos para bañarme. Todos son unos hijos de puta, todos. Un día me consigo una pistola en Tepito y los mato. Mejor aún, me meto al metro con una escopeta y a ver cuantos caen… solo cuatro minutos.

Arrastrando chanclas, se metió al baño y abrió la llave. Rápidamente se enjabonó el pecho, la lonja, los brazos, la ingle, el culo.

—Si, ella solía decir: Para dar impresión, lávate bien el culo, un baño no lo es, si no te lo lavas con cuidado. Con el culo bien lavado, una camiseta limpia y sin mugre en las orejas siempre darás una buena impresión Anselmo.

“No se me olvida Abuela Rosa —pensó Anselmo—. No se me olvida”. Y así Anselmo, con el religioso cuidado de una virgen… se lavó el culo.

—Cuatro minutos… solo cuatro minutos —murmuró Anselmo.

Siguey leyendo →

Impulso Sexual.

No lo puedo evitar, porque te me enredas en el cuerpo y en el espíritu, no tengas fé de que atravesarás mi alma, aunque enredes tus piernas en mis caderas y empujes el sexo contra el tuyo. No importa cuanto gimas, pues para eso vivo, no importa cuanto grites, pues de cada grito me regocijo.

Empuja más fuerte, eso es, compláceme y no me mires tanto a los ojos, que encontrarás mi culpabilidad enterrada. ¡Mueve más las caderas y hazlo al compás de las mías! Que ninguno quiere que esta sinfonía termine.

Solo tengamos sexo juntos, nada más importa, ni las estrellas, ni la arena de un mar, ni que lo hagamos en público o a escondidas de tus padres o tu Dios. ¿Qué te arrepientes me dices? Bonita hora de hacerlo… pero te sigues enterrando mi pene en tus entrañas, no me detendrás tan fácil, ¿ves? No me detendrás porque jamás quisiste detenerte.

Nunca quisiste detenerme, nunca te quise detener. Sácame hasta lo que no tengo que darte, con tal de seguir así. Grita mi nombre o el de otros veinte más, que más da… por sentir el calor que ahorita estoy sintiendo. No se te ocurra confundir con amor, aunque te brillen los ojos, está bien claro lo que tenemos.

Pero al idiota de mí se me ocurre besar tus labios, el idiota de mí se encadena con tu rostro y todas las idioteces que acabo de decir, no tienen sentido. Nos entregamos, porque en ese preciso momento… ambos quisimos ser amados.

Diario de Simón Dor. Día 18.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 16 de 47


Día 18

Tengo en mis manos polvo de Arte, ¿sabes cómo funciona diario querido? Acércate, te lo diré al oído… porque el polvo de arte es similar a hacer el amor. Pasas una mano por sus delicados muslos, que son como frases delicadas o colores pasteles con un brillo en el centro, como la noche estrellada de van gogh… las manos se mueven hacia arriba, acariciando el vientre de un cuerpo de Botero, deliciosa música de Beethoven incrusta el aire y se convierte en la Oda de la Alegría cuando los dedos aprietan girasoles o manzanas de naturaleza muerta que se enciende en vida. Un beso significa el descubrimiento de la luz y la sombra, el contraste de matices que evocan sentimientos del pasado. Los cabellos simulan un cuadro de Monet en diversas tonalidades y es obvio que la sonrisa es de Mona Lisa. Enigmática, profunda.

La nostalgia en polvo de arte se convierte en el Adagio de Albinoni, y la esperanza son los diversos Opus de Tchaicovsky o la inmensidad de la Capilla Sixtina, que nos hace sentir insignificantes y abre nuestros ojos a tal extremo de creer que verdaderamente es una obra divina y tan solo es humana. La inocencia y la pureza de un desnudo es el David y la triste reflexión o el momento antes de una decisión es El Pensador. Y si recordamos nuestro ancestro pasado, el Polvo de Arte gustoso nos lleva a pinturas rupestres en Francia, podemos imaginar los tambores africanos circulando al ritmo de nuestra sangre y en el viento se puede oler la mezcla de hojas y sangre de insectos que llevaban los patrones Aztecas.

Nuestros ojos asemejan la fotografía de un 1910 o 1920, con un indio sioux evocando a los espíritus del águila, el halcón, el oso o la hormiga, no lo se. Nosotros somos Polvo de Arte, así como la Magia existe en el mundo, las driadas y las sirenas y los sátiros y las ninfas llevan sus enseñanzas, tocando los instrumentos y pintando los colores en el mar de nuestra propia alma.


Allí estaba, su falda se pegaba a las nalgas que bien formadas por el ejercicio, se presumían ante mi. Sus ojos azul claro, su cabello liso y perfecto. Yo toqué sus manos y le tuve que besar los labios, como si fuera un principio, ahí estaba ella… y casi creí sentirme enamorado.

Mis manos perdieron caso al dueño, la moral se derrumbó cuando se deslizaron debajo de su armadura de algodón, sus labios suspiran frases que jamás serán escuchadas y entre la ausencia de oxígeno escucho mi nombre y ahí empezó mi falso amor.

Mis labios se encarnaron alrededor de su cuello, abrieron una entrada a su cuerpo y penetré en su espíritu antes de penetrar en su cuerpo, el hilo de seda de su cabeza acarició mi rostro enterneciéndolo, enrojeciéndolo a medida que me acercaba más a ella. No pude evitar subir su falda y ella, sencilla, se rindió.

No protestó cuando la presentación física, sus manos quietas encadenadas por las mías y su cuerpo doblado, sus ojos cerrados y su boca entrecerrada, mi nombre se escucha, mi nombre se pierde, los gritos ya son sin sentido y yo, con mis manos en su espalda, empujando su pecho contra el cielo y atravesando la jungla de su falda para llegar a mi tesoro escondido.

No pude parar y bien parado estaba… y bien parado estaba, ya no pude parar.

Hasta que desperté sudando frío.

Sexual.

La belleza de dos cuerpos desnudos radica en que los dos están juntos y se confunden como barro, transmitiendo con diez sentidos la intensidad de uno solo. El corazón se agolpa, late más rápido haciendo el sonido regular de un reloj que no cuenta tiempo, cuenta respiraciones y suspiros. Los ojos se clavan y las sonrisas unen lo que mil documentos y firmas de paz no pueden. La belleza de dos cuerpos desnudos que juegan el uno con el otro y se conocen con la misma importancia visual y olfativo, radica en que no existen lugares ni espacios fijos, se pierde la línea entre ficción y realidad. No es posible vivir todo el tiempo, recordando el pasado y ser individual, cuando otra persona con su tacto te hace tuyo… ¿Verdad? Pero entonces… es que la vida no es un cuento de hadas.

Diario de Simón Dor. Día 6.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 5 de 47


Día 6.

Ayer me di un paseo en la luna, y encontré que esta era de queso. Me di un paseo por los cráteres de Queso Apestoso y entré por sus agujeros y conocí muchos ratones, que al ver que como el queso no era de mi agrado, me recibieron gustoso y me compartieron el honor de entrar a la bodega de los dulces.

Estos ratones no comen dulces, por eso mantienen sus dientes sanos y fuertes. Pero si comen mucho queso, un día les dije que de tanto comer se iban a acabar la luna, todos nos reímos y pude soportar su vino fermentado de queso.

Hicimos un gran banquete. Y mirábamos todos juntos las estrellas y nos reíamos y nos agarrábamos de la manos y cantábamos canciones que eran de otros tiempos, ¡Qué bueno es vivir en una Luna hecha de Queso!


Mi vecina, tan tierna. Hoy llevaba una blusa con la bandera de Inglaterra ligeramente ondulada, sus pechos están creciendo.

Mi vecina, tan tierna.


Hoy estaba en una de las partes más concurridas de la ciudad y no sólo observé mi pasatiempo preferido, querido diario, que como bien sabes son las jovencitas. No. Miré a la ciudad completa. Gente de diferentes matices, con diferentes motivaciones y diferentes niveles, todas juntas en un sólo lugar, ignorándose los unos a los otros y mirándose, a veces, con desprecio y envidia. Y así, me sentí féliz. Siendo observador de este show secreto.

Como era de esperarse, los miré a todos con desprecio, porque no formaba parte de ese juego secreto, y ellos me miraron de igual manera. La felicidad volvió, durante unos instantes, logré saborear ese delicado elixir llamado: “convivencia con otros seres humanos”.


Mucho sexo en la cabeza, mi cerebro no coordina. Se dice que el que escribe de sexo es porque tiene la ausencia de este. ¿Yo tengo ausencia de sexo? No podría decirlo, veo a Marisela todos los días, y a Mariana, y a Beatriz, y a la más infame de todas, Lorena.

A decir verdad, no tengo mucho que decir, el cerebro está bloqueado, como si le hubieran puesto un candado al cofre de los pensamientos. ¿Cómo te sientes cuándo te dicen cuéntame algo, querido diario? precisamente lo primero que piensas es que no tienes nada que se te ocurre, entonces, la respuesta usual es: “¿Qué quieres qué te cuente?” y vaya, yo te podría contar muchas cosas, pero el cerebro no responde, no coordina, no me presenta imágenes lúcidas que sean capaces de describir.

¿No te ha sucedido qué tienes la idea más grandiosa en la cabeza y nada más no puedes escribirla? A mi si, muchas veces, lo veo todo de colores, personajes con rostros pero cuando tengo la pluma en mis manos, esos rostros se ven borrosos, no presentan imágenes claras. ¿Y cómo te sientes cuando se presenta el super yo? La conciencia, no escribes porque temes que alguien esté mirando detrás de ti las palabras infames, las descripciones azarosas y vulgares. Te detienes en seco y el sudor frío está a favor de la sociedad moralista, ¡Asco!

Quisiera convertirme en juez para dictaminar que todos podemos ser libres en nuestros pensamientos, pero para ello tengo que jurar con una mano sobre la Biblia, ¡Hipocresía! Aunque muchos lo hacen, con éxito, engañando su conciencia y manejan como corderos a nosotros los presentes. Creyéndose muy listos.

¿Qué saben ellos de mi vida, querido diario?

¿Cómo detendrán la bala antes de que les penetre el cerebro?


Hoy hablé con un padre y me dijo: ¿Quieres ser un Soldado de Nuestro Señor?

Yo nada más me reí en su cara, pero el hombre, al ver como una chispa de bondad en mi rostro me respondió: Ser un Guerrero de Fe requiere mucho valor, señor. No tema, no hay nada que temer, ya que Él está con nosotros.

Y entonces, un poco maleado, respondí: ¿En esa comunidad de Guerreros, hay Guerreras? ¿Mujeres de devoción?

El hombre respondió afirmativamente, animado de mi interés.

Le pregunté: ¿Y hay Guerreras entre 15 y 18 años?

El frunció el ceño, adivinando por dónde iba, no quise continuar y no aguanté la carcajada, me fui marchando a mi casa, mientras cantaba a todo pulmón: ¡Soy un Soldado de Cristo! ¡Marchando como para ir a la Guerra!