[Heber Dor - Cuento] La lucha de Pompadour

Los fantasmas son entes muy extraños cuyos actos giran en torno al ocio de estar muerto. Los fantasmas de los humanos, son más flexibles, ya que encuentran facilmente el regreso a sus actividades de la vida diaria y si son maliciosos, tal vez se dediquen a espantar a los vivos. Sin embargo, los fantasmas de los animales son distintos, ellos dificilmente regresan a su vida normal. Son pocos los animales que prolongan su existencia como fantasma y en realidad son arrastrados involuntariamente por un lazo estrecho que tuvieron con un humano.

Uno de esos pocos fantasmas es Pompadour, un gato persa de ojos azul transparente que corre de allá para acá y de regreso, unas treinta veces al día. Primero lo hacía como un reflejo de sus instintos animales y después, lo hacía para divertirse, ya que su dueña era una persona muy aburrida, a su ver. Siempre fue una persona muy aburrida, aunque la muerte le sentaba bien.

Pompadour, como buen gato, se consideraba el líder de un grupo de animales fantasmas, un pequeño grupo de animales variados: un mulo llamado Isaac, un manatí llamado Rookham, un mini-toy llamado Killer y un jaguar flojo llamado Ah Balam (valga la redundancia). Los animales, se escapaban de sus respectivos dueños para reunirse de vez en cuando, charlar y vivir alguna aventura en el reino de los muertos.

Se hacían llamar el grupo de las doce y media. Pompadour había decidido el nombre y a los demás animales les parecía bien, o más bien les daba igual. Pompadour no les dijo que había elegido el nombre a partir de un grupo que tocaba jazz en el “Café de La Tía Yemita”, seguramente a ellos no les importaría y tenía toda la razón. Los integrantes del grupo de las doce y media, cuando Pompadour no estaba, sencillamente se echaban y platicaban, o se quedaban en silencio.

Cuando Pompadour se presentaba con alguna propuesta (a lo cual, el grupo se refería como una obsesión, una necedad, una aventura innecesaria y estúpida), solían tener mucho que hacer, porque acababan envueltos en el problema de Pompadour sin querer. Lo bueno es que ya estaban acostumbrados y de por sí, ya estaban muertos. ¿Qué más podría pasar?

Siguey leyendo →

[Heber Dor - Cuento] La discusión que fue más allá

¿Les he contado de Irineo Martinez y de Gordon Benson? ¡Claro que no les he contado! Un par de leñadores, muy buenos por cierto, cuando trabajaban en equipo. Veinte años tirando árboles en la primera sección del bosque de Jaramillo y nunca faltaron, ni una sola vez, a su cuota. Pero para las decisiones, el que mandaba era Irineo, ¡ese negro si se las sabía todas! Nomás alzaba la cara y sabía cuantos hachazos necesitaban para tirar los robles, los fresnos y los encinos. El güerito de Gordon escuchaba, decía que sí a lo del negro y lo apoyaba en todo. El negro se la pasaba gritando y riendo en voz alta, el güero nomás alzaba su cerveza y decía que sí.

Si, esos negros son de sangre bien caliente. Me ha contado Irineo que pueden bailar hasta al amanecer y tambor que les pongan, pueden tocarlo. Que aguantan hartas horas en el sol, a diferencia de nosotros, los chocolates o del güerito de Benson. Eso decía el pinche Irineo y se reía de nosotros. Era muy bueno leñando, pero muy malo haciendo amigos. Nadie podía entender como se llevaban bien, el güero y el negro. Realmente, el güero siempre se llevó bien con todos. Un camarada atento y dispuesto a ayudar. Muy raro en los gringos. Nadie sabía si era gringo de nacimiento pero todos los güeros son iguales.

El negro, por alguna razón, no se atrevía a burlarse de Gordon. El Gordolfo le decíamos nosotros, por grandote y musculoso. De por si, así somos todos los leñadores, pero el grandote más todavía. Una panzota de este vuelo y fácil, dos metros de altura. Trajo a Jaramillo un hijo que también se hizo leñador, aunque era el más flacucho. Pero el Irineo, siempre procuraba que no se hablara mal del Gordolfo, ni de su hijo flacucho. Ese Irineo, no sabía que también hablábamos a sus espaldas, sobre todo de él… nos llamaba chocolates, nos llamaba piel de burro, nos llamaba tantas cosas. Nadie se enojaba con Irineo mucho tiempo, porque tenía buenos chistes. Pero de todas maneras, si quedó uno que otro resentido.

El Güero Gordolfo Gordon y el Negrote Irineo. De su muerte… esa si es una muy buena historia.

Siguey leyendo →

Diario de Simón Dor. Día 55.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 5 de 48


Querido Diario:

He puesto la pistola de McGonnagal en un “salón de trofeos”, ahí estará hasta que sepa cuál será el uso que tenga que darle.

Hoy desperté llorando y con lo que me resta de su fotografía. El viento hacía un escándalo tremendo dentro de esta pequeña habitación, azotando mi humilde ventana y no he hecho más que ver este paisaje oscuro, hasta el horizonte, de agua negra y nubes grises. Swoooooosh… Swooooooosh… el agua, el mar que se mueve de manera interminable y en su murmullo carga los recuerdos.

He despertado llorando y con lo que me resta de su fotografía. El fantasma de ella está escondida entre la maquinaria del barco, haciendo ruidos fantasmales y llamándome a cada minuto: “¿Simón? ¿Dónde estás Simón?”. Ese fantasma que me persigue, que me atormenta, que me ilumina en las noches que me gustan negras hasta el cansancio. Una iluminación falsa e irreal, la pequeña desesperanza del hombre que se hace llamar esperanza de volver a verla, conocerla y sentirla. Aunque sea un énte ectoplásmico con una mantita encima y unos agujeritos haciéndose pasar por ojos.

Es así, que el segundo recuerdo que se abre paso para poder salir del mar oscuro e iniciar el viaje al pasillo de la muerte, dice así (escrito por Agustín Fest, que ha escuchado mis recuerdos desde el inicio y me ha mandado esta carta): Siguey leyendo →

Diario de Simón Dor. Día 53.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 3 de 48


Querido diario:

Hoy hubo una tempestad que azotó al barco y en general, al mar negro en dónde estoy navegando y su foto se mojó porque no tuve el aprecio de guardarla a tiempo. Fue repentino, es difícil decir cuando va a llover cuando se anda en un mar donde todas las nubes son grises.

Debería darle un nombre a este mar inmenso. ¿Recuerdan como Bastián le da un nombre a la selva nocturna, Perelin? ¿También cómo le da un nombre a aquel desierto multicolor, Goab?, a la espada la nombró Sikanda, pero el nombre más importante… a la Emperatriz Infantil le da el nombre de “Hija de la Luna”. Si, si fuera Bastián y ésta fuera mi Historia Interminable, entonces a éste mar le llamaría Yunén.

¡Qué este mar sea llamado Yunén! el mar de Yunén, el mar oscuro de mis sueños, el mar oscuro que probablemente sea el último viaje de este viejo decrépito al que todos llaman Señor Dor.

Simón, para mis amigos.

Se ha mojado, en ésta tempestad, la foto de mi amor simbólico al que he apodado Beatriz todo éste tiempo… pero alguna vez, alguna vez tendré que contarles la historia completa. Confórmense con que ella se llamaba Beatriz y ha muerto, y que yo me llamó Simón y me estoy muriendo.

Y éste, mis amigos, no será mi último viaje. Me niego… no estoy navegando para morir. Todavía no… o tal vez sí, ¿cómo saberlo? ¿hasta dónde llegará éste modesto y humilde barquito, con todas mis provisiones? Tal vez llegue a una isla desértica o a una isla, como aquella mala película, dónde al final se descubre que hay dinosaurios. Una película clase B con efectos clase A.

¿Quieren saber más de aquella foto desgastada y derruida? ¿De aquella mujer de rostro blanco y ojos oscuros como el infinito? ¿Quieren saber más del lazo rojo y la cola de caballo que cae como cascadas de cocoa? No voy a decírselos, que mis recuerdos lo digan… ya que estos me persiguen como un fantasma ahora, se han vuelto un contexto que deben conocer, si quieren conocer a Simón.

El señor Dor, para mis conocidos.

La conocí cuando era niño y como niño, era un idiota para hablarle y quererla y amarla y sentirla. Tan sólo era, siguiéndola como una sombra, intrigada por el porte de mujer en tan sólo una niña. Estaba tan envuelto por ella, por el brillo que se perdía al final del túnel de su iris, que tuve que conocerla.

“Cecilia”, era su nombre. Pero Beatriz, para ustedes, amigos o conocidos. No necesitan saber más… no necesito saber más. Los recuerdos irán surgiendo uno tras otro, durante estos treintainueve días con sus treintainueve noches. Ni a mi se me permite el acceso libre a los recuerdos, soy viejo… mis doscientos veintiún años lo confirman.

Y la única foto que me ha quedado de ella, se ha disuelto en esta tempestad. Afortunadamente, tengo tan grabado su recuerdo y su fantasma se ha escondido como un polizón en éste barco. Es un fantasma que todavía no estoy dispuesto a despedir…

¡El barco se llamará Mojalnir! ¡Mi barco es Mojalnir, adentrándose a este hermoso mar oscuro de Yunén, dónde no se qué me espera y hasta dónde he de llegar!

Si sea este mi último viaje, que lo decidan los dioses.

Personajes

Cuando no puedo dormir, aparte de pensar en las historias que llevo cargando conmigo (actualmente solo es Lorena y Mateo… y de repente el Poder Gris es lindo conmigo y me deja una o dos escenas memorables). Pienso en personajes.

Los personajes para mi son lo más importante, más que la situación (que se llega a dar sola cuando son buenos personajes). Por ejemplo, Padre Taxi tenía los personajes desde antes que se me ocurriera una historia en dónde meterlos. El Poder Gris tenía varios de sus personajes ya construidos y gracias a las situaciones, he podido dar nacimiento a más personajes y así.

Son los personajes los que no me dejan dormir, a veces me pregunto si son fantasmas, o tal vez personas que conocí en vidas pasadas o mientras dormía. Pienso en sus manías, sus cicatrices y sus mentores, que a su vez son personajes con manías, cicatrices y mentores. Pienso que grado de inteligencia tienen, que es lo que les da carisma, lo que puede hacerlos memorables. Les doy detalles que para mi parecen comunes, pero logran hacerlos memorables.

Uno de esos detalles, de los cuales estoy orgulloso, es que a dos o tres personas les agradó el personaje de Trevan en el Poder Gris, por el simple hecho de que sabía cocinar. De Piedra me platican mucho su sonrisa, a pesar de que tenía la astilla clavada. La Tía Yemita, ni que decir… siempre saliéndose con la suya, a su manera, al final… y me preguntan por qué en la historia de Multiuniversos, no hay ninguna forma de la que se pueda burlar de la Muerte… si es lo que suele hacer.

Simón Dor, y su esquizofrenia inundada de sarcasmo. El Asesino, que elije una virgen para escribir su obra. Dumas y Domingo, unidos por una liga extraña que confunde el uno con el otro. Erick y su dominio sobre las rosas azules. Darun y Radcliff.

Cuando no puedo escribir, recurro a mis personajes y les pregunto como contar la historia, que harían o no harían, que dejarían de hacer, que se proponen a hacer. Es la única forma que conozco.

Como niña de secundaria

Algún día tenía que pasar y sobre todo… justo como lo había previsto. En casting, los que trabajamos ahí, tenemos nuestros amores platónicos. Cryztales tiene un par, Feyo tiene una (pero no se lo digan a su novia), Cheques también tiene varias, Alex no lo ha comentado. Mi jefe y Josefa no tienen amores platónicos. Son personas con experiencia en el medio.

Yo tengo un amor platónico, a la que por razones poéticas, llamaremos Beatriz. Los antes mencionados, tienen sus amores platónicos por sus diversos motivos. Mi motivo, es muy sencillo… tiene el rostro de Cecilia (una historia que se ha soltado por medio de enigmas en esta página). Beatriz es muy distinta a ella, en cuanto al caracter, ya que regala sonrisas como si fuese millonaria y platica mucho, baila como diosa, es linda y no tiene mala actitud.

Éste medio realmente te enseña los estándares de belleza publicitarios. Y algo que es cierto, a pesar de cuerpos perfectos y rostros divinales… cuenta mucho más la actitud (No la inteligencia, no la belleza interna, no señores, la actitud). Puede ser que Beatriz se haya enseñado a ser así, para abrirse más puertas en ámbito tan difícil como la modelada… sin embargo, una conocida mía me comentó que desde preparatoria ella no tenía problemas para regalar sonrisas.

¿Qué fue lo que sucedió ese viernes? Bueno, primero… me enteré que Beatriz tenía novio, lo cual era de esperarse… en realidad, no era algo que me preocupara. Para eso son los amores platónicos, para hacerlos ideales e inalcanzables (creanme lo que les digo, en el caso de una modelo, es mejor mantenerlo así). Uno puede explotar el Byron interno con uno de esos y escribir cursilerías magnánimas.

¿Si no fue eso, entonces qué sucedió el viernes?

A eso voy. Primero, un pequeño background acerca de Josefa Guerrero.

Josefa tiene 18 años trabajando en casting para comerciales de TV, ya es una señora, madre soltera de una hija maravillosa. Josefa es de esos casos que se dan: Lo tenía todo y cuando murió su padre, lo perdió todo. Una señora que conserva un buen gusto, a manera clase mediera, perfeccionista en su trabajo y adoradora de la limpieza. No tiene empacho para guardarse sus comentarios, ¿a qué me refiero con esto? Nada de mamadas de la gente que te dice: “Yo no tengo pelos en la lengua y yo soy muy honesto”, no… ella simplemente te lo suelta y de la manera tan dulcemente diplomática que te cae como un saco de ladrillos.

Y sin groserías, no, no, no. Toda una mujer Josefa… de ella me agrada su honestidad. Aunque debes tener cuidado, porque como no tiene a bien quedarse callada y le encanta que la reten… es mejor que no le digas quien es tu amor platónico.

Eso fue lo que pasó el viernes, andaba yo muy tranquilo arreglando una computadora, cuando Beatriz pasa caminando por la puerta de la oficina y se queda ahí esperando su turno para pasar al foro. Josefa estaba ahí también, limpiando su escritorio como suele hacer, para no quedarse quieta.

Miré a Josefa de reojo, ella me miró de regreso. Yo abro un poco más los ojos mientras me murmuro a mi mismo: “No se atreverá” y Josefa sonríe de oreja a oreja. Mierda, que odio cuando los dos pensamos lo mismo.

-Tu le gustas a él -dice Josefa a Beatriz. La reacción incontrolable del cuerpo… la piel se me puso roja tomate. A huevo. Y luego si han mirado en la foto lo blanco que soy, puta… parecía que estaba hirviendo. Y después me puse a pensar que el novio estaba esperándola abajo… no, no, no…

En estos casos, cuando me veo en peligro, lo primero que hago es negarlo. Miré a Beatriz y le hice con los dedos en la sien el gesto de “está loquita esta señora”. -No, no, Agustín -dijo Josefa -. Tú me habías dicho que Beatriz te gustaba y que le ibas a llamar ese día que te habías puesto bien borrachín, ¿y qué más comentas cada vez que la ves en video, eh?

Viene la segunda reacción de animal en peligro, aceptarlo todo de una forma ruidosa y exhuberante-: Si, la verdad es que eres mi musa inspiradora desde que trabajo aquí -y no me acuerdo que más dije, porque hablaba tan rápido y con las frases tronándome una tras otra… mal, mal, mal.
Beatriz se vio muy linda y para salvarme, cambió radicalmente el tema-: Awwww… ¿quien hizo estas fotos? Susurré gracias para mis adentros.
-¿Por qué cambias el tema? -pregunta Josefa, tan tierna y linda ella…
Beatriz hizo cara de linda niña que no entendía que estaba pasando.
-Dime, dime, ¿por qué me cambias el tema?
A punto de explotar, como tomate rojo, si señor. Afortunadamente abrieron las puertas del foro, Beatriz se metió rápidamente y Josefa y yo, nos miramos el uno al otro…

-Cabrona -le dije, eso le dije… y ella nada más me sonrió tan ampliamente. Yo busqué un cigarrillo con urgencia y me lo fumé con las manos temblando. Como niña de secundaria quería esconderme debajo de la cama.


Al final se fueron Beatriz y Héctor (el novio), yo me despedí con una sonrisa y tratando de conservar algo de dignidad, le dije quien había hecho las fotos por las que había preguntado en un principio. Fue un agradecimiento silencioso por su valeroso intento por tratar de detener a la señora Josefa Guerrero.


Hace dos años ya que trabajo con Jorge Carrillo, y fue hace dos años cuando por primera vez la miré… su rostro era el mismo que aquel fantasma del pasado llamado Cecilia, le ayudaba mucho estar seria y fastidiada por esperar su turno para el casting. No me acerqué, hace dos años era demasiado tímido y muy impersonal con la gente… éste trabajo me ha cambiado en ese aspecto. (A Carrillo le encantaría escuchar que lo admito de una manera tan seria).

La identifiqué inmediatamente, la misma chica de aquel comercial de Doritos. Y en persona la vi más linda de lo que me hubiera imaginado… discretamente, le miré el rostro en diversos ángulos y los rasgos eran muy similares al humo que hacía imágenes con mi pasado, con su carita de “ya me quiero ir de aquí”.

Luego la miré sonreír, la diferencia está en los hoyuelos y las orejas, pero los labios son tan sorprendentemente similares. Un día ella apareció peinada con coletilla de caballo, como solía traerlo Cecilia, y estuve varios días pensando en esa imagen, sin poder despegarla de mi cabeza, dejando que creciera en mi cuerpo como un cáncer.

Ella se convirtió en mi ancla, en mis inicios. Porque fue a la primera semana que quería dejar aquel trabajo tan absorbente, tan demandante, que me hacía pensar que a mis 19 y con responsabilidades de hombre maduro. Quería renunciar, huir. Y a ella la miré caminando por esa puerta que yo abrí, todavía me acuerdo que me dije en broma: “Ya valió madres, nunca más podré dejar de estar aquí tan solo por esperar verla otra vez”.

Y hasta la fecha, cada que hay casting donde sé que Beatriz pudiera presentarse, estoy ahí… esperándola, preguntando si ella había venido cuando no estaba, tan solo por alimentar el amor ideal al puro estilo de Byron. Lo angustiante es cuando pienso demasiado y se que no espero a Beatriz caminando a través de esa puerta… la espero a ella, con su lazo rojo… aquel fantasma del pasado llamado Cecilia.

Me asustaba mucho.

Ángela. La perra. Madre de familia. Esposa de Tarcisio, madre de Raquel y Chato. Única sobreviviente.

Estuans interius Ira vehementi

Fuego interno Ira vehemente

Nobuo Uematsu, One Winged Angel

Todo lo que pedía era una taza de café, decía, y la perra no podía hacerlo, también decía. Estaba harto de nuestro matrimonio, de nuestros dos hijos, de mi, la perra. Eso decía mientras se aflojaba la corbata y tiraba el saco que me había costado la tintorería. Se comía la cena de mala gana y cuando íbamos a la cama, ni siquiera me miraba. De joven, cuando miraba las películas donde las esposas rechazadas y marchitas por el tiempo se hablaban al espejo y se daban cuenta que su vida se había perdido, me decía que no sería como ellas. Eso me decía yo, pero él decía otra cosa. El pedía una taza de café y la perra no podía hacerlo… si, eso decía.

Un buen día llegó con un arma señor policía, era lo único que nos faltaba. Yo me encontraba haciendo la despensa, la perra consiguiendo la comida de los cachorritos. Así me decía y después se sonreía como de burla, yo creí que ignorándolo se le acabaría y me miraría como antes, si como no. Él me miraba y la perra me decía. Llegó con un arma y mató a nuestros dos hijos. Estaba harto, casi lo puedo visualizar aquí cerquita… harto de su familia de callejeros. Y en esa rabia que le dio, mató a nuestros dos hijos señor policia.

Y no sé si por gracia de Dios o burla de Satán yo llegué tarde, la perra llegó tarde habrá dicho antes de jalar el gatillo y volarse él solito la tapa de los sesos. Dentro de esa rabia uno no piensa bien, lo he visto en las películas señor policía. Seguramente me estará culpando en el infierno, todo es culpa de la perra ha de decir, ladrando y con las orejas bien alzadas.

No quiero ver los cuerpos todavía. ¿Me puede regalar una taza de café? Y no se preocupe señor policía, tárdese el tiempo que sea necesario. Siguey leyendo →