Para ti.

Quiero escribirte esta noche.

Y no sé como empezar. Pensaba hacerlo de otra forma, pero también sé, que si lo hago de otra forma, tardarías en leerlo y prefiero que sea lo primero que mires en la mañana. ¿Y qué tiene que lo miren todos?, ya has entrenado la mirada del hombre posesivo en mis ojos. Que ellos sepan, que no hago más que querer escribirte esta noche (y todas las noches). Tú lo leerás y entenderás primero. Aunque te encuentre en otros caminos, espero con ansias que éste lo recorras a primera hora, cuando escuches mi voz en las noches o cuando trate de llamarte me-ta-fí-si-ca-men-te (como diría Horacio).

Cuando las letras salen, pongo las pistas que encontrarás y nadie más podría adivinar. Primero se convirtió en un juego secreto que compartían dos personas y luego, ¿en qué se ha convertido?

Eso me pregunto sonriendo todas las noches.

Te he leído, una y otra vez, en el regalo que me hiciste. Yendo de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Repasando cuidadosamente los días, hurgando entre recuerdos, adivinando situaciones y rostros. Comprendiendo muchas cosas, aceptando otras, negándome un par aún sabiendo que tienes toda la razón.

Tengo que confesarte algo… soñé con aquella mujer la otra noche, aquella mujer que me golpeó violentamente con la conciencia de que todavía puedo enamorarme. Le miré y ella trataba de explicarse, realmente trataba de explicarse el por qué no podía aceptarme. Tuve que mirarle con lástima y susurrarle en sueños: “Ya para qué… ya para qué”.

¿Para qué si existes tú? Un sentimiento elegante, vibrante, creciendo como una semilla. No como el otro, que fue un soliloquio, un acto repentino, un impulso.

Usted. Tú, la mujer que camina como en un ensueño, como una luz que brilla con energía propia, energía pura. No necesitas curar nada, solo necesitas existir. No necesitas sanar, solo sonreír y extender tu mano a la mía, que es necia y a veces se siente como un animal herido.

La mano que te acarició durante una hora completa y extraña. Mano necia, indecisa, que primero no sabe como responder, que a veces niega, extraña a muchos ratos y luego te pide a gritos que regreses.

¿Me permites? ¿Me tendrás fé? ¿Me permitirás existir, cerca de tí, escribiendo en presente?

[22:16] Patricia: como estamos? [22:18]

[22:16] Patricia: como estamos?
[22:18] Arbol Tsef Thaed: en realidad bien
[22:19] Arbol Tsef Thaed: apagando las bocinas porque ya me hartó la música y me empezó a doler la cabeza.
[22:19] Patricia: esas cosas suenan, no piuedo quejarme asi que me resigno a no quejarme
[22:21] Arbol Tsef Thaed: más bien no es dolor de cabeza
[22:21] Arbol Tsef Thaed: es como malestar general
[22:22] Patricia: resfrio?
[22:22] Arbol Tsef Thaed: le estoy pidiendo, no, rogando a Dios…
[22:22] Arbol Tsef Thaed: que no sea un resfrío.
[22:23] Patricia: bueno, no puede ser tan malo, cuantas vece ste haz refriadoe ste año¿
[22:23] Arbol Tsef Thaed: con la de hace dos semanas tengo más que suficiente.
[22:24] Patricia: yo descubri que el estar mucho tiempo al aldod e la estufa era lo que me resfriaba, en el olegio pasaba con romadizo, y ahora que no puedo vagar ya ves, ningun resfriado
[22:24] Arbol Tsef Thaed: suertuda tú
[22:25] Arbol Tsef Thaed: yo soy alérgico a lo más extraño
[22:25] Arbol Tsef Thaed: al polvo
[22:25] Patricia: ni creas, es bien comun, pero no tengo remedio para eso, lo siento
[22:25] Arbol Tsef Thaed: y mi abuela fanática de la limpieza
[22:26] Arbol Tsef Thaed: cuando era más niño me hacía limpiar con ella
[22:26] Arbol Tsef Thaed: imagínate que me enfermaba después y me miraba feo.
[22:26] Patricia: eso implica que quizas deberias hacer la limpeza mas seguido no, querras que te comience a mirar feo de alla arriba
[22:27] Arbol Tsef Thaed: callá, que con lo obseso que soy con los muertos
[22:27] Arbol Tsef Thaed: me podrías sugestionar
[22:28] Patricia: no es malo sugestionarse con las cosas que hacen bien
[22:29] Arbol Tsef Thaed: si no ha funcionado lo mal que me reprocharía mi abuela si me viera fumar
[22:29] Arbol Tsef Thaed: no funcionará lo de la limpieza y solo me miraré feo al espejo.
[22:30] Patricia: ¿por qué te tienes tan poca fe?
[22:30] Arbol Tsef Thaed: no se porque he perdido la fe.
[22:32] Patricia: dicen por ahi que nunca es tarde para comenzar a recuperarla, ya sabes ese cliche d ela esperanza es lo ultimo que s epierde