Noviembre 20, 2003 — Garabatos, Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.

Escúchame niño, allá en el cielo forrado de estrellas, si buscas con atención encontrarás la entrada a Fafjel. ¿No sabes dónde es Fafjel? Yo tengo unos recuerdos maravillosos de ese sitio, puesto allí nací. Permíteme contarte la historia, olvídate de los problemas a tu alrededor ya que en Fafjel no existen, ni les importan.
En Fafjel corren libres los centauros y los céfiros azotan los vientos. Las driadas coquetean con los sátiros, las sirenas son mujeres con cola de pescado y algunos pescados tienen alas. Las hadas le sacan la lengua a los súcubos y los demonios buscan niños chiquitos como tú, para comérselos a gritos. Pero no temas a los demonios, son necesarios para conservar el balance.
En Fafjel existe un unicornio negro desdichado, cuyo cuerno de onyx brilla intensamente a los ojos de una luna hecha de queso. En Fafjel, habemos muchos árboles como yo, que nos dedicamos a caminar en soledad para encontrar un nuevo ambiente en el cual crecer y así nos olvidamos del pasado, día con día, aún cargándolo en las ramas. También nace cada día, el espíritu de un caballero andante cuyo propósito es vivir aventuras, y al nacer él, nacen las brujas y los dragones chinos y nórdicos.
¿Los cuervos, preguntas? Allá en Fafjel son nada más eso, cuervos.
En Fafjel, yo no estaría marchito, pero eso ya no importa.
La vida no es un cuento de hadas, sin embargo, puedes soñar en ir allá un día y vivir lo que se te antoje. En Fafjel no necesitas comida y tampoco dormir. Es como Jaramillo, pero Jaramillo es malito y convenenciero. Fafjel será como tú desees que sea, porque es el centro de los deseos, del corazón humano. Encontrarás el camino a Fafjel siempre en el cielo, nunca en el infierno. Allá uno se embriaga nada más de respirar y los duraznos, son los más dulces y redondos que hayas probado.
El tequila se vende en frutas y los duendes, son comerciantes de lo más amigables. Lo importante, es que allá no hay humanos, así que nadie jamás te hará daño. Al contrario, los golems te construirán una casa en las montañas, los elfos preguntarán a los árboles a cual le gustaría ser tu casa, los demonios te harán un espacio incómodo en la lava del volcán y en los súcubos siempre tendrás un lecho al cual llamar hogar. Podrás pasar tardes enteras, escuchando el ruido del viento —¡Por qué allá, el viento si hace ruido! ¡Allá el ruido es música, palabras antiguas que se graban en tu piel, así como mi nombre existe en la corteza! Allá vives, día con día, hasta que te mueres y no te importa.
Eso, mira conmigo el cielo y sueña. Duerme, duerme… mañana despertarás allá. No extrañarás nada esta noche, déjate arrullar por las hojas moviéndose con el viento. Pretenderemos hoy, que has vivido ahí toda tu vida y que no necesitarás más. Podrá Tsef Thaed pensar que la vida no es un cuento de hadas, podré yo caminar para comprobarlo, sin embargo, tú duerme y bebe el agua de la vida, porque en Fafjel llueve a cántaros.
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Abril 17, 2003 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Alguna vez, vi un unicornio. Puede que no me crean, no lo hagan, ¿qué tendría que platicarles un sénil amargado que a duras penas recuerda su infancia lo que es un unicornio? Acostumbrados al concreto, al humo gris que les reemplaza el cielo, adoran la tecnología y adoran estar sentados en esa computadora leyéndome. Ya estarán criticándome en sus adentros por ser un viejo loco que miró un unicornio.
Lo vi, un unicornio negro con un largo cuerno de plata saliendo de su frente, ese cuerno señalándome el camino, cuando movía su cabeza, la larga crin brillaba en la noche reflejando la luz del cuerno que también hacía una estela de luz en la oscuridad. ¿Saben por qué los unicornios se hacen negros? No, ¿cómo han de saberlo? A ustedes no les ha visitado el niño que transforma su cuaderno en mariposas. Maldito concreto, maldita ciudad… como cuando vivía en Jaramillo… pero esa es otra historia.
Los unicornios se hacen negros cuando se enamoran de quien no deben… y creo que éste es el más negro que he visto en mi vida. Una señal de pureza, naturaleza, virginidad oscurecida por lo que llamamos amor. Y abracé al unicornio negro, porque sigo siendo humano. En éstos últimos instantes que me quedan de vida dentro de mi vejez, quiero demostrar que todavía siento simpatía y compasión.
(Sentimientos inútiles).
Y platiqué con el unicornio, éste parecía entenderme porque me miraba en silencio. En pocas ocasiones relinchó y golpeó el suelo con las pezuñas, alzando el polvo del pavimento. Sus ojos, se hacían rojos o amarillos, dependiendo de su humor… cualquier pensaría que era un caballo satánico, venido de las profundidades del infierno… a esas personas me gustaría pedirles que dejaran la bebida. Los unicornios pueden ser todo, excepto malos.
Contamos banalidades, de la poca magia que resta en el mundo, de la carencia de amor. Le platiqué de los ratones en la luna y el unicornio me platicó del bosque escondido repleto de sauces llorones. El bosque de Fafjel, donde viven los unicornios y los centauros. Yo le escuché fascinado y le pedí que un día me invitara a entrar. Me prometió que trataría, pero que estaba prohibido que los humanos entraran.
Es nuestra culpa, demasiado concreto, demasiada basura en las calles.
Entonces, me animé a pregúntarle quien le había hecho negro. El unicornio cerró sus ojos y volteó, me dijo “Hasta luego y gracias por la plática”, se marchó.. con una estela de luz marcó una línea recta que se alejaba cada vez más de mí. Yo no le seguí, yo sólo alcé la mano y le dije adios con mis dedos.
¿De quién se enamoró el unicornio?
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