Me dijeron que estoy bien guapo…

…y me la creí.

Andaba esperando mi camión, pensando en algún post para “La Chaqueta” y tenerlo de reserva, porque ya ven que posteamos cada siglo de por sí, alguna jalada mental que se nos ocurra. Fue cuando mi mente giró en torno al feminismo y un post titulado: “Por qué los hombres lo adoramos”. Mi mente trabajó rápido, juntando todo el material que mi propia experiencia me pudiera dar.

  • Nos gustan las feministas porque pagan lo suyo… es más. ¡Vuélvanse todas feministas! Así nada de invitar que el antro, que el cine, que la cena. ¡Tengamos todos gastos iguales! No, no… y no se vale apelar a que el caballero debe pagar las cosas que no se qué. No. Si buscamos igualdades, tengámoslas.

  • Adoramos a las feministas porque si viven con un hombre, ellas cocinan lo suyo, lavan lo suyo, hacen lo suyo y no se la pasan preguntando, ¿dónde andabas? ¿qué estabas haciendo? Es más, una buena feminista trabaja. Y así, aporta algo para el hogar, entre otras chucherias. También, de esa forma, los hombres estarían obligados a ser independientes de las mamás-maridas. ¡Crecimiento en ambos aspectos!

No está por demás decir, que estaba pensando pura pendejada. ¿Verdad?

Seguía pensando cosita tras cosita para echarle tierra a la primera bondad y maldad que creo Dios (la mujer), cuando un coche se detuvo y escuché—:¡Oye chiquito!

Miré hacia el coche, jovencitas de diecinueve años, probablemente nada más echando desmadre. La que me habló iba en el asiento del copiloto, una chava bonita, de cabello rizado y largo, ojos y labios grandes, voz gruesa.

—¿Si?

—Hola, oye, me recordaste a un novio mío. Quería decirte que estás bien guapo.

Sonrisa pendeja.

—Je, gracias.

—De veras, estás muy guapo.

Ella me sonrió y subió la ventana de su lado. Siguió platicando con sus amigas durante el alto y cuando el coche echó a andar me sopló un beso, y el coche desapareció a unos cuantos kilómetros por hora.

Oh si, me dijeron que estoy bien guapo… y me la creí. No resta decir que se me olvidó todo mi tratado acerca del feminismo.


Hoy, durante el trabajo, pensé en Fiammetta.

Me sentía muy mal, he estado bajo muchas presiones estos días, no sólo por mi trabajo. También el despido de mi madre y pensar que el dinero no alcanza, me tiene con los nervios de punta. Eso y que no he tenido ni un sólo día de descanso, en el que me pueda acostar y cerrar los ojos sin preocuparme. Pronto iniciará la escuela y mis horarios son en la tarde, todo eso me tiene mal.

Fiammetta hoy se convirtió en un delicioso escape. Cerré los ojos y pronuncié su nombre en mi mente, durante varios minutos. Imaginé muchas cosas y recordé otras más. Sentí que así podía llegar a tocarla, extenderle mi mano y si mi mente es un poquito misericorde, abrazarle y no dejarla ir. Si… hacía mucho que no me sentía así. Lo había olvidado.

Cuando abrí los ojos, me sentí un poquito mejor.

Fiammetta

Juan Pablo Guerra, o JPG, en uno de sus intentos por escribir un cuento más.

“Si quedara del humano inventar a Dios…”, empezó a escribir en el procesador de palabras y había algo que faltaba. Para empezar, no sabía que era Dios y para secundar, no sabía quien era Dios.

Con la creatividad que el escritor requiere, hizo una anotación aparte en uno de sus cuadernos descuidados que decía: “Inventar a Dios, antes de proponer como habrá de inventarse a Dios en éste cuento que estoy a punto de hacer”. Inmediatamente después de hacerlo, empezó a definir a Dios cuando un hada le interrumpió con un canto.

“No te dejaré pensar”, dijo el hada.

JPG la ignoró, hacía mucho que no escuchaba el hada, es más, creía que era una parte perdida en el pasado. El hada, el hada…

“No te dejaré pensar”, dijo el hada y después río. Como una esferita de energía dio paseos en el aire que Juan Pablo Guerra intentó ignorar.

“Para definir a Dios, el punto número uno… Dios es alguien, eso es obvio. Dios tiene que ser alguien”.

“Tienes que pensar en otra cosa”, dijo el Hada, “Tú bien sabes en quien quieres pensar”.

“Fiametta, Dios es Fiametta. No, no puedo decir eso. Dios no es Fiametta… Dios es Omnipotente, eso se escucha bien. Por lo tanto… Dios debe ser todo poderoso, y OMNIpresente también, debe estar en todas partes. Eso define las características de Dios”.

“¿Ya le diste el nombre de Fiametta? ¡Qué tierno eres!”, exclamó el hada y rió contenta, “¿Y qué más? ¡Dime más!”.

“Cállate Hada”, decidió JPG por fin y luego se dedicó a escribir, “Dios debe ser una trinidad, el número tres quiere decir conflicto y le da emoción al asunto. ¡Ya está! Dios debe ser Dios Hijo, Dios Padre y Dios Espíritu Santo. Para que Dios tenga sentido, el Hijo debe ser humano, el Padre debe ser amoroso educador y el Espíritu Santo debe ser el fantasmita que todo lo puede”.

“¿Dios es amor?”, preguntó el Hada coqueta.

“Como el de Fiametta… Fiametta Dios, Dios Fiametta. No tiene nada que ver. Calla Hada, solo me confundes, tengo que escribir el cuento de como inventar a Dios y tú no me haces más que pensar en un amor humano y banal”

“¿Humano y banal? ¿Pero si Fiametta te está apartando de como inventar a Dios no querría decir que Dios no es omnipotente y el amor lo es?”

JPG se quedó mudo.

“Eres terrible, tratando de confundir las palabras”.

“Lo siento, así me inventaste”.

“Callá”, anotó Juan Pablo Guerra en su cuaderno, “Dios no puede ser sólamente amor… porque si no, estaríamos limitando a Dios y por lo tanto su omnipotencia. Dios tampoco puede ser racional, porque también lo estaríamos limitando. Una sencilla respuesta es que Dios es todo, tanto amor como odio. Tanto racional como sentimiento, entonces supongamos que para eso Dios tiene una contraparte llamada Satán… ¡Oh si! Esto me está quedando buenísimo. Satán por lo tanto, también debe ser omnipotente y omnipresente…”.

“Fiametta está en todas partes”

“Está en esta pluma que escribo y todo lo que miro… ¡Cállate HADA! ¡Me estás interrumpiendo y confundiendo!”

“Bla bla bla”

“¿Grosera te inventé?”

“En caso de que te pusieras terco como ahorita si, así me inventaste…”

“Dios es… por tu culpa, no puedo dejar de pensar en ella”, observó Juan Pablo Guerra, “Saldré a fumar si me permites”.

“Por mi fúmate lo que quieras, mientras hagas lo que te digo”.

“Bla bla bla”

“Ese es mi diálogo”, respondió el hada furiosa, lo miró levantarse y salir a la calle.


Juan Pablo Guerra salió, encendió un cigarrillo y miró el cielo lleno de estrellas. Sonrió, probablemente eso era Dios, lo anotó mentalmente para escribirlo en su cuento. Y también pensó que Dios debía ser misericordia, y Dios debía ser Amor, si lograba hacer que en ese momento Fiametta saliera a mirar las estrellas.

“Cursi”, anotó Juan Pablo Guerra, “Cursi… pero si en éste momento Fiametta sale a mirar las estrellas como yo lo hago, es probable que exista Dios y no sea un cuento”.