Octubre 9, 2007 — Casting, Niño viejo.
Escrito por Agustin Fest.
Los bebés, pequeños animalitos de ternura que se arrastran en sus patas y manchan sus ropas, fábricas de saliva-vómito-miados-y-otras-cosas. Bebés cuyos ojos son proporcionalmente más grandes que el resto de su cara y ríen de todos los chistes, excepto los que cuentan sus padres. Bebés… rosas, azules, verdes, alienígenas, con dos piernas y dos brazos, ojos claros o cafés, casi sin cabello o demasiado cabello para su bien (seguramente adultos estarán calvos… maldición, creo que soy uno de esos). Bebés que se llaman Ian, Javier, Alejandro, Jorge, Mayté, Atena, Erida, como su padre o su madre. Los que saben caminar berrean cuando los abrazan, los que no saben caminar berrean cuando los bajan. Bebitos de cabezota pesada y que los arrastra al centro de la tierra, para que se los chupe la bruja y se ría suavecito en sus orejas. La doble B, de baboso y brutal.
No puedo negarlo, me ponían de buenas y si alguno se atrevía a extender sus manitas para que lo cargara, lo llevaba en mis brazos mientras manejaba la cámara y hacía el casting a la madre. Dos de cincuenta. Otros dos lloraron tan pronto me vieron. A los demás, parecía serles un objeto más en este mundo. Un tipo detrás de una cámara chupándoles el alma. Invariablemente se reían cuando les decía “Quíhubole” o “Quepachó”. Otros más seguían mis dedos cuando les señalaba la lámpara o el ventilador. Muy pocos respondieron hola y adiós. Seguro todos pensaban—. Este esta más baboso y bruto que yo y quiere que me ponga hacer lo que mis tías gordas siempre me piden. Una bebita me señaló y dijo: “Gua gua”. Ese momento era el de mi humor de perros, supongo.
Lo más divertido, de algunos bebés, eran sus madres jóvenes. Ejemplos verdaderos de MILF. Algunas de sus mamás tenían mi edad o incluso más chicas. El problema cuando tienen un bebé, es que, pues, ya no pueden engañarnos con el mito de la virginidad, ¿verdad? y toda clase de historias pueden ocurrir en la cabeza de uno. Sí, bueno, seguramente los bebés tienen un padre pero eso no es lo importante. Señor, no. Lo importante es cuando incluso en pants todavía se ven antojables y los pechos cuelgan más naturalmente porque estan cumpliendo la función de amamantar (y no al señor que desearía ser amamantado, lástima). No me malinterpreten, con todos los bebés me porté naturalmente amable y caballeroso. También con sus mamás. Pero con las MILF, se me escaparon unas miraditas que mejor me dedico a trabajar en otra cosa que no sea esto.
Igual no estaría tan cansado si sólo hubieran sido mamitas, pero también hubo mamotas. Sigo repitiéndolo—. Deberían regalar condones en las esquinas. Hoy me topé con familias de tres a cinco chamacos. (Una de seis, según mi informante. Honestamente yo no la recuerdo). Haciendo cálculos a ojo de buen cubero, al menos tomé video a veinte o veinticinco de estas familias. ¿Por qué a todos? El casting es para bebés de 3 meses a un años y medio. Niños de 3 a 6 años. Niños de 10 a 15 años. Chavos de 16 a 25 años. Adultos de 25 a 45 años. Mayores de 50 a 60 años. El casting es para todo México. En la sala de espera un infiernito. El foro un trabajo seriado.
Los bebés son un pequeño descanso en el mundo de falsedad. No conocen las mentiras y las pequeñas cosas que aprenden, las hacen para regalar y como un condicionamiento, sin intenciones malignas aún. Alguien debería empaquetarlos y venderlos como jabón. Incluso su vómito huele bonito.
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Septiembre 21, 2007 — Del deber ser, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Hoy pasaron dos cosas muy curiosas: Recibí un e-mail inesperado y ví a mi hermana. La ví de reojo mientras pasábamos por cierta preparatoria marista. Las orejas, los ojos grandotes, la piel blanca, la boca grande adornada con labios rojos. El mail que recibí esta relacionado a ese juego secreto que tiene un bastardo con su padre. Ella también me miró. Íbamos cada uno en el asiento del copiloto y tuvimos tiempo de cruzar miradas. Si el deber ser funciona, entonces ella no supo quien le arrancó todo con la mirada: la expresión, la cara, las similitudes soprendentes. Si no fue así, entonces ella hizo lo mismo y procedió a robarme un poco de mi alma. Una fotografía mental que es más impresionante de lo que realmente es. Dos personas que cruzaron los ojos no más de dos, o tres segundos, si bien nos fue y ya. El e-mail dice: “Simplemente, cuando llamaste no era el momento.” Me dio cierta paz saber que pensamos lo mismo.
¿Ahora sí es el momento?
Ahora sí es el momento para que me sigan doliendo los brazos. La próxima semana continuaremos el gimnasio diligentemente. Nos acostumbraremos a castigar y resanar el cuerpo. No es que quiera bajar la panza, verdaderamente disfruto comer. Sin embargo, deseo tener más energías, dormir mejor, levantarme un rato de la silla donde me desparramo. ¿Bajar la panza y estar como modelito? No es algo esencial o necesario. Aunque es interesante pensarlo. ¿Qué pasaría si estuviera más buenote? Igual, quien sabe, me gano una lana extra como modelito. De repente apareceré en uno que otro billboard, en uno que otro comercial. Estar buenote tiene sus ventajas económicas y saludables. Aunque asocio la buenez con cierta lentitud mental. Mientras hacía ejercicio, como que mis procesos mentales se iban por los poros y al terminar, dificilmente podía articular frases decentes. Es uno de los propósitos del ejercicio: no pensar un rato, hacer como que no existo, y como que no he escrito en este blog durante cinco años.
Recuerdo que cuando era joven y entrenaba, había días que me encerraba en mi habitación para hacer ejercicio.
Caminar y mover los brazos es, incluso, una experiencia más interesante desde que hago pesas. A cada movimiento hago geta de Schwarzzeneger. Puedo sentir las arrugas sobre mi naríz y la frente. Para fumar y levantar el cigarrillo, tengo que hacer arcos poco económicos con mis brazos. Cerrar y abrir la ventana de un coche es un reto. Pero lo mejor de todo, fue ir al baño. De verdad que no hay cosa fácil en esta vida. Es una nueva perspectiva.
Mandé los libros para el concurso de cuentos. Estaba a punto de ir a paquetería cuando olvidaba el seudónimo. Eso e imprimí mal las portadas, pero ya se arreglará. En mi cabeza se presentaron los nombres de todos los personajes que me gustaban para seudónimo, también contemplé uno de los otros tres nombres de Simón Dor, pero al final decidí no irme por ninguno de ellos y anoté uno de los nombres que ya había utilizado antes. Uno de los pocos nombres que significa algo, de mil.
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Agosto 1, 2007 — Consumidor de Entretenimiento.
Escrito por Agustin Fest.
¿Cómo debería comportarse un pornógrafo ya que ha establecido su empresa? Supongo que no es lo mismo que un trabajo normal o una vida normal. Trabajando en casting, conocí a uno que estaba, de alguna manera, relacionado con el negocio soñado. Traía el cabello largo y peinado con gel, hacia atrás, en una colita de caballo. Tenía un diente de oro, una cadenita y un anillo. Camisas y jeans. Si yo tuviera mi empresa de pornografía, ¿debería vestirme así? ¿A qué se dedica un pornógrafo cuando no duerme? ¿A dormir, a leer, a pasear por la Alameda y los fines de semana va con su familia al Ajusco o a la Marquesa?
Su hijo, un pequeñín de ojos somnolientos y cabello largo de nene ochentero, era muy agradable y muy buen actor. Salía en bastantes obras de teatro, su papá decía en cuantos cursos lo habían metido y estaban, en general, orgullosos de él. Al parecer el niño no trabajaba para mantenerlos, como suele suceder en algunos tristes casos, sino que lo hacía porque le gustaba el medio y sus padres le apoyaban. Un ambiente familiar aparentemente sano alrededor de un negocio que causa muchas sospechas. Aparente, porque yo solamente miraba por fuera y es obvio que cada familia, sabe su rollo. Hay familias que lo esconden todo, como la de mi padre, que no hace ningún esfuerzo por acercarse, para mantenerme escondido de sus hijas y su hijo. Enseñando valores.
Tanta la doble moralina en México, que debe ser un problema trabajar como pornógrafo.
Si yo fuese un pornógrafo exitoso, me convertiría en un mecenas para jóvenes artistas. Un lavado de dinero místico. Aunque, me parece que no sería dinero sucio. Finalmente se cubre una necedidad: Hombres y mujeres, desnudos y gritones, enseñando sus cuerpos en su materia más prima para deleite de los que no podemos en el momento. ¿Qué de malo tiene eso?
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Junio 14, 2007 — Asceta, Búsquedas, Familia, Fest, Niño viejo.
Escrito por Agustin Fest.
Esto no es el inicio de un sermón religioso, pero es el título más adecuado. Ayer en la mañana, salí a pagar gastos del colegio de mi hermano. Decidí, de paso, llevarme también su anuario para verlo. En el camino estuve revisando, mirando las fotitos de la juventud chilanga y marista. Jovencitos metrosexuales, mujercitas demasiado desarrolladas, y luego, mi hermano… su actitud flemática, su sonrisa breve de cabrón… me pareció verlo como un niño, de nuevo. Un niño algo decepcionado… pero tal como lo dejé.
Precisamente hoy le comenté a alguien, que no verle durante tres años, me impide despreocuparme de él y no caigo en cuenta que ya esta huevoncito. Hoy tuvimos un conflicto que reafirmó eso, pero me siento demasiado cansado para escribirlo todo. Tengo tantas imágenes de mi hermano, que más bien son mis hermanos… en distintas étapas de su vida, y existe esa base: el hermano pequeño, el hermano que necesita consejo, el hermano del cual soy el rol ejemplar… su hermano… siempre su hermano. Tal vez mi familia no es muy unida, no es la familia típica del mexicano, pero existe ese lazo que quiero conservar indestructible. Ese lazo que tal vez él rompa cuando madure, y se vaya, y aprenda a madrearse solo con la vida… Un lazo siempre fuerte, cuya sociedad considerará raro, porque los dos bastardos deberían llamarse “medio hermanos” y le quitan la palabra que no cuenta.
Es un ideal ingenuo y romántico, de los que acostumbro… ingenuo y romántico, mas no pendejo: el tiempo cambia a las personas, el tiempo las separa y las transforma en otros. Los otros. Estuvimos separados durante tres años… pasará que lo estemos durante más tiempo. Esa lejanía habrá de repetirse porque el tiempo no se detiene, y el tiempo es amo de la distancia y ordena los kilómetros a su antojo. Aún siento esa pequeña ansiedad de saberlo luchando solo. Ese pequeño síndrome de saberle bien. Sin embargo, nunca, he impedido que mi hermano se madreé solo. Es tal vez, con las personas que más quiero, que eso se mantiene indiscutible e inalterable: La madriza es tuya, la vida es tuya, yo te puedo explicar como lo veo… pero tú harás lo que quieras, siempre.
Cuando pasé de mi hermano, la verdadera razón porque llevaba el anuario continuó moviendo mis dedos. Avancé páginas, y páginas, buscando el apellido Fest en otros salones. Mi hermano estuvo en el 306… el mismo salón en el que estuve en 4to. Seguí avanzando páginas, moviéndolas a mi antojo… y cuando llegué al 213, mi salón de 5to, encontré a mi hermana. La admiré un momento. Su piel blanca, su sonrisa agradable, y me identifiqué en ella. No sabe de mí, pero yo sé de ella. Me pregunté, un tanto inocente, si ella fue la que dijo que le habría agradado tener un hermano mayor para que le cuidara.
Llegué a la oficina, aparté la hoja. Saludé a todos, le enseñé a Juan Carlos mi hermana, platiqué un poco de eso, me subí a la sala de edición y en silencio la miraba. No acostumbro a tener este tipo de dudas, y por lo general, soy mordaz cuando me asalta el tema. Sin embargo, la mañana de ayer, después de mirar a mi hermana, sentí cariño… o la ilusión de un cariño. Scarlett. Me dejé caer en mi asiento, y pensé cosas… pensé nada. ¿Cómo creciste? ¿Te has divertido? ¿El CUM te enseñó tanto como a mí? ¿Es una coincidencia o una broma, que hayamos estado en el mismo salón? Tres números más y habríamos tenido el mismo número de lista. Me pregunté si algún maestro habría tenido algún Dejá Vù. Si alguno habrá pensado en el Fest del ‘99 y del 213. No… tal vez no.
Agustín Fest en el CUM era un marginado. Al menos lo fue durante dos años. Alguien que no se daba a notar. Alguien que estaba escondido, atrás del cristal, moderadamente inteligente. Agustín Fest no quería brillar porque le parecía estúpido y una molestia. Agustín Fest no tenía la misma cantidad de dinero, ni los mismos juguetitos, ni la misma ropa que sus compañeritos. Agustín Fest sabía que, materialmente, no tenía nada con que competir y lo mejor que podía hacer, era mantener parte de su espíritu y crecerlo en soledad. Agustín Fest era pobre, una especie de marginado, alguien que buscaba un Zen, un idiota, un teto…
Siempre pensó, que si debía fomar parte de algún grupo, y brillar en él, debía ser por lo que era y no por otra cosa. No quería dar las nalgas rogando por un ipod (ejemplo) y presumirlo. No quería dar las nalgas usando camisas polo. No quería dar las nalgas usando pantalones Levi’s y ponerse cremita para mantener la piel sana y saludable. Ni peinarse con gel, ni rasurarse, ni hacer pendejadas para verse agradable y estético. No se le antojó caerle bien a los maestros para que le tomaran en cuenta las participaciones. No pensaba hablar perfecto inglés frente al grupo, para que le pusieran un diez. Lo que es, lo que te doy, es lo que hay, y no me vas a querer por lo que no te doy, quiéreme por lo que regalo. Es testarudo y necio en eso. Y aunque no quieras dar las nalgas, eres adolescente, eres un chamaco, y a veces terminas dándolas y necesitando brillar. La necedidad de supervivencia en el grupo, impreso en la memoria genética, es aún más fuerte que la testarudez de un chamaquito.
Ví el anuario de nuevo. Ella y su hermana, (y que Agustín Fest sabe), me han dado la impresión de que siempre han deseado brillar o hab brillado porque así nacieron. Estaba destinado que así pasara. Cuando la ví, me paseé por las fotos grupales y la encontré varias veces. El fotógrafo se había enamorado de ella… o sintió lo mismo que yo, un deseo espontáneo de protegerle y llamarle hermana. Estaba desparramado en el asiento, pensando todo eso y recordándome que… bueno, finalmente no eran nada mío, que nunca las miré crecer como a mi hermano, que nunca fui un rol de algún tipo y nunca lo sería. Por otra parte, mirar los ojos de mi hermana, y su sonrisa… me hizo pensar que lo había sido, o que deseaba serlo. Los sentimientos de mi hermano, que recién lo había visto en su fotografía, se transladaron a ella… un espíritu ingenuo, o un fenómeno psicológico, solamente pensaba… no, sentía que amaba a mi hermana, y deseaba protegerla.
Busqué a la otra. Pasé las hojas, y las hojas. La que inició todo el desmadrito. El soul search. La búsqueda de identidad. La noción repentina de la otra familia. Mi hermano llegó un día y me dijo—. Nos dió la bienvenida alguien que se llama como tú. Nos dio la bienvenida una Fest. Desde entonces supe de ella. Les dio la bienvenida, en el auditorio: brillaba o peleaba por brillar. La hermana mayor, la hermana ejemplar, la que ocupa mi lugar en otro lugar. Se veía bonita en esa foto, con la piel un poco más morena. Analicé sus gestos, ella era la responsable, la otra la soñadora. Ella sabe por qué quiere ser médico, la otra seguramente quiere estudiar artes. —A tí, ya no te encontraré por casualidad, cuando vaya a la escuela de mi hermano —pensé.
—Tú ya no me necesitas —pensé—. Pendejadas. Nunca me han necesitado.
Cerré el anuario. De todos los anuarios del CUM, curiosamente, este era el que más valor tenía para mí. La encrucijada del río místico, el destino extraño, la casualidad, juego de azar… esas cosas raras que nunca pasan, pero que se repiten a lo largo de la vida de uno, y le hacen vivir días extraños. Probablemente, sólo nos rozaremos el hombro. El lado oscuro, que se divierte, desearía que los caminos se interpusieran, y tuviéramos que vernos a los ojos para descubrir una que otra verdad. Sin embargo, el otro lado, asegura que sólo nos rozaremos los hombros. Nadie sabe, la verdad. Al final, continúa siendo cómodo para mí estar del otro lado, estar en las bancas de atrás dibujando monas hentai, hablando sólo lo necesario, enfrascado en pensamientos y libros, las lecturas importantes que cambian perspectivas. Vivir otra vida que no es la suya, evitando las miradas, deseando ser el anarquista, el martir de la protesta silenciosa… estupideces.
He salido a fumar. Recordé a Pueblita, y sus amiguitos. Pueblita al que le gustaba molestar en clase, molestar a los otros, el grandote con dinero. Con una voz demasiado gruesa, y sus ya varios años de educación marista, privilegiada. Al que dejaban hacer por abusivo. No me había molestado, pero pensaba… sí, en esa protesta silenciosa y estúpida—. Que no me moleste, que no lo haga… que no se de cuenta que existo, que chingue a los otros chamaquitos y me deje en paz. No hizo caso de mi protesta silenciosa y pues, respondí como me habían enseñado, empujándolo y dándole una patada en el culo. Empezábamos los golpes, cuando entró Vignau, nuestro titular (profesor de religión y matemáticas, hermano marista de ochenta y tantos años), y nos mandó a su oficina. Pueblita en el camino se hizo mi mejor amigo, recordándome que estábamos jugando y que en ningún momento nos habíamos golpeado. Estuve de acuerdo con él, porque sabía que yo era una especie de extranjero en el fascinante mundo marista y él ya tenía sus años de abuso, ya sabía que hacer. Habían insistido tanto en mi casa para que entrara a esa escuela, como para que a mí se me ocurriera ser expulsado a las tres semanas de clases. —Debí dejar que me golpeara —pensé en algún momento, y luego me sonreí—. Nah, eso no va a pasar.
Pueblita y yo, estuvimos escuchando durante algunos minutos que podíamos ser expulsados por nuestra actitud, y que no mintiéramos, que estaban enseñando valores de honestidad como para nosotros tratarle de ver la cara diciéndole que semejante patada en el culo era un juego. Casi me ganó la risa. Nuestros jueguitos demasiado violentitos. A Pueblita se tomaron unos minutos para regañarlo especialmente a él. Algo mencionaron de sus padres, y de su pasado, y de que siempre era lo mismo. Hasta hoy, creo que comprendo porque estuve presente en ese regaño a él. Finalmente a Pueblita lo despacharon, y Vignau se quedó unos minutos conmigo para regañarme de manera individual… pero algo había en su mirada… y luego sonrió un poco, y trataba de continuar el regaño. Hasta ahora lo estoy comprendiendo. Es como lo que pasa con mis hermanas, y sus padres que procuran enseñar valores a sus hijas escondiéndoles mi presencia… y creen que no existe un karma, no creen en el río místico o no miran las señales… . Yo sé que todo se te regresa, si no es a mí, es a tí. Vignau estaba sonriendo, y tratándome como un hijo juguetón, y sugiriéndome—. Ándale pues, ya pórtate bien —como no queriéndome decirlo, como diciéndolo para conservar el decoro… porque conoció mi lugar en ese momento, sabía que estaba ahí por una razón. Un lugar que desconocía en aquel entonces pero suelo ocupar porque me gusta observar, porque miro las señales y porque de alguna manera… tengo un sentido muy anti-heróico de la justicia…
Vignau… creo que estaba contento de que tuviera el valor para darle la patada en el culo al mamón.
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Junio 9, 2007 — Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Que horror, ya hay un post titulado: “Un sábado sin pena, ni gloria”. A Bob, le esta creciendo lo que, propiamente, se le llamaría el glande… porque ya tenía una especie de minicacto fálico a su lado, que llamaba pene. Al pene le esta saliendo una bolita. Bob esta contento, supongo. Salí a fumar un cigarro. Hicimos el super, el día de hoy… atascamos el refri, y nos llenamos de necesidades básicas. Afortunadamente, ya me compraron desarmadores. Hoy en la madrugada se quemó la fuente de poder de mi computadora y tenía una extra por ahí. No aguantan nada. Por si las dudas, la próxima semana iré a comprar una fuente de poder extra. La tecnología necesita reemplazos.
Arreglando mi entorno, encontré cuatro plumones sharpie… como si quemara tantos discos. Mi quemadora no funciona, debería reinstalar windows. Cositas pequeñas, que uno retrasa y va relegando. Me ha gustado el clima, ha llovido mucho estos días después de los días calurosos. Soy un hombre que cambia poco, y que, lamentablemente, es esencialmente bueno. Por eso mis venganzas nunca son efectivas, o mis rencores duran poco y termino por olvidarlos. Existe el lado oscuro, pero existe y ya… hace tanto que no lo desarrollo, que el pobre esta haciendo pucheros en una esquina. En el supermercado, una señora de treinta y cinco llevaba falda, y se veía bien, se veía jovial. Me agradó y me le quedé observando, en lo que esperaba al carnicero y cuatro trozos de T-Bone para llevar.
Me despertaron en la mañana para usarme de paño de lágrimas. Estaba medio dormido, pero procuraba escuchar con atención. Escucharle a veces me entristece. Envidio a las arañas, porque construyen el suelo donde caminan, sin importarles que haya aire de por medio. Tal vez por eso les tengo miedo. Mi viaje a Puebla se aplazó, lo haré mañana y será cosa de un ratito. Podría viajar desde ahorita, pero quisiera ahorrarme lo del hotel.
Y ayer, ayer ella me preguntó—. ¿Por qué me mataste?
Le dije muchas cosas, pero se me olvidó decirle—. Porque estaba triste.
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Junio 1, 2007 — Búsquedas, Consumidor de Entretenimiento, Vida diaria, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Tres días demasiado tranquilos, sin proyectos en puerta y solamente promesas. Ya conozco esos días engañosos. Pensaba hacer un test para averiguar cuantos años soy más viejo en realidad, pero desistí cuando me pedían registro y e-mail. Hace unos momentos habló mi mujer para festejar que había terminado su asignación en Chiapas. Platicamos un poquito nada más, me dejó un poco inquieto, queriendo escucharla un poco más, pero he decidido no molestarle. Dos mujeres poblanas vinieron hoy, las pasé con el encargado de una agencia de modelos y actores para que platicaran, y vieran si había oportunidad. Les recordé que si querían vivir aquí, no despreciaran cualquier trabajo que se les ofreciera y que le echaran ganas. En mi juego de cartitas, he subido ya más de la mitad al nivel máximo y pronto podré jugar los torneos con decks más fuertes. Sorprendente como uno se clava con esas cosas. Hemos comprado un six pack de cervezas, bebemos y perdemos el tiempo, chateamos, jugamos, etcétera. Hace unas horas, Jorge nos dijo que abríamos cinco castings para la siguiente semana, ninguno de esos proyectos lo llevamos entre Ricardo y yo, así que estaremos sufriendo un poco con las ediciones.
En el día pasan una cantidad de cosas, una tras otra, aún cuando parecen poco importantes son interacciones moviéndose en todas partes. Mi hija me habló para quejarse de su novio, de cómo se sintió utilizada por cuestiones cumpleañeras. Mi hermano hizo su último examen el día de hoy y se siente contento porque ya esta de vacaciones. Fuimos a comprar un monitor y lo regresamos, porque ya estaba madreado. Estoy bebiendo una cerveza, un poco inconsciente de la hora, siento como si fueran las seis de la tarde, cuando ya son las nueve. Ayer en la madrugada puse una sección en mi blog para mis posts favoritos, hice cambios chiquitos. He recuperado los headers aleatorios. Una amiga negó un viaje relámpago a Tijuana porque no ha pagado la renta de su casa y me habla de las nociones de responsabilidad. Uno cree estar quieto, pero el mundo sigue moviéndose, pequeñas cosas que hacen un todo, algo que podríamos llamar “El día”.
Para cerrar esta noche, seguramente muchos harán el amor esta noche, o cogerán de la manera más puerca. Estarán desvelados en sus oficinas, y habrán de bajarse las pantimedias y los zippers. Yo, mientras tanto, continuaré bebiendo mi cerveza y jugando cartitas. Algunas de esas uniones iniciarán el proceso de nacimiento de otros catorcemil niños. Los pobres, los olvidados, rascarán por comida esta noche, comerán algo echado a perder, y tres de diez morirán, otros serán asesinados por sus compañeros de desgracia. También me compré una coca y un agua de jamaica, me siento sediento esta noche. Algunos niños de catorce años se escaparán a casa de otro para beber y fumar, o tomarse unas pastillas, y desnudarse y tomarse fotos. Yo estaré durmiendo, o viendo pornografía, o moviéndole cosas a mi blog. Una española de Asturias llegará de un largo viaje de avión, desde Madrid (donde vivió dos años) y cuando conozca la ciudad, se dará cuenta que el tráfico de Madrid es cosita de nada comparado al de la ciudad de México. En otra parte, llegará una cubana y mirará asombrada como nunca se apagan las luces, visitará Perisur y se echará a llorar, imaginándose nunca que esto sucedería en su isla. Yo estaré cenando, planeando dormir o desvelándome incidentalmente. Mi mujer estará dormida en el hotel de Chiapas. Las prostitutas buscarán el pan de cada día en el vino del Cristos.
Cosas así pasan todos los días.
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Marzo 15, 2007 — The Net, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Ayer me enojé por cuestiones personales mientras platicaba con Sol María. No fue nada grave, pero mis enojos son inmediatos. Me dolió el estómago ayer y aún hoy, a lo largo del día, he sentido una especie de malestar. Como la plática estaba en curso a través del messenger, puse en mi subnick: “Estoy muy encabronado, no quiero hablar con nadie”. Funcionó en cierta medida. De los trescientos contactos que tengo, los cuatro que tuvieron el atrevimiento, los bloqueé temporalmente en lo que terminaba la charla. Puedo decirles que en once años de vida cibernética, nunca, nunca… he bloqueado a nadie, ni siquiera temporalmente. Así de enorme era mi enojo.
La situación todavía me tiene pensando. No el enojo, ni la discusión, eso ya se resolvió de alguna manera. Sin embargo, el pequeño letrero avisando mi enojo tiene muchos puntos de vista muy básicos que se pueden extender a todo tipo de situaciones. Para empezar, ¿por qué poner el letrero y no simplemente desconectarse? Pues la plática todavía estaba en curso, pero el simple hecho de apagarlo hubiera resuelto la molestia de bloquear a un grupo de contactos. Es cierto que puede tomarse con humor, el que te manden un mensajito mientras estas enojado te puede poner de buenas… si estas dispuesto. O se puede tomar como una falta de respeto, si estas pidiendo que no te molesten… ¿por qué lo hacen? ¿por graciosos? ¿por qué la vida no va en serio? ¿para picarte más?
Se me olvidó y me quedé en el messenger hasta las cinco de la mañana. K me mandó un mensaje y me preguntó que “porque estas conectado si estas encabronado? :P”, me despabilé, fue como despertar. Me había distraído leyendo algo. Platicamos un ratito, casi nada.
Mi celular ha estado sonando mucho las últimas dos semanas y he descubierto que lo odio. Me gustan los mensajitos, pero no me gusta que me llamen. Muy raro y contradictorio, igual… se puede tomar de varias maneras. ¿Por qué tienes un pinche celular, si no quieres hablar por teléfono cabrón? Pues porque me gustan ciertas llamadas, no lo niego… me gusta que me hable la gente que me agrada. Creo que mi peor llamada, fue la de un tipo rogándome prácticamente, que metiera Big Blogger en sus servidores para que le hiciéramos publicidad. Una llamada de más de una hora, de un vendedor necio e insistente. Ha habido otras llamadas extrañas. Mi tío Daniel acostumbra a llamarme por teléfono cuando esta aburrido. Estas dos semanas, su constancia ha sido arrolladora. Al celular esta a punto de acabársele la pila… permitiré que muera y lo guardaré en un cajón, no sé cuanto tiempo.
Existen puntos de vista tan variados en una situación tan básica y absurda, sin embargo esas pequeñas situaciones definen una actitud ante la vida, por más absurda que sea. En la mañana, pensar todo esto me provocó curiosidad y la conclusión es que he decidido aislarme un poco. Me voy a evitar el teatro de las redes sociales, los mensajeros instantáneos y los celulares un rato. Siento como una sobrecarga de comunicación (desde la comodidad de mi casa, ja!). No es saludable, creo, enojarse por esas cosas. Incluso, si puedo, cavaré un agujero en alguna parte de mi casa y me haré el desaparecido.
Hoy en la mañana, cuando acompañé a mi hermano a subirse al camión, me dieron ganas de subirme e irme, hasta dónde me lo permitiera. No lo hice, mejor prendí un cigarro, regresé a mi casa y me dormí un rato. No soy muy obediente a mis impulsos, a no ser que involucren un par de piernas que me gusten.
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