Marzo 29, 2007 — Del deber ser.
Escrito por Agustin Fest.
En una década de vida, en México se pueden estudiar de dos a cuatro licenciaturas. Supongamos que tres, para personas realmente estudiosas. O bien, una licenciatura, una maestría y probablemente un doctorado. Para aquellas personas dedicadas, a lo largo de tres decadas podrían tener nueve licenciaturas, o bien, tres licenciaturas con sus respectivas maestrias y doctorados. Claro, si necesitas trabajar, puede que ese numero se reduzca un poco, pero la gente que se dedica al estudio puede sobrevivir a base de becas (disfrutando el paseo alrededor de las universidades del mundo, en el proceso) y haciendo trabajos de investigacion.
Pensaba también, que eso de alguna manera esta relacionado a la saturación de información. Se dice que la moneda de cambio en este mundo consiste en lo que sabes y puedes hacer, en el menor tiempo posible. Es decir, qué tan rápido puedes actuar a una necesidad, qué tan bien informado estas y que seas joven para que puedas llevarte la chinga en una empresa o institución (de cualquier índole). El tiempo de respuesta es tan importante como el cerebrito que estimulas. Entre mejor estés preparado para ambos, la posibilidad de un mejor sueldo y otras prestaciones, sube de manera exponencial. En teoría, por supuesto.
Probablemente existirán nuevas carreras que se dediquen a separar la información, buscar información muy específica (recordé un cuento de Brian Aldiss) y dar méritos a quienes lo merecen. El mundo académico me parece un mundo cerrado y con poca difusión. Aún cuando la gente estudia y ha logrado más de una carrera, no veo un fuerte impacto cultural en todas las áreas. Si esto fuera cierto, México sería no sólo una metrópolis industrial y agrónoma, sino fuertemente cultural. Es cierto que tenemos un profundo contexto prehispánico del cual estamos orgullosos, pero creo que falta algo un poquito más actual, jugar y difundir con los conocimientos que México adquiere y de algún modo, produce. Si necesitamos el conocimiento, si necesitamos la información… pero siento que necesitamos darle más uso y difundirlo más.
Pensamientos aleatorios, a las 7 de la noche… mientras espero que una minifaldosa me de un beso. Cuando hay piernas en frente, es muy probable que ni sé de lo que hablo.
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Noviembre 10, 2004 — Ayer.
Escrito por Agustin Fest.
No hemos tenido proyectos esta semana. Más bien, hemos tenido pocos. No he visto a Ayer en estos días, ni en la escuela, ni me lo he encontrado misteriosamente cerca de dónde vivo. Tampoco lo he vuelto a ver en algún sueño. Es como si él estuviera esperando o bien, como si yo le huyera. O viceversa. No entiendo nada de lo que está sucediendo, pero me esta gustando el misterio. Seré paciente y esperaré, rara vez me doy el lujo de dejarme vencer por mis impulsos.
Ayer, al llegar a casa, escuché un rato a la vieja platicar con su hija Natalia (la primera muerta). Estefanía (la segunda) no fue nombrada en esta ocasión. Ella misma le dijo al sillón rojo manchado de mugre—: Creo que te he estado prestando poca atención Natalia, de haber sabido antes, jamás te hubieras metido con ese drogadicto, pero para eso es el presente, ¿verdad, mi niña? Si ahora estas conmigo aquí puedo cuidarte y protegerte.
La vieja miraba al canto de la puerta, donde yo estaba recargado, pero como si yo fuese aire. Ayer no existía. Uno debe preguntarse como una vieja “loca” como ella me cobra la renta del cuarto: sencillo, su hijo Ulises viene cada quince días a cobrarme las michas. Es un hombre de cuarenta años, paciente, muy amable. En mi ha visto un muchacho noble, honesto y trabajador. Por eso me deja solo. Sabe que en cierta forma le hago compañía y le cuido a la madre.
La señora de las hijas muertas, a veces recuerda mi presencia y a veces no. No está loca, no señor, ella esta más cuerda que todos nosotros juntos. Siento que actua y que algo está escondiendo, detrás de todas esas pláticas con sus hijas muertas. Probablemente estas ni existan, jamás le he visto ninguna fotografía de ellas, aunque bien… tampoco he visto ninguna de Ulises. Él debe ser el mejor de sus hijos, o digo eso porque me permite tener a mi amiga en la casa, siempre y cuando sea callado, discreto…
Mi amiga se llama Geraldine, ella lo pronuncia Yeraldin, yo le llamo Geraldina o Geralda. Cuando le cambio el nombre, se sonroja un poco y se queja debilmente. Es mucho menor que yo, como unos seis o cinco años. Nunca me he molestado en pedirle la edad pero según las leyes, ella ya tiene decisión para acostarse conmigo. Es un juego tierno el de nosotros, empieza lento y suave. Es como convencer a una virgen, empezando con los muslos o acariciándole el vientre. Es pervertir al angel. Hablándole bajito al oído y advertirle que no tenemos que hacer mucho ruido… porque abajo, esta la vieja hablando al sillón rojo y manchado de mugre, o al sillón purpura muerto por algún gato. No querríamos que ningún gemido nos interrumpiera, le digo jugando y ella los contiene deliciosamente. Me los entrega a medias o a cuartos, mordiendo la sábana o mi hombro.
Cuando terminamos una vez, Geraldine me dijo que se sentía incómoda porque sentía la presencia de las muertas. A mi no me importó, continué el juego de convencer a la niña siempre virgen. Le convencí de que dejara de rezarle a los santos y que sintiera un poco de calor conmigo. Me olvidé de hermanos muertos, de trabajos difíciles y de ayeres…
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Septiembre 2, 2004 — Inexistente.
Escrito por Agustin Fest.
Hoy no hay nada que escribir.
Ayer no hubo nada que escribir.
Desde la muerte de Cristina, se me rompió el deseo de escribir algo… un blog, específicamente. También dejé de leerlos a todos. No tengo ganas de platicar con nadie en el MSN. Y no tengo ganas de conocer a nadie, ni escucharlos hablar en la escuela. Tampoco, tengo muchas ganas de escuchar confesiones de gente ya conocida o desconocida. Estoy en un ensimismamiento, un poco egoísta, muy bien disfrazado de “buen humor” y “todo está bien”.
La plática con la hija de Cristina fue un martirio: aquí sentadote, aguantándome las ganas de chillar y escribiendo a Romina que todo estaba bien, que trabajaríamos en lo que su madre hubiera querido, que seguiríamos manteniendo Rascacielos y buscaríamos la manera de que se continuara actualizando. Me dediqué a hablar con mucha gente y a avisar a otros tantos: Cristina tuvo muchos amigos aquí.
Ya hablé con el dueño de Palabras Malditas para organizarle un pequeño homenaje a Cristina… me zambulliré en Rascacielos y en su blog, para rescatar algunos textos de ella.
Los del blog, lamentablemente son muy pocos…
Hablé con Alex, otro amigo en común, para buscarle un espacio en la red… no queremos que Rascacielos siga en geocities. Queremos que los trabajos de Cristina tengan su propia esquina en la red. Y estoy buscando/pensando en alguna herramienta (PHP Nuke o tal vez, el famoso Mambo) para facilitarle a Romina la publicación en línea. No quiero que sea Movable Type, ya que este es algo complicado (además, que Rascacielos no tiene el formato blog y adaptarlo a eso… no lo sé) y lo que busco es algo sencillo, para que Romina no se agobie y el trabajo de mantener un sitio tan rico, sea algo sencillo.
Romina tiene muchas ganas de continuar lo que su mamá empezó, eso es más que suficiente y me repito, que lo menos que puedo hacer. Y ya me voy, que tengo que trabajar… ir a comer, la escuela… y he descubierto, que si tengo algo que contar el día de hoy: me puse los boxers al revés y traigo una playera que dice USA con todo y bandera… a ver que me dice el alma grillera de la UNAM el día de hoy.
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Agosto 27, 2004 — Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Todas las tardes y algunos sábados, decidí comer en la cocina económica de Doña Maru que está a una cuadra de este lugar. Por veinticinco pesitos puedo decidir entre consomé o sopa de pasta, entre arroz o spaghetti, entre agua de limón o de jamaica. Y además, hay cuatro guisados después de los cuales yo puedo elegir el que más me plazca. Al finalizar, me preguntan todavía bien chic—: ¿Gusta usted gelatina de postre?
—Encantado —respondo, con una sonrisa de borreguito bien alimentado. Me siento en una película de Pedro Infante cada que entro a la cocina económica de Doña Maru. Todo mundo se dice “Buenas Tardes”, todo mundo se dice “Provecho” y a mi, me reciben con una sonrisa y me saludan cada que paso por ahí. Si, ya soy del barrio, cuando las de la lavandería, el señor de la tiendita y “Doña Maru” conocen tu nombre es que ya empezaron a hablar de ti a los vecinos y conocidos.
Y… ¡ay!, cada vez que como con Doña Maru, lentamente he empezado a generar una responsabilidad con ella. Bien reza el dicho—: Barriga llena, corazón contento. Creo que le ha agregado un poquito de condimento de amor a su comida, cada vez la veo más retebonita y retechula a la condenada. Estoy seguro, que si Doña Maru tuviera una hija, me sentiría moralmente, sexualmente y socialmente obligado a casarme con la nena para que Doña Maru me cocinara. Porque… me ha conquistado, con la comida me ha conquistado. Soy un borreguito tan feliz y tan lleno…
En fin, platicando con ella, me disculpé por ir menos a comer esta semana.
—Es que… he estado yendo a la escuela, como voy en la tarde… pues no he comido aquí…
—¿Si? ¿Y qué estudia joven?
—Literatura.
—Fíjese, yo estudié para dentista… pero mire que estoy haciendo.
Perfecto… mejor me caso con Doña Maru, ya tengo dentista y cocinera en un sólo paquete…
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Febrero 10, 2004 — Escuela.
Escrito por Agustin Fest.
Me hicieron mierda, as simple as that. Me esperaba algo así, conociendo a Mr. Collin… pero no de esa manera.
En fin, hoy regresamos a clases. A quien le interese mi horario, es el siguiente:
Dónde HL = Historia Literaria.
Ayer, Collin entregó trabajos del semestre pasado. Fui casi de los primeros, así que me tocó el primer—: “Muy mal examen. ¿Te diste cuenta de tus errores?”, yo le respondí afirmativamente y después gritó—: Lleno de idioteces, todos.
Consuelo de pendejos: Se lo dijo a todos.
Me arruinó el día.
En buenas noticias, en inglés e investigación literaria saqué 8.
Pero HL-I me tiene nerviosito, ya me enteraré cuánto valieron mis idioteces.
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Diciembre 6, 2003 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Hay un sentimiento que no puedo explicar.
Limitado por la percepción de mis sentidos.
Hay algo en mi interior, latente.
Cuando aparece, toma una forma.
Cuando le sonrío a un niño.
Cuando descubro a una mujer mirándome.
Cuando entiendo las cosas que escribo.
Cuando encuentro una canción, que puedo decir es mía.
Cuando la imaginación traspasa los límites y me doy cuenta —tengo una esperanza— que los sueños pueden ser realidad.
Cuando descubro que el caos y el orden me limitan.
Y estos no me dejan mirar los colores.
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Noviembre 26, 2003 — Los malos días, Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
A veces escribo tanto que ya ni sé que escribir.
Les va a dar una sobredosis de árbol un día de estos.
Bien debiera tomarme un descansito y dejarlos reposar.
Sucedió algo muy curioso en la escuela el día de hoy.
Argel se apasionó, nuevamente, hablando de Borges…
explicando el tema recurrente de este escritor:
El desorden y la restauración del orden.
Los espejos, el infinito, las escaleras, el laberinto.
Los círculos, el asesinar la metáfora (y por ende, la muerte del lenguaje) en forma de un minotauro.
Y nuevamente, de Borges saltó a Cervantes, es como inconsciente en Argel. Por algo lo hace, aunque no sepa por qué (y yo menos). He descubierto que Argel es un buen lector y descubre con facilidad ciertos métodos, pero otros se los salta. Como profesor, ya tiene sus preferidos y está encasillado.
Como lector, esto puede cambiar de un momento a otro. A veces me pregunto, ¿a qué cambiará Argel en cinco años? ¿En diez?
Bien… de Cervantes nos dice de su juego de narradores, el tema recurrente de cada capítulo del Quijote (la osadía del Quijote de querer quebrar la realidad y esta, que le agarra a madrazos para que no se manche).
Son temas que me llaman la atención y cuando habla de ello, inmediatamente dejo de pintar monos, arreglar escritos, medio releer algún texto y presto entera atención. Me la paso asintiendo en silencio, asimilando lo que Argel dice. Confrontando lo que expone, contra lo que yo creo y así busco un balance de mi lectura, con la de Argel.
Después, sueño y pienso que algún día seré la inspiración de algún muchachito sentado, escuchando de aquel Árbol de los mil nombres. Algún día, alguien hablará de mi obsesión con Blake y la forma que intento asimilarlo en mis escritos inmaduros. De mi descubrimiento de los laberintos y el libro en el libro, gracias a Michael Ende. De mi etapa Marqueziana-Benedettiana a mi etapa Faulkneriana-Onetianna. Me sonrío y dejo de soñar. Tal vez nunca sea así, pero es una bonita panacea para disfrutar las clases de Argel que a veces son repetitivas.
Me agrada la clase de Argel.
Lo siguiente fue ir a comer a Arquitectura. He estado pensando en los muchachos con los cuales paso un rato agradable en lo que espero que pasen las dos horas libres antes de la siguiente clase. ¿Por qué me llevo con ellos? ¿Por qué me aceptan en su grupo?
Son cuatro: Jimena, Raul, Cristina y Juan Carlos (con el siento que hay un bonding, puedo jugar ajedrez con él y me enteré que también escribe). Todos me caen bien. Ellos tienen una cultura y un nivel de lecturas impresionante. Ellas, tienen la facilidad para tratar socialmente a otras personas. A los cuatro puedo escucharlos platicar y no aburrirme. Sin embargo, hay veces que no me siento a la altura.
Ariadna también se une a ese grupo con facilidad e inclusive, ella está en una mejor posición que yo. Así es como lo siento.
(Además, me puse de malas porque Ariadna llevó a su amigo gay. Un pendejo que la trata mal y se aprovecha de su amistad, cada vez que puede. Estuve así de soltarle que me caía mal, que me cagaba y preguntarle a Ariadna qué hacía ahí. Pero no soy de los que hacen escándalos en público y ya le dije a Ariadna lo que pienso de él, así que ella se mete solita en el mismo carnaval si quiere).
Jimena y Raúl pueden fácilmente hablar de literatura. Y de aquella poeta inglesa-hindú que yo no he leído. Pueden hablar de Samuel Beckett (y hoy descubrí, que Ariadna también lo hace con facilidad). Raúl es un conocedor de literatura medieval, y Jimena sabe mucho de poetas contemporáneos y más. Ariadna también ha tenido tiempo de leer a Keats, y de literatura irlandesa.
No sólo eso, los cinco están informados de la comunidad a la que pertenecen. Saben hasta el menor detalle, donde están.
Descubrí hoy que no he leído lo suficiente. Traté de recuperar un poco de control el día de hoy, haciendo un par de comentarios. Ni ganas tenía de hacerlo (y probablemente, me resté a mi mismo un par de puntos el día de hoy). El día de hoy, no fue un buen día para mi yo escritor-lector.
Tampoco tengo el mismo nivel socio-económico que ellos. No fue un buen día para mi yo clase-media rayando en la pobreza. Jajaja, ya me había pasado. Me da vergüenza (que fea palabra es esa) que sepan que en varias ocasiones no tengo para cigarros o para comprarme la comida y aceptarles cuando ellos me ofrecen algo. Jajaja, hay veces que parezco tan hambriento que de plano si me compran algo. Veo las papas fritas que le ponen en la comida a Jimena y lo siento, de aquí soy y que no se atreva a tirarlas a la basura, porque me va a dar un retortijón en el estómago. (Y si las tira, o me río o me dan ganas de soltar la lagrimita). Es ridículo, pero así están las cosas y agradezco los favores. Ya buscaré la manera de compensarlo.
También les escuché hablar de los lugares a los que han viajado (de nuevo) y cada vez que les escucho, me sorprendo. Dublin, Francia, Grecia… jolines tío, ¿hay pobreza en México o soy el único? Hablan con naturalidad y sin pretenciones del arte, de lo que han leído, de lo que han visto, de lo que han visitado. Hablan entre ellos, porque ellos se entienden y yo les escucho.
Hoy me sorprendí pensando: “Seguro lo haré, sea como sea, porque quiero hacerlo”. No importa como será, pero lo haré (¿Me acompañas?). Y si no es algo para mi, será para mis hijos, para mis nietos o vale madres, ya veremos cuando sea viejo. Me encargaré de ello.
Si, soy demasiado orgulloso. Y matar el orgullo me está haciendo pedazos.
La gota de agua, que derramó el vaso… Historia Literaria II. Para recuperar algún respeto a mi mismo, participé más. Dije lo adecuado, lo correcto, sin aventurarme a comentar algo que pudiera ser un error y bajara mi autoestima de por si, un poco maltrecha. Me anoté un par de Good / Very good de parte del profesor y hasta me sentí orgulloso.
Lo demás vino, cuando el profesor en alguna parte del ensayo de Charles Lamb (The two races of men), tuvo que explicar algo de lo cual no tenía idea. Ninguno de nosotros tenía idea, pero me importó más que YO no tuviera ni puta idea. Primero empezó explicando la etimología de Eulogy (Eu - Bueno, Logos - (En su más pura expresión) Palabra). Elogio, palabras buenas. Y después, procedió a explicar la ubicación de un mar y como sus propiedades afectaban el texto. Como el mar, por esas propiedades, convertían el párrafo de ese texto en particular, en toda una metáfora (Ensayo romanticista, puffft, ¿qué se podía esperar?).
El caso es que era algo, que debía haber sabido. En ese momento, por más absurdo que fuera, sentí que DEBÍA saberlo sin que él tuviera que decírmelo.
No pude aguantar más la clase, me salí a fumar un cigarro.
No estoy en una buena etapa de mi vida, es la verdad. Cuando esas cosas suceden, recuerdo buenas palabras. Recuerdo lo bueno que aún tengo. Recuerdo de lo que soy capaz.
Y aunque el orgullo me mata, también me sacará adelante, aunque hoy no confío en él. Ya me cuesta trabajo confiar en mí.
Más vale que se asome el cabrón y saque una cuerda para ambos, antes de que nos ahoguemos.
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