El trabajito de recepcionista, (yay).

Este post es parte de una serie, llamada “Listas”. Anotación 12 de 13


11.19: Estoy en la computadora, esperando nada. Un modelo se acerca a payasear, a platicarme como este lugar suele ponerse como metro. Otro se acerca a mirar la lista por el monitor. Me incomoda que me cachen escribiendo esto, aunque es nada. Se escucha la puerta, no ha llegado nadie más. Llevo anotadas alrededor de 20 personas. Un niño de tres años corre por ahí y hace demasiado ruido. Tocan el timbre.

11.23: Llegan dos personas. Una mujer de veintitantos y un hombre en sus cuarentas. El hombre es chistoso, character, de esos hombres que utilizarías en uno de esos comerciales divertidos. Se disculpa porque no se sabe el número de su celular y me hace esperar un poco. Los niños a mi izquierda juegan con las máquinas de dulces y chicles. Probablemente van a descomponerlas. Sale alguien del foro, entra otro más y yo llamo al siguiente para que espere frente a la puerta. Los niños continuan corriendo. Tengo enfrente a una mujer con minifalda y con mayas ochenteras, hasta las pantorrillas. ¿Por qué acostumbran a hacer eso? Nuestras miradas se cruzan brevemente y le sonrío. El director de casting sale del foro tres, deja a su asistente adentro. Tocan el timbre.

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El deseo.

El año es muy breve, no me dejarán mentir que han escuchado cosas como “qué rápido pasa el tiempo” o “¿a poco ya es 31 de diciembre, del 2006?”, supongo también han escuchado algo como—. “Me regresaron a la Tierra trece años después” o “Mis papás vienen del reino de las hadas o duendes”. Las salidas comunes son las que fluyen las conversaciones. No es raro que cuando nos tomamos un cafecito en una cafetería cualquiera, escuchemos conversaciones que parece van de la mano de un guión, como pasa con los telemarketers. Me pasa muy seguido. Cuando hablan por teléfono, después de pasar lista (nombre y apellido, a veces me gustaría ser Martínez) o de dar el monto de mi poder adquisitivo anual (poco más de cero), me pregunte seriamente si estaré siguiendo el guión correctamente o si estoy siendo muy atrevido. Hay días que trato de continuar la conversación, sólo para descubrir que tan obediente es el tipo que llama por teléfono. Otros, sólo para regalarle una anécdota que contar, cubro las faltas del guión con respuestas inverosimiles.

—¿Cuál es su nombre, señor?

—Carlos Slim, por supuesto…

—Muy bien señor… ¿Slim? ¿Slim?

—Estoy tan sorprendido como usted, hijo.

—Permítame platicarle las bondades de nuestras nuevas aspiradoras…

Diría que la mayor falta del 2006 es que no nos escuchamos los unos a los otros y tenemos nuestros guiones, los cuales, no son una maldad o algo siniestro, finalmente son reglas sociales y somos humanos, nos atenemos a ellas. Aún me pasa que cuando tengo la necesidad de platicar con alguien y quiero confesar una que otra cosa, como que se me rompieron los calcetines, recibo las mismas respuestas del guión. Esto puede ser un poco angustiante para alguien que no suele hablar de sus cosas con facilidad porque tiene el temor de que no lo escuchen. Es una mentira que en México se nos pueda criticar de agachones y dejados, cuando es vital para nuestro sistema democrático que tengamos la capacidad de poder gritar nuestras necesidades y detener calles. Para cada cosa tenemos un vocero, capaz de defender lo que nosotros buscamos. Eso de poder quejarnos libremente, tal vez sea relativamente nuevo. Ahora que el bebé esta aprendiendo a hablar, pronto aprenderá a escuchar, creo.

Todo esto para decirles, que mi único deseo para el 2007, es que nos escuchemos mejor.

El camino del inicio perpetuo.

Cuando le dijeron que esperarían al anochecer, él pensó que sería muy buena idea. Sin embargo, el truco del diablo en la mente de Fest era tan poderoso, que cuando se metió al departamento, olvidó las memorias difusas y que la negación significaba su alma y su sangre. Es por esto que me permito llamar al primer camino de Fest, el camino del inicio perpetuo.

Cuando Fest se encerró de nuevo a su departamento, sin energía eléctrica, se sentó en una de las sillas que encontró a base de rutina. Respiró lento y pausado, creyéndose así mismo un oriental. Escuchó los sonidos que no se escuchan regularmente: el sonido del agua en las tuberías, los chistes de los borrachos de medio día, el movimiento de los árboles con el viento, las pisadas minúsculas de hormigas diabéticas buscando los desperdicios en el refrigerador, el reggaeton de los vecinos tres edificios más adelante y cuando terminó todo aquello, pudo escuchar la sangre poblar con su río los latidos de su corazón. Entonces Fest se sintió en comunión consigo mismo y con el universo, se auto congratuló y cayó dormido.

Fue el sonido de su propia erección rozando con sus pantalones lo que le despertó. Tronó los labios molesto y pensó que ser un zen, definitivamente, debía ser la peor putada del mundo. Que lo único que le permitiría empezar la búsqueda por su supuesto amigo, Bob, el cacto, sería empezar de nuevo. Dar el primer paso. Salir y arrollar con el mundo. Estar dispuesto a destruirlo todo y matar, kilos de sangre.

Fue así que Fest descubrió que su putada zen le permitió recordar un poco y burlar el truco del diablo. En el momento que se hizo consciente de su triunfo, el diablo volvió a borrarlo todo y se encontró sentado en una silla, en su departamento sin energía eléctrica, y preguntándose que hacer.

Fest esta loco no porque quiere, sino porque toda la vida ha jugado a Dios y el diablo. Es así, por ejemplo, que se recuerda en la secundaria, en la dirección. A su lado, estaba uno de sus compañeros: Daniel. Él le había robado dos estilógrafos, cuadernos, le había amenazado diversas veces, casi se habían agarrado a golpes una vez. Daniel, igual que el segundo nombre de Fest. ¿Y por qué ambos se encontraban en la dirección, frente a los ojos de la monja Sor Juana? ¿Era por qué él se había hartado de los abusos?

No. A Daniel iban a expulsarle de la escuela. Se había excedido tantas veces ya, que la piedad de las concubinas de Cristo se había agotado. Fest se encontraba ahí porque su abuela le había hecho prometer que nunca abandonara su nobleza. Daniel no es malo, dijo Fest en voz alta, sabiendo que si decía lo contrario también aplicaría así mismo, prometo cuidarlo madre, prometo responsabilizarme de sus actos… Prometo cuidarlo.

Igual que prometió cuidarlo y guiarlo, sabía que si no lograba nada con él, entonces no había de otra que declararlo un hombre perdido, alguien manchado a los ojos de Dios y del hombre. Es por eso que la monja se le quedó mirando con los ojos entrecerrados, graves… Este cabrón se sabe tan listo que esta abogando por el diablo, y cumpliendo o no, habrá ganado.

Pero hubiera sido bonito, pensó Fest, que me hubieran dado la oportunidad de salvarlo… De salvarnos juntos, Daniel.

Prometo cuidarlo madre, dijo Fest en voz alta y empezó a quedarse dormido. En sueños y sin ninguna voluntariedad oriental, escuchó los balones de basket en la cancha, el aceite saltando en un sartén para huevos en el departamento de arriba, los gemidos de una mocosa tocándose después de haber hecho la tarea de mate en su cuarto, el choque de las nubes contra el viento y despertó.

Se sintió terriblemente asustado, no estaba tan acostumbrado a escucharlo todo, así que buscó su reproductor portátil de mp3 y se sonrió estúpidamente cuando escuchó las canciones de José José.

Entonces recordó a la pobre de Perla que le quería tanto, que le admiraba tanto, que le veneraba tanto. Ella compraba los mismos libros que leía Fest, sin falta, y le regalaba libros, sin él pedirlo. Hasta una camisa y calzones le regaló. Yo no puedo amarte, le decía Fest, pero si quieres puedes ser mi puta, y la pobre haciendo como que mamaba y haciendo como que juntaba las piernas y se tocaba. A Fest sólo le bastaba recordarle lo puta que había sido, en público, para que ella bajara la mirada e hiciera como que lo odiaba. No fue la única, pero si todas esas pobres que tocaron su camino tuvieran que llamarse de algún modo, tendrían que llamarse Perla, todas esas que le dijeron “No me maltrates… Quiéreme”, “¿Por qué puta y no amor?”, “Después de todo ¿sólo eso piensas de mí?”.

¿Será por eso, que esta pagando tanto? ¿Karma? Nah, no lo cree, ellas también tuvieron su culpa, cuando lo veían tan listo, tan inteligente y culto, tan alto y blanco, tan banco de genes, tan necesario para mi cuarto de trofeos y de ser posible, para presumirlo como esposo. Pobre de Fest, que se vio en necesidad de enseñarles algo a las pobres putas.

Fest se hartó de las mujeres, cuando era igual con todas, todas eran igual con él. Tal vez ese pensamiento tan simple fue lo que le obligó a buscar querer de verdad. Fue la búsqueda del amor y ese amor como redención. Será que conscientes de esto, otras mujeres trataron de maltratarle y él, gustoso, actuó como un perro mal herido, si en eso consistía la redención, procuraría tener días tan malos que sólo el budismo o el asexualismo podrían curar.

Se volvió una rutina tan desagradable, que hasta pensó en acostarse con un hombre y a chingar a su madre. Venga tu banquete Platón.

Es en esta parte donde Fest quitó a José José del reproductor y miró una de las paredes sombrías e indefinidas, en completo silencio. Creyéndose un Quijote de Broadway, se arrodilló frente a una luna imaginaria y pidió con religioso fervor el perdón de todos sus pecados, hazme caballero, luna misteriosa, para que me perdonen todas las mujeres presta pronto y saba daba…

…y se quedó dormido.

Creo que sin lugar a dudas, el peor error de un escritor es poner demasiado de sí mismo en el inicio de una historia que nunca fue suya para empezar. Pero lo siguen intentando, así como Fest ahora escuchaba como las raíces de los árboles se enterraban en la tierra, el trazo de la pluma de un poeta mediocre, el pedo de un cura mientras ofrece la comunión y la serie de hechos inconexos que continúan entrelazándose para que un escritor pueda echar a andar por fin y rescatar a un asesino, un amigo que no recuerda.

Fest despertó por tercera vez. Decidió salir para respirar aire, despabilarse, hacer otra cosa que recordar y dormir. Cuando salió, el niño Torres trataba de liberar al lobo de fuego limando su cadena. Fest seguía recordando un millar de historias en su pasado, pero ninguna de Bob, el cacto.

-Es inútil, nada funcionará, a no ser que encuentres los jugos de una celta virgen.

-…

-Exacto. Pero la cadena esta puesta en mi cuello por una razón y supongo que es porque mis dientes, de poder alcanzarla, serían capaces de quebrarla. Uno de mis colmillos debe ser suficiente.

Torres y Fest se miraron.

-Ve por unas pinzas Fest -dijo el lobo sonriendo.

Si Fest tuviera que contar esta historia de nuevo, diría que buscó las pinzas con una calma poco común y cuando las encontró y salió con ellas, no estaba seguro de lo que sucedería con ellas pero que esperaba no tuviera que ser él quien las sostuviera en sus manos cuando llegara el momento crítico. Se equivocaba, por la honesta y burda razón de que él siempre se equivoca y termina resignándose por hacer las cosas que no quiere hacer.

Se arrodilló frente al lobo cuando él se lo pidió, y el niño Torres se tapó las orejas para no escuchar los aullidos y las carcajadas guturales del lobo, durante las dos horas y media que tardó Fest para extirparle su colmillo superior izquierdo.

Rellaseted.

Continúas mandando mensajes, hablando por el messenger, insistes en contarme una historia repetida y yo, sencillamente, observo. Mi yo interno se dice que te la debe, por haber dicho una cosa que le pegaría a tu femenismo y te haría, pues, encabronarte. En ese momento, seguramente, no lo dije como una creencia personal, sino como diversión. Quería ver como te enojabas o como te defendías, o como defendías tu género y tu creencia… ¿Y hoy? Estoy pagando por ese momento de diversión, supongo, y por más que quiero cerrar esa ventana de conversación, bloquearte durante diez minutos, permito que cuentes esa historia vieja, ese ritornerate de cassette. Casi puedo escucharte en voz alta y te imagino, con los ojos cerrados y sonriendo reconfortada, al escucharte a ti misma, al escuchar el sonido de tu voz platicando la historia vieja que, en días como estos, después de un orgasmo solitario (tal vez), te hacen sentir mejor.

¿Y yo? No sé. Yo soy Bob, supongo. Yo soy el cacto que escucha, esta vez, una serie de frases que esconden tristeza y desahogo, sin consciencia de tal. Me platica porque, inevitablemente, es. Si le entristece o le agrada, no es de mí. Resignación a la misma vida.

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Gutreb

—Me convierto en lluvia y hago que nazcan las plantas.
—Ganaste, me sentiré muy sólo el día que no estés.

Me sentiré muy sólo el día que no estés. Las noches son un poco solitarias por acá. Antes no me importaba la soledad nocturna, ahora me importa un poco más… será porque estaré enamorado, será por eso. El sentido común se desliza como gotas de agua (tu sonrisa se fue) que se van por el fregadero. Y uno escucha el blip blip blip, el monitor me roba el alma poco a poco y aquí me encuentro, escribiendo una vez más. ¿A poco no es bonito estar enamorado? Pueque si. Una de las cosas que más deben de llamar la atención en este weblog, o una de las cosas que los lectores más en cuenta tienen, es que todavía estoy creciendo. Todavía estoy a tiempo de hacer muchas cosas. Supongo que ustedes, como yo, tal vez esperan el día en que publique un libro. Lo leen en las letras, leen esa espera y créanme, cuando yo me releo, también lo espero. Supongo que otra de las cosas que llaman la atención es mi relación con Du y esperan el momento en que estemos juntos.

Son dos viajes alternos y ambos esperan una resolución. Prestamos atención a eso, ustedes y yo. Otro de los viajecitos puede ser el fin de mi neurosis, de mis problemas económicos, que un día escriba que todo fueron imágenes, que el tiempo pasó tan rápido que ya me estoy riendo de ello. Muchas veces se preguntarán porque ya no hablo tan intenso de una cosa o de la otra y la respuesta es sencilla—: No es el tiempo. Lo que no escribo, se desarrolla en la cabeza y eso basta. Algunos sentimientos han cambiado y tal vez, es hora de virar el barco a otra parte. Esto se puede aplicar a cualquiera de las tres anteriores, o a ninguna. (Con Duducita las cosas no han cambiado, no se preocupen… tan sólo me acoplo a su ritmo lento, a su manera de hacer las cosas… yo soy distinto, si se lo que quiero, actuo por impulso y eso me ha llevado a darme unos buenos putazos. Putazos que me han hecho quien soy, al fin y al cabo. Putazos que me hicieron un hombre independiente, con capacidad de decisión. Y después de todo, tengo 23, ¿no lo puedo saber todo, cierto?).

Odio la espera. Pero no debemos angustiarnos, ¿verdad Bob? Como dice Simón—: lo que pasará, pasará.

La chambita de comer grátis, es la neta del planeta. Parece que lo haré dos veces por semana. Es un extra que no le hace daño a nadie y menos a mi, en mis condiciones. Al contrario, a tragar… a tragar… ¡A tragar! En un ratón voy a Plaza Galerías, al siguiente restaurante de la lista. Yum… yum…

Pensaba ayer que esto merecía la pena ser vivido. Que mi vida valía la pena. Pensaba ayer en cuanto había aprendido y crecido en el camino que elegí. No me arrepiento y finalmente, sigo siendo el mismo. En los días que estoy más tenso, siento arrepentimiento, siento cobardía y siento que las cosas no debieron ser así… cuando se acaba esa nube de confusión, un caos fractálico, me cae el veinte. Sigo siendo el mismo. No me arrepiento por nada. Tuve mis momentos de tranquilidad, de vida relajada, y lo único que hice con ello fue desperdiciarla pensando y escribiendo. Lo único que hice con ello fue dejar que se fuera. So, no importa si consigo de nuevo esa estabilidad o ese relax cotidiano… así seré: siempre pensando, siempre escribiendo. Bleh.

No cuida ni su alma. Mambo. Malbicho.

Así es como te ves. Todos te dicen que sos.

Iba a escribir más, pero se me ha olvidado.

Grupos de Gente…

Soy de esos tipos que no pueden soportar grupos de gente. En algún lugar donde haya más de tres personas, incluyéndome a mi, platicando… me quedo callado y en algún momento, estoy esperando a que todo termine para quedarme solo. O esperar una hora cerrada (no 9.07, no 3.43, no… tiene que ser 9.00 o 4.00, y si quiero retar mi espíritu supersticioso cabalístico, 3.30 [Aunque suena más interesante 3.33]).

Desde chiquillo soy así, cuando las reuniones se tornaban aburridas y se ponían a platicar, y no había esperanza de juegos o de pasarla bien o de saber de que demonios estaban hablando, tan sólo quería salir corriendo. Aún tengo el impulso de escapar a un parque, sentarme a lado de un indigente y mecerme adelante-atrás, como niño chiquito cuya hiperactividad ha sido controlada con ritalina. (No tanto así, pero soy famoso por exagerar las cosas).

Aunque también, debo admitir que la gente acaba con mi humor. La gente en general. Soy medio anarquista, medio sociópata (Paréntesis de esos que me gustan, gustan: me caga el término antisocial, porque ya lo usan todos los adolescentes desde que existe Daria, aunque no se den cuenta de su falta de “antisocialidad”) en ese sentido: No soporto grandes grupos de gente cuando no voy de humor para soportarlos. Cuando es un compromiso el presentarse, cuando es algo que debe de hacerse, entonces empiezo observando… es para aliviar mi tensión, el stress que significa estar entre un grupo de conocidos o desconocidos o muy desconocidos. Los observo y me aprendo sus ademanes, identifico sus tonos de voz, me los imagino en discusiones, contando un chiste o mintiendo y hago un collage de los movimientos de sus hombros, con como alzan las cejas y se limpian la nariz, al decir una frase determinada. Entonces, me hago una anotación mental (de esas que olvido), prometiéndome que utilizaré algo de eso para crear un personaje. Suena divertido, ¿no es así? Es un placebo delicioso para evadirse.

Sin embargo, si eres un neuras como yo… no dura mucho tiempo y las otras dos horas de reunión, lo siento amigo, tendremos que chutárnoslas solitos.

Bulldog 030503

Acabé regresando a la oficina, aún cuando el bulldog estaba más cerca de mi casa… ya saben, el hervor en las venas por escribirles lo que me pasa o al menos, contarles un cuento (que tengo como dos o tres en mente, pero no… hasta que esté sentado en mi casa, con un café y el word prendido).

El bulldog es un buen lugar para festejar tu cumpleaños… si es el caso, no pagas cover y puedes comprar boletitos para pedir bebidas. Yo me gasté 50 varos en boletitos y quedé más que satisfecho (me sobra 1).

Lástima de mesero que nos tocó, ¿pero qué se le va a hacer?

Finalmente, acabamos bien, escuchando buen rock durante unas horas, haciendo lo que todos los borrachos hacen, medio bailar, medio tocar la guitarra sintiéndote el bajista de Jethro Tull o tal vez de Black Sabbath. Escuchamos un grupo de rock en vivo que tuvo el honor de interpretar La Balada de la Cuca (esa canción me mata).

Mariana, la amiga del Cheques, acabó sentada en mis piernas y agarrándome a besos, yo ni como defenderme (como si no me gustara, cabrón). Me dio su teléfono y quedamos en que le hablaría en unas horas… (es todo tan confuso, sólo estaba pensando en si Claudia habrá tenido un buen viaje… aún así, le llamaré a Mariana en la tarde, si no me reclaman la cama y las horas de sueño).

La bartender me robó 50 pesos de propina (en realidad no me robó, se los dí porque me los pidió y ahí voy yo de inteligente). Acabamos dándole tarjetas de Carrillo Casting a ver si nos llama y la metemos en este glamoroso medio artístico (no llamará, se los puedo asegurar).

Como siempre, la típica hermana de una conocida vomitando en las mesas y el típico amigo del cumpleañero que se cae de borracho… nada nuevo. Un par de miradas a una que otra chava (una traía al novio y la otra, creo que a su novia. Pero no me acerqué, andaba demasiado extrañado por lo de Marian-ita).

Aquí, mi compañero de aventuras, el Feyo ya andaba hasta su madre que hasta se recostó y durmió un rato (agradezco a mi higado, que parece soportar más de lo que promete). Después ya lo levanté y le dije que si no quería ir a la oficina a dormir (en la mañana tiene el bautizo del hijo del hermano de un primo). Le deseé feliz cumpleaños al Cheques y le di un abrazo, le dije que era una persona con buenos sentimientos y muy honesta en sus acciones, él me sonrió sarcásticamente y me dijo que la mayoría no ve eso.

Tiene razón… creo que he logrado ser un buen hombre. Puedo ver lo bueno que hay en los demás, a medida de lo que se me permite. Nunca miro lo malo de inicio, a menos que me lo presenten en bandeja de plata (sirve de algo ser muy observador). Cheques me dijo, cuando murió su madre, que la única persona que realmente esperaba ver (de la oficina) era a mí, que sintió una “vibra muy chida”… yo no sé que vibra les presente a los demás, pero me alegra que piensen eso de mí y de nuevo, me hace sentir que he logrado ser un buen hombre.

Hombre… esa palabra. Hombre, hombre. ¿Qué es ser un hombre? Cuando estudiaba en sexto de primaria (tenía yo 10 años), logré mantener una relación muy emotiva con mi profesora… era yo un niño muy inteligente (era, no sé si lo sigo siendo) y también muy sensible (eso me ha llevado a ser escritor). Esta profesora, muy buena, Hortencia Castro (creo que ese era el nombre)… solía platicar con nosotros y realmente se preocupaba por cada uno.

Una profesora que entiende los cambios emocionales por los que pasa un joven en ese entonces, es algo muy valioso. Ella nos daba la lectura de qué es ser un hombre, una persona íntegra, honesta, que no tuviera miedo de prestar sus sentimientos, que no tuviera miedo de conocer. Yo logré ser un hombre, en aquel entonces, por lo menos a sus ojos.

Y después… murió Cecilia (un 17 de diciembre dice la historia).

¿Qué sucedió entonces? Sin la voz de Simón Dor para que les confunda, les he de confesar qué sucedió. Que he dejado de ser aquel niño. Crecí y vi el mundo tal como lo que es, sin adornos en las palabras (como acostumbro), sin tonalidades rosas cuando estás enamorado, sin el derroche imbecil de sentimientos. Me fue negado el potencial de convertirme en un hombre, al derecho y al revés, porque me fue arrebatada la primera mujer de mi existencia. Y creo que es cierto que todos los hombres necesitamos aquella mitad, aquella otra parte de nuestra alma hermafrodita.

Así crecí. No sé como llamarme ahora (aunque me agrade mucho que me digan que soy un buen hombre). Cuando escucho/veo/leo de problemas sentimentales en este mundo, no evito sonreír… gente ilusa que lo tiene todo pero bien que quiere echarlo a perder y es ahí donde entra la otra parte mía que ha crecido: “Yo no soy nadie para decirles como caminar el empedrado amarillo, anden solos”. Me he enseñado a no cuidar de los demás, porque esa no es la manera…

Esa no es la manera. Me es imposible meterlos en mi cabeza, en mi alma gastada, en mi espíritu domado y enseñarles lo fácil que es amar cuando se presta y eres correspondido. Lo fácil que es dejar a una persona que no te corresponde (que no te llena) y andar el camino, esperando a la persona con la que estás destinado(a) a andar de la mano (siempre hay un roto para un descosido (así va el dicho?)).

De qué sirven los sentimientos negativos cuando se te ofrece el positivo más grande. Mal, mal, mal… piénselo en sus casas. Yo no sé, como se los puedo explicar (primero debería preguntar, ¿quieren que se les explique?).

Ahí es cuando comprendo que yo solo soy un viajero en este tiempo, en este espacio, en su razón y en mi corazón. Dejé de ser un hombre, un angel guardián… me he convertido en un bufón que se mofa de la vida y así, me rió de mi mismo. Y como todo trovador, como todo bardo, en algún momento he de agarrar mis canciones y seguir caminando a otro lugar… si tengo suerte, beberé agua de la Fuente de la Vida y veré su rostro y ella me señalará el camino.

Si… tal vez. Hasta que no se me diga si es hora de irme y caminar por la vida para crecer un poco más… éste espíritu que se niega a reverdecer como árbol que recibe agua nueva y crece con vida nueva… he de acompañarlos en este, nuestro juego de la vida.

Falta para que se libren de mí, ¡Si señor!

PD. Aunque pueden descansar de mi un rato más… la historia verídica, verdadera y oficialmente oficial de los motivos de mi descenso han sido escritas por Don Arturo en Gucho y la PC.